Editorial DAS WORT

DAS WORT - la editorial en Vida Universal


Esta es Mi Palabra
Alfa y Omega
El Evangelio de Jesús
La manifestación de Cristo
que el mundo no conoce

                El descenso
                                 del Espíritu Santo


Capitulo 96

El descenso del Espíritu Santo

Acerca de las tareas y la posición de los discípulos (1-3).
Quien es grande en espíritu, sirve y da con humildad y gratitud (4-5). Los inicios de la jerarquía eclesiástica, con la aparición de superiores y dignatarios. Los que sirven a todos desinteresadamente, dan de corazón (6-7). ¿Qué sucedió durante el afluir del Espíritu Santo? (8-9). La verdadera hermandad de Cristo, al servicio del bien común (10). Uno para todos, Cristo (11). Los aspectos humanos en las Comunidades Originarias. División de las Comunidades Originarias a causa de desacuerdos y del pensar basado en la obediencia a las autoridades (12-13). Ceremonias y otras obras humanas no pertenecen a la enseñanza del Nazareno (14-15). La sintonía en el modo de pensar y sentir produce libertad y unidad (16). Aclaraciones sobre la profesión de fe (17-23). Quien Me sigue llega a ser el templo del amor (24-25). Yo Soy la Verdad (26). A través de la obra, "Esta es Mi Palabra”, la vida fluirá al mundo.

 

1. Cuando los discípulos hubieron bajado del monte, se reunieron en la sala superior y todos se unieron en la oración y el ruego; y su número era de unos ciento veinte.

2. Y en ese día se levantó Santiago y dijo: "varones y hermanos, sabéis que el Señor antes de dejarnos eligió a Pedro para que nos presidiera y velara por nosotros en Su nombre, y dijo que sería necesario elegir y poner en Su lugar a uno que haya estado entre nosotros y sido testigo de Su resurrección”.

3. Y escogieron a dos, Barsabás y Matías y, orando, dijeron: "oh Dios, que conoces los corazones de todos los hombres, muéstranos cuál de ambos has elegido para formar parte de este apostolado del que has alzado a Tu servidor Pedro para presidirnos”. (Cap. 96, 1-3)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Yo no he alzado a ningún hombre para que vele por los Míos. Mirad más profundamente en las palabras, "...eligió a Pedro para que nos presidiera y velara por nosotros en Su nombre”, y captad su sentido.

A todos los que Me siguieron -y también a Pedro, que Me preguntó quién debería presidir-, hablé, entre otras cosas, en el sentido de lo siguiente: quien entre vosotros sea el más grande, debería ser el más humilde, y aquel a quien le puede ser dada la mayor cantidad de luz y fuerza, por su vida en el amor a Dios, debe ser un indicador de camino para muchos, que señala hacia el amor de Dios.

Yo os he elegido a todos para ser portadores de la luz, a fin de cumplir, con los que vienen después de vosotros, con los que eventualmente volveréis a estar, lo que Yo, el Cristo de Dios, quise traer al mundo siendo Jesús. Presidid a los miembros de las Comunidades en formación, sólo como le corresponde a un indicador de camino, y nunca os dejéis elevar y honrar como al más grande; pues quien se deja elevar y honrar, no está viviendo en Mi espíritu; será rebajado. Y las escuelas del interior que conducen al misterio interno de la vida y que Yo ya no puedo establecer -pero que se formarán-, han de ser edificadas e inflamadas en Mi espíritu por aquellos que viven en Mí, el Cristo.

Así está dada a todos Mis discípulos y discípulas, para el presente y para el futuro, la misión de cumplir lo que he enseñado y cumplido siendo Jesús de Nazaret; pues vosotros y muchos de los que están con vosotros volveréis en el transcurso de los tiempos repetidas veces, para preparar y levantar lo que no Me fue posible siendo Jesús -a causa de la falta de fe, la obstinación y los pecados del pueblo judío y de los que Me habrían tenido que apoyar.

Pero cuando Yo, el Espíritu de la verdad que estoy en Dios, vuestro y Mi Padre, regrese, sucederá en la Tierra todo lo que os he dicho, que he preparado en el espíritu; pues entonces estaré en espíritu con los Míos y erigiré y edificaré con ellos todo lo que no Me fue posible siendo Jesús de Nazaret.

 

4. Y votaron, y la suerte recayó sobre Matías, y los Doce le acogieron, y fue contado entre los apóstoles.

5. Luego Juan y Santiago separaron a Pedro del grupo, imponiéndole las manos para que les presidiera en el nombre del Señor, diciendo: "hermano, seas como piedra labrada, de seis lados; tú, Pedro, eres piedra, y llevas el testimonio de la verdad en cada uno de los lados”. (Cap. 96, 4-5)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Tal como lo hicieron los discípulos con el voto, sucedió asimismo en las Comunidades Originarias que se formaron después de Mi regreso al Hogar, al Padre. Y de forma parecida sucede a su vez en la Comunidad de la Alianza, Nueva Jerusalén, y en todas las Comunidades Originarias en Mi Obra de la Redención, la Vida Universal [1989].

Los miembros de las Comunidades no han impuesto ni imponen las manos sobre la cabeza de los que han elegido para formar parte de su colectividad. Oran y encomiendan a los nuevos miembros de las Comunidades Originarias al Eterno y a Mí, el Cristo.

Quien se hace elegir por los miembros de una Comunidad Originaria, se compromete a llegar a ser "piedra labrada”: una piedra pulida que irradia la verdad de Dios en muchas facetas al mundo y lleva la verdad a todos los que tienen sed de ella. Quien ha llegado a ser una piedra labrada, ha encontrado en sí mismo la piedra filosofal e irradia a este mundo en humildad y agradecimiento, sin darse importancia.

Porque quien es grande en el espíritu del Eterno, es el más humilde entre los Míos. Sin darse importancia, da lo que ha desarrollado en sí mismo: la verdad que proviene del manantial de la verdad -Dios-. No presidirá, sino únicamente servirá de testimonio de vida interna a los miembros de la Comunidad que van madurando, y les enseñará y dará lo que todavía necesiten para madurar internamente, de modo que también en ellos la piedra filosofal, la consciencia eterna, alcance su pleno desarrollo y también ellos irradien lo que el Cielo es: la ley del amor.

 

6. Y a los apóstoles se les dieron bastones, para conducir sus pasos por los caminos de la verdad, y a la vez coronas de gloria; a los profetas, lámparas encendidas, para que iluminaran el camino, e incensarios ardientes; a los evangelistas, el libro de la santa ley, para que recordaran al pueblo los principios básicos; y a los pastores, el cáliz y el plato, para que alimentaran y nutrieran al rebaño.

7. Pero a ninguno le fue dado algo que no fuera dado a todos los demás, pues todos eran un solo sacerdocio, bajo Cristo como Maestro y Sumo Sacerdote en el Templo de Dios. Y a los diáconos les fueron dadas cestas, para que en ellas pusieran las cosas necesarias para la ofrenda sagrada. Y su número era de unos ciento veinte, y Pedro los presidía. (Cap. 96, 6-7)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Lo que aquí está expuesto, no corresponde a lo que enseñé siendo Jesús de Nazaret.

Después de Mi ascensión, en el transcurso del tiempo fueron apareciendo los llamados titulares de cargos, que hicieron valer las atribuciones de su cargo, ya que los muchos hombres que vinieron a los apóstoles y a los discípulos y que en el transcurso del tiempo formaron las Comunidades, necesitaban conducción. Algunos de los discípulos se acordaron de tradiciones de su juventud, que eran consideradas legítimas en los centros religiosos de aquel entonces, pero que provenían del paganismo. Estos aspectos paganos los trajeron en el transcurso del tiempo a las Comunidades cristianas en formación.

Con esto se desarrolló más y más un llamado cristianismo con rituales y ceremonias externos, y una jerarquía con llamados titulares de cargos, es decir, superiores y dignatarios. Esto Yo no lo he enseñado, ni siendo Jesús de Nazaret ni como Cristo de Dios.

Comprended: el más grande entre los Míos es el que ha desarrollado la "piedra filosofal” -la consciencia santificada, que está en lo profundo del alma-. El es el que sirve desinteresadamente a todos. No es pastor, sino sólo indicador de camino que señala hacia la vida interna, la cual él mismo ha desarrollado mediante la realización de las leyes eternas. Siendo Jesús de Nazaret, no hablé de coronas ni de dignidades, y tampoco de dignatarios. Estas son denominaciones para aquellos que querían destacar respecto del pueblo.

Lo que dije siendo Jesús, es ley. Lo mismo digo como Cristo. No nombré evangelistas, diáconos o sacerdotes. Quise y quiero un rebaño, cuyo Pastor Yo Soy, Cristo.

Yo hablé a Pedro, refiriéndome con ello a todos los que Me siguen fielmente. Ellos habían y han de ser indicadores de camino que señalen hacia la vida interna, pero sin darse importancia para actuar de forma determinante en el pueblo.

Lo que aquí está escrito en el llamado "Evangelio de Jesús”, fue añadido posteriormente. Fue llevado a las Comunidades en formación por algunos discípulos que querían darse importancia.

Tampoco creé un llamado sacerdocio, sino un grupo de servidores desinteresados que son servidores de todos. Los profetas justos no llevan lámparas; ellos mismos son lámparas, son luces de la verdad, la cual llevan al mundo -para la salvación de todos los que anhelan la verdad, la vida interna.

Yo enseñé a traer el evangelio del corazón -lo que cada uno ha realizado-, pero nunca la letra.

A los que verdaderamente Me querían seguir, les fue dado el equipamiento para su peregrinar -lo que como hombres necesitaban-. Pues fueron hasta muy lejos para enseñar lo que Yo les había enseñado y había vivido dándoles ejemplo. No tenían libros. Lo que les había enseñado, los verdaderos seguidores lo llevaban en su corazón. De ello dieron a otros desinteresadamente; pues sólo lo que fluye desde el corazón halla entrada en el corazón -no lo que viene del intelecto o del saber extraído de libros.

La verdad puesta por escrito puede ser indicador de camino para aquellos que anhelan la verdad. La sola letra no es la verdad, sino sólo el reflejo de la verdad.

 

8. Y llegado el séptimo día, estando todos juntos, unánimes, en la misma casa, mientras oraban se produjo un sonido del cielo como el bramar de un viento impetuoso, y la sala en que estaban reunidos fue sacudida, y llenó toda la casa.

9. Y aparecieron lenguas bífidas como llamas de fuego, que flotaron sobre la cabeza de cada uno. Y todos fueron llenados por el Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en lenguas, según el Espíritu les daba hablar. Entonces se levantó Pedro y predicó la ley de Cristo a la muchedumbre de todas las naciones y lenguas allí reunida. Según las informaciones de los que esto han visto y oído, cada persona escuchó la palabra en su propia lengua nativa. (Cap. 96, 8-9)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Mientras, después del tiempo mencionado, muchos estaban reunidos en oración, se incrementó la fuerza en las almas que se habían elevado a Dios, la fuerza sagrada, el Espíritu Santo. Muchos creyeron escuchar un "sonido del cielo como el bramar de un viento impetuoso”, que llenó toda la sala, la casa entera.

Comprended: el Espíritu eterno, el Espíritu Santo, no tiene sonido humano que penetre en los oídos humanos. El afluir del Espíritu Santo a muchos hombres y mujeres justos, produjo una efervescencia de la sangre, pues el corazón de los que estaban plenos latía fuertemente. Luego escucharon la voz de la verdad en sus corazones -cada cual en su lengua materna-. Siendo tocados internamente y hallándose en esta conmoción externa, creyeron ver lenguas de fuego. Los que verdaderamente las vieron, contemplaron el afluir del Espíritu Santo a sus almas y corazones. Y los que escucharon la palabra de Dios dada por boca humana, la sintieron en su corazón como si fuera pronunciada en su idioma. Pero lo que entendieron era lo que conforme a la madurez de su consciencia espiritual podían entender. Como pudieron entender en lo más interno de sí mismos la palabra de Dios dada por boca humana, creyeron que era su idioma.

Comprended: en muchas afirmaciones se añadió o recortó, en cada caso según el entendimiento del escribano y del traductor. Y en las traducciones se utilizaron las palabras que le eran familiares al traductor y correspondían a su manera de entender la verdad.

 

10. Y de los que escuchaban, aquel día habían sido reunidas tres mil almas en la Comunidad, y recibieron la santa ley, se arrepintieron de sus pecados, recibieron el bautismo y siguieron su vida en la hermandad de los Apóstoles, en constante ofrenda y oración. (Cap. 96, 10)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Comprended: no todos los que estaban reunidos en el día mencionado, se arrepintieron sinceramente de sus pecados, perdonaron y pidieron perdón y ya no pecaron más. Muchos tan sólo creyeron haberlo hecho. Volvieron a caer en sus viejos pecados y volvieron a ser aquellos que eran antes de ese acontecimiento divino.

Ninguno de ellos fue bautizado -pero todos fueron bendecidos por el Espíritu de la verdad-. Y todos los que permanecieron fieles a la verdad, poniendo por obra día tras día sus oraciones y realizando más y más las leyes de la vida, llegaron a ser paulatinamente la ley de la vida. Así alcanzaron el bautismo espiritual, ya que se sumergieron en la Ley eterna, Dios, llegando a ser así la ley del amor.

Todos los que aspiraban a la vida en Mí y se perfeccionaron concienzudamente, entraron en la hermandad de Cristo, en la vida en el espíritu de Dios. Esta es el cumplimiento de la ley eterna, tanto para el propio desarrollo interno como a través de la aplicación del mandamiento "ora y trabaja”. "Ora y trabaja” no era y es válido únicamente para los asuntos personales; abarca también el verdadero servicio, el servicio desinteresado al prójimo.

Tal como fue entonces, continuó en el transcurso de los siglos: una y otra vez se incorporaron hombres a Mi seguimiento -a la verdadera hermandad de Cristo, que no se enclaustra en conventos, sino que crece en medio del mundo-, de entre los hombres que se esfuerzan en vivir en Mí, el Cristo, por todos los hombres de buena voluntad. La auténtica hermandad en Mí y commigo, el Cristo, es el cumplimiento de las leyes eternas, en medio del mundo.

 

11. Y los que creyeron, dejaron todo lo que poseían, lo tenían todo en común, y habitaban juntos en un mismo sitio, dando prueba del amor y la bondad de Dios a sus hermanos y hermanas y a todas las criaturas. Trabajaban con sus manos para el bienestar de todos. (Cap. 96, 11)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Todos los que cumplían la ley de Dios -igualdad, libertad, unidad, hermandad y justicia-, ponían en común lo que poseían y lo administraban todo conjuntamente, cumpliendo así la ley de la vida: Uno para todos -Cristo-; todos para Uno -Cristo-. Y todos con Cristo -por todos los hombres de buena voluntad-. Vivían -al igual que los seres de la luz- unos con otros en el amor desinteresado, como hermanos y hermanas, y servían al bien común.

Esta hermandad en Mi espíritu, que surgió después de Mi ascensión entre los que de verdad Me siguieron, también se produjo en todas las épocas siguientes. Una y otra vez se reunieron hombres en Mi nombre, para vivir en Mí y conmigo en la auténtica hermandad -en el servicio al bien común, en favor del prójimo-; pues sólo esto es el verdadero seguimiento, el seguimiento absoluto.

Lo que fue antaño, vuelve a ser ahora [1989].

Cada vez más hombres se esfuerzan en seguirme, para vivir en Mí y alcanzar la hermandad conmigo, y para fomentar el bien común desde esa unidad -y así traer el Cielo a la Tierra, el Reino de Paz de Jesucristo.

La base para la hermandad en Mí es el amor desinteresado en el actuar conjunto para el bien común, pues de forma similar a como es en el Cielo, será en la Tierra -en la materia, dentro de lo tridimensional.

Quien vive en Mí, el Cristo, vive en paz con su prójimo y con los reinos de la naturaleza: con los animales, las plantas y las piedras.

 

12. Y de éstos fueron llamados doce, para ser profetas con los doce evangelistas, y doce pastores con sus ayudantes, y diáconos de la Comunidad universal, y eran en número de ciento veinte. Y así se erigió el templo de David, hecho de hombres vivientes llenos de bondad, tal como el Maestro les había mostrado.

13. Y a la Comunidad de Jerusalén le fue dado Santiago, el hermano del Señor, como Angel para que la presidiera, y además veinticuatro sacerdotes en un ministerio cuádruple, y también diáconos con sus ayudantes. Y después de seis días muchos se juntaron, añadiéndose seis mil hombres y mujeres, que recibieron la ley sagrada del amor, y recibieron con gozo la palabra. (Cap. 96, 12-13)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Siendo Jesús de Nazaret hablé ciertamente de las Comunidades universales, que son la vida universal, la vida que proviene del espíritu de Dios -pero no de evangelistas, pastores, diáconos, o de otros titulares de cargos-. Las ideas y los conceptos humanos trepan alrededor de lo que, como enseñanza y fuerza, traje a este mundo.

Lo que siendo Jesús quise erigir con los que formaban y forman parte de la misión -en primer lugar, hombres de la estirpe de David, y además de otras estirpes-, debía ser erigido después de Mi resurrección, con toda sencillez y modestia, por los Míos junto conmigo -conmigo, que estuve con ellos en espíritu después de la resurrección.

Muchos de los que se hicieron bendecir, pero que no cumplieron lo que Yo había mandado a todos, introdujeron sus ideas y conceptos en la sencilla edificación interna que debería haberse hecho visible en lo externo, en el mundo. Su forma de pensar atada a las tradiciones, que todavía estaba atrapada en reglamentos de autoridades y subordinados, la mezclaron con Mis enseñanzas. Designaron titulares de cargos y versados en la palabra, confiriéndoles las Comunidades en formación. A éstos les dejaron en sus manos la conducción, y escucharon cada vez menos la palabra de Dios y al Angel de la Comunidad respectiva. El pensamiento basado en la obediencia a las autoridades llegó a prevalecer; de ello resultaron desacuerdos y desavenencias.

Con el pensar basado en la obediencia a las autoridades empezó a florecer el comportamiento humano, dado que cada uno quería ser el más grande. Las consecuencias fueron disensiones, la desunión de los miembros de las primeras Comunidades Originarias, de lo cual resultaron entonces las divisiones. Mi deseo era que los Míos erigieran el templo interno y llevaran a cabo lo que fue y está mandado a la estirpe de David y a algunos de otras estirpes: fundar y edificar el Reino de Dios, el Reino de Paz de Jesucristo.

Surgieron así desacuerdos. Pero todos los que llegaron a ser verdaderos seguidores y se mantuvieron fieles a Mi enseñanza, recibieron la palabra justa, la ley de la vida. Los que la pudieron captar, la recibieron con alegría interna y agradecimiento.

Se necesitará un cierto orden, hasta que los hombres cumplan la ley eterna de Dios. Por eso deberían actuar en las Comunidades Originarias Ancianos, instructores, dirigentes y sanadores, hasta que todos los miembros de las Comunidades Originarias estén en gran medida dentro de la ley de la vida interna. Pero nadie debería darse importancia como si fuera alguien especial. El más grande entre ellos, debería ser el más humilde. Los Ancianos, instructores, dirigentes y sanadores han de ser hombres que en su vida se han sumergido profundamente en Mi seguimento. Han de ser únicamente indicadores de camino, y no autoridades.

Como debería haber sido en aquel entonces, tiene que llegar a ser ahora [1989] en las Comunidades Originarias de Vida Universal, en cuyo medio está la Comunidad de la Alianza, Nueva Jerusalén, en el Nuevo Israel en formación.

 

14. Y hallándose reunidos en el día del Señor, después de transcurrido el sábado, presentando la santa ofrenda, echaron en falta a María y José, los padres de Jesús. Y les buscaron, pero no les encontraron.

15. Y algunos de entre ellos dijeron: "seguramente el Señor se los ha llevado, como a Magdalena”. Y se llenaron de respeto y cantaron alabando a Dios. (Cap. 96, 14-15)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Mi Padre adoptivo era en ese tiempo un ser en Dios, y ya no hombre. Estaba entre los muchos seres invisibles que se preparaban para el cumplimiento de la misión. Unos permanecieron en espíritu, Me sirvieron en espíritu, invisibles a los que estaban en vestido terrenal. Los otros se preparaban para encarnar, para servirme a Mí, Cristo, como hombres.

A María la había confiado a Juan. En un lugar tranquilo estaba unida conmigo en oración, y con todos los que en espíritu la rodeaban.

Poco tiempo después de Mi resurrección y ascensión, también después del afluir del Espíritu Santo, había gran inseguridad entre los apóstoles y discípulos y entre los que se habían unido a ellos; esto llevó a desacuerdos.

Cada desacuerdo tiene sus voces. Unos entendían Mis enseñanzas y Mis parábolas según su sentido, como podían captarlo según su consciencia espiritual; otros se aferraban a sus ideas y conceptos y creían que la verdad tenía que ser tal como ellos habían captado Mis enseñanzas y Mis parábolas con su entendimiento.

A partir de Mi ascensión continuaron estos desacuerdos hasta la disolución de las primeras Comunidades Originarias. De ahí surgieron autoridades. Estas decidían sobre lo que debía ser correcto, y de Mi enseñanza -cuyo contenido es la ley de la vida y el libre albedrío- hicieron una doctrina de fe obligatoria. Con ello, las palabras que en un principio eran símbolos que hacían comprensible la vida interna, se incluyeron en un mundo de pensamientos humano. Bajo pretexto de Mi nombre, Cristo, eligieron autoridades, como pastores, sacerdotes y otras. En Mi nombre construyeron en el transcurso del tiempo una jerarquía confesional con suntuosas iglesias, y catedrales y palacios en los que residían. Así el cristianismo se petrificó y llegó a ser una institución con dogmas, doctrinas de fe, cultos y dominio mundano, contribuciones e impuestos para la Iglesia, y muchas cosas más.

Como habían empobrecido en sus corazones, incorporaron cada vez más cultos paganos a su edificio doctrinal, para ofrecer a los hombres fiestas externas, las cuales adornaban con muchas ceremonias, para estimular a sus fieles. Las llamaron fiestas cristianas, pretendiendo que eran en honor de Dios. En realidad eran -y en parte aún siguen siéndolo hoy día [1989]- lazos con los que han atado y atan a sí a sus fieles. Las leyes eclesiásticas, los dogmas, las doctrinas de fe, las estructuras y las costumbres se convirtieron para muchos en prisiones de donde es difícil salir.

No respetaron ni respetan el mandamiento de la libertad; por ejemplo, determinaron y determinan que los hombres, cuando son niños, primero tienen que ser bautizados, antes de poder ser instruidos y de poder recibir las bendiciones de la Iglesia.

El mandamiento de la verdad, sin embargo, dice: enseñad primero. Es decir: enseñad a vuestros hijos las leyes de la vida -y si las guardan y las realizan en la vida diaria, serán bautizados por Mí, el espíritu de Cristo, con el espíritu de la verdad, ya que estarán inmersos en la verdad, en la ley de la vida-. Pero quien ya no puede distinguir por sí mismo entre verdad y costumbres, quien se fija en los velos de las tradiciones, sólo ve mandamientos eclesiásticos y doctrinas, ceremonias y cultos, y cree que toda esta obra humana forma parte de la enseñanza del Nazareno, porque todo ha sido y es aún [1989] adornado con Mi nombre.

En Mí, el Cristo, hay un rebaño, y Yo Soy el único Pastor.

En Mí, el Cristo, no existen autoridades, ni pensamiento basado en la obediencia a las autoridades -y por eso tampoco existe seguimiento ciego alguno-. En Mí, el Cristo, hay únicamente hermanos y hermanas, que viven en el Padre eterno y en Mí y que tienen un mismo espíritu.

Aunque en las Comunidades Originarias universales [1989] haya todavía Ancianos, instructores, dirigentes y sanadores, esto sólo son denominaciones para las respectivas tareas de los miembros de las Comunidades Originarias. En las Comunidades, estos miembros destacan por su verdadero seguimiento. Los Ancianos, instructores, dirigentes y sanadores son con todos los miembros de la Comunidad hermanos y hermanas en un espíritu.

Las denominaciones como Anciano, instructor, dirigente y sanador no pueden ser vistas como títulos de autoridades. Quien de aquellos que cumplen estas tareas hace autoridades, se hace culpable frente a la ley de la libertad -tal como se han hecho culpables los que después de Mi ascensión disolvieron las Comunidades Originarias en formación, mediante la implantación de autoridades.

En el eterno SER existen los siete querubines y serafines -los príncipes de los Cielos- y los Ancianos. Pero ellos están a la par respecto a los demás seres espirituales: todos son hijos del Padre -sin excepción-. Los nombres como querubín, serafín y Anciano son nombres indicativos, que indican correspondientes tareas inherentes a la Creación.

 

16. Y el Espíritu de Dios vino sobre los apóstoles y los profetas que había entre ellos; y acordándose de lo que el Señor les había enseñado, confesaron y loaron a Dios al unísono, diciendo: (Cap. 96, 16)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

"...al unísono”, significa: eran un sólo ánimo. La sintonía de sus ánimos produjo paulatinamente la libertad y la unidad en Mí, el Cristo.

 

17. "Creemos en Dios Uno: el Infinito, el Origen secreto, el Padre eterno del que provienen todas las cosas, visibles e invisibles -el Universo en todo, a través de todo y alrededor de todo: el Uno santo, en quien existen todas las cosas, lo que ha sido, lo que es y lo que será.

18. "Creemos en un Señor, nuestra Señora, el Cristo perfecto y santo: Dios de Dios, Luz engendrada de la Luz. Nuestro Señor, el Padre, el Esposo y el Hijo. Nuestra Señora, la Madre, la Esposa y la Hija. Tres aspectos en una Esencia indivisa: una doble trinidad. Para que Dios llegue a ser manifiesto como Padre, Esposo e Hijo de toda alma; y para que toda alma llegue a ser perfecta como Madre, Esposa e Hija de Dios.

19. "Y esto, mediante el ascenso del alma al Espíritu y el descenso del Espíritu al alma. El Espíritu viene del Cielo y se ha hecho carne de la virgen eternamente bendita, Cristo de Dios en Jesús y en todos*, y nació y enseñó el camino de vida y sufrió bajo los que dominan el mundo, y fue crucificado, sepultado y descendió al infierno. Y que resucita y asciende en gloria, desde donde da la luz y la vida a todos.

20. "Creemos en el séptuple Espíritu de Dios, el Dador de vida, que procede de los Dos sagrados, que viene a través de Jesús y a través de todos los que son fieles a la luz interior; que habita en la Comunidad, en el Israel elegido por Dios; que habita en el mundo por siempre e ilumina a toda alma que busca; que da la ley que juzga a los vivos y a los muertos; que habla a través de los profetas de todos los tiempos y países.

21. "Creemos en una santa Comunidad universal y apostólica: testigo de toda verdad, conservadora y dadora de la misma. Creada del Espíritu y del fuego de Dios; alimentada de las aguas, semillas y frutos de la Tierra. La cual, por el Espíritu de la vida, sus doce libros y sacramentos, sus palabras y obras sagradas, une a los elegidos en una comunión mística y une a la humanidad con Dios, y nos hace partícipes de la vida y la esencia divinas, atestiguando esto en los símbolos sagrados.

22. "Y esperamos el retorno del Cristo omniabarcante y del Reino de Dios, en el que habita la justicia. Y la ciudad sagrada, que tiene doce portales, en la que se hallan el templo y el altar de Dios. De donde salen tres reglamentos de cuádruple ministerio, para enseñar toda verdad y presentar la ofrenda cotidiana de alabanza.

23. "Y en el interior, igual que en el exterior; en lo grande, igual que en lo pequeño. Arriba, igual que abajo; como en el Cielo, así en la Tierra. Creemos en la purificación del alma a través de muchos nacimientos y experiencias, en la resurrección de entre los muertos, en la vida eterna de todos los justos, de eternidad a eternidad, y en el reposo en Dios por siempre. -Amén”. (Cap. 96, 17-23)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo esta profesión de fe,
de acuerdo con las leyes de la vida:

(Vers. 17) En, "...el Origen secreto”, debe decir: el Origen sagrado; pues en Dios no hay secretos.

(Vers. 18) En la expresión, "nuestra Señora”, se hace referencia al principio-Madre en el Dios Padre-Madre.

"Dios de Dios, Luz engendrada de la Luz”, significa: el Cristo es el Hijo de Dios, que surgió del Dios Padre-Madre, el Visualizado, que en algunos aspectos de vida interna ha sido creado y en otros aspectos de vida interna ha sido espiritualmente engendrado, el Hijo proveniente del Padre santo y eterno, y de la Madre.

En el principio Padre-Madre está también la Hija, el principio femenino, el cual tiene más componentes maternales.

El Esposo y la Esposa simbolizan la unión -también llamada enlace matrimonial- de las dos fuerzas, positiva y negativa, masculino y femenino, padre y madre.

"Tres aspectos”, significa: tres fuerzas: la fuerza positiva, el polo positivo, el principio donante, la fuerza paterna -la fuerza negativa, el polo negativo, el principio receptor, la fuerza materna-. Ambas fuerzas juntas, el principio Padre-Madre, también son llamadas Fuerza primaria o Espíritu Santo, en el que es activa la Fuerza parcial, la Fuerza omnipresente del Corregente, el Cristo de Dios. Como todas las fuerzas están contenidas en todo, las tres fuerzas -las fuerzas Padre-Madre y la Fuerza parcial en la Fuerza primaria, la fuerza del Cristo de Dios- están contenidas, indivisas, en todo ser.

Dado que todas las fuerzas están contenidas en todos los seres provenientes de Dios, el principio del Padre personifica al Hijo, y el Hijo al Padre. El principio de la Madre personifica a la Hija, y la Hija a la Madre.

El Esposo y la Esposa simbolizan la unión interna, el enlace matrimonial.

(Vers. 19) "Y esto, mediante el ascenso del alma al Espíritu y el descenso del Espíritu al alma”, quiere decir: a quien da el primer paso hacia el Espíritu de la vida, el Espíritu le sale al encuentro. El alma que está en el camino a la perfección asciende al Espíritu de la vida, al Dios Padre-Madre -y el Espíritu, el Dios Padre-Madre, va a su encuentro.

Tal como el alma vuelve a aceptar su herencia -las fuerzas del infinito-, en esa medida afluye a ella el Espíritu, Dios, el principio Padre-Madre, con lo que ella vuelve a alcanzar el perfeccionamiento en Dios, en el principio Padre-Madre.

"El Espíritu viene del Cielo y se ha hecho carne de la virgen eternamente bendita”, quiere decir: el Espíritu del Cristo de Dios vino en el Hijo de Dios a este mundo. Era y es el Corregente de los Cielos, el Hijo, que en Jesús se convirtió en el Cristo, en el Redentor.

Las leyes de la naturaleza son leyes nobles, si el hombre las mantiene puras. Mediante el engendramiento puro, Yo, el Hijo de Dios, Me concebí en la joven que se convirtió en madre de Jesús. "Virgen”, significa mujer joven.

Siendo Jesús de Nazaret enseñé las leyes sagradas de Dios, y las viví dando ejemplo a los hombres. Con las enseñanzas y con Mi vida les mostré el camino a la vida eterna. Sufrí bajo los soberanos del mundo y Me crucificaron porque los Míos, a los que vine, no Me aceptaron ni acogieron.

El cuerpo de Jesús fue colocado en el sepulcro y luego divinizado mediante la transformación de la materia en sustancia divina.

Como Cristo de Dios, el Redentor, descendí al infierno, a base de irradiar y traspasar con Mi luz todos los reinos de la Caída, haciendo de ellos planos de purificación.

El Resucitado, que ha ascendido a Dios, el Padre eterno, y vive de nuevo en Dios como Corregente en los Cielos, regresará en toda Su gloria, cuando se haya erigido el Reino de Dios en la Tierra.

Mi espíritu, la fuerza redentora, está en todas las almas y hombres. Quien se orienta a Mí, el Cristo de Dios, el Redentor, mediante el cumplimiento de las leyes, recibe cada vez más luz y fuerza y entrará en la Vida, que Yo Soy.

(Vers. 20) "...séptuple Espíritu de Dios”, significa: las siete fuerzas básicas de Dios, que otorgan la vida a todo lo que es. Estas siete fuerzas básicas de Dios son la ley omnipresente, Dios, la vida en todo lo que es.

"Los Dos sagrados”, significa: dos fuerzas primarias; la fuerza donante y la receptora -lo masculino, el padre, y lo femenino, la madre.

Las dos fuerzas primarias son el núcleo del Sol Central Primario, que es la central de energía vital de la Creación, de la que fluye la vida -las siete fuerzas básicas- a los siete soles prismáticos. En los siete soles prismáticos se fracciona la luz primaria -las siete fuerzas básicas, la Fuerza primaria- e irradia en siete por siete fuerzas al Universo. Las siete por siete fuerzas son también llamadas irradiación de consciencia; pues irradian y traspasan con su luz a todos los aspectos de consciencia del infinito, incluida la materia.

Es el Espíritu, Dios, en Mí, el Cristo, el que habita y obra en las Comunidades verdaderamente cristianas y en los miembros de las Comunidades que en Mí, el Cristo, cumplen la voluntad del Eterno.

El Espíritu, Dios, en Mí, el Cristo, ha escogido y fundado la Nueva Jerusalén en el Nuevo Israel. Desde allí la vida irradia por toda la Tierra, y desde los hombres luminosos y desde la Tierra purificada, a los planos de purificación, a todas las almas.

El Espíritu, Dios, la Verdad, irradia en Mí, el Cristo, a este mundo. Quien busca, aspirando a cumplir los mandamientos de la vida interna, encontrará la Ley, Dios, y llegará a ser la ley eterna, que Yo, Cristo, en Dios, Mi y vuestro Padre, Soy.

"...que da la ley que juzga a los vivos y a los muertos”, significa: quien vive la Ley, Dios, entra en la Ley, Dios, en la verdad eterna.

La ley de la vida interna no se detiene ni ante los hombres ni ante los fallecidos, los llamados "muertos”, las almas en los reinos que están detrás de los velos de la consciencia, velos que están entre este mundo y el más allá.

Quien infringe la Ley, Dios, se juzga a sí mismo en la medida en que ha infringido la ley de la vida, la verdad eterna.

En verdad, en todos los tiempos -en los pasados y en el presente- ha hablado y habla el Espíritu, Dios, a través de profetas verdaderos.

Mi palabra, la palabra del Espíritu, es ilimitada. Fluye a través de todos los tiempos y a todos los países. Y quien ha despertado en el Espíritu de la vida, conoce Mi voz. Sí, Mis ovejas conocen Mi voz, no importa en qué país vivan como hombres.

(Vers. 21) "Creemos en una santa Comunidad universal y apostólica”, significa:

Hay que edificar sobre los pilares básicos de vida interna, sobre los que Mis verdaderos apóstoles y discípulos han fundado las Comunidades Originarias. El Espíritu de la Comunidad es el único que es Santo. Si los miembros de la Comunidad cumplen la ley de la vida, viviendo en la verdad, son los bienaventurados. Estos bienaventurados, los hermanos y hermanas que viven en Mi espíritu, forman la verdadera Comunidad.

Son los testigos de la verdad, y la Comunidad que ellos forman es la conservadora y dadora de la verdad. Cualquier otra cosa son ideas y conceptos humanos y también maquinaciones humanas, que no tienen nada en común conmigo, el Cristo.

Quien vive en Mí, el Cristo, está viviendo en Dios, y realiza las obras de Dios -también en este mundo.

En las verdaderas Comunidades que están en Mí, el Cristo, no hay superiores ni subordinados. Las verdaderas Comunidades que están en Mí, el Cristo, se componen de hermanos y hermanas que se esfuerzan en cumplir la voluntad de Dios y de los que ya la cumplen. Estas Comunidades que están en Mí, el Cristo, han sido creadas por el Espíritu de la vida y están traspasadas por el fuego de Dios.

Quien está inflamado por el fuego de Dios, cumple las leyes de Dios. Está a favor de todos los hombres y también a favor de los reinos de la naturaleza. Y así vive teniendo a todos los hombres en su corazón. Aprecia y respeta la vida en la naturaleza, y a través de la Tierra es mantenido y alimentado por Dios, mediante las aguas, los granos y los frutos.

El siguiente párrafo: "la cual, por el Espíritu de la vida, sus doce libros y sacramentos, sus palabras y obras sagradas, une a los elegidos en una comunión mística y une a la humanidad con Dios, y nos hace partícipes de la vida y la esencia divinas, atestiguando esto en los símbolos sagrados”, ha sido introducido por hombres en las Comunidades Originarias. No corresponde a la ley eterna.

Quien realmente vive según la ley de Dios, es un templo de Dios puro. No necesita libros, sacramentos o símbolos. Ha llegado a ser la palabra sagrada, la Ley, Dios.

Para quien ha llegado a ser la ley de Dios, nada permanece cerrado. La vida en Dios es la Ley, Dios, y quien vive en la ley eterna, conoce todas las legitimidades de Dios -pues está irradiado y traspasado por la luz primaria, por las siete fuerzas básicas de la vida, que le manifiestan todo-. De ahí toma y da.

Estos son los hombres que en verdad se reúnen en Mi nombre, que son verdaderamente partícipes de la vida divina. Son seres en vestido terrenal, que han fundado la religión interna y la conservan, y que no conocen autoridades ni subordinados, ni ceremonias, ritos, cultos o dogmas. Es el Núcleo Crístico, el Núcleo del Espíritu Interno de Cristo, la religión interna, en la que todos los hombres son hermanos y hermanas, que une a todos los hombres en Dios, y los acepta y acoge. De ella han surgido y surgen los verdaderos seguidores, que en su interior se hallan en Mí. Fundaron y fundan las Comunidades Originarias de vida interna, en las que únicamente Yo, Cristo, Soy el Pastor, porque en el Padre Yo Soy su vida.

Vida mística significa comunión interna, en el templo del interior, con todos los que aspiran a Dios. Este fue Mi deseo en Jesús de Nazaret; este es también Mi deseo como Cristo de Dios. Con hombres que se esfuerzan en cumplir la voluntad de Dios, y con los que ya viven en el cumplimiento, acercaré a los Míos la vida interna, en el Reino de Dios en formación sobre la Tierra, en el Reino de Paz de Jesucristo. Cuando el Reino de Dios, el Reino de Paz de Jesucristo, abarque toda la Tierra, en el Reino de Dios sobre la Tierra vivirán hombres que en su vida no necesitarán libros religiosos, ni ceremonias ni cultos ni ritos ni sacramentos ni cosas parecidas. Estarán unidos en Dios, porque vivirán en Mí, el Cristo. Cumplirán la ley eterna y así sabrán acerca de todas las cosas de la vida.

El libro "Esta es Mi Palabra” será para ellos una obra histórica de consulta, que les servirá para entender los acontecimientos pasados, en los que verán el pro y el contra de la humanidad, que aún continuará en y entre las almas -en los reinos de las almas.

(Vers. 22) El retorno del Cristo de Dios, que Yo Soy, es inminente. En el tiempo actual [1989] -y en épocas posteriores- edifico poco a poco el Reino de Dios en la Tierra, en el que reinan paz, unidad y justicia.

"Y la ciudad sagrada, que tiene doce portales”, es la Nueva Jerusalén en la Tierra. Es el altar interno para todas las Comunidades Originarias universales en toda la Tierra; pues desde ahí la luz del Eterno en Mí, el Cristo, irradia las leyes de la vida interna a todas las Comunidades. Los habitantes del Reino de Dios sobre la Tierra las reconocerán, las aceptarán y las guardarán, y habrá orden. El cargo de cada uno de los miembros de la Comunidad es el servicio desinteresado, con el que todos los miembros de las Comunidades alaban y loan a Dios.

Aquellos que tengan capacidad para enseñar instruirán en las leyes de Dios a los niños que proceden de las uniones místicas -del enlace matrimonial de dos personas, hombre y mujer, en Dios-, y los iniciarán de tal forma que las guarden en la hermandad conmigo que une a todos los hombres en el Reino de Dios en la Tierra.

(Vers. 23) "Y en el interior, igual que en el exterior; en lo grande, igual que en lo pequeño. Arriba, igual que abajo; como en el Cielo, así en la Tierra”, significa:

Dios es omnipresente. Tal como es en lo más interno, en lo puro, es también en lo que es externo. Tal como es arriba, es decir en el Cielo, será también en la Tierra: puro.

La Tierra es, en su estructura terrenal, sólo el reflejo de los Cielos, pero no el Cielo mismo. Por la fuerza del amor, sin embargo, vendrá también el Cielo a la Tierra, lo puro a los que son puros; pues las almas se purificarán por la fuerza del Cristo que Yo Soy -aunque tengan que pasar por muchos nacimientos y experiencias hasta que se autorreconozcan y se arrepientan de lo humano que hayan reconocido, el pecado, pidan perdón y perdonen y reparen lo que han causado, y no vuelvan a pecar más-. Despertarán de la muerte espiritual y resucitarán a la vida eterna y regresarán a Dios como seres puros provenientes de Dios, su Padre, del que partieron como seres puros. En el eterno SER vivirán y obrarán entonces junto con todos los seres puros, en amor, sabiduría y justicia, y el amor y la gloria no tendrán fin; pues la luz eterna, Dios, en la que viven, es, como todos ellos son -de eternidad a eternidad.

Quien vive en Mí, no necesita la profesión de fe, pues está viviendo en la Ley -tal como los seres de los Cielos son y viven la Ley.

 

24. Y mientras las nubes de incienso se elevaban, se oyó el sonido de muchas campanas, y una multitud de las legiones celestiales loaba a Dios, diciendo:

25. "Gloria, honor, alabanza y loa a Dios, Padre, Esposo e Hijo, uno con la Madre, Esposa e Hija, del que procede el Espíritu Eterno, por quien son creados todos los seres. Desde toda la eternidad, ahora y en toda la eternidad - Amén - Aleluya, Aleluya, Aleluya. (Cap. 96, 24-25)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

El hombre que está en Dios no necesita formas externas ni ritos. El sonido de las llamadas campanas son entonces las melodías de los Cielos que atraviesan al alma luminosa, al corazón puro, porque el ser proveniente del Dios Padre-Madre vive de nuevo en Dios, Padre y Madre. Este es el camino de cada alma, en la que Yo, Cristo, Soy. Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida.

Quien Me sigue, llega a ser un templo del amor. Este templo no tiene tradiciones externas. En él están acogidos todos los hombres y seres, y toda la Creación. Quien viva en este templo, en lo más interno de sí mismo, el santuario de Dios, glorificará, honrará, alabará y loará al Eterno junto con los seres provenientes de Dios, mediante el cumplimiento de la ley sagrada, la cual es Dios, el Dios Padre-Madre. El Eterno visualizó y visualiza a todos los seres y dio y da el Cielo, en el que viven eternamente.

 

26. "Y si alguno quita o añade palabras de este Evangelio, o esconde su luz como bajo un taburete, la luz que nos es dada a través del Espíritu Santo a nosotros, los doce testigos elegidos por Dios para la iluminación del mundo, para su Redención: que sea Anathema Maranatha hasta la llegada del Cristo Jesús, nuestro Redentor, con todos los santos. Amén”. (Cap. 96, 26)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Yo Soy el Cristo de Dios, el Camino, la Verdad y la Vida.

Yo Soy la Verdad, y la Verdad, que Yo Soy, ilumina a este mundo en innumerables facetas.

El llamado "Evangelio de Jesús” es una de las muchas facetas de la verdad. No cualquier hombre, sino Yo, el Cristo de Dios, lo tomé, explicándolo, rectificándolo, y profundizándolo, y añadiéndole más luz, es decir más facetas de la verdad, para que los hombres de la generación actual [1989] y de las generaciones futuras vean brillar la Verdad eterna, a Mí, el Cristo de Dios, desde más facetas de la verdad.

Yo Soy la Verdad, y la Verdad da a los hijos de la Verdad -y así es la Verdad.

Yo, el Cristo, no maldigo ni anatematizo a ningún hombre. Esto se lo hacen a sí mismos aquellos hombres que abusan de Mí, el Cristo, la Verdad, para lograr sus fines humanos.

Yo Soy el evangelio de la Verdad, y la Verdad, que Yo Soy, da a las generaciones en la forma en que lo pueden entender, a la luz de la verdad, actualmente y en el futuro.

 

Aquí termina el Santo Evangelio de la vida perfecta de Jesús, el Cristo, el hijo de David según la carne, el Hijo de Dios según el Espíritu.

Aquí termina igualmente el Evangelio de los doce santos, que fue originariamente conservado por los apóstoles y, más tarde, entregado a los verdaderos seguidores del Maestro, en los primeros tiempos de la Comunidad de Jerusalén.

¡Honra a Dios, por cuyo poder ha sido escrito!

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

"Aquí termina el Santo Evangelio de la vida perfecta de Jesús, el Cristo, el hijo de David según la carne, el Hijo de Dios según el Espíritu”, significa: aquí termina el libro "El Evangelio de Jesús”, que ha sido incorporado en la obra "Esta es Mi Palabra”, la cual es dada desde la verdad.

Sólo lo externo puede tener fin, pero no lo que es divino. Esto fluye y fluye y siempre tiene algo que decir. Es la ley de la vida, que es manifestación continua.

Por eso, dejad que la vida fluya a través de la obra "Esta es Mi Palabra”, que al mismo tiempo es una obra histórica de consulta. Si, en vez de aspirar a la letra, captáis el sentido, se os abrirán los Cielos, que Yo hago que sean manifiestos, en Mis palabras dadas por boca humana, para todos aquellos que aspiran al Cielo mediante el verdadero seguimiento.

Las sensaciones bienaventuradas de Jesús -el hijo de David según la carne, el Hijo de Dios según el Espíritu- nunca finalizan. Eran puras en Mí, Jesús, y son en Mí, el Cristo, uno con todos los que sienten de forma similar a como Jesús sentía.

A través de la Comunidad de la Alianza, Nueva Jerusalén, y a través de las Comunidades Originarias universales, la presente obra, "Esta es Mi Palabra”, va a este mundo, a los hijos de Dios y a los hijos del mundo. En calidad de hijos de Dios se unirán todos en Mí, el Cristo. Esta es la verdad; pues ninguna oveja se perderá. También los hijos del mundo llegarán a ser conscientemente hijos de la luz, porque también ellos portan en sí mismos la luz del Eterno, la vida eterna.

Yo Soy el Cristo de Dios, que vino en Jesús a este mundo y llevó a cabo lo que conduce a la unificación de todos los pueblos, a la purificación de la Tierra y al refinamiento y asimilación de todas las formas de sustancia material gruesa; pues Dios es espíritu, es vida pura y de sustancia sutil. Todo será conducido de regreso al SER puro por la Fuerza primaria, Dios, el principio Padre-Madre, y por la Fuerza parcial de la Fuerza primaria, el Hijo y Corregente de los Cielos, que viene a los Suyos en el Reino de Paz de Jesucristo como Yaehovea, como hermano a los hermanos y hermanas que se encuentran en vestido terrenal.

Yo Soy Cristo en Dios, vuestro y Mi Padre, la Vida

de eternidad a eternidad.

 

El próximo capitulo


Libro, 1088 páginas.
ISBN 3-89371-260-7 P.V.P.: DM/SFr 25,- ÖS 183,- US$ 15,- 
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