Editorial DAS WORT

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      Los reglamentos para la Comunidad (4ª parte)


Capitulo 94

Los reglamentos para la Comunidad (4ª parte)

Acerca de la sepultura de los muertos. Vivir conscientemente. Los espiritualmente muertos. Dios no quiere repetidas encarnaciones (1-4). Quien ha encontrado a su Dios interno, no necesita dirigentes terrenales. Criterios para la autenticidad de los responsables: el servicio desinteresado. Acerca del vestir: la belleza interna se hace visible externamente (5-7). Crecimiento y manutención de la Comunidad, una tarea comunitaria (8-10)

 

1. Y otro Le preguntó: "Maestro, ¿cómo quieres que enterremos a nuestros muertos?” Y Jesús contestó: "buscad el consejo de los diáconos en este asunto, pues sólo concierne al cuerpo. En verdad os digo que no existe la muerte para los que creen en la vida venidera. Lo que consideráis muerte, es el portal a la vida, y la sepultura es la puerta de la resurrección, para los que creen y obedecen. No os aflijáis ni lloréis por los que os han abandonado, sino más bien alegraos por su entrada en la vida.

2. "Así como todas las criaturas vienen de lo invisible a este mundo, así regresan a lo invisible, y así volverán hasta que estén purificadas. Que sus cuerpos sean entregados a los elementos, y el Padre, que renueva todas las cosas, encargará a los ángeles para que cuiden de ellos. Que el Anciano ore, para que sus cuerpos descansen en paz y sus almas despierten a una resurrección dichosa.

3. "Hay una resurrección al salir del cuerpo y una resurrección al entrar en el cuerpo. Hay un salir de la vida de la carne y un descender a la vida de la carne. Que se digan oraciones por los que ya partieron, y por los que todavía viven y por los que vendrán; pues todos son una familia en Dios. En Dios viven, se mueven y tienen su existencia.

4. "El cuerpo que colocáis en la sepultura o que es consumido por el fuego, no es el cuerpo que será; pues los que vendrán recibirán otros cuerpos, y no obstante suyos; y lo que sembraron en una vida, lo recogerán en otra. Bienaventurados los que padecen injusticias en esta vida; pues tendrán más alegría en la vida venidera. Bienaventurados los que han practicado en esta vida la honradez; pues recibirán la corona de la vida”. (Cap. 94, 1-4)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Sólo hay un cuerpo corruptible, el cuerpo material, que viene de la tierra y vuelve a la tierra.

Por eso os aconsejo que el cuerpo muerto, que viene de la Tierra, lo devolváis a la Tierra. Así como el follaje de los árboles, que en otoño cae al suelo, es devuelto a la tierra, así es también devuelto a la tierra el cuerpo corruptible.

Vuestros camposantos no han de ser adornados con lápidas o toda clase de ornamentos. Las flores que la tierra hace surgir, son el más bello adorno. Y si queréis y es usual según la ley terrenal, una pequeña piedra o una pequeña tabla de madera pueden llevar el nombre del cuerpo corruptible que ha sido dado a la tierra.

Si el cuerpo corruptible ha sido entregado al fuego, poned las cenizas en un recipiente, que se guardará en una cámara funeraria hasta que llegue el tiempo en que también éstas se desintegren y vuelvan a ser aquello de lo que están hechas. Recipientes de arcilla estarían bien para los restos del cuerpo.

Si es conforme a las leyes del mundo que aún existan, podéis entregar las cenizas del cuerpo a los vientos, al elemento aire. El viento esparcirá las cenizas de lo que fue el cuerpo, devolviéndolas a la tierra.

No hay muerte del alma. Lo que viene de Dios, vive eternamente -y lo que viene de la tierra, se volverá nuevamente tierra.

Por eso, tened el empeño de cumplir la ley eterna y de vivir en la ley del amor, para que vuestra alma ya en el cuerpo alcance la resurrección de la muerte espiritual, es decir el vivir conscientemente, lo cual el alma ya realizará en el hombre, de palabra y de obra.

Vivir conscientemente significa: realizar y cumplir las leyes del amor. Con esto el hombre alcanzará claridad, y pensará y actuará legítimamente. Entonces, después de la muerte del cuerpo, el alma resucitará inmediatamente y entrará en ámbitos más luminosos, en función de la vida del alma y del cuerpo, o ascenderá a la luz, a los Cielos.

Mientras existan las leyes terrenales, serán válidas las palabras: dad al César lo que es del César, y a Dios lo que a Dios corresponde. Aspirad por tanto a respetar las leyes de Dios y también a cumplir las leyes terrenales -en la medida en que no infrinjan la ley espiritual-; pues quien infringe la ley universal, Dios, está cargando su alma.

Quien no conoce la ley eterna de la vida y tampoco quiere conocerla o experimentarla, está espiritualmente muerto. Por tanto, sólo los espiritualmente muertos llorarán a sus muertos, porque creen que se han marchado de su lado. Sin embargo, sólo han pasado a la vida de sustancia sutil, que no puede ser percibida con los ojos del cuerpo.

Alegraos cuando un alma luminosa haya salido del sepulcro del yo humano y, después de la muerte del cuerpo, entre en el reino luminoso, en los Cielos -en la vida que es dada a aquellos que ya en vestido terrenal han vivido en el espíritu, en la verdadera vida.

La voluntad del Dios Padre-Madre y del Hijo, que Yo Soy, es que el alma, estando en vestido terrenal, se purifique lo suficiente como para ya no regresar a la carne, a un nuevo cuerpo de tierra, que el hombre terrenal ha engendrado y la mujer terrenal gestado. Si el alma regresa a la Tierra, su nuevo cuerpo corresponde al estado del alma, a sus características. Los aspectos luminosos y oscuros del alma marcan el cuerpo terrenal. El cuerpo material del alma que ha reencarnado, es la casa a la que ha entrado para, en la Tierra, en la escuela de vida de las almas encarnadas, saldar sus sombras.

Al hombre la luz de los días le muestra lo que él debe superar en ese día determinado. Así, los momentos y los minutos son valiosa energía para autorreconocerse. Quien aprovecha los instantes, los minutos y las horas, y de este modo vive en el presente, llega a dominarse a sí mismo. Posee valiosa energía de vida en su alma y en su cuerpo.

Un alma seguirá queriendo volver a la carne hasta que tenga más luz que sombras.

También hay almas luminosas que propenden a la Tierra, para servir a los que luchan con sus sombras. Mientras estas almas permanezcan en la luz, no estarán atadas a la ley de siembra y cosecha. Después de la muerte del cuerpo regresarán a la luz. Existe por tanto un salir de la vida de la carne y un descender a la vida de la carne.

Orad al Dios Padre-Madre para que día a día os regale nuevas energías de vida, de manera que reconozcáis lo que habéis de superar en ese día -a fin de que regreséis después de la muerte del cuerpo a reinos más luminosos, para no tener que descender más a la vida de la carne.

Orad por los que ya han partido, para que reconozcan su camino y marchen por el sendero a lo divino, al reino de la paz. Sin embargo, orad también por los que vendrán, para que en los ámbitos de purificación comprendan lo que es importante una vez se está en vestido terrenal.

Quien vive en Dios, se mueve en Dios y tiene en Dios su existencia.

Quien vive en y con el mundo, tiene una y otra vez su existencia en el mundo, y seguirá viviendo en el mundo hasta que aproveche los días para alcanzar lo espiritual, lo que, en definitiva, es la vida.

Quien como hombre se mantenga firme a pesar de los ataques de las tinieblas, y permanezca en la luz de la verdad, en Dios, y permaneciendo en Dios padezca injusticias, tendrá grandes alegrías en el eterno SER, pues no tendrá que perdonar, y tampoco que pedir perdón. El habrá vivido en Dios y estará viviendo en Dios. Y quien a pesar de los ataques permanezca en la honestidad, es decir haya respetado las leyes eternas, en la vida eterna llevará la corona del amor.

 

5. Y de nuevo uno Le preguntó: "Maestro, según la Ley, Moisés vestía a los sacerdotes con vestiduras ostentosas para su servicio en el templo. ¿Debemos nosotros, a los que confiamos los servicios sagrados que nos has enseñado, vestirlos también así?” Y Jesús contestó: "lino blanco es la justicia de los santos; pero en verdad vendrá el tiempo en que Sión será devastada, y cuando haya pasado el tiempo de su duelo, resucitará y se pondrá sus bellas vestiduras, como está escrito.

6. "No obstante, buscad primero que gobierne la justicia, y todo eso os será dado por añadidura. Buscad en todas las cosas la sencillez, y no deis posibilidad alguna a la ostentación vanidosa. Buscad primero el estar vestidos con misericordia y con los vestidos de la Redención y el manto de la justicia.

7. "¿Qué provecho habría, si no tuvieseis éstos? Sois como el sonido del metal y el sonar del címbalo, cuando no tenéis amor. Buscad la justicia, el amor y la paz, y todas las cosas de la belleza os serán dadas por añadidura”. (Cap. 94, 5-7)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Comprended: en la ley del amor no hay mortificación alguna. La ley no toma del hombre nada de lo que él todavía quiere retener. La ley conduce al hombre, haciéndolo salir de sus costumbres, tradiciones, opiniones y egocentrismo, y le consiente muchas cosas, hasta que el hombre se ha encontrado en Mí, la Ley. Así actuó también Moisés.

Pero quien se fija únicamente en Mí y realiza las leyes, no necesita la ostentación externa, y tampoco a dirigentes humanos. El ha encontrado en sí mismo a su Guía y Redentor: Cristo, que Yo Soy, el buen Pastor de todas las ovejas fieles.

Por tanto, no aspiréis al prestigio externo, y tampoco a tener dirigentes humanos. En Dios hay igualdad. Por eso en Mi Comunidad el Angel y los Ancianos de la Comunidad no deben ser ni más ni menos que la Comunidad. En Mí hay sólo un pueblo, que guarda las leyes eternas del amor.

¿Por qué los hombres eligen una y otra vez a sus dirigentes terrenales? Porque no han puesto el espíritu de Cristo en el centro de su vida. La humanidad necesitará sus ídolos terrenales hasta que haya encontrado la verdad interna. Si un hombre ha encontrado a su Dios interno, el Dios Padre-Madre, ya no mirará a ningún ídolo humano, sino cumplirá las leyes eternas y vivirá agradando a Dios. Entonces formará, con los que son afines a él, la familia de Dios en la Tierra.

Mientras los hombres que formen la Comunidad o las Comunidades que están en Mí, el Cristo, se encuentren evolucionando, habrá una y otra vez hombres que ya habrán alcanzado una madurez espiritual más elevada. Estos serán entonces, en la Comunidad, los Angeles y los Ancianos, los sanadores de fe, los instructores espirituales y los dirigentes de los Núcleos Crísticos. Quien ha madurado en el espíritu, no tiene la pretensión de ser mejor que su prójimo.

Un criterio de autenticidad de un Angel, de un Anciano y de todos los demás que presiden a la Comunidad, es el ser desinteresados, el servir desinteresadamente, sin pedir recompensa o reconocimiento.

Esto no se refiere a la actividad en las empresas cristianas o en los centros de servicios sociales. Ahí, el hombre realiza la ley "ora y trabaja”, y por ello recibe un sueldo, para poder subsistir en la vida material. Pero también aquí es válido: actúa desinteresadamente, sirviendo a tu prójimo; entonces también tú recibirás.

El hecho de ser desinteresado, sirviendo a la Comunidad como Angel o como Anciano, no ha de incluirse en la ley "ora y trabaja”. Es el servicio desinteresado sin remuneración.

Buscad primero alcanzar la justicia y el amor desinteresado, y entonces recibiréis y poseeréis todo lo que necesitéis -y más aún-. Quien sirva desinteresadamente, también obtendrá su retribución; pues la voluntad del Padre estará con él y el Dios Padre-Madre cuidará de que no le falte nada.

Vestíos con el adorno de la virtud, con la fuerza del amor y de la misericordia -y seréis liberados de lo que el hombre del mundo tiene todavía en sí: su ego humano, que se refleja en muchas facetas: en pompa y ostentación, en riqueza externa, en querer ser y en pretensiones de poseer, en envidia, odio y enemistad.

Moisés consintió las vestiduras lujosas a los sacerdotes, ya que éstos todavía no habían alcanzado la misericordia, y el pueblo así lo quería.

Quien guarde las leyes eternas, se vestirá con colores que correspondan a las armonías de la ley divina. Las fuerzas básicas del espíritu son los siete colores básicos de los Cielos, que se asemejan a los colores del arco iris.*

El que es desinteresado viste de forma ordenada, limpia y cuidada, de un color del espectro del arco iris. Pero no se envolverá con pompa ni con ostentación.

El que es desinteresado no se da importancia ni llama la atención. Irradia lo que ha realizado -también mediante su forma de vestir.

Tal como el hombre siente, piensa, habla y actúa, es él -y así se muestra en su familia y públicamente.

Tal como es, come. Y tal como es y come -así se muestra y viste.

El hombre puede esconder su yo durante mucho tiempo, engañando al no iluminado. A cada cual le llegará el tiempo en que su yo se haga visible, haciendo que él se muestre como realmente es.

Cada cual ve en sí mismo cómo está a este respecto, pues cada uno es, él mismo, su medida; para ello su prójimo le es espejo: pues lo que le disgusta en su prójimo, lo que le altera y aquello sobre lo que piensa y habla alterado, lo tiene él, en su vida o en sí mismo, en forma de algo igual o parecido. Cada alteración a causa del prójimo es la propia medida.

Encontrad la belleza interna mediante el amor desinteresado, la paz y la justicia -y todo os será dado por el Padre celestial.

Dios no quiere que Sus hijos sufran necesidades, sino que sean ricos en espíritu. Entonces también como hombres tendrán lo que necesiten, y mucho más -para que lo repartan entre aquellos que están en el camino que va de la pobreza externa y carga del alma, a la belleza interna y a la riqueza interna.

Por eso, aspirad primero al Reino de Dios y a Su justicia, y entonces recibiréis todo lo que necesitéis, y más aún. Esto no significa, sin embargo, que debáis cruzaros de brazos. "Ora y trabaja”, dice la ley para los hombres.

 

8. Y todavía otro Le preguntó: "Maestro, ¿cuántos ricos y poderosos entrarán en la vida y se unirán a nosotros, que somos pobres y despreciados? ¿Cómo hemos de llevar a cabo la Obra de Dios en la renovación espiritual de la humanidad?” Y Jesús dijo: "esto también es asunto de los diáconos y de la Comunidad, en los consejos de los Ancianos.

9. "Pero cuando se reúnan Mis discípulos en la tarde del sábado o en la mañana del primer día de la semana, que cada uno sacrifique una moneda, aunque sea la más pequeña moneda de lo que tenga, así como Dios se la ha dado, y la deposite en el cepillo para el mantenimiento de la Comunidad y el servicio y sus obras; pues Yo os digo que dar es mejor que tomar.

10. "Así han de ser hechas todas las cosas, adecuadamente y en orden. Y lo demás lo ordenará el Espíritu, que viene del Padre en el Cielo. Ahora os he instruido acerca de las reglas básicas, y he aquí que estaré con vosotros por siempre, hasta el final de los tiempos”. (Cap. 94, 8-10)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Ningún rico que califique sus bienes y fortuna de propiedad suya, entrará en el Reino de los Cielos, y ningún poderoso que ejerza su poder sobre Mi pueblo, irá al Cielo.

Ambos, tanto el rico como el poderoso, son pobres en el espíritu del amor y en obras de misericordia. Sólo cuando agachen la cabeza, utilicen sus bienes y fortuna para el bien general, para el pueblo, de un modo correcto, y se asemejen a los que Me aman más que a este mundo con sus seducciones, excitaciones y placeres, crecerán en Mi espíritu y estarán con vosotros, que debéis ser ricos en valores internos.

Quien se arrepienta de sus ambiciones de poder, de su intolerancia, de sus ansias de dominio y de su orgullo y repare lo que ha causado -es decir, en lo que sea necesario y procedente-; quien, pues, se subordine a las leyes eternas, estará con los Míos, y los Míos con él.

Así que no digáis que sois pobres, los que habéis elegido el Reino de Dios. Los verdaderos ricos son aquellos que cumplen la voluntad de Mi Padre, de su Padre.

Está próximo el tiempo en que los Míos poseerán la Tierra; pues en el tiempo del Cristo no habrá ni ricos ni pobres, ni poderosos ni subordinados. En Mí, todos son iguales: Mis hermanos y hermanas -y todos nosotros somos los hijos e hijas de Dios.

Mientras el Reino interno crezca poco a poco hacia afuera, es decir se haga visible en la Tierra a través de aquellos que hacen la voluntad del Padre -y también de aquellos que han tomado el camino al reino del interior, para comprender y cumplir la voluntad del Padre-, los Míos aún necesitarán servidores en su Comunidad -el Angel, los Ancianos, sanadores de fe, instructores espirituales, dirigentes de Núcleos Crísticos y demás servidores de Dios desinteresados, que están en las casas comunitarias, escuelas, jardines de infancia, centros crísticos (llamados por vosotros "empresas crísticas” y "granjas de la vida”), en las "casas de sanación”, en las "casas del hogar interno” (residencias de ancianos) y en otros servicios de los que el hombre tiene necesidad- y lo necesario para vivir en lo temporal.

Para que la Comunidad se mantenga y pueda agrandarse es necesaria la ayuda de todos. Por eso, cada cual debería aportar el diezmo, cada semana o cada mes, y dar las gracias a Dios por estar sano y fuerte y poder así servir al Eterno, a la Comunidad y a su prójimo.

El que es desinteresado contribuirá voluntariamente, pues él sabe: todo viene de Dios, y todo vuelve a Dios.

Así como el mar alimenta a los lagos, ríos y arroyos, y éstos a su vez al mar; así como el agua se convierte en vapor, en nubes, y éstas a su vez dan de beber en forma de agua a la tierra, también así los Míos han de hacer fluir las energías. Sólo una circulación sana, un fluir de la fuerza, garantiza un crecimiento sano y un aumento de energía. Quien esté conectado a esta circulación desinteresada, nunca sufrirá necesidades. Está respetando la ley eterna fluente del amor desinteresado y guardando la ley "ora y trabaja”.

Quien cumpla la ley y los mandamientos, que son extractos de la ley eterna, pertenecerá al pueblo de Cristo, que sólo tiene un Guía y Redentor: Cristo, que Yo Soy, como Hijo en el Dios Padre-Madre, de eternidad a eternidad.

Hasta que todos los hombres y seres sean uno en Dios, Mi Padre, serán válidas para la vida de la Comunidad estas normas del Reglamento de la Comunidad.

No os desalentéis. Yo estaré con vosotros hasta el final de los tiempos -y como Hermano por toda la eternidad.

No os desalentéis. Los ángeles de los Cielos están con los Míos, y los Míos con los ángeles de los Cielos, los seres divinos, para que en la Tierra llegue a ser como en el Cielo, donde reinan el amor y la paz.

Quien esté conmigo, caminará bajo la bandera del Cristo, que simboliza el Reino interno, el Reino de la Paz: libertad, unidad y fraternidad.

Todos los hombres son un pueblo, en Mí, el Cristo.

 

El próximo capitulo


Libro, 1088 páginas.
ISBN 3-89371-260-7 P.V.P.: DM/SFr 25,- ÖS 183,- US$ 15,- 
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