Esta es Mi Palabra
Alfa y Omega
El Evangelio de Jesús
La manifestación de Cristo
que el mundo no conoce
Los reglamentos para la Comunidad (3ª parte)
Acerca del perdonar y del pedir perdón (1-2).
La sanación que viene del espíritu de Dios (3-4). Los responsables de
la Comunidad (5-10)
1. Y otro preguntó: "Maestro, ¿cuando uno ha cometido un pecado, puede un hombre perdonarle su pecado o no? Y Jesús dijo: "Dios perdona todos los pecados a los que se arrepienten; pero lo que habéis sembrado, también tenéis que cosecharlo. Ni Dios ni el hombre pueden perdonar los pecados a aquellos que no se arrepienten ni renuncian a ellos, de la misma forma que no pueden retener los pecados de los que renuncian a ellos. Pero si uno está en el espíritu y se da cuenta claramente de que el otro se arrepiente de sus pecados y renuncia a ellos, en verdad podrá decirle al pecador arrepentido: tus pecados te son perdonados; pues todos los pecados son perdonados mediante el arrepentimiento y su reparación, y los que renuncien a ellos serán liberados de los mismos, mas los que sigan pecando se quedarán atados a ellos.
2. "No obstante, los frutos de los pecados durarán
un tiempo; sembramos, y por tanto tenemos que cosechar; pues Dios no deja que se burlen de
El, y los que siembren en la carne, cosecharán perdición, pero los que siembren en el
espíritu, cosecharán la vida eterna. A quien, pues, renuncie a sus pecados y los
confiese, el Anciano le dirá lo siguiente, de la forma siguiente: que Dios te perdone tus
pecados y te conduzca a la vida eterna. Todos los pecados contra Dios serán perdonados
por Dios, y todos los pecados contra hombres, por hombres. (Cap. 93, 1-2)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Sólo aquel contra el que el prójimo ha pecado, puede perdonar ese pecado. Nadie, sin estar implicado -un segundo o un tercero-, puede perdonar este pecado.
Lo que el hombre siembre, es lo que cosechará -a no ser que se arrepienta a tiempo de los pecados, que son contravenciones de la ley, y pida perdón a su prójimo, a través de Mí, el Cristo-. Si éste le perdona, el pecado le será quitado, pues Dios salda todo lo que ha hallado arrepentimiento y perdón -si el hombre procura no volver a hacer lo mismo.
Pero lo que no halló arrepentimiento ni perdón, tendrá que ser expiado, en ésta o en una próxima vida terrenal, o en los ámbitos de purificación, adonde va el alma después de desencarnar.
Y si uno pide perdón y su culpa no halla perdón, tampoco Dios se la quitará. No obstante, el amor y la misericordia de Dios irradiarán incrementadamente, con Su luz, al que no perdona, para que también él se dé cuenta de que se está comportando equivocadamente, perdone a su prójimo, y él mismo también pida perdón; pues no siempre se ha hecho uno solo culpable, al producirse una falta. En muchos casos son ambos los que, por su comportamiento, tienen culpa.
Antes de que las causas tengan efecto en el cuerpo, el amor y la misericordia de Dios tocan una y otra vez el corazón del pecador, moviéndolo a purificar a tiempo el pecado mediante el perdonar y el pedir perdón, pues cada pecado es culpa, es decir una falta contra la ley de Dios.
Sólo puede entrar en el Reino de los Cielos quien ha alcanzado el perdón de su prójimo. Por ello, cuida ¡oh hombre! de tus pensamientos y tus palabras, para que tanto los pensamientos como las palabras correspondan a Mi ley.
El hombre puede ciertamente perdonar, pero la mancha del alma sólo la puede disolver Dios. El Anciano puede explicar a los que piden perdón y a los que perdonan que, conforme a la ley de la reparación, sólo se disuelven los pecados que en adelante ya no se cometen. No hay hombre alguno que pueda absolver los pecados, sino sólo Dios.
Si dos están peleándose y no pueden resolver sus discordias dado que no conocen las leyes divinas, pueden, si lo desean, ser aconsejados por un sabio Anciano o por el Angel de la Comunidad, acerca de las leyes eternas -para que a ambos les sea de nuevo posible pensar y actuar correctamente.
3. Y otro Le preguntó: "cuando uno de nosotros esté enfermo, ¿tendremos la fuerza para sanarle como Tú? Y Jesús contestó: "esa fuerza viene de la pureza perfecta y de la fe. Los nacidos de Dios, guardan su semilla en sí.
4. "Sin embargo, si uno de vosotros está enfermo,
llamad al Anciano de la Comunidad para que le unja con aceite de oliva en nombre del
Señor. La oración de fe, el fluir de la fuerza unido a una oración de agradecimiento,
le harán recobrar la salud, si no es sujeto por pecados de esta o de una vida
anterior. (Cap. 93, 3-4)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
En Mi Comunidad habrá hombres que tendrán el don de la sanación. Para poder curar desde el Espíritu de Dios, sus almas tienen que estar en gran medida purificadas, para que pueda fluir a través de ellos Mi caudal curativo a las almas débiles y a los cuerpos que sufren.* Pero tan sólo sana quien Me entrega a Mí la carga de su cuerpo, el pecado, que en éste repercute. Entonces se produce la sanación a través de su alma, en la medida que sea bueno para el alma y para el cuerpo. Sin embargo, si el hombre sigue cometiendo las mismas faltas, es mejor para su alma cargar con su sufrimiento y así madurar, aunque sea en una de las vidas siguientes, pues las faltas son al mismo tiempo sus sufrimientos.
En el Cielo no hay ceremonias. Estas las he consentido en muchos casos a los ignorantes, que sólo conocían una parte de la ley de la vida, ya que todavía se aferraban a rituales y por medio de los rituales encontraban sosiego y recogimiento.
Los Míos, que conocen la ley y viven en Mi Comunidad, que es un elemento de construcción del Reino de Paz, no necesitan ceremonias, y por eso tampoco la unción. El Cielo es la ley del amor, y así ha de ser en la Tierra entre los Míos.
Quien Me pide sanación, ha de dar al mismo tiempo las gracias por la sanación; pues quien ruega de corazón y hace obras de amor desinteresado -y ya no comete los mismos pecados- ya ha alcanzado en su alma la sanación. Dad las gracias y tened la certeza: quien agradece de corazón y no comete más sus faltas, ya ha recibido.
5. Y otro Le preguntó: "Maestro, ¿ cómo, ha de estar organizada la Comunidad sagrada, y quién ha de servir en ella? Y Jesús contestó: "cuando Mis discípulos estén reunidos en Mi nombre, que de entre sus filas elijan a hombres y mujeres fieles y creyentes, y que en las cosas del mundo asuman tareas y aconsejen, que se ocupen de las necesidades de los pobres y de los que no pueden trabajar, y que administren los bienes de la Comunidad y ayuden durante las ofrendas, y que mediante su ayuda sean vuestros diáconos.
6. "Y cuando éstos hayan mostrado su valer en sus servicios, que elijan de entre sus filas a los que poseen dones espirituales: ya sea de dirección o de profecía o de predicador, de enseñanza o de sanación, para que edifiquen al rebaño espiritualmente, presenten la ofrenda sagrada y celebren los misterios de Dios; y que ellos sean vuestros Ancianos y sus ayudantes.
7. "Y de entre los que sirvieron bien en sus puestos, elegid a uno que parezca ser el más digno, y que encabece a todos, y que sea vuestro Angel. Y que el Angel nombre a los diáconos y consagre a los Ancianos, los unja y les imponga las manos y sople sobre ellos, a fin de que reciban el Espíritu Santo para el servicio al que han sido llamados. Y el Angel sea ungido y consagrado por uno de los dirigentes superiores, del más alto consejo.
8. "Del mismo modo que he enviado a los apóstoles y profetas, envío también a evangelistas y pastores -los cuarenta y ocho pilares del templo-, para que a través de los cuatro servicios Yo vaya edificando y perfeccionando a Mi Comunidad. Ellos se han de reunir en Jerusalén, en una asamblea sagrada, cada uno con su ayudante y su diácono, y han de ser informados por las otras asambleas exteriores sobre todas las cosas que son para mantener la Comunidad. Y tal como la luz venga, así han de guiar y conducir, edificar y enseñar a Mi Comunidad Sagrada. Ellos han de recibir luz de todos, y a todos han de dar más luz.
9. "Y no olvidéis el sacrificio del incienso en vuestras oraciones e invocaciones, peticiones y acciones de gracias, tal como está escrito en el último de vuestros profetas: desde la salida del sol hasta su puesta ha de ser ofrecido incienso en Mi nombre, como ofrenda pura, en todos los lugares; pues Mi nombre ha de ser grande entre los paganos;
10. "pues en verdad os digo que el incienso es el
recuerdo de la intercesión secreta de los santos con palabras que no pueden ser
pronunciadas. (Cap. 93, 5-10)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
En Mi Comunidad sirven todos aquellos que en el Camino Interno al reino del corazón han reconocido y realizado el segundo peldaño, la Voluntad divina. Ellos están madurando para obrar en Mi espíritu.
Los que están a Mi servicio son: el Angel de la Comunidad, los Ancianos, los sanadores de fe, los instructores espirituales y los dirigentes de los Núcleos Crísticos, y todos los que trabajan desinteresadamente en el servicio a su prójimo.
La vida de la Comunidad no tiene formas rígidas. La Vida en Mi espíritu es evolución. No hay superiores ni subordinados.
De la Comunidad serán elegidos una y otra vez hombres y mujeres maduros en el espíritu, que presidirán a la Comunidad en crecimiento, o que edificarán otras Comunidades, para que la Tierra sea poblada con hombres que cumplan la voluntad del Dios Padre-Madre.
Los elegidos serán primero destinados a asistir a los instructores espirituales, a los dirigentes de los Núcleos Crísticos y a aquellos que ejecutan las diferentes tareas, como por ejemplo en el área de la enseñanza y el área social, en el ámbito empresarial y económico, y también para apoyar a los que cuidan de los pobres y administran los bienes de la Comunidad. De este modo madurarán para hacer otras tareas en Mi espíritu autónomamente, para que la Comunidad se haga más grande -y en el más amplio sentido las Comunidades- y así el Reino de la Paz crezca en la Tierra.
Además, hombres y mujeres que serán elegidos han de ampliar el grupo de los Ancianos. Por eso dejad que algunos de los que viven en esta gracia dirijan la vida de la Comunidad, bajo la supervisión de un Anciano, bien sea en las tardes de reunión de la Comunidad, en las tardes de oración, en los Núcleos Crísticos, y en todo lo que incumbe a los Ancianos.*
Algunos Ancianos llamados a ello, o el Angel de la Comunidad en formación, organizarán y guardarán, para otras Comunidades, el Libro de la Comunidad, y cuidarán de que conste todo lo esencial que ocurre dentro de la Comunidad.
Y si uno de los que han sido elegidos sobresale por sus obras buenas y desinteresadas, por respetar las leyes eternas, dadle la posibilidad de llegar a ser Angel de una Comunidad. Sólo será nombrado Angel por los Ancianos y la Comunidad, cuando haya pasado con éxito los años de mostrar su valer y haya pasado verdaderamente el cuarto peldaño, la Seriedad divina, y haya llegado a ser Mi palabra, la ley.
Quede dicho: Yo enseño a los Míos Mi ley, para que en la Tierra todo llegue a ser como en el Cielo.
Los Míos, que conocen y guardan Mis leyes, porque recorren el Camino Interno al Reino del interior, a la ley de la vida, no necesitan ceremonias -y tampoco evangelistas y pastores:
Quien hace Mi voluntad, conoce la ley. El Pastor es entonces la ley: es el Cristo en vosotros a través del hombre que es Mi palabra y escucha en sí mismo Mi palabra.
Quien es Mi palabra -el Angel- y los que oyen Mi palabra -los Ancianos- y los que están cerca de Mi palabra -los sanadores de fe, los instructores espirituales y los dirigentes de los Núcleos Crísticos-, y todos los que están desinteresadamente al servicio de Mi Comunidad, se responsabilizan de Mi Comunidad.
Libro, 1088 páginas.
ISBN 3-89371-260-7 P.V.P.: DM/SFr 25,- ÖS 183,- US$ 15,-
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