Editorial DAS WORT

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      Los reglamentos para la               Comunidad (2ª parte)


Capitulo 92

Los reglamentos para la Comunidad (2ª parte)

Matrimonio o vida en pareja, una unión según la ley del amor desinteresado y de la fidelidad. Matrimonio en la Comunidad, una alianza con Dios (1-3). Los padres son responsables de sus hijos, ante Dios. La casa padre-madre. No hay que considerar a los hijos como una propiedad. Acerca de las parejas espirituales duales y la formación de "hijos espirituales” (4). Acerca de las Comidas con el Señor, en la Comunidad. Repaso de la semana. Ninguna ceremonia (5). Formas y actos externos son concesiones, y no legitimidades (6-7)

 

1. Y otro Le preguntó: "Maestro, ¿quieres que entre nosotros se casen las parejas como entre los pueblos de la Tierra?” Y Jesús respondió diciendo: "entre algunos es usual que una mujer se case con varios hombres que le dicen: sé tú nuestra mujer y quita nuestra ignominia. Entre otros es usual que un hombre se case con varias mujeres que le dicen: sé tú nuestro esposo y quita nuestra ignominia; pues los que aman sienten que es una mancha el no ser amados.

2. "Pero a vosotros, Mis discípulos, os quiero mostrar un camino mejor y más perfecto: un matrimonio debe ser entre un hombre y una mujer que están unidos a través del amor y afecto perfectos, en completa libertad, y esto durante el tiempo que duren el amor y la vida. No obstante, que cuiden que los dos estén perfectamente sanos y se amen verdaderamente en toda pureza, y no sólo a causa de ventajas mundanas. Y luego que se prometan fidelidad recíproca ante testigos.

3. "Después, cuando haya llegado el momento, que el Angel -o el Anciano- ore y dé gracias y los ciña con el lazo escarlata, si queréis, y los corone. Llevadlos tres veces alrededor del altar y que coman del mismo pan y beban de la misma copa. Luego, sujetando sus manos unidas, que él diga lo siguiente: sed dos en uno, bendita sea la unión sagrada. Vosotros, a los que Dios ha unido, no os dejéis separar por nadie, mientras duren la vida y el amor. (Cap. 92, 1-3)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

No es conforme a la ley eterna que un hombre tenga varias mujeres y una mujer varios hombres.

En la Tierra ha de ser como en el Cielo: el hombre elige a una mujer y, si la elegida confirma la unión con el hombre, los dos han de hacerse la pregunta de qué es lo que les une.

En el Cielo se unen dos seres de la misma mentalidad; el hombre espiritual -llamado 'positivo'- y la mujer espiritual -llamada 'negativo'-, mediante iguales disposiciones de sus mentalidades. Es decir, ambos se asemejan en las características de su ser. Se complementan en su obrar común, ya que sus capacidades están en consonancia unas con otras; pues la ley de Dios dice: "los iguales se unen entre sí”. Esto también se refiere a la mentalidad. El amor a Dios y a todo lo que es, es el lazo que une a todos los seres puros eternamente. Si dos seres se asemejan por tanto en algunas fuerzas básicas de la vida, por ejemplo en las fuerzas básicas de la Paciencia y del Orden, pueden contraer una unión dual. El ser-uno en el amor de Dios une a todos los seres entre sí, en calidad de hermanos y hermanas.

El amor unificador es la expresión de la polaridad que une a dos seres que por su mentalidad están en consonancia el uno con el otro. Los iguales se atraen. Esta es la ley eterna de la atracción. De ahí resulta la unión dual.

Para Mi Comunidad en la Tierra, es además válido:

Si la mujer o el hombre están solos y no son amados, entonces él o ella han infringido la ley del amor.

Esto significa: el que se siente solo, que no es amado, tampoco es capaz de amar él mismo. A consecuencia de ello irradia poco amor -y por eso puede atraer a pocos seres humanos que amen desinteresadamente-. El se queda solo o atrae a personas de la misma vibración, que de igual modo apenas son capaces de amar. Tales hombres están entonces atados entre sí por deseos e ideas mundanos y por la orientación a lo corporal.

En cambio, si dos seres humanos, hombre y mujer, se tienen afecto y están unidos en amor y aprecio desinteresados y en profunda confianza, se reunirán libremente, sin que el uno obligue al otro a cumplirle sus deseos. Tales matrimonios y parejas existirán mientras dure la vida terrenal, y los miembros de esas parejas serán hermanos en el espíritu, tanto en la Tierra como en el Cielo.

Si dos seres humanos contraen una unión, han de ser instruidos por el Angel -por el ser humano que ha llegado a ser Mi palabra- y por un Anciano, acerca de la ley del amor desinteresado y de la fidelidad. Si en la Comunidad aún no hay Angel -alguien que ha llegado a ser Mi palabra-, algunos Ancianos deberían asumir esta función.

Si dos seres humanos se unen en el nombre del Dios Padre-Madre en matrimonio* -también puede ser en pareja-,** hacen así una alianza con Dios. La unión debe ocurrir ante testigos, dentro de la Comunidad.

La Comunidad se compromete entonces a apadrinar a la pareja; cuida de que sea mantenida la promesa hecha ante Dios, de permanecer aunados en amor mutuo desinteresado.

Si un miembro de la unión abandona al otro, porque en nada coincide la manera de pensar y vivir de ambos y no pueden tenderse ya más puentes entre ellos, y si se ponen de acuerdo en mantener el lazo de hermandad, ambos pueden contraer otro matrimonio o unión de pareja, siempre que hasta ahora hayan vivido en su primer matrimonio o pareja. Un tercer matrimonio o pareja no puede aprobarse.* Quien a pesar de esto lo haga, que abandone la Comunidad. Si muere uno de los miembros de la unión, esta regla no tiene validez.

El unirse una pareja de modo acorde a las leyes del amor desinteresado, no necesita ceremonias: el Angel, que ha llegado a ser Mi palabra, los Ancianos y la Comunidad, oran al Padre eterno en el Cielo y Le dan las gracias por el amor que ha puesto en los seres humanos que se aman desinteresadamente. También le piden la fuerza para que el hombre engendre hijos en base al amor desinteresado a la mujer y la mujer dé a luz a los hijos en base al amor desinteresado al hombre. Después la Comunidad ora para que lleguen a ser miembros de la vida comunitaria y tengan parte en la gran familia de Dios.

A quien desee solicitar las leyes terrenales como medida para contraer matrimonio, no le está prohibido hacerlo. Pero que ponga como medida en primera instancia la palabra que él ha dado a Dios.

Quien, no obstante, contraiga un matrimonio o unión de pareja por ventajas mundanas, no debería hacerlo ante Dios, sino ante aquellos que eso apoyan. Esa pareja no debería hacer su vida privada en la Comunidad, sino fuera de ella, para que la Comunidad no sea perturbada por ello y esa pareja no llegue a ser causa de molestias.

Quien contrae matrimonio para obtener así ventajas de él, no es expulsado. La Comunidad apoyará a ambos cónyuges con la oración, pidiendo al Eterno que conduzca todo para que poco a poco aprendan a amarse desinteresadamente y lleguen a ser un eslabón fuerte en la cadena de la gran familia.

 

4. "Y cuando engendren hijos, que lo hagan con prudencia y juicio, según sus posibilidades de alimentarlos. Pero a los que quieran ser perfectos y a los que esto sea dado, digo: que sean como los ángeles de Dios en el Cielo, que ni se casan ni son casados, ni tienen hijos ni se preocupan por el mañana, sino están libres de toda atadura, así como Yo lo estoy, y mantienen en sí la fuerza de Dios y la guardan para sus servicios y para las obras de sanación, como Yo lo he hecho. Pero la mayoría no puede captar estas palabras, sólo aquellos a los que esto sea dado”. (Cap. 92, 4)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Quien engendre hijos, ha de tener ante Dios la responsabilidad para con ellos, de que lleguen a ser hombres plenos en Dios, guarden Mis leyes y sean un gran apoyo y fuerza para la Comunidad.

Muchos de los que han engendrado hijos o han dado a luz, despiertan para el servicio al prójimo y ven en ello su tarea. No deberían descuidar a sus hijos, sino confiarlos a una casa padre-madre, en la que sean educados de modo correcto, según las leyes del amor desinteresado.

Los padres, sin embargo, seguirán unidos con sus hijos y no los abandonarán. Quien vive en el servicio desinteresado, guarda los mandamientos del amor desinteresado.

Los padres se llevarán consigo a sus hijos tan a menudo como les sea posible. Apoyarán la casa padre-madre y le emitirán fuerzas positivas, para que todos los niños se sientan a gusto en la casa padre-madre y encuentren allí también su hogar.

Dios cuida de las almas y hombres que cumplen Su voluntad. Quien se ponga a sí mismo y ponga a sus hijos en manos de Dios y sea activo en el servicio desinteresado al prójimo, no estará atado a hombres ni tampoco se atará a su hijo ni lo considerará como una propiedad suya. Lo educará según la ley del amor eterno y será un buen consejero, ayudante y amigo para el hijo.

En cambio, quien haga de sus hijos una propiedad suya, tendrá que preocuparse por el mañana, ya que sólo se apoya en sus fuerzas humanas. El considera todo lo que posee, incluyendo mujer o marido, e hijos, como una propiedad suya, y está atado con su voluntad personal a lo que posee, mujer o marido, e hijos.

El que está atado no puede vivir y obrar libre y desinteresadamente, como los ángeles de Dios. Está casado con la materia, con el cuerpo de la mujer o del hombre, y sus hijos han de cumplir su voluntad. Así, ellos son esclavizados, atados a él. El los considera como una propiedad.

Los hombres cuyo hogar es este mundo, cuyos pensamientos sólo están orientados a las cosas y bienes humanos, a las alegrías terrenales y a hombres que piensan y viven igual que ellos, no pueden entender el sentido de la siguiente afirmación del "Evangelio de Jesús”:

"Que sean como los ángeles de Dios en el Cielo, que ni se casan ni son casados, ni tienen hijos ni se preocupan por el mañana, sino están libres de toda atadura, así como Yo lo estoy, y mantienen en sí la fuerza de Dios y la guardan para sus servicios y para las obras de sanación, como Yo lo he hecho”.

Sólo quien ha alcanzado la libertad interna, quien realiza cada vez más las leyes del infinito, comprende Mis palabras; para él no sólo se abre el Cielo en palabras, sino también en hechos. Estos, a través de los cuales obro en la Tierra, comprenden Mis siguientes palabras, que pronuncio desde el Cielo:

Los ángeles en el Cielo, los seres celestiales, no se casan, en el sentido en que lo hacen los hombres. Se encuentran a través de la ley eterna del amor, que los reúne. Ellos no inducen ni se dejan inducir a relaciones amorosas. No engendran como engendran los seres humanos. No son sexuados, sino dos seres con polaridad, en el espíritu del Dios Padre-madre: la mujer espiritual -el principio negativo- y el hombre espiritual -el principio positivo-, dos seres en las fuerzas de polaridad que se unen -positiva y negativa.*

Para que Mis hijos humanos lo comprendan mejor, denomino una y otra vez "hombre” al principio espiritual positivo, y "mujer” al principio espiritual negativo.

Del amor fluente de los principios femeninos y masculinos, de las parejas duales, de los hombres espirituales y las mujeres espirituales, surgen otros principios espirituales -llamados, para mejor comprensión, "hijos espirituales”-. Los duales, el hombre espiritual y la mujer espiritual, consagran el hijo al Dios Padre-Madre, pues Dios, el principio Padre-Madre, ha hecho formarse el cuerpo espiritual a partir de uno de Sus rayos de amor.

La pareja dual dio su fuerza dual de amor a la sustancia de cuerpo espiritual -madura y regalada por Dios-, elevándola a la filiación. Para que Mis hijos terrenales lo comprendan mejor: la pareja dual elevó a la filiación en Dios a un ser natural que ya había madurado como tal.

La pareja dual es, para el ser ahora elevado a ser espiritual, para el hijo espiritual, que es un polo positivo o negativo -dicho para los hombres: un niño o una niña- la vida portadora y conservadora. La pareja dual, que ha elevado a un ser natural a la filiación a través del -y para el- Espíritu Padre-Madre, es la pareja de padres espirituales. A través de la pareja de padres espirituales el Dios Padre-Madre transfiere las características de la filiación al ser natural.

 

5. Y otro Le preguntó: "¿Maestro, de qué modo debemos presentar el sacrificio sagrado?” Y Jesús respondió diciendo: "el sacrificio que Dios ama en lo oculto, es un corazón puro. Pero en memoria y como acto de devoción, sacrificad pan ácido, vino mezclado, aceite e incienso. Cuando os reunáis en un lugar para ofrecer el sacrificio sagrado y las lámparas ardan, que el que ofrece el sacrificio -el Angel de la Comunidad o el Anciano- tenga las manos limpias y el corazón puro, y tome de los dones sacrificados: del pan ácido, del vino mezclado y del incienso. (Cap. 92, 5)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

En Mi Comunidad no se necesitan ceremonias. Yo se las consentí a los judíos, ya que ellos todavía no conocían, como vosotros en este tiempo [1989], el camino directo al corazón de Dios, ni llevaban aún dentro de sí la Redención.

No obstante, Mi comunidad ha de reunirse una vez por semana, debiendo ser el sábado por la tarde. Los Míos se reunirán, llevando ropas limpias, si es posible festivamente vestidos, para, puestos a la mesa y con velas encendidas, tomar la cena en honor de Aquel que les alimenta y les mantiene sanos. Quien toma los alimentos en Mi nombre, en el espíritu de la verdad, Me tiene a Mí por huésped.

Antes de la cena, uno o dos Ancianos conducen el repaso semanal: todo lo esencial, el pro y el contra, debería ser expresado abiertamente.

Los Ancianos que presidan a la Comunidad, harán a la Comunidad la pregunta: ¿qué fue en la semana pasada, en general, positivo y constructivo, y por qué? Y: ¿quién o qué ha contribuido a ello?

La Comunidad informa sobre el "pro”. Los Ancianos que presidan a la Comunidad, harán las anotaciones correspondientes en el Libro de la Comunidad. También debería hacerse constar en el Libro de la Comunidad lo que sea digno de ser anotado que los miembros de la Comunidad hayan hecho por el Espíritu de Cristo, que haya contribuido al bien y al crecimiento de la Comunidad. Lo mismo sucede con el "contra”. ¿Quién o qué fueron las causas de los aspectos negativos de la semana pasada? También se harán anotaciones de ello en el libro de la semana, que es una parte de los libros de la Comunidad; también constará quiénes fueron -parcial o totalmente- los causantes -y por qué tuvieron dificultades y problemas o aún los tienen.

Después de la Comida con el Señor, los Ancianos competentes para esos casos han de hablar con los que eventualmente aún estén atravesando dificultades o problemas. Y si concierne a segundos o terceros, éstos deberían estar presentes en la conversación.*

Las velas encendidas simbolizan la luz interna, alrededor de la que se reúnen hombres plenos en Dios.

La cena, como cada comida, ha de tomarse en silencio -en la consciencia de que el hombre recibe y acoge dones de Dios.

Uno de entre vosotros, de corazón sincero, es decir, pleno de amor a Dios, antes y después de la cena ha de hacer en voz alta la oración de agradecimiento y encomendar a la Comunidad al Señor, para que también la semana siguiente esté bajo el signo del amor desinteresado y para que los hermanos y hermanas a los que aún algo les pesa reconozcan lo que todavía hay pendiente y alcancen la fuerza para purificarlo; pues la nueva semana trae a cada uno lo que tiene que purificar.

En Mi Comunidad cada cual ha de servir a cada cual.

Cada semana, a la hora de la cena, por turnos, han de poner la mesa, servir los alimentos y ocuparse desinteresadamente del servicio a su prójimo, que está sentado a la mesa, diferentes miembros de la Comunidad. También la preparación de los alimentos se hará por turnos, para que cada cual preste un servicio a los otros, más pequeño o más grande.

La Comunidad de Cristo, Mi Comunidad, debería estar plena de vida espiritual. Por eso, cada miembro de la Comunidad debería entregarse al Dios Padre-Madre al comenzar el nuevo día, pidiendo que el Eterno le dé la fuerza para volverse de corazón puro, pues los que son de corazón puro verán a Dios y poseerán la Tierra. Todos deberían tomar consigo, para el día, el sentido de las siguientes palabras: el sacrificio que Dios ama, es el corazón puro de Sus hijos.

Con el sacrificio no se quiere decir "sacrificar”, sino el deseo interno de entregarse con alegría a Aquel que le ama a uno, y de estar con aquellos que Le aman.

Repito: no eran necesarias las ceremonias en el pasado, ni son o serán necesarias en el presente o en el futuro. Las palabras que leéis en el libro "El Evangelio de Jesús”, son símbolos de la vida en el espíritu, símbolos de la comida y del comer de aquellos que han acogido a Dios en su corazón.

Quien bebe conscientemente, recibe la esencia de la vida, y quien come conscientemente recibe el pan de los Cielos. Por eso, haced todo desde el corazón; así lo haréis conscientemente y no serán necesarias más consagraciones ni ceremonias.

Quien lo hace todo conscientemente, orientado a Mí, el Cristo, lo está haciendo teniéndome presente.

 

6. "Y que dé gracias por todo, que los bendiga e invoque al Padre en el Cielo, a fin de que envíe a Su Espíritu Santo para que los cubra y los convierta en el cuerpo y la sangre, en la sustancia y la vida del Eterno, que es partida y vertida por siempre y para todos.

7. "Y que los alce hacia el cielo y ore por todos, por los que os han precedido, por los que aún viven y por los que aún vendrán. Tal como os he enseñado, orad vosotros, y que parta el pan e introduzca un trocito en la copa y que bendiga la santa unión y luego la dé a los fieles hablando de la siguiente manera: este es el cuerpo de Cristo, la sustancia de Dios. Esta es la sangre de Cristo, la vida de Dios, por siempre partida y vertida, por vosotros y por todos, para la vida eterna. E igual como Me habéis visto hacer a Mí, haced también vosotros, en el espíritu del amor; pues las palabras que Yo os digo, son espíritu y vida”. (Cap. 92, 6-7)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Esto que hay expuesto son igualmente concesiones, pero no legitimidades. Los hombres de aquel tiempo buscaron apoyos externos y necesitaron comportamientos externos. Respondiendo a su mentalidad, hice concesiones a sus deseos. Pero a quien busque y encuentre el espíritu de la vida en sí mismo, se le abrirá el templo interno. Consagrará su vida a Dios con profundo respeto, y con ello todo lo que lleve a cabo.

 

El próximo capitulo


Libro, 1088 páginas.
ISBN 3-89371-260-7 P.V.P.: DM/SFr 25,- ÖS 183,- US$ 15,- 
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