Esta es Mi Palabra
Alfa y Omega
El Evangelio de Jesús
La manifestación de Cristo
que el mundo no conoce
Los reglamentos para la Comunidad (1ª parte)
El lenguaje que es vibración (1-4).
Otorgación del nombre y bautismo de los recién nacidos. Educar en la
honestidad (5-6). Educación de los niños que van creciendo (7). Integrarse en el
principio de vida de la Comunidad: sosiego y armonía (8). El bautismo espiritual. El
mandamiento "ora y trabaja. El Angel de la Comunidad. Los Ancianos. El consejo
de los Ancianos. El Libro de la Comunidad (9). El ungido (10)
1. Después de Su resurrección de la muerte, Jesús estuvo aún noventa días con María, Su madre, y María Magdalena, que había ungido Su cuerpo, y María Cleofás y los Doce y sus seguidores, enseñándoles y contestando sus preguntas acerca del Reino de Dios.
2. Y cuando estaban sentados, durante la Comida con el Señor, María Magdalena Le preguntó: "Maestro, ¿quieres explicarnos ahora el orden del Reino de Dios?.
3. Y Jesús respondió diciendo: "en verdad te digo a ti, María, y a cada uno de Mis discípulos, que el Reino de los Cielos está dentro de vosotros. Pero viene el tiempo en que lo de dentro se hará manifiesto en el exterior, para salvación del mundo.
4. "El orden es en verdad bueno y provechoso, pero
por encima de todo está el amor. Amaos unos a otros y amad a todas las criaturas de Dios,
y en esto todos los hombres verán que sois Mis discípulos. (Cap. 91, 1-4)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Me aparecí una y otra vez a los Míos y les enseñé mediante la palabra interna, pues quien ya no está en la carne, ya no habla con los sonidos de este mundo. Da el lenguaje que es vibración, al interior del hombre, de manera que aquel cuya alma está purificada y orientada a Mí, Me puede percibir. De este modo los Míos percibieron Mis palabras.
5. Entonces, uno Le pregunto: "Maestro, ¿quieres que los hijos sean admitidos en la Comunidad por la circuncisión, así como lo ordenó Moisés? Y Jesús contestó: "para los que están en Cristo, no hay ni circuncisión ni derramamiento de sangre.
6. "Llevad al hijo, después de ocho días, dando
gracias y orando, al Padre, que está en el Cielo. Que los padres le den nombre y un
Anciano derrame agua pura sobre su coronilla, como está escrito en los Profetas. Que los
padres velen para que sea educado en la honestidad, para que no coma carne ni beba bebidas
fuertes, ni hiera a las criaturas que Dios ha puesto al hombre en sus manos para que las
proteja. (Cap. 91, 5-6)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
El recién nacido debería ser consagrado, después de algunos días, al Padre eterno, al Dios Padre-Madre del Cielo. Los padres deben dar las gracias al Eterno por su hijo y darle el nombre que surja de sus sentimientos y sensaciones; pues el hijo es una parte de la madre, bajo cuyo corazón yacía, y una parte del padre, que lo engendró. Los factores hereditarios del hijo son parecidos a los factores hereditarios del padre y de la madre. Así, la vibración del alma del niño está relacionada con el alma de la madre y con la del padre. Si surge un nombre del mundo de sensaciones de la madre y del padre y si se ponen de acuerdo sobre ese nombre, esta podrá ser la vibración de nombre correcta del recién nacido, que también corresponde al alma del niño.
Las funciones usuales para transmitir el mensaje de Dios -los cargos como sacerdote, sumo sacerdote y sacristán-, no corresponden a la ley divina. Por eso sustituyo la palabra "sacerdote por la palabra "Anciano, pues en Mi Comunidad hay Ancianos, que con otros presiden a la Comunidad.
El símbolo externo de la fuerza interna -verter agua sobre la coronilla- lo podéis conservar. Pero no es necesario.* Si lo empleáis, hacedlo de la forma siguiente:
Uno de los Ancianos derramará agua sobre la coronilla del recién nacido, lo que significa: Dios es el elemento impulsor eterno, la vida. Muévete, hijo, y comprende que a través de ti fluye el elemento impulsor, el Espíritu fluente. Tú eres bendecido y acogido por Dios, que es para ti Padre y Madre.
Y a los padres les hablarán los Ancianos, conforme al sentido siguiente: si vivís honestamente, educaréis a vuestro hijo, que es hijo del Dios Padre-Madre, de modo correcto. Le enseñaréis que no ha de comer carne ni beber bebidas fuertes ni herir o matar a las criaturas del cielo, de la tierra y de las aguas, que ha de vivir en unidad con las piedras y las plantas y reconocer la irradiación luminosa de los astros como luz de Dios. Si sois honestos, vuestro hijo llegará a ser sabio.
7. Y otro Le preguntó: "¿Maestro, cómo quieres
que ellos vayan creciendo? Y Jesús dijo: "a partir de los siete años, o
cuando empiecen a diferenciar el mal del bien y aprendan a buscar el bien, que vengan a
Mí: que, dando gracias y orando, reciban la bendición de manos del Anciano o del Angel
de la Comunidad, y exhortadles a abstenerse de comer carne, de las bebidas fuertes o de
cazar criaturas inocentes de Dios; pues ¿acaso están ellos en un nivel inferior al de
los caballos o las ovejas, para los que tales cosas son contra natura? (Cap. 91, 7)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Si habéis educado a vuestros hijos en la ley del amor desinteresado, y llegan a la edad en que aprenden a diferenciar el bien del mal, esforzaos para que vuestros hijos -que son los hijos del Dios Padre-Madre- encuentren lo bueno en sus semejantes. Llevad a vuestro hijo o hijos al centro de reuniones de la Comunidad, con ocasión del Núcleo Crístico. Junto con muchos más que aspiran a Dios han de recibir Mi bendición a través de un Anciano de la Comunidad -que la Comunidad haya escogido y Yo haya consagrado.
Un verdadero Anciano irradia mucha espiritualidad y es por lo tanto justo. El es un hombre pleno; el hecho de ser desinteresado es en él el signo de la bendición.
La Comunidad Me trae a los hermanos que van creciendo; y, a través del Anciano que posea la confianza de la Comunidad, bendeciré a Mis hijos -es decir les donaré fuerza incrementada.
Los padres y el Anciano entregarán entonces a los niños a educadores y profesores plenos en Dios, que les instruirán en las obligaciones del mundo y que durante los primeros años escolares les explicarán las leyes divinas, en aquella medida en que -a su manera aún infantil- las entiendan.
Enseñadles también a abstenerse del consumo de la carne de los animales.
Y a los padres quede dicho: si vuestro hijo se siente impulsado a comer carne, dejad que la pruebe, pues no sabéis cómo ha vivido el alma en una encarnación anterior, ni qué ha comido el hombre. Pero seguid siendo ejemplo para vuestros hijos, que se están desarrollando. La enseñanza y la realización de las leyes eternas refinará poco a poco los sentidos del niño, y entonces se abstendrá de ello.
En Mi Comunidad no deben matarse ni consumirse animales. Si el uno o el otro se hallan en la transición de la alimentación cárnica a la legítima, y de vez en cuando todavía necesitan la carne, deben tomarla -fuera de la Comunidad-. No obstante, esto sólo es válido para los alimentos cárnicos, y no para las bebidas fuertes.*
Aquel cuyos sentidos ya no reclaman la alimentación cárnica, está viviendo la ley "no matarás; él no se alimentará de su prójimo animal, los animales. A aquel cuyos sentidos aún están enturbiados, le corresponde el mandamiento de abstenerse de esto.
En Mi Comunidad no debe haber bebidas fuertes, ni carne de animales.
Enseñad a los niños a no cazar ni aplastar conscientemente a las criaturas inocentes, los animales; pues quien cace a las criaturas inocentes será cazado por sus sentidos y por todos aquellos que influencian sus sentidos. Quien conscientemente aplaste, o conscientemente torture o mate a animales, será torturado por sus sentidos y sus pensamientos y estará vegetando, espiritualmente muerto, entre los vivos; también en el reino de las almas estará espiritualmente muerto.
Por eso, enseñad a vuestros hijos la ley de la vida, es decir, que todo lo que vive siente y tiene derecho a vivir, hasta que la sustancia primaria, el Espíritu, se retira de la forma material y entra en la ley de la armonía universal.
Y enseñad a vuestros hijos, que también son Mis hijos, a amar a la naturaleza, a respetar a las plantas y a permanecer en comunicación con la esencia de la vida en ellas. Así acogerán la vida de la naturaleza en sus cuerpos y permanecerán fuertes y sanos.
Enseñad también a los niños a aceptar agradecidos el alimento que de Sus manos les regala el Padre universal.
Enseñadles también el modo correcto de comer: el sosiego al tomar el alimento, y a unirse con la esencia divina en los dones, para que el cuerpo pueda digerirlos adecuadamente. Y, cuando beban, no deben beber con precipitación, sino tomar las bebidas sorbo a sorbo, para que el cuerpo pueda igualmente tranformarlas de forma correcta.
Sólo así alcanza el hombre la nobleza de su alma y llega a ser un hombre que conscientemente vive de modo espiritual, cuyo hogar es el Reino de Dios, en él y alrededor suyo.
8. Y siguió preguntando: "cuando venga a nosotros
alguien que coma carne y beba bebidas fuertes, ¿debemos admitirlo? Y Jesús le
dijo: "que tales hombres se queden en el antepatio hasta que hayan purificado los
errores más graves; pues hasta que no los capten y se arrepientan no serán capaces de
recibir las instrucciones más elevadas. (Cap. 91, 8)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Quien no quiera integrarse en la vida de la Comunidad, debe quedarse allí donde haya vivido hasta ahora, y leer y realizar las leyes de la Comunidad, que le deben ser entregadas. A él, aun viviendo fuera, según la ley le está permitido asistir a la hora de enseñanza de la Comunidad, hasta que se haya purificado y reconozca y realice las leyes de la vida.
En la Comunidad el sosiego y la armonía deben ser el principio de vida que una a todos Mis hijos humanos.
Quien dentro de la Comunidad ocasione dificultades a sus semejantes, se pelee con su prójimo y viva peleándose y así disturbie el orden en la Comunidad, la paz y la armonía, debería abandonar la Comunidad y vivir fuera de ella hasta que vuelva a estar de acuerdo con las leyes dadas por Dios a la Comunidad -y esté también en armonía con su prójimo.*
9. Y otro Le preguntó: "¿cuándo quieres que
reciba el bautismo? Y Jesús contestó: "después de otros siete años, o
cuando conozcan las enseñanzas y hagan lo que es bueno, y hayan aprendido un trabajo
artesanal del que puedan vivir y den pasos firmes por el camino correcto. Que pidan
entonces la iniciación y que sean examinados por el Angel o el Anciano de la Comunidad, y
que éstos vean si son dignos, y que agradezcan y oren y se sumerjan en el agua
purificadora, para que emerjan a una nueva vida y reconozcan a Dios como Padre y prometan
respetar la ley sagrada y mantenerse alejados del mal de este mundo. (Cap. 91, 9)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Con el bautismo se hace referencia al bautismo espiritual. Sólo es un iniciado y está bautizado con el espíritu de la vida el hombre que está colmado por El, que es en gran medida Mi palabra, porque ha realizado las leyes eternas.
Quien realice las leyes eternas, también guardará el mandamiento "ora y trabaja que el Dios Padre-Madre ha dado a sus hijos terrenales.
Para cumplir este mandamiento se necesita una profesión adecuada, que ha de elegir el hijo humano, acorde a sus capacidades, talentos y cualidades.
Quienes siguen con pasos firmes y en línea recta el camino al corazón de Dios, son los que guardan las leyes eternas y están bautizados con la ley del amor.
El bautismo de agua es un ritual antiguo. No hace falta que se haga en Mi Comunidad.*
El Angel de la Comunidad es un ser humano que ha llegado a ser Mi palabra, que la proclama y la guarda. Quien ha llegado a ser la palabra de Dios, es en gran medida perfecto; ha llegado a ser en gran medida la ley. Esto pueden serlo Ancianos u otros hombres y mujeres iluminados.
Quien tiene la función de profeta instructor* o de profeta proclamador, puede ser igualmente Mi palabra: Dios habla a través de profetas para comunicarse directamente con la Comunidad. Si el profeta ha llegado a ser la palabra, es mensajero del Reino de Dios. Pero sólo es profeta y mensajero del Reino de Dios quien tiene una misión divina, quien descendió de los Cielos para traer y anunciar al mundo Mi palabra.
El Anciano oye en sí mismo la palabra de Dios, conoce la ley eterna y está colmado por ella a través de la realización de las leyes eternas.
El Angel de la Comunidad, o el Anciano, examinan al hijo terrenal que dice de sí mismo, "estoy bautizado espiritualmente, ya que mi vida es la ley de Dios, o a aquel de quien su prójimo hable de este modo. El Angel o el Anciano comprobarán si el miembro de la Comunidad es digno de ser admitido en el consejo de los Ancianos o entre los bautizados espiritualmente.
El Angel, el Anciano o ambos alabarán y loarán y darán las gracias, junto con la Comunidad, al Dios Padre-Madre, del que todos son hijos. El iniciado que la Comunidad ha admitido, promete guardar las leyes, consagrar su vida a Dios en sensaciones, pensamientos, palabras y actos.
No todos están destinados a formar parte del consejo* de los Ancianos. Sólo lo están aquellos hombres y mujeres que por su realización de las leyes eternas y sus actividades y capacidades espirituales dentro de la Comunidad, han llegado a ser sabios, es decir: hablan y dan desde la verdad y obran responsablemente en la Comunidad.
Sólo son acogidos en el santuario, entre los espiritualmente bautizados, aquellos que están colmados por el amor, por haber realizado las leyes eternas y por sus actos desinteresados.** Ellos llegan a ser Ancianos, sanadores de fe o instructores espirituales.
Quien ha alcanzado un alto grado de realización, puede ser un dirigente de las distintas actividades que hay dentro de la Comunidad. Sólo quien de modo acorde a sus aptitudes ha cumplido los diferentes grados del servir desinteresadamente, es decir, quien ya ha sido activo de una manera variada en la Comunidad, alcanza poco a poco el círculo del Angel y de los Ancianos.
Todo lo que ocurre en la Comunidad -los bautizos de vida de los recién nacidos y los bautizos espirituales, tras llegar a la madurez interna, los matrimonios, los nacimientos y todos los acontecimientos esenciales- ha de ser registrado en el Libro de la Comunidad, que los Ancianos guardan y que un Anciano lleva.
10. Y a su vez otro Le preguntó: "Maestro,
¿cuándo deben recibir la unción? Y Jesús contestó: "cuando hayan alcanzado
la edad de la madurez y se hayan manifestado en ellos los siete diferentes dones del
Espíritu; que entonces el Angel rece por ellos y dé gracias y les dé el sello de la
unción. Es bueno que todos sean puestos a prueba en cada grado durante 7 años. Pero
dejad que esto ocurra en cada uno según su crecimiento en el amor y en la sabiduría de
Dios. (Cap. 91, 10)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Un ungido es un hombre que percibe en sí mismo, como dones del amor, las siete fuerzas básicas de la vida eterna -en él Yo he llegado a ser la palabra.
Quien ha elevado a Mí su consciencia, aquel cuyas sensaciones, pensamientos y sentidos reposan en Mí, es el Angel de la Comunidad, del que ya he hablado. Es Mi palabra y la palabra del Dios Padre-Madre; pues quien ha llegado a ser la Ley, aquel cuyo sentir, pensar y hablar Soy Yo mismo, la Ley, es un ungido, es decir, consagrado por Dios, la Ley. Por tanto, puede llegar a ser Angel de la Comunidad.
Si hay alguien así entre vosotros, que ha alcanzado el grado de la unción, el Angel de la Comunidad y un Anciano deben dar las gracias a Dios por haber despertado un Angel para esta u otra Comunidad.
Quien es aceptado por la Comunidad como ungido, debería primero cumplir como tal durante algunos años y aportar las siete fuerzas básicas de la vida a la Comunidad, a través de su vida, que ha de discurrir sabiamente.
El examen significa: un ungido es la ley; por tanto debe conocer y vivir las siete fuerzas básicas de Dios, la ley eterna, y aportarlas a la Comunidad. En ello la Comunidad reconocerá su madurez interna y su estar espiritualmente despierto en el amor y la sabiduría del Eterno.
Si la Comunidad le ha aceptado y acogido, entonces la Comunidad, en alabanza y agradecimiento, lo encomendará a Dios Padre y a Mí, el Cristo, y cuidará de que guarde las leyes dadas por Dios y de que también las cumpla en la Comunidad.
Libro, 1088 páginas.
ISBN 3-89371-260-7 P.V.P.: DM/SFr 25,- ÖS 183,- US$ 15,-
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