Editorial DAS WORT

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El interrogatorio ante Pilato


Capitulo 81

El interrogatorio ante Pilato

Los que viven en la verdad, son justos en su forma de pensar, hablar y actuar (8-9).
Las fuerzas antagonistas intentaron impedir el acto redentor. "No hallo culpa en El”. En todos los tiempos las tinieblas pueden medirse con la luz. El poder del pseudocristianismo está acabándose. El justo sufrió por la injusticia. La cruz: signo de la Redención y de la resurrección, o de la derrota (10-32)

 

1. Entonces llevaron a Jesús de Caifás al pretorio, a Poncio Pilato, el gobernador. Era muy de mañana, y no entraron en el pretorio, por no contaminarse, para poder celebrar la Pascua.

2. Por eso Pilato, saliendo fue a ellos y dijo: "¿qué acusación traéis contra este hombre?” Ellos respondieron diciéndole: "si no fuera malhechor, no te lo habríamos traído. Tenemos una Ley, y según nuestra Ley debe morir; pues quiere abolir las costumbres y tradiciones que nos ordenó seguir Moisés, y además se hace a sí mismo Hijo de Dios”.

3. Pilato les dijo: "tomadle y juzgadle según vuestra Ley”; pues sabía que se lo habían entregado por envidia.

4. Entonces le dijeron los judíos: "el derecho no nos permite condenar a alguien a muerte”. Así se cumplió la palabra de Jesús, que había dicho de qué muerte moriría.

5. Y siguieron inculpándole, diciendo: "hemos encontrado a este hombre sublevando al pueblo y prohibiendo pagar tributo al César, y diciendo de sí mismo que es Cristo, un Rey”.

6. Entró Pilato de nuevo en el pretorio, y, llamando a Jesús, Le preguntó: "¿eres Tú el Rey de los judíos?” Respondió Jesús: "¿por tu cuenta dices eso, o te lo han dicho otros de Mí?”

7. Pilato contestó: "¿soy yo judío? Tu propio pueblo y los sumos sacerdotes Te han entregado a mí; ¿qué has hecho?” Jesús respondió: "Mi Reino no es de este mundo; si Mi Reino fuera de este mundo, Mis seguidores lucharían para que no fuese entregado a los judíos; pero Mi Reino no es de aquí”.

8. Entonces preguntó Pilato: "luego, ¿Tú eres Rey?” Jesús respondió: "tú dices que Yo Soy Rey. Y he nacido y venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que procede de la verdad, oye Mi voz”.

9. Pilato Le dijo: "¿qué es la verdad?” Jesús dijo: "la verdad viene del Cielo”. Pilato dijo: "luego la verdad no está en la Tierra”. Jesús dijo a Pilato: "créelo, la verdad está en la Tierra entre los que la aceptan y la obedecen. Están en la verdad los que juzgan de modo justo”. (Cap. 81, 1-9)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

En verdad, "la verdad viene del Cielo”. Vino a través de todos los profetas plenos de Dios y a través de Mí, siendo Jesús de Nazaret, a la Tierra -y viene a la Tierra a través de Mí, el Cristo, y a través de todos los que viven en la verdad-. La verdad hace libres al alma y al hombre. Y los que aspiran a la verdad, conocen Mi voz, la verdad.

El Reino de Dios, que anuncié en Jesús de Nazaret y quise erigir con el pueblo judío, está viniendo a la Tierra. Así consta, como ya se ha manifestado, en el plan de Dios. Los que viven en la verdad, traen la justicia de Dios y anulan con ello la condena.

Está escrito: "están en la verdad los que juzgan de modo justo”. La palabra "juzgar”, ya no tiene en este tiempo [1989] el sentido que tenía hace generaciones. Ved aquí en la palabra "juzgar”, el siguiente sentido: ser justo, fiel y recto; pues los que vivan en Dios, serán justos en su forma de pensar, hablar y actuar.

 

10. Y habiendo oído esto, de nuevo salió y les dijo a los judíos: "no hallo culpa en El”. Y siendo El inculpado por los sumos sacerdotes y ancianos, no les respondía.

11. Entonces Pilato Le dijo: "¿no oyes cuántas cosas dicen contra Ti?”

12. Y no le respondía a palabra alguna, de modo que el gobernador se maravilló sobremanera. Y de nuevo les dijo: "no hallo culpa en este hombre”.

13. Entonces se encolerizaron más y gritaron: "subleva al pueblo enseñando por toda la Judea, desde Galilea hasta aquí”. Al oír Pilato el nombre de Galilea, preguntó si aquel hombre era galileo.

14. Y al enterarse de que pertenecía a la jurisdicción de Herodes, Lo envió a Herodes, que en este tiempo también estaba en Jerusalén.

15. Viendo Herodes a Jesús, se puso muy contento; pues desde hacía bastante tiempo deseaba verle, porque había oído hablar mucho de El y esperaba verle hacer algún milagro.

16. Y Le hizo bastantes preguntas, pero El no le contestó. Los sumos sacerdotes y escribas estaban presentes, e insistentemente Le acusaban, y una multitud de testigos falsos se levantó contra El y Le inculpó de muchas cosas que El no conocía.

17. Y Herodes con sus soldados Le despreció y se burló de El, vistiéndole una vestidura suntuosa, y Lo envió otra vez a Pilato. Y ese mismo día Pilato y Herodes se hicieron amigos, pues antes eran enemigos.

18. Y Pilato entró otra vez en el pretorio y preguntó a Jesús: "¿de dónde eres Tú?” Pero Jesús no le dio respuesta alguna. Entonces Pilato Le dijo: "¿no me hablas? ¿No sabes que tengo poder para crucificarte y poder para soltarte?”

19. Jesús respondió: "no tendrías ningún poder sobre Mí, si no te hubiera sido dado de lo alto; por eso tiene la mayor culpa el que Me ha entregado a ti”.

20. Desde entonces, Pilato buscaba cómo librarle; pero los judíos exclamaron: "si sueltas a ése no eres amigo del César, pues quien se hace rey habla contra el César”.

21. Y Pilato llamó a reunirse a los sumos sacerdotes y a los responsables del pueblo. Cuando se sentó en la silla de juez, su mujer envió a decirle: "no tengas nada que ver con ese hombre justo, pues esta noche he sufrido mucho en sueños, a causa de El”.

22. Y Pilato les dijo: "me habéis traído a este hombre como a uno que subleva al pueblo, y he aquí que habiéndole interrogado ante vosotros no he hallado culpa en El, en base a las cosas de las que Le acusáis. Tampoco Herodes, al que lo he enviado, ha encontrado algo digno de muerte.

23. "Hay entre vosotros la costumbre de que os suelte a uno en la Pascua. ¿Queréis, pues, que os suelte al Rey de los judíos?”

24. Entonces de nuevo gritaron todos: "¡no a éste, sino a Barrabás!” Barrabás era un bandolero, que había sido encarcelado por una sublevación ocurrida en la ciudad y por un homicidio.

25. Pilato quería poner en libertad a Jesús, y les preguntó de nuevo: "¿a quién de los dos queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, que es llamado el Cristo?” Y ellos gritaron: "¡a Barrabás!”

26. Pilato les dijo: "entonces, ¿qué queréis que haga con Jesús, del que se dice que es el Cristo?” Todos le gritaron: "¡hazlo crucificar!”

27. Y el gobernador preguntó: "¿y qué mal ha hecho?” Ellos gritaron cada vez más fuerte: "¡crucifícale, crucifícale!”

28. Y Pilato se aproximó y les dijo: "mirad, de nuevo os Lo traigo y os digo que no hallo culpa en El”. Pero ellos gritaron otra vez: "¡crucifícale, crucifícale!”

29. Y Pilato les preguntó por tercera vez: "¿por qué? ¿Qué mal ha hecho? No he encontrado en El culpa de muerte: en lugar de eso Le haré azotar y Le soltaré”.

30. Pero ellos a grandes voces gritaban sin parar, pidiendo que fuese crucificado. Y sus voces, y las de los sumos sacerdotes, dominaban por encima de todos.

31. Viendo pues Pilato que no se imponía, sino que surgía un tumulto considerable, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: "yo soy inocente de la sangre de este Justo: vosotros veréis”.

32. Y todo el pueblo contestó gritando: "¡caiga Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!” Y Pilato dio la orden de que todo ocurriera como ellos exigían. Y les entregó a Jesús, conforme a su voluntad. (Cap. 81, 10-32)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Pilato habló conforme al siguiente sentido: "no hallo culpa en El”. Ni respecto a las leyes de Dios ni respecto a la ley de este mundo, Me había hecho culpable. Mi cuerpo espiritual encarnado era inmaculado, pero envuelto con una culpa parcial de la estirpe de David y con la culpa de algunos de otras estirpes. Esto movió a las fuerzas antagonistas a aprovechar todas las posibilidades y cada analogía activa en los sumos sacerdotes, escribas, ancianos y en el pueblo, para declararme culpable; pues con que hubiese cometido un solo pecado, por ejemplo que hubiese dicho una palabra ilegítima, o que comoquiera que fuese Me hubiera defendido, el acto redentor no habría podido llevarse a cabo.

La culpa parcial de los que formaban y forman parte de la misión redentora, con la que Me recubrí, y que hizo posible la detención, no pudo impedir el acto redentor. Yo mismo, Cristo, habría tenido que pecar contra Mi Padre. Para lograr esto, las fuerzas antagonistas hicieron todo lo posible. Cada judío susceptible de ser utilizado fue estimulado por los poderes demoníacos para hablar contra Mí. Todas las inculpaciones fueron pensadas para hacer caer a Pilato, y ante todo a Mí.

Con Pilato, lo consiguieron. Aunque se lavó las manos, cayó en el pecado. Aunque estaba convencido de Mi inocencia, Me entregó a Mí, el inocente. Pilato no pasó la prueba, pues dio instrucciones que iban contra su convencimiento.

El reconocimiento interno poco aprovecha, si el hombre no hace lo que ha reconocido.

En todos los tiempos -también actualmente [1989]- sublevan al pueblo aquellos que creen tener que administrar las leyes de Dios. Cierto que predican la palabra de Dios según la letra, pero sin realizarla ni cumplirla.

Quien no vive lo que anuncia, vive constantemente temiendo lo que enseña a su prójimo y él mismo no cumple. Tales hombres tienen por eso miedo de su propio edificio doctrinal, porque sienten que lo que no cumplen se vuelve contra ellos. Así tergiversan aún hoy día la ley de Dios y la utilizan para su provecho.

En los escribas, fariseos y ancianos, y también en el pueblo judío, gritó lo satánico. Las fuerzas antagonistas obraron sobre todos los judíos que se dejaron seducir, para incitar y dar falso testimonio contra Mí.

En todos los tiempos, a las fuerzas antagonistas les es dada la posibilidad de medirse con la luz. Así fue también hace casi dos mil años. La oscuridad pudo medirse con la luz. Pudo utilizar todas las posibilidades para llegar a impedir lo que ya estaba anunciado en los lugares de purificación y también en la capa atmosférica de la Tierra: la Redención a través de Mí, el Cristo de Dios, que se hizo hombre y como hombre hizo frente a las fuerzas antagonistas, para que pudieran medirse con el hombre Jesús -y con ello con el Cristo de Dios, el Corregente de los Cielos en vestido terrenal.

La persecución de Jesús y el hecho de ser entregado indican lo siguiente:

Quien Me siga, padecerá persecución, como Yo en Jesús de Nazaret. Tendrá que soportar, como Yo, ignominia y sufrimiento; pues tal como Me persiguieron a Mí en Jesús de Nazaret, han perseguido, calumniado y también matado, una y otra vez en los casi dos mil años habidos, a aquellos hombres que han seguido Mis huellas.

La persecución de Mis verdaderos seguidores ha continuado hasta el tiempo actual [1989]. Son una y otra vez los mismos, los que Me persiguen a Mí en los Míos, pues a pesar del "está consumado” sigo siendo la espina en los corazones de los que desean mantener y ampliar el Estado de los demonios. En el tiempo actual [1989], son nuevamente los escribas y los que les siguen ciegamente entre las autoridades eclesiásticas y mundanas. También ellos incitan al pueblo, con falsedades, contra los seguidores del Cristo.

Pero todo llega a su fin. Lo que sucedió en los casi dos mil años habidos, trae ahora sus efectos y se abate sobre los que durante dos mil años han seguido comportándose como en Mi tiempo de Jesús de Nazaret. También hoy tienen miedo de perder su posición y su prestigio; pero su poder está llegando paulatinamente a su fin -los efectos de sus causas se están abatiendo con fuerza sobre ellos.

La posición de las fuerzas antagonistas se vuelve cada vez más débil. Los actuales escribas, fariseos y autoridades estatales y eclesiásticas gritan como quien se ahoga. Sienten que la marea que los barrerá ya está llegando. Lo que durante dos mil años fue construido erradamente en Mi nombre, está desapareciendo: un poder que ciertamente se ha llamado y se llama cristiano, pero que no lo ha sido ni lo es, que ha abusado y abusa de Mi nombre, Cristo, de múltiples maneras.

El Nuevo Tiempo está despertando, y surgirá de las ruinas del pasado. Los Míos harán que de nuevo florezcan tierras devastadas, mediante su trabajo desinteresado. Lo que ya se está edificando en el tiempo del cambio, y que se completará cuando en la Tierra se deje de pecar, es el Nuevo Israel -en su medio la Nueva Jerusalén, la ciudad de la Alianza, con sus Comunidades, en el Reino de Paz de Jesucristo.

Comprended: la afirmación, "no tendrías ningún poder sobre Mí, si no te hubiera sido dado de lo alto; por eso tiene la mayor culpa el que Me ha entregado a ti”, significa: las tinieblas sólo tienen poder sobre aquellos hombres que han oscurecido y mantienen oscurecida la luz del Eterno. Mi Padre eterno permitió la detención porque Yo sustituí a la estirpe de David y a otras estirpes y sufrí por los muchos judíos que querían tener un rey de este mundo. Esto sucedió, en último término, a la vez por todas las almas y hombres que han pecado y pecan contra la ley de la vida: el Justo sufrió por la injusticia y permitió que Le ocurriera lo que El no había causado.

Las fuerzas de los Cielos no vinieron en Mi ayuda en la medida en que habría podido ser si la estirpe de David y otras estirpes no hubiesen estado dormidas a consecuencia de sus pecados y el pueblo judío Me hubiese aceptado como su Mesías y Constructor del Reino de Dios en la Tierra. Yo habría sido su Rey -pero no de este mundo, sino del Reino de Dios en la Tierra, de un mundo en que se habrían cumplido las leyes de Dios.

"¡No a éste, sino a Barrabás!”, significa: los ciegos y los demonios mantienen ciegos a los ciegos. Sólo pueden cegar y sublevar aún más a los espiritualmente ciegos, de manera que éstos griten y escandalicen ciegamente y exijan al justo en vez de al injusto.

Gritaban: "¡crucifícale! ¡crucifícale!”

Sólo clama, "crucifícale, crucifícale”, quien todavía está sujeto a la cruz de su pecado. Quien se ha crucificado a sí mismo mediante el pecado, sólo ve a través del ojo del pecado y quiere ver a todos allí donde todavía está él mismo: en la cruz del pecado.

La cruz fue erigida con el cuerpo de Jesús, pero el cuerpo fue quitado de la cruz y el Resucitado se ha mostrado y manifestado. Esto significa que Yo, Cristo, Soy la vida resucitada en todas las almas y hombres.

El verdadero cristiano ve la cruz sin el crucificado, como signo de la Redención y como resurrección en Dios. La cruz sin el cuerpo simboliza también el camino de la Tierra a los Cielos, al corazón de Dios. Sólo toma en consideración la cruz con el crucificado aquel hombre que aún no ha crucificado su yo y desea aferrarse a lo humano que hay en él.

Los demonios han creado la cruz con el cuerpo. Con ello quieren simbolizar Mi derrota. Pero la cruz y el crucificado llegaron a ser y son su cruz y su derrota.

El verdadero cristiano se acuerda de Mi resurrección, ya que ha resucitado en y a través de Mí. Sólo lamenta Mi muerte en Jesús el que aún no ha resucitado conscientemente en Mí, el Cristo. Quien aún no ha resucitado conscientemente en Mí, es decir quien vive aún en el pecado, clama una y otra vez: "¡crucificadle, crucificadle!” Por eso mantienen en alto la cruz con el cuerpo aquellos hombres que todavía mantienen en alto sus pecados, que aprecian su yo inferior.

El hombre que ama su pecado y a este mundo pecaminoso, piensa en el crucificado y no en el Resucitado, porque él mismo aún no ha resucitado en Mí.

"¡Caiga Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!”, significa: cada causa ya lleva en sí su efecto. Todo el que crea causas, tiene que soportar él mismo el efecto. De modo que quien siembre, cosechará su siembra -en esta encarnación o en otras encarnaciones-. Así que una y otra vez volverán los mismos a esta Tierra, como hijos, hasta que haya sido purificado lo que han causado.

 

El próximo capitulo


Libro, 1088 páginas.
ISBN 3-89371-260-7 P.V.P.: DM/SFr 25,- ÖS 183,- US$ 15,- 
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