Editorial DAS WORT

DAS WORT - la editorial en Vida Universal


Esta es Mi Palabra
Alfa y Omega
El Evangelio de Jesús
La manifestación de Cristo
que el mundo no conoce

       La última Comida
                                   con el Señor


Capitulo 76

El lavatorio de los pies. La última Comida con el Señor

El desarrollo de las siete fuerzas básicas del alma comienza por la del Orden (1-3).
Quien ame desinteresadamente, cumplirá la ley y verá a Dios en todo (4-5). Los verdaderos luchadores de Cristo son de corazón puro (6). La meta y tarea del alma: llegar a ser nuevamente la ley (7). El significado del incienso (8). Acerca de la Comida con el Señor. No es ceremonia, sino símbolo (9). La oración de Jesús por los Suyos: cumplid la palabra de Dios y el mandamiento del amor; que fluya de vosotros lo que Dios os regala (10-19). La oración de la unidad (20-21). Pan y vino (22). La sustancia espiritual en los dones de la naturaleza (23-25). Las concesiones de Moisés se convirtieron en usos y costumbres ilegítimos (26-28). La traición a Cristo. Por qué
Jesús pudo ser hecho preso y fue crucificado. El acto de Cristo por la estirpe de David (29-30)

 

1. Y terminada la cena pascual, encendieron las luces, pues era tarde. Y Jesús se levantó de la mesa, se quitó las vestiduras exteriores y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echó agua en la jofaina, lavó los pies de los cuatro veces doce, y se los enjugó con la toalla que tenía ceñida.

2. Y uno de ellos dijo: "Señor, no deberías lavarme a mí los pies”. Y Jesús respondió: "si no te lavo, no tendrás parte conmigo”. Y él contestó: "Señor, no sólo los pies, sino también la cabeza y las manos”.

3. Y Jesús le dijo: "el que viene del baño no necesita lavarse, tiene que lavarse tan sólo los pies, pues está completamente limpio”. (Cap. 76, 1-3)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

También el lavado de los pies fue un símbolo. Significa la purificación interna.

Para llegar al perfeccionamiento, alma y hombre deben comenzar con la apertura de la fuerza básica "más baja”, la del Orden. Esto significa purificar sensaciones y pensaminentos y ennoblecerlos de tal manera que también las palabras del hombre estén vivificadas por Mi vida. Entonces el hombre reconocerá paulatinamente la voluntad de Dios. Al mismo tiempo, el que aspire a Dios refinará más y más sus sentidos humanos, para alcanzar la nobleza interna. Esto acontece de un paso evolutivo a otro. El alma que está madurando y el hombre despierto se vuelven nobles y buenos.

De esta forma alma y hombre desarrollan poco a poco las siete fuerzas básicas del alma, que son la ley de Dios. Cuando el alma haya desarrollado completamente estas siete fuerzas básicas, desde el Orden hasta la Misericordia, volverá a ser un cuerpo espiritual inmaculado, la gota en el océano Dios, en la ley de la vida.

 

4. Habiéndose puesto de nuevo Su túnica del más puro lino blanco, sin mancha ni costura, se sentó de nuevo a la mesa, y les dijo: "¿sabéis qué he hecho con vosotros? Vosotros Me llamáis Señor y Maestro, y decís bien, pues lo Soy. Y así como ahora he lavado vuestros pies, también debéis lavaros los pies unos a otros; pues os he dado ejemplo, para que vosotros hagáis lo que Yo he hecho con vosotros.

5. "Un nuevo mandamiento os doy: que os améis unos a otros, y a todas las criaturas de Dios. El amor es la consumación de la Ley. El amor procede de Dios, y Dios es amor. Quien no ama, no conoce a Dios. (Cap. 76, 4-5)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Quien puede amar desinteresadamente a todos los hombres y a todas las formas de vida, es decir, quien ya no valora, tasa ni juzga, está cumpliendo la ley.

La Ley, Dios, es amor, porque Dios es amor. Quien vive el amor desinteresado, es puro. Ve a Dios, la ley del amor, en todos los hombres, en todas las formas de vida y en todas las cosas, porque conoce a Dios, la ley del amor.

Quien no se conoce a sí mismo, tampoco conoce la Ley, Dios, y tampoco ve en todos los hombres, formas de vida y cosas la ley del amor, Dios.

 

6. "Ahora estáis purificados por la palabra que os he hablado. En esto todos conocerán que sois Mis discípulos; en que os amáis unos a otros y mostráis amor y misericordia para con todas las criaturas de Dios, especialmente para con las que son débiles y oprimidas, y que sufren, siendo inocentes; pues la Tierra entera está llena de lugares oscuros de crueldad, de pena y miedo, a causa del egoísmo y de la ignorancia de los hombres. (Cap. 76, 6)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

"...purificados por la palabra”, significa: quien realice Mi palabra, que es vida y fuerza, se volverá puro en alma y cuerpo. Quien es puro de corazón, contribuye en el mundo a que todos los hombres que anhelan a Dios encuentren la plenitud, y a que los tenebrosos lugares de horror donde reinan la pena, el miedo y la muerte se vuelvan más luminosos; pues entonces también ahí despierta y florece la vida en Dios y hay hombres que encuentran la paz interna.

Quien vive en Dios, se vuelve un verdadero y desinteresado luchador por el Reino de Dios, que es paz. Lucha con las armas del amor contra el egoísmo y la ignorancia de sus semejantes, para que la Tierra se renueve a través de Mí, el Cristo.

 

7. "Os digo que améis a vuestros enemigos, que bendigáis a quienes os maldigan y les déis luz que alumbre sus tinieblas, y que el espíritu del amor habite en vuestros corazones y se derrame sobre todos. Y una vez más os digo: amaos unos a otros, y a todas las criaturas de Dios”. Y al terminar El, dijeron todos: "alabado sea Dios”. (Cap. 76, 7)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Lo que dije siendo Jesús de Nazaret, no sólo era válido para los Míos, que estaban conmigo, Jesús, ni tan sólo para el pueblo de entonces. Era válido y es válido para los hombres de todos los pueblos y todas las generaciones, pues es la palabra de Dios, que fue y es dirigida a todos los hombres. Será dada hasta que muchos hombres hayan llegado a ser la ley de la vida y ellos mismos hablen entonces la palabra que es la Ley, Dios. Entonces se habrá cumplido todo lo que ha sido predicho por Mí en Jesús y por los verdaderos profetas de Dios.

Cuando entonces Yo vuelva en espíritu, la Tierra estará en gran medida purificada, de modo que podrá recibir Mi luz, la luz del Cristo. Entonces todos los hombres que vivan en la Tierra purificada cumplirán los mandamientos de Dios y hablarán la palabra, ya que vivirán la ley.

Es la tarea del alma, en sus distintas vidas terrenales de las diferentes épocas, llegar a ser nuevamente la Ley, Dios, la palabra de la vida. Los hombres que hayan alcanzado mayores grados de pureza se amarán unos a otros, y a todas las criaturas de Dios, como Yo los he amado y amo.

 

8. Y entonces alzó la voz, y todos se juntaron y dijeron: "como el ciervo desea el riachuelo, así mi alma Te desea a Ti, ¡oh Dios!” Y al terminar, uno trajo un incensario lleno de brasas encendidas, en el cual El echó incienso, el mismo incienso que Su madre Le había dado el día de Su revelación,* y la dulzura del perfume llenó la sala. (Cap. 76, 8)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Los llamados incensarios se hallaban en las habitaciones de ciudadanos distinguidos. El incienso simboliza la vida consagrada. Se ha usado y se usa por muchos hombres, sin haber sido o ser conscientes de este significado. También en la Iglesia institucional se utiliza aún el incienso en las ceremonias. La vida consagrada, por el contrario, no es vivida ni por muchos hombres ni en la Iglesia institucional. Pero lo que no es vivido se queda en símbolo, y por tanto no tiene trascendencia.

 

9. Colocando entonces Jesús delante Suyo una fuente y tras ella el cáliz, levantó los ojos al cielo, dio gracias a Dios por Su bondad en todas las cosas y con todos, y tomó en Sus manos el pan ázimo y lo bendijo. Entonces mezcló el vino con agua y lo bendijo. Entonó la invocación del siete veces santo nombre, llamando a la Trinidad para que hiciera descender al Espíritu Santo y convirtiera el pan en Su cuerpo, es decir en el cuerpo de Cristo, y el vino en Su sangre, es decir en la sangre de Cristo, para obtener el perdón de los pecados y la vida eterna para todos los que obedecen el Evangelio. (Cap. 76, 9)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Quien ocupa un cargo en el mundo, también utiliza el vocabulario necesario para éste. También los traductores pueden reproducir los textos sólo con su vocabulario, que corresponde a su nivel de consciencia. Las traducciones tampoco han podido y pueden ser hechas siempre según el sentido, puesto que las mismas palabras pueden tener para cada cual un significado diferente -conforme a su consciencia y sus conceptos-. Así que también Mi palabra en muchos casos fue vista a través del prisma de la fe de los que la transmitieron. Por eso explico, rectifico y profundizo la palabra que está escrita en el libro "El Evangelio de Jesús”.

Siendo Jesús de Nazaret oré mucho a Dios, Mi Padre, y conversé con El. A El, el Eterno, oré pidiendo la bendición para la última cena con los Míos.

Les hablé en el siguiente sentido: lo que Yo hago ahora, seguid haciéndolo en Mi memoria. El alimento es para el cuerpo. Os lo entrego como símbolo del fortalecimiento interno.

Comprended: Mi cuerpo es entregado para que alcancéis la vida eterna. Convertid vuestro cuerpo en un templo de Dios, para que el espíritu pueda obrar en y a través de vosotros. Por la resurrección de Mi cuerpo espiritual, también vosotros resucitaréis, pues el Cristo de Dios que va al Padre es el espíritu de la verdad en Dios. El espíritu de la verdad purificará vuestro cuerpo espiritual, y la luz del mundo, que Yo Soy, brillará en y a través de vosotros; pues por Mi resurrección Yo Soy la luz en vosotros y la purificación de vuestra alma. Quien crea en Mí y cumpla las leyes de los Cielos, alcanzará a través de Mí, el Cristo, el renacimiento en el espíritu de Mi Padre.

Tomé el vino, añadí un poco de agua y hablé en el siguiente sentido: lo que ahora os digo, es un símbolo. Comprended el significado -y pensad en Mí cuando comáis y bebáis, pues en todo está el espíritu de la vida, que Yo Soy.

El vino es el símbolo de Mi sangre, que derramaré por todas las almas y hombres. El espíritu del alma tiene que volver a ser despertado por alma y hombre, es decir, traído a la vida terrenal. El alma de quien no acepta ni acoge al Espíritu de la verdad -como símbolo, Mi sangre- no podrá regresar a la eternidad, porque no está viviendo en la verdad absoluta. El alma permanecerá fuera de los Cielos hasta que Me haya aceptado y acogido a Mí, la luz del mundo, su Redentor. De modo que quien a Mí, su Redentor, el Corregente de los Cielos, no Me acepte ni acoja, no alcanzará la perfección absoluta.

Comprended: quien a Mí no Me acepta ni acoge, tampoco acepta ni acoge al Padre -pues el Padre y Yo somos uno.

Este hecho simbólico lo efectué en Jesús de Nazaret entre los Míos, para explicarles que la vida, el espíritu de Dios, está como substancia y fuerza en todas las formas de vida, tanto en los alimentos como en las bebidas, pues Yo fallecí por todas las almas y hombres para que alcancen la resurrección. Durante la comida debéis tenerme presente únicamente a Mí, así como en todo lo que hacéis, pues lo que verdaderamente hacéis en Mi nombre, está bien hecho.

Muchos hombres se desangrarán durante el poderoso cambio de era, porque no Me han aceptado ni acogido y por eso permanecen en sus pecados. En cambio, el hombre que aspire a Dios celebrará la comida conmigo. Pedid por tanto la bendición de Dios para vuestras comidas y pensad en la fuerza y el amor de Dios mientras coméis, y entonces también estaréis pensando en vuestro Redentor, el Cristo de Dios, que está en el Padre.

 

10. Y levantando las ofrendas hacia el cielo, dijo: "el Hijo del hombre será elevado de la Tierra, y atraeré hacia Mí a todos los hombres. Entonces todos sabrán que he sido enviado por Dios”.

11. Y habiendo acabado esto, Jesús pronunció las siguientes palabras, levantando los ojos al cielo: "Abba, ha llegado la hora. Glorifica a Tu Hijo, para que Tu Hijo sea glorificado en Ti.

12. "Sí, Tú Me has glorificado, Tú has llenado de fuego Mi corazón, Tú has puesto luces a Mi derecha y a Mi izquierda, para que ninguna parte de Mí esté sin luz. Tu amor brilla a Mi derecha, y Tu sabiduría a Mi izquierda. Tu amor, Tu sabiduría y Tu poder son en Mí manifiestos.

13. "Yo Te he glorificado en la Tierra, he consumado la obra que Me encomendaste; Santo Uno, guarda por Tu nombre a los Doce y a sus compañeros, que Me diste para que lleguen a ser uno, igual que nosotros somos uno. Mientras estaba con ellos en el mundo, los conduje en Tu nombre, y ninguno se ha perdido; pues el que nos dejó no era uno de nosotros, pero oro por él, para que sea salvado. Padre, perdónale, pues no sabe lo que hace.

14. "Y ahora voy a Ti, y digo estas cosas al mundo para que Mi gozo se cumpla en ellos. Les doy Tu palabra y el mundo les odia, pues no son de este mundo, igual que Yo no Soy del mundo.

15. "No pido que los saques del mundo, sino que los guardes del mal mientras estén en el mundo. No son de este mundo, igual que Yo no Soy del mundo. Bendícelos por Tu verdad. Tu palabra es verdad. Como Tú Me enviaste al mundo, así también les envío Yo al mundo, y Me santifico por ellos, para que también ellos sean santificados por la verdad.

16. "No oro sólo por ellos, sino por todos los que se unirán a ellos y por los Setenta y dos que también envié, y por todos los que creerán en la verdad a través de Tu palabra, para que también ellos lleguen a ser uno, como Tú, Santísimo, eres en Mí y Yo en Ti; para que también lleguen a ser uno en Ti, a fin de que el mundo comprenda que Tú Me enviaste.

17. "Padre Santo, quiero también que todos los que Me has dado, sí, todos los que viven, estén conmigo donde Yo estoy, para que participen de la gloria que Tú Me das, ya que Tú Me amas en todos, y a todos en Mí, desde antes de haber sido creado el mundo.

18. "El mundo no Te ha reconocido en Tu justicia, pero Yo Te reconozco, y éstos saben que Tú Me has enviado.

19. "Y les he anunciado Tu nombre, para que el amor con que Tú Me has amado esté en ellos, y para que de ellos se derrame sobre todas Tus criaturas, sí, sobre todas”. Y habiendo pronunciado estas palabras, todos levantaron con El sus voces y oraron tal como les había enseñado: (Cap. 76, 10-19)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Esta oración, transmitida según su sentido, no sólo fue pronunciada para Mis apóstoles y discípulos; ha sido y es válida para todos los hombres, para todo lo que es.

Los que cumplan más y más la voluntad de Dios, llevarán la palabra de Dios, que están cumpliendo, al mundo. Esto está sucediendo actualmente y sucederá en adelante, hasta que Yo regrese en espíritu.

En el tiempo divino, en el Reino de Dios en la Tierra, la vida de los hombres será una oración vivida, una vida que es la ley eterna, pues el amor a Dios y al prójimo es el cumplimiento de la ley.

Quien ame desinteresadamente será elevado por Mí, Cristo, así como a Mí Me ha elevado el Padre eterno. Al mismo tiempo lo atraeré hacia Mí, su hermano, y viviremos en Dios, en calidad de hijos de Dios.

Yo he traído al mundo la Obra de la Redención -a todas las almas y hombres-. La Redención ha concluido en aquellas almas y hombres que han alcanzado el perfeccionamiento, es decir la pureza. Ellos han vuelto a ser uno con el Padre eterno y han alcanzado la hermandad en Mí. Están conmigo en hermandad -y en el Dios Padre-Madre en la filiación de hijos e hijas.

No desterréis nunca a vuestro prójimo de vuestro corazón, ni siquiera cuando os haya traicionado y entregado, como hizo Judas conmigo. Conservadlo en vuestro corazón, aunque actualmente no esté con, sino contra vosotros. El es y seguirá siendo vuestro prójimo. Así está escrito en el Cielo, en la ley eterna.

Observad y cumplid el mandamiento del amor: amad a vuestro Padre de todo corazón, con todas vuestras fuerzas; amadle en cada sensación, en cada pensamiento, en cada palabra y en cada acto -y amad a vuestro prójimo tal como os amáis a vosotros mismos-. Y si en vuestra forma de sentir, pensar, hablar y obrar prevalece el amor a Dios, os respetaréis a vosotros mismos como hijos de Dios, y también a vuestro prójimo, que es igualmente hijo del Padre eterno, y al que Dios, nuestro Padre, ama igual que os ama a vosotros; pues en Dios, vuestro y Mi Padre, están todos Sus hijos. El los ama a todos del mismo modo, sin hacer diferencias. Y si comprendéis y aceptáis esto, tampoco haréis vosotros diferencia alguna.

El amor a Dios abarca también el perdón. Quien vive en el Padre, tiene la grandeza interna que perdona sin guardar rencor.

A quien cumple la palabra de Dios, también le es dado anunciar y enseñar la palabra de Dios al mundo. Pero quien no haya realizado la palabra de Dios, que calle; pues quien de la palabra de Dios tan sólo habla, está cargando su alma; está pecando contra la Palabra Santa, contra Dios. Las palabras de quien la palabra de Dios sólo la predica y enseña, sin haberla realizado, no llegan al corazón del prójimo; se convierten en bumerang, para el que las emite. Quien por tanto la palabra de Dios sólo la predica y enseña, sin haberla realizado, no puede llenarla con fuerza y poder, porque a él mismo le falta la fuerza.

Quien llena Mi palabra con vida y fuerza mediante la propia realización y la enseña en el mundo, a menudo no es entendido por los hombres de este mundo -y es odiado por muchos a causa del evangelio.

Quien cumple la palabra de Dios, no es de este mundo, como tampoco Yo, en Jesús de Nazaret, era de este mundo. Quien cumple la palabra de Dios es un manantial vivo, una corriente de salvación interna, que fluye a todas las criaturas y lo traspasa todo; pues Dios es fuerza omnitraspasante. De modo que quien vive en Dios emana lo que Dios le regala: amor, sabiduría y fuerza, la corriente para todos y para todo.

 

20. "Padre nuestro, que estás sobre nosotros y en nosotros, santificado sea Tu nombre, en trinidad. Venga Tu Reino, en sabiduría, amor y justicia. Hágase por siempre Tu santa voluntad, en la Tierra como en el Cielo. Danos diariamente el participar de Tu santo pan y el fruto de Tu vid viva. Que así como Tú perdonas nuestra culpa, perdonemos a los que pequen contra nosotros. Mientras intentamos conducir a otros al perfeccionamiento, haznos perfectos en Tu Cristo. Regálanos Tu bondad, para que podamos hacer lo mismo con los demás. En la hora de la tentación, líbranos del mal.

21. "Pues Tuyos son el Reino, el poder y la gloria; en el principio, ahora y por siempre. Amén”. (Cap. 76, 20-21)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Desde Mis obras en Jesús de Nazaret han transcurrido épocas. Generaciones vinieron y se fueron. Los hombres oraron en todos los tiempos. Los contenidos de muchas de sus oraciones eran los mismos, pero fueron expresados con otras palabras, en cada respectiva generación. Por eso el hombre no debería atribuirle demasiada importancia a la palabra terrenal, dado que de época en época, de generación en generación, ha recibido y puede recibir diferentes sentidos. Tened por tanto el empeño de captar el sentido y de darle el sentido correcto.

Yo di a los hombres la oración de la unidad, por medio de la palabra interna, a través del rayo de luz parcial encarnado de la Sabiduría divina [1986], como oración de gracias y de amor a Dios. Puede ser rezada con palabras conformes a su sentido. También señala la proximidad del Reino de Dios que habrá en la Tierra, y Mi regreso espiritual. Se convirtió en la oración de los Amigos de Cristo:

Padre nuestro, que estás en los Cielos,

santificado es Tu nombre.

Nuestro Reino viene, Tu voluntad se hace,

en la Tierra como en el Cielo.

Nos das hoy nuestro pan de cada día

y perdonas nuestras deudas,

y nosotros a nuestros deudores;

nos guías en la tentación

y nos liberas del mal.

Pues nuestro es el Reino, el poder

y la gloria

de eternidad a eternidad.

 

22. Entonces nuestro Maestro tomó el santo pan y lo partió, e igualmente el fruto de la vid, y lo mezcló, y los bendijo. Y echó un trocito del pan en el cáliz, y bendijo la santa unión. (Cap. 76, 22)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Las palabras, "y echó un trocito del pan en el cáliz, y bendijo la santa unión”, muestran que el que escribió estaba dentro de la forma de pensar marcada por las ceremonias.

Comprended: todo es uno en Dios. Nada puede existir sin lo otro, porque Dios es en todo la sustancia y la fuerza. De esto resulta la unión con la vida. Así también el pan y el vino están en Dios, y vienen de Dios para los hombres, y no pueden ser separados. La Tierra es la nutridora, la madre de todos los hombres, los cuales de ella reciben a través del espíritu de Dios. Este traspasa a la Tierra y al hombre y brinda la vida a todo lo que en la Tierra es.

 

23. Y entonces dio a Sus discípulos el pan que había bendecido, diciendo: "comed, este es Mi cuerpo, el cuerpo del Cristo, que se da por vosotros para la Redención del cuerpo y del alma”.

24. Del mismo modo les dio el fruto de la vid bendecida por El, diciéndoles: "bebed, pues esta es Mi sangre, la sangre del Cristo, que se derrama por vosotros y por muchos, para la redención del alma y del cuerpo”.

25. Y habiendo participado todos, les dijo: "cuantas veces os reunáis en Mi nombre, haced esta ofrenda en memoria Mía, preparad el pan de vida eterna y el vino de eterna redención y comed y bebed de ellos con el corazón puro, y recibiréis la Substancia, y la vida de Dios, que habita en Mí”. (Cap. 76, 23-25)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

El pan y el vino sirvieron únicamente como símbolo de la entrega de Mi cuerpo y de Mi sangre. Pero no debéis hacer de ello una ceremonia, sino tenerme siempre presente, en todas vuestras sensaciones, pensamientos, palabras y actos.

También cuando toméis los dones de la vida, que Dios os da del regazo de la madre Tierra, tened presente al Eterno, agradecidos, y tened también presente Mi acto redentor. Y si lo hacéis con un corazón sincero, no sólo vuestro cuerpo terrenal recibirá la substancia espiritual, la vida espiritual, sino también vuestra alma; pues en todo lo que la naturaleza regala al hombre, está la Vida, Dios, la substancia espiritual, la fuerza.

 

26. Y habiendo cantado un canto de alabanza, Jesús se puso en pie en medio de Sus apóstoles, y caminando éstos alrededor de El, que era su punto central, como en una danza solemne, se regocijaron en El. Y entonces salió camino del monte de los Olivos, y Sus discípulos Le siguieron.

27. Judas Iscariote había ido a la casa de Caifás y le dijo: "acaba de celebrar la cena pascual, dentro de la ciudad, con el pan ázimo en lugar del cordero. Yo había comprado el cordero, pero prohibió que fuera matado. He aquí que el hombre al que lo compré, es testigo.

28. Y Caifás desgarró sus vestiduras y dijo: "en verdad, esta no es la fiesta pascual, conforme a la Ley de Moisés. Ha cometido un delito merecedor de muerte, pues es una grave transgresión de la Ley. ¿Para qué necesitamos más testigos? Incluso han entrado ahora dos ladrones en el templo y han hurtado el libro de la Ley, y esto es el resultado de Sus enseñanzas. Digamos esto a las gentes que Le siguen, pues temen al poder de la Ley”. (Cap. 76, 26-28)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Las palabras, "y caminando éstos alrededor de El, que era su punto central, como en una danza solemne...”, significan: Mis apóstoles y discípulos se acercaron a Mí y se movieron alrededor de Mí, ya que para ellos Yo era en ese momento el punto central, pues ellos notaron el sufrimiento de Mi corazón -y temieron por su propia vida terrenal.

Moisés tuvo que hacer algunas concesiones a los israelitas, ya que, como todos los seres y hombres, ellos tenían y tienen el libre albedrío dado por Dios, para respetar o no respetar las leyes de la vida. A pesar de las advertencias e indicaciones de Moisés de que su forma de pensar y actuar no correspondía a la voluntad de Dios, muchos israelitas permanecieron en el pecado. Muchos no guardaron las leyes de Dios, o sólo parcialmente.

También por eso permanecieron muchos años en el desierto, porque sus costumbres no correspondían a la voluntad de Dios y la vida de muchos se asemejaba a un desierto. El modo de pensar y vivir de muchos israelitas giraba una y otra vez en torno al becerro de oro. Su comportamiento vicioso y egocéntrico, y su obstinación, contraria al cumplimiento de las leyes de Dios, en parte los llevaron consigo a la llamada tierra prometida, y convirtieron las concesiones de Moisés en sus leyes -pensando haberlas recibido como tales de Dios, a través de Moisés-. Quien se oponía a las tradiciones usadas en el templo y a sus costumbres ilegítimas -que presuntamente Dios había manifestado a través de Moisés- era enemigo de lo que consideraban correcto y justo.

De modo similar ocurre en el tiempo actual [1989]. Quien desenmascara el comportamiento de los representantes de las Iglesias institucionales, es calificado por ellas de no cristiano. Quien no cree en los dogmas ni en los ritos -análogamente a los israelitas respecto de sus usanzas y costumbres- es escarnecido, ridiculizado y odiado. Muchos representantes de las instituciones eclesiásticas abusan de Mi palabra, análogamente a como los israelitas han abusado de la palabra de Dios dada a través de Moisés y de las concesiones de Moisés.

En todos los tiempos fue así: quien no está a favor de los pareceres y opiniones dominantes entre los hombres, es decir, quien no piensa ni cree como ellos, es un traidor a sus ojos. En todos los tiempos las autoridades incitaron al pueblo contra hombres y mujeres justos.

 

29. Y uno que se hallaba cerca, al salir Judas, le preguntó: "¿crees que Lo matarán?”

30. Y Judas dijo: "no, pues hará algún milagro para librarse de sus manos. Cuando en la sinagoga de Cafarnaúm ellos se levantaron contra El y Lo llevaron a la cima de un monte para precipitarle abajo, ¿no pasó El incólume por en medio de ellos? Seguro que volverá a escapar de ellos y se proclamará abiertamente, estableciendo el Reino del que habla”. (Cap. 76, 29-30)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Traicionándome, Judas quiso conseguir de forma ilícita monedas de plata.

Cuidad vosotros, hombres, que no os ocurra algo similar a lo de Judas; pues en los casi 2000 años ha habido una y otra vez Judas, que han traicionado a Su Señor por unas monedas de plata.

La traición al Cristo de Dios en el tiempo actual [1989], es manifiesta a aquellos que se esfuerzan en cumplir la ley de Dios. Muchos de los actuales escribas, fariseos y responsables de la Iglesia, de la política y de la economía, usan Mi nombre para sus asuntos y provecho personales. Esto es abusar del santo nombre y, por tanto, pecar contra el Espíritu Santo.

Judas era de la creencia de que Yo Me sustraería a la detención, como antes lo había hecho en muchas situaciones. Una y otra vez, aquellos que estaban contra Mí quisieron atarme o apedrearme o precipitarme desde un muro -pero siempre atravesé por en medio de ellos, como si fuera invisible, protegido por la fuerza eterna, y seguí Mi camino.

Pero en esa ocasión tuvo que suceder lo que entonces aconteció. Los que estaban contra Mí pudieron prenderme y entregarme al sumo sacerdote, y hacerme crucificar.

Muchos hombres han hecho y hacen una y otra vez la pregunta: ¿por qué Jesús escapó tantas veces a Sus perseguidores y por qué en aquella noche no? De lo que sucedió entonces, quiero actualmente [1989] exponer sólo aspectos esenciales, pues tiene que ver con la Redención, la cual traje a todas las almas y hombres.

La Fuerza parcial de la Fuerza primaria, una parte de Mi herencia espiritual omnipresente, se desprendió porque la totalidad del pueblo judío no Me aceptó, y no acogió -es decir no cumplió- Mi enseñanza, la ley de la vida.

Yo asumí una parte de la culpa de la estirpe de David y una parte de la culpa de algunos de otras estirpes. Con estas fuerzas energéticas que provenían de la ley de siembra y cosecha, envolví poco antes de Mi captura Mi cuerpo espiritual puro. Esta envoltura Me hizo visible y aprehensible para las tinieblas.

Comprended: la estirpe de David es el puente para la encarnación de aquellos seres espirituales que se han incorporado al plan de Dios para la Tierra, y que han venido y vienen directamente del centro del eterno SER, para junto conmigo llevar de regreso todo lo que parecía perdido.

Desde David, han venido una y otra vez para prepararme los caminos y preparar la ejecución del plan de Redención, el plan de salvación. Estaba previsto que estos seres espirituales provenientes de la estirpe de David, estando en vestido terrenal, cumpliesen ante todo ellos mismos las leyes, mediante lo cual debían explicar las leyes de la vida a los judíos y serles un buen ejemplo -para que también éstos cumpliesen las leyes, a fin de poder reconocerme a Mí, Cristo, cuando viniese a ellos en Jesús.

Pero muchos seres espirituales, estando en vestido terrenal, como hombres se enredaron de encarnación en encarnación cada vez más, es decir que pecaron y cargaron sus almas, de manera que a causa del pecado dejaron de sentir para qué habían venido. A consecuencia de ello, los seres espirituales encarnados que provenían de otras estirpes y que debían obrar para el plan de Dios, tampoco pudieron encontrar soporte en los hombres de la estirpe de David.

En el transcurso de Mi obrar en Jesús de Nazaret, tuve que comprender que los seres espirituales -como hombres, judíos de la estirpe de David- no defendieron Mi causa porque sus cuerpos espirituales estaban demasiado ensombrecidos, es decir, se habían enredado en la ley de siembra y cosecha. Además, tuve que comprender que los judíos ciertamente hablaban de las leyes de la vida interna, pero no las guardaban, e incluso subyugaban a su prójimo con ellas. De forma similar a los hombres de la estirpe de David, estaban cegados por el pecado.

Yo sabía que tenía que sufrir a causa de la Obra de la Redención. Sabía -y también Me fue manifestado cuando fui elevado, durante la transfiguración, cuando se Me aparecieron querubines en vestido espiritual- que los seres espirituales -estando en vestido terrenal, hombres de la estirpe de David y de otras estirpes- debían llevar a cabo conmigo todo el plan de Dios: la Redención, y la fundación y la edificación del Reino de Dios en la Tierra. Sabía que el primer lugar para ello correspondía a la estirpe de David.

Para que a hijos e hijas de Dios les fuera posible y sigan pudiendo volver a encarnar a través de la estirpe de David, a fin de poder obrar en la Tierra a favor del plan de Dios, Me envolví con una parte de la culpa, ante todo de la estirpe de David, es decir, con la culpa de aquellas almas que formaban parte del plan de Dios y se habían cargado de tal modo, en anteriores encarnaciones, que durante muchas encarnaciones ya no habrían podido obrar para el plan de Dios.

Por haber envuelto Mi cuerpo espiritual con una parte de esta culpa, Me hice visible y aprehensible para las tinieblas. Por eso Me pudieron hacer preso.

Con lo que entonces siguió, es decir el interrogatorio, los azotes, el camino de la cruz, en que una y otra vez caí, hasta la crucifixión, cargué por la estirpe de David -y también por todos los judíos y, en último término, por todos los hombres de todas las generaciones, pasadas, presentes y futuras, hasta que el Reino de Paz abarque toda la Tierra.

Si la estirpe de David hubiese estado llena de luz y los judíos hubiesen cumplido las leyes de Dios desde los tiempos de Moisés, éstos habrían vivido las leyes omniabarcantes, junto con los hijos e hijas de la estirpe de David. No habría sido necesario para la Redención el acto del Gólgota, porque el Israel de entonces y la Jerusalén de entonces habrían sido el verdadero Israel y la verdadera Jerusalén -el Reino de Dios, que en aquel entonces habría podido obrar en toda la Tierra.

Ya antes de Mi tiempo terrenal, en la Tierra fueron una y otra vez creadas, por el espíritu de Mi Padre, posibilidades para erigir el Reino de Dios. Pero los hombres cayeron cada vez más en el pecado. Si la estirpe de David hubiese resistido, la crucifixión no habría tenido que suceder. Si el pueblo judío hubiese sido el verdadero pueblo de Dios, todo el plan redentor habría seguido otro curso, y Yo no habría tenido que desprender una parte de Mi herencia, la Fuerza parcial de la Fuerza primaria. No obstante, ahora ya está consumado, y el camino al corazón de Dios está libre para todas las almas y hombres.

Ahora la estirpe de David y hombres de otras estirpes están comenzando a cumplir cada vez más su misión en la Obra redentora, para que pueda venir el Reino de Dios a la Tierra. Está consumado. A la cruz la llamo por eso también cruz de Cristo-David.

 

El próximo capitulo


Libro, 1088 páginas.
ISBN 3-89371-260-7 P.V.P.: DM/SFr 25,- ÖS 183,- US$ 15,- 
Este libro también está disposición en otros idiomas

Transferir todo el libro a su ordenador


©Verlag Das Wort, 97828 Marktheidenfeld/Altfeld, Alemania Reservados todos los derechos. En todas las cuestiones relativas al sentido, la edición alemana tiene validez última.

Homepage   Cupón de pedido


Verlag DAS WORT GmbH , 97828 Marktheidenfeld/Altfeld, Alemania
E-Mail: info@das-wort.com Tel: (+49) 9391-504-135 Fax: -133
[an error occurred while processing this directive]