Editorial DAS WORT

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  La purificación del templo


Capitulo 71

La purificación del templo

Latigazos para alma y cuerpo (1-2). El verdadero servicio religioso (3-4). Sólo el sentido de la palabra da vida (5-7). Cada hombre se marca a sí mismo (8-11)

 

1. La fiesta de la Pascua de los judíos estaba próxima, y Jesús subió de nuevo a Jerusalén, desde Betania. Y encontró sentados en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y también a los cambistas.

2. Hizo un látigo de siete cuerdas y los arrojó a todos del templo. Dejó libres a las ovejas, bueyes y palomas, y tiró el dinero de los cambistas y derribó las mesas. (Cap. 71, 1-2)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

El látigo de siete cuerdas simbolizaba las siete fuerzas básicas de Dios, la ley de la vida.

Quien actúa contra la ley de Dios, va en contra de las siete fuerzas básicas de Dios, y con ello crea causas. Cada causa a la que no sigue a tiempo el arrepentimiento y la reparación, es un latigazo para alma y cuerpo.

Quien vaya en contra de la totalidad de las siete fuerzas básicas, recibirá los latigazos correspondientes, que son los efectos que ha de sentir en su cuerpo.

 

3. Y les dijo: "sacad todo esto de aquí, y no convirtáis la casa de Mi Padre en un mercado. ¿No está escrito: Mi casa será casa de oración para todos los pueblos? Pero vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones y llenado con toda suerte de abominaciones”.

4. Y no permitía que nadie transportara una vasija llena de sangre por el templo, o que se matara animales. Y Sus discípulos recordaron que está escrito: "el celo de Tu casa me ha consumido”. (Cap. 71, 3-4)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

"Mi casa será casa de oración para todos los pueblos”, significa: debe ser una casa o una gran sala donde se reúnan todos los hombres -sea cual sea su confesión o raza, vengan del pueblo, del país o de la posición social que vengan-. Se reunirán allí para orar, para alabar y honrar a Dios -y para aprender las leyes de Dios, a fin de cumplirlas.

Dios es el Uno, Unico, el Dios Padre-Madre de todos los seres y hombres -no hay otro Dios-. Por esto también debe existir un pueblo que adore a este Uno, Unico, sin ritos, cultos, dogmas o doctrinas.

Sobre Dios no hay que discutir ni intercambiar opiniones.

Dios está en el corazón de todos los seres y hombres. El es la vida en todo lo que es. Quien se respete a sí mismo, santificando su vida, también respetará a su prójimo y se volverá del agrado de Dios. No buscará explicar a Dios; pues vive en la corriente de la vida y no pregunta por la corriente.

Por eso no necesita cultos ni ceremonias, y tampoco discusiones. Quien se ha desprendido de estas externalidades, está conscientemente redimido y es uno con la vida que perdura eternamente.

Dios no quiere sacrificios de sangre. Estos, para El, son una atrocidad. El desea el corazón puro y sincero de Sus hijos, que cumplen las leyes de Dios, que Le guardan fidelidad en todas las cosas y que se aman unos a otros.

 

5. Entonces los judíos Le replicaron: "¿qué señal nos muestras para que veamos por qué haces estas cosas?” Jesús respondió diciéndoles: "os digo de nuevo: derribad este templo, y Yo lo levantaré en tres días”.

6. Los judíos replicaron: "¿cuarenta y seis años tardó este templo en ser edificado y Tú lo levantarás en tres días?” Pero El hablaba del templo de Su cuerpo.

7. Cuando resucitó de entre los muertos, Sus discípulos recordaron que les había dicho esto y creyeron en la Escritura y en la palabra que Jesús había dicho. (Cap. 71, 5-7)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Es mucho mejor no tomar la escritura y la palabra al pie de la letra, ni creerla al pie de la letra, es decir, no apegarse a la letra, sino entender el sentido de lo escrito y de lo hablado. Esto lo aprende el hombre mediante la realización de los mandamientos divinos; estos son los primeros pasos hacia el cumplimiento de las leyes eternas. Cuando el hombre pueda captar en profundidad el sentido de la palabra, ya no podrá ser desviado. La sola letra está muerta y no trae la vitalidad de la vida interna. Sólo la trae el sentido que hay en la letra, en la palabra. El significado de la palabra llena de vida al alma y al hombre.

Quien sólo oye la palabra, a menudo vive en el error. Pero quien entiende el sentido, el significado de la palabra, vive en la palabra, y también entiende la palabra, porque reconoce en ella la señal de Dios.

 

8. Pero los escribas y sacerdotes vieron y escucharon esto y se espantaron y buscaban cómo acabar con El; pues Le temían, viendo que todo el pueblo escuchaba Sus enseñanzas.

9. Al llegar la tarde, salió de la ciudad; pues durante el día enseñaba en el templo y por la noche se iba al monte de Olivos. El pueblo iba temprano, para escucharle en los patios del templo.

10. Encontrándose en Jerusalén, en la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en El, porque vieron los milagros que hacía.

11. Pero Jesús no se confiaba, pues los conocía a todos. Y no necesitaba que nadie diera testimonio de otro; pues bien sabía lo que había en cada hombre. (Cap. 71, 8-11)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

En las palabras "...pues bien sabía lo que había en cada hombre”, hay el sentido siguiente: mientras el hombre sólo escucha y lo que oye sólo lo cree, pero sin cumplirlo en la vida diaria, sigue siendo un hombre pecaminoso que juzga y condena. Hoy grita "hosanna” -mañana, "crucificadle”.

Cada hombre se marca a sí mismo con su forma de pensar, hablar y actuar. Su manera de pensar y vivir es el lápiz de dibujo con el que marca su cuerpo y graba su rostro. Así que en el rostro de cada hombre está escrito lo que piensa. Lo que el hombre piensa, es él.

Quien sólo cree y no lleva a la práctica su creencia, sigue siendo, a pesar de su creencia, el viejo hombre que conserva sus costumbres y vicios. Tales hombres no son de fiar, pues quien no cumple las leyes de Dios es una caña a merced del viento.

 

12. Ya que se aproximaba la fiesta de la Pascua, envió a dos de Sus discípulos para que preparasen la sala superior, donde deseaba comer con Sus Doce y para que compraran todas las cosas necesarias para la fiesta que quería celebrar con ellos. (Cap. 71, 12)

 

El próximo capitulo


Libro, 1088 páginas.
ISBN 3-89371-260-7 P.V.P.: DM/SFr 25,- ÖS 183,- US$ 15,- 
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