Esta es Mi Palabra
Alfa y Omega
El Evangelio de Jesús
La manifestación de Cristo
que el mundo no conoce
Acerca de la esencia de Dios
Las fuerzas del principio Padre-Madre están en
hombre y mujer; por lo tanto, ambos tienen igual valor (1-3).
Reconoced lo invisible en lo visible; ved en todo a Dios, la vida (4-5). Acerca de la ley
de la atracción en todo lo que es. La decisión sobre la obra redentora de Cristo en la
sala del trono de Dios. La misión de la Redención. Los portadores de la Sabiduría
divina tienen con Cristo la responsabilidad principal de la Obra de la Redención. Las
expediciones en que encarnan los hijos e hijas de Dios que forman parte de la misión. La
encarnación de Cristo. La misión sigue en pie hasta su cumplimiento (6-11). Los
espiritualmente muertos (12). El libre albedrío
nunca debe ser influenciado (13)
1. Jesús llegó a una fuente, cerca de Betania, en torno a la cual crecían doce palmeras, adonde a menudo iba con Sus discípulos para enseñarles los misterios del Reino de Dios. Se sentó allí con Sus discípulos, a la sombra de los árboles.
2. Y uno de ellos dijo: "Señor, desde antiguo está escrito que Elohim creó al hombre según Su propia imagen, creando hombre y mujer. ¿Cómo, pues, has dicho que Dios es Uno? Y Jesús les dijo: "en verdad os digo que en Dios no hay ni hombre ni mujer, y sin embargo ambos son uno y Dios es ambos en uno. El es Ella, y Ella es El. Elohim -nuestro Dios- es perfecto, infinito y uno.
3. "De modo que en el hombre está personificado el
padre y oculta la madre; así, en la mujer está personificada la madre y oculto el padre.
Por eso el nombre del padre y de la madre serán igualmente santificados, porque ellos son
las grandes fuerzas de Dios, y el uno no es sin el otro, en el Dios Uno. (Cap. 64, 1-3)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
En el espíritu de Dios, la ley de la vida interna, no hay sexos, sino las fuerzas donante y receptora. Llamo a la fuerza donante principio masculino y a la fuerza receptora principio femenino.
Comprended: cuando hablo del hombre o de la mujer, hablo de los dos polos, de los dos principios de la vida, los polos donante y receptor, es decir los principios masculino y femenino. En el hombre, el polo o principio masculino, están manifiestas las fuerzas del padre: el polo donante, también llamado elemento espiritualmente creador o generador, pero estando también albergado en él el polo femenino, el principio femenino, la madre: la vida receptora y conservadora. Análogamente, en la mujer, en el polo receptor, el principio femenino, están manifiestas las fuerzas de la madre, que recibe y conserva la vida, estando también albergado en ella lo masculino, lo donante, el padre.
Ambas fuerzas, los principios donante y receptor, están sintonizadas una con otra. Como seres, son dos -y, sin embargo, uno: el principio donante y el principio receptor y conservador-. Tal como el principio donante, lo masculino, tiene mayor parte de fuerzas creadoras y menor parte de fuerzas femeninas, es decir receptoras, lo femenino, el principio receptor, el polo receptor, tiene más aspectos femeninos, maternos por tanto, y menos masculinos, paternos, es decir fuerzas donantes.
Comprended: en cada fuerza, ya sea donante o receptora, está contenido el SER. Por eso debería respetarse a la mujer igual que al hombre; pues en cada uno de ellos están contenidas ambas fuerzas, tanto el elemento masculino como el femenino, los principios padre y madre. Por eso vuestro Padre, que también es Mi Padre, es el Dios Padre-Madre. Ambas fuerzas están unidas en El y son activas en todo lo que es. Este es el espíritu impersonal de la vida interna, el amor desinteresado, la fuerza y la sabiduría.
Quien en el mundo considera inferior a la mujer y pone al hombre por encima de la mujer, infringe la ley de la vida, el principio Padre-Madre, que es la ley universal.
4. "Adorad a Dios, que está por encima de vosotros, debajo de vosotros, a vuestra derecha y a vuestra izquierda, delante de vosotros, bajo y detrás de vosotros, dentro de vosotros y alrededor de vosotros. En verdad, sólo hay un Dios. El es todo en todo, y en El existen todas las cosas, el manantial de toda vida y de toda sustancia, sin principio y sin fin.
5. "Las cosas que son visibles y que pasan son
materializaciones de lo invisible, que es eterno, para que por las cosas visibles de la
naturaleza lleguéis a las cosas invisibles de la divinidad; y para que por las cosas
naturales lleguéis a las sobrenaturales. (Cap. 64, 4-5)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Habéis leído que todas las cosas que son visibles son materializaciones de lo invisible, de lo eterno. Por tanto, aprended a reconocer en todas las cosas visibles la Vida, lo invisible, lo que está oculto en todo.
Al hombre que se esfuerce en realizar las leyes de Dios, todo se le hará
manifiesto. El ve lo que le es oculto al que está orientado al mundo: la Vida que es la
fuerza y el SER en todo. Esta Vida es la herencia del alma, el Espíritu, Dios, que es la
Vida y la sustancia y la forma de la Vida -es decir:
todo-en-todo.
Comprended: cada alma debe volver a aceptar su herencia, lo que es invisible para el hombre, lo espiritual-divino; pues cada ser puro tiene su origen en el Espíritu, en Dios, y cada alma se purificará y como ser puro regresará al origen, al Espíritu, Dios, a la Vida, al principio Padre-Madre.
6. "En verdad Elohim creó al hombre a imagen y semejanza de Dios, masculino y femenino, y toda la naturaleza es una imagen de Dios; por eso Dios es ambos, masculino y femenino, no divididos, sino ambos en uno no dividido y eterno, en el que son todas las cosas, las visibles y las invisibles.
7. "Del Eterno han partido y al Eterno retornarán. El espíritu al espíritu, el alma al alma, la mente a la mente, el sentimiento al sentimiento, la vida a la vida, la forma a la forma, el polvo al polvo.
8. "En el principio es la Voluntad de Dios, y luego surgieron Su hijo amado, el Amor divino, y la hija amada, la santa Sabiduría, igualmente del manantial eterno y Uno; y de ellos provienen las estirpes de los seres espirituales de Dios, los hijos e hijas del Eterno.
9. "Y éstos bajan a la Tierra y habitan entre los hombres, enseñándoles los caminos de Dios, a amar las leyes del Eterno, a obedecerlas para que encuentren salvación en ellas.
10. "Muchos pueblos han visto su día. Bajo diversos nombres se les han manifestado, y los pueblos se han regocijado en su luz; y precisamente ahora vuelven a vosotros, pero Israel no los recibe.
11. "En verdad os digo a vosotros, Mis Doce, a los
cuales Yo he elegido: todo lo que fue dicho por ellos en tiempos pasados, es verdad -aunque desfigurado por las ideas y conceptos equivocados de los
hombres. (Cap. 64, 6-11)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Todo lo puro está en Dios y todo lo puro viene de Dios.
Del Eterno vienen seres de luz a la Tierra -al Eterno regresan.
La ley de la atracción dice: quien vive en el espíritu de Dios, también se mueve en el espíritu de Dios, porque en El tiene su hogar.
De acuerdo con esta ley de la atracción -los iguales se atraen-, un alma o un hombre se encuentran con las almas o los hombres que llevan en sí mismos cosas iguales o parecidas a las suyas, para que juntos purifiquen lo que es pecaminoso. Así un intelectual se juntará con intelectuales que han registrado y mueven en sus consciencias cosas iguales o parecidas a las suyas. Un hombre sensible se junta a su vez con hombres sensibles. Si tienen que purificar algo unos con otros, al reunírseles les es dada la posibilidad para ello.
De este modo el aspecto divino vuelve a encontrar el aspecto divino. Es decir, almas y hombres que tienen iguales o parecidas predisposiciones para la vida interna, se encuentran para ayudarse y servirse mutuamente y desarrollar cada vez más la vida interna, la vida que todo lo une. Así las formas se encuentran; pues cada forma irradia su nivel de consciencia y es irradiada por la vida interna, para que sustancia y forma puedan elevarse a la forma espiritual inmediatamente superior.
El polvo encuentra su misma sustancia, polvo, y vive como fuerza y consciencia en Dios, que también vive en la mota de polvo y la estimula a evolucionar y la conduce a la forma espiritual inmediatamente superior.
Los iguales se unen. En el mundo material se unen los hombres, en los reinos de
las almas las almas -y en el eterno SER se une todo lo
que se encuentra en la evolución espiritual: minerales y plantas y animales y seres de la
naturaleza, espirituales.
Dios, el Padre eterno, ha creado y crea, desde el Espíritu eterno -el principio Padre-Madre-,
principios masculinos y principios femeninos, los hijos e hijas de Dios, los seres
espirituales que han surgido y surgen de Su amor y sabiduría, del único manantial, Dios.
Cuando los acontecimientos de la Caída llegaron cerca de su punto más bajo, Yo,
el Hijo, el Corregente de los Cielos, fui a la Tierra para llevar a los hombres la
Redención. En el "está consumado que pronuncié en la cruz a través de Mi
cuerpo terrenal, Jesús, aconteció la salvación en todas las almas: Mi herencia, la
Fuerza parcial de la Fuerza primaria, se dividió en destellos y se introdujo en todas las
almas. El destello redentor comenzó a brillar en cada alma y desde entonces le es soporte
y salvación.
Antes de que Yo, Cristo, abandonara los Cielos, para obrar en Jesús de Nazaret, en la sala del trono del Eterno fue decidida Mi gigantesca y poderosa Obra de la Redención.
Muchos hijos e hijas de Dios aportaron una parte de su potencial de luz espiritual a la misión redentora, y con ello forman parte de la Obra de la Redención. La obra redentora conduce de regreso a todas las almas, es decir, las hace retornar al hogar, a su interior, para que después del fallecimiento del cuerpo terrenal el ser proveniente de Dios pueda entrar de nuevo en Dios, en la ley de la vida y del amor.
Los hijos e hijas de Dios encarnaron en diferentes estirpes, en primer lugar en la estirpe de David, que conduce la Obra de la Redención. Encabezando a todos va la Sabiduría divina, que es el tercer atributo de Dios, representado por el querubín de la Sabiduría divina, por el tercer ángel de la ley.
Como ya he manifestado, el principio femenino del portador de la Sabiduría divina está en vestido terrenal [1989], y el principio masculino en vestido espiritual. Ambos -el dual espiritual femenino en vestido terrenal y el dual espiritual masculino en espíritu- tienen conmigo, Cristo, la responsabilidad principal de la Obra de la Redención y encabezan a los hijos e hijas de Dios que forman parte de la misión de la Redención. Todos éstos tienen la misión de enseñar a los hombres el camino a Dios, de instruirles en que amen y guarden las leyes del Eterno -y en que obedezcan a Dios en todo-. Con ello los hombres encuentran el destello redentor en sus almas y hacen que brille cada vez más. Este les es entonces luz para el camino al eterno SER; es el Cristo de Dios, que vive en el Padre.
Así ha sucedido y sucede: en un determinado orden legítimo encarnaron en las estirpes de esta Tierra los hijos e hijas que ya han formado y siguen formando parte de la misión de la obra redentora, todos ellos encabezados por la pareja dual de la Sabiduría divina.
En la Antigua Alianza vinieron del Cielo, encarnando en la Tierra, las primeras expediciones -los primeros hijos e hijas que forman parte de la misión de la obra redentora-. Me prepararon a Mí, Cristo, los caminos hasta los hombres. Primero vino a esta Tierra, como profeta, el principio masculino, el querubín de la Sabiduría divina, y anunció la llegada del Redentor.
Sin que como hombre, hallándose en vestido terrenal, él fuera consciente de ello, algunos de los hijos e hijas de Dios fueron colocados a su lado para llevar a cabo junto con él en la Antigua Alianza lo que estaba previsto por el espíritu de Dios para aquel tiempo. Cuando finalizaron su existencia terrenal, algunos de estos hijos e hijas de Dios provenientes de las primeras expediciones, que apenas se habían cargado, regresaron al eterno SER ante el trono del Padre, encabezados por el principio masculino de la Sabiduría divina, el querubín que en la Tierra había servido como profeta al Eterno.
Sin embargo, la misión en la obra redentora ha permanecido y permanece en ambos principios de la Sabiduría divina como sello para el Nuevo Tiempo -es decir, grabado indeleblemente hasta el cumplimiento de la misión-, e igualmente en todos los hijos e hijas de Dios que forman parte de la misión.
Algunos de ellos, que se habían despojado de su vestido terrenal, se juntaron en los lugares de purificación para formar nuevas expediciones -conjuntamente con los que ahora venían de los Cielos- a fin de entrar de nuevo en un vestido terrenal. Una y otra vez encarnaron expediciones de hijos e hijas de Dios, entre ellos también muchos que no habían cumplido su misión en las primeras expediciones que encarnaron.
En el sucederse de encarnaciones se produjeron cargas en sus almas. Algunos cumplieron una parte de su misión, otros en cambio cargaron sus almas. Regresaron a los reinos de las almas y estuvieron entonces como almas en los respectivos ámbitos que correspondían a sus niveles de consciencia.
Una y otra vez se formaron nuevas expediciones de hijos e hijas de Dios para prepararme a Mí, el Cristo, los caminos en la Tierra. Finalmente se reunió la expedición decisiva para la obra redentora: Yo, Cristo, el Hijo de Dios, el Corregente de los Cielos, vine a un vestido terrenal, y conmigo vinieron muchos hijos e hijas de Dios, para servirme y ayudarme. Muchos estuvieron entre Mis seguidores; habían encarnado en familias romanas y judías. Muchos de estos hijos e hijas de Dios tenían ya el alma cargada, por sus encarnaciones anteriores, y hallándose entonces en vestido terrenal no reconocieron el gran acontecimiento. A pesar de ello, traje a los hombres una parte de Mi herencia divina. Fui sostenido por el Padre y por los mensajeros de la luz y por los pocos hijos e hijas en vestido terrenal que Me reconocieron a Mí, su Hermano y Redentor, el Redentor de la humanidad.
Tras Mi regreso al Padre, como Corregente de los Cielos y Redentor de la humanidad, partió la siguiente expedición espiritual a la existencia terrenal. De nuevo se juntaron en los lugares de purificación hijos e hijas de Dios con hijos e hijas de Dios que provenían de los Cielos, para encarnar conjuntamente. Encabezando a todos, vino con esta expedición el principio femenino de la Sabiduría divina. Después de fallecer sus cuerpos, también estas almas regresaron, bien a los ámbitos de las almas, bien a ámbitos más luminosos.
Así han venido y vienen hijos e hijas de Dios a los hombres, expedición tras expedición, para instruirles acerca de las leyes de la vida, para que amen a Dios y Le obedezcan, y así encuentren en Cristo el camino de regreso al hogar, a Dios, su y nuestro Padre. Cada vez trajeron también a la Tierra la idea del Reino de Dios, de manera que paulatinamente toma forma y configuración en la Tierra: es el Reino de Paz de Jesucristo. Una y otra vez vino, encabezando a todos, el principio femenino de la Sabiduría divina, para, obrando en cooperación con su dual espiritual, el positivo de la Sabiduría divina, que permaneció y permanece en vestido espiritual, seguir preparándoles los caminos a los hijos e hijas de Dios.
Desde Mi existencia terrenal han pasado casi dos mil años. Muy paulatinamente, se está cumpliendo la voluntad del Eterno en y a través de los hijos e hijas de Dios. Más y más están cumpliendo ellos en la Tierra lo que forma parte de la misión de la Redención: enseñar conmigo, Cristo, a todos los hombres a guardar las leyes de la vida y del amor, a fin de llegar a ser libres para el Reino de Dios. Los hijos e hijas de Dios que forman parte de la misión de la Redención estarán yendo y viniendo hasta que se haya cumplido lo que Yo, el Cristo, he prometido: un rebaño y un Pastor, un pueblo en Mí, el Cristo, un Reino en la Tierra, el Reino del Eterno.
La misión del Hijo, que Yo Soy, es traer de regreso a casa todo lo que parecía
perdido. Esta misión está en los corazones de aquellos que Me sirven en la Obra de la
Redención.
Comprended: hasta que no se haya cumplido toda la obra redentora -tanto en la Tierra como en los lugares de purificación-, todos estos hijos e hijas de Dios, encabezados por la Sabiduría divina, formarán parte de la misión redentora.
En Mí, el Cristo, cada alma encuentra cómo llegar y llega al Padre.
"Muchos pueblos han visto su día. Bajo diversos nombres se les han manifestado, y los pueblos se han regocijado en su luz; y precisamente ahora vuelven a vosotros, pero Israel no los recibe, significa: los hijos e hijas de Dios vinieron, encabezados por la Sabiduría divina, tanto en la Antigua como en la Nueva Alianza, y en el tiempo actual [1989] vuelven a estar entre los hombres, a fin de actuar como pioneros para el Nuevo Tiempo.
Ha comenzado el cambio de era del viejo mundo pecaminoso a la nueva era de la luz y del amor. Muy paulatinamente, florecerá la vida en Mí, el Cristo de Dios.
Como Israel no Me ha acogido a Mí, el Hijo de Dios, ni a los demás hijos e hijas de Dios que han formado y forman parte de la misión de la Redención, Israel se está formando ahora en otro país, y también ahí la Nueva Jerusalén.
12. Y entonces dijo Jesús a María Magdalena:
"está escrito en la Ley que quien abandone al padre y a la madre morirá. Pero la
Ley no habla de los padres de esta vida, sino de la luz que habita en nosotros, que está
en nosotros hasta el día de hoy. (Cap. 64, 12)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
El sentido de las palabras, "...quien abandone al padre y a la madre morirá, es el siguiente: el Dios Padre-Madre es Padre primario y Madre primaria de cada ser espiritual y de cada hombre. Es la luz que habita en el interior. Cuando el hombre la abandona pecando a sabiendas, está espiritualmente muerto. Vagará intranquilo en las sombras de su yo, hasta que su alma despierte y aspire al renacimiento en el espíritu de Dios para volver a unirse con el Dios Padre-Madre.
13. "A quienes, pues, se separen de Cristo, el
Redentor, de la ley santa y de la colectividad de los elegidos, dejadles morir. Sí, dejad
que se pierdan en las tinieblas exteriores; pues así lo han querido y nadie puede
impedírselo. (Cap. 64, 13)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Estas palabras significan: quien se separa de Mí, el Cristo, se separa de la ley eterna, de Dios, y de la colectividad de los que cumplen Su voluntad. Permanecerá en las tinieblas y estará espiritualmente muerto, hasta que busque la luz del mundo, que Yo Soy en él.
Cada alma y cada hombre tienen el libre albedrío, pudiendo cumplir las leyes de Dios o andar en las tinieblas. Dado que el cuerpo espiritual -llamado alma cuando está cargado- procede de Dios, para cada alma llegará el momento en que acoja y realice lo que la hará libre: la ley del amor y de la vida. Pero si alma y hombre quieren andar en las tinieblas, conforme a la ley del libre albedrío tendrán que cargar con lo que hayan causado en las tinieblas: los efectos de su siembra.
La ley de la justicia dice: cada cual tiene el libre albedrío, pudiendo aceptar o rechazar lo divino. Pero cada cual tiene que cargar él mismo con lo que ha creado.
Las palabras, "que se pierdan, significan: dejad el libre albedrío a vuestro prójimo -y tampoco le obliguéis a aceptar lo divino que le libera-. Las leyes divinas deben ser enseñadas a los hombres; pero que el hombre las utilice o cuándo hará uso de ellas, eso hay que dejárselo a él. Quien tenga esto en cuenta, cumplirá la voluntad de Dios, que dice: cada cual ha de aceptar libremente lo que es divino. Quien obliga a ello a su prójimo, está actuando contra la justicia, el amor y la libertad de Dios.
Libro, 1088 páginas.
ISBN 3-89371-260-7 P.V.P.: DM/SFr 25,- ÖS 183,- US$ 15,-
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