Esta es Mi Palabra
Alfa y Omega
El Evangelio de Jesús
La manifestación de Cristo
que el mundo no conoce
Acerca de los niños pequeños. La parábola de los peces.
Perdón de los pecados
Conducid a los pequeños a Mí. ¿Quién es "el
más grande en el Reino de Dios? (1-2). Causar disgusto al prójimo, y sus
consecuencias (3). Tarea de los padres (4-5). Los ojos terrenales y el ojo espiritual.
Dios es la irradiación universal, la ley universalmente fluente (6-9). Purificar conforme
al mandamiento de la paz. Atar y desatar. Ruego a Dios, y su cumplimiento (10-12). Cada
cual es su propio juez. Perdonar, derecho y justicia. Hombre y Estado (13-20)
1. Durante ese mismo tiempo se acercaron los discípulos a Jesús y Le preguntaron: "¿quién es el más grande en el Reino de Dios?. Y Jesús, llamando a Sí a un niño pequeño, lo puso en medio de ellos y dijo: "en verdad os digo, si no cambiáis y os volvéis tan inocentes y dóciles como este niño pequeño, no entraréis en el Reino de los Cielos.
2. "Quien se haga ingenuo como este niño, será el
más grande en el Reino de los Cielos. Y el que en Mi nombre acoge a un niño como éste,
a Mí Me acoge. (Cap. 57, 1-2)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Muchas almas vienen a este mundo con el propósito de purificar en vestido terrenal lo que en ellas todavía es contrario a la ley divina. También vienen sabiendo que pueden ser probadas y seducidas. Perciben perfectamente en su cuerpo terrenal, que aún está desarrollándose, qué es lo bueno y qué es lo menos bueno. Las almas que encarnan conscientemente, son muy sensitivas, pues vienen animadas por el deseo de volverse divinas.
Quien desprecia o incluso seduce a uno de estos niños pequeños, orientándolo a este mundo, está pecando contra el Espíritu Santo. Hubiese sido mejor para él no haber aspirado al nacimiento terrenal. En cambio, quien se esfuerza en llevar una vida legítima y cuida de conducir hacia Mí a los niños pequeños cuyos cuerpos terrenales están desarrollándose, es él mismo un ser luminoso que aspira al perfeccionamiento, al renacimiento en el espíritu de Dios.
El sentido de la palabra "ingenuo, es: comprensivo, sencillo, misericordioso y bondadoso.
Quien no dude de Dios ni sea arrogante frente a su prójimo ni pretenda saberlo todo mejor que los demás, sino realice los mandamientos de Dios, se volverá sabio. El sabio sirve desinteresadamente a su prójimo. No pide reconocimiento ni recompensa. Se regala desde la vida de Dios, es decir desde la plenitud. Es "el más grande en el Reino de Dios, porque cumple las leyes de Dios.
La expresión, "el más grande, se refiere a la ley universal. "Ser el más grande en el Reino de los Cielos, significa: tras la muerte física, retornar a la Ley Absoluta, a los seres de la luz, que viven en la Ley universal, en el más grande, en el Eterno, en el Uno universal, Dios.
3. "¡Ay del mundo, por los disgustos! Es imposible
que no haya disgustos, pero ¡ay de aquel por quien ocurra el disgusto! Por eso si tus
avideces o tus placeres ocasionan disgusto a otros, échalos de ti; pues mejor te es
entrar en la vida sin ellos, que ser arrojado al fuego eterno con ellos. (Cap. 57, 3)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Por tanto, cuidad que nada salga de vuestra boca que no sea divino y de no hacer nada que dañe a vuestro prójimo o a los reinos de la naturaleza. No ejerzáis presión sobre vuestro prójimo, para poder entregaros a vuestras avideces y pasiones.
No seáis, pues, objeto de disgusto para nadie con vuestro comportamiento humano, con vuestras inclinaciones y emociones; pues si vuestro prójimo no os perdona, podría ser que tuvierais que soportar durante mucho tiempo los sufrimientos y tormentos con los que vuestro prójimo tuvo que cargar, soportándolos por vuestra causa.
El reconocimiento de lo que habéis ocasionado a vuestro prójimo puede ser muy doloroso en vuestra alma, asemejándose al fuego -dependiendo de qué causas hayan sido creadas por vosotros.
El sentido de la expresión, "fuego eterno, es: un sufrimiento que dura eones.
4. "Cuidad de no descuidar a uno de estos pequeños;
pues os digo que sus ángeles ven de continuo en los Cielos la faz de Dios. Porque el Hijo
del hombre ha venido a salvar lo perdido. (Cap. 57, 4)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
"...sus ángeles, significa: el alma luminosa de un niño todavía vive conscientemente en Dios y contempla la vida interna, que es Dios.
5. "Igualmente, no es la voluntad de vuestro Padre
en el Cielo que uno de estos pequeños sea dañado. (Cap. 57, 5)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Las palabras, "igualmente, no es la voluntad de vuestro Padre en el Cielo que uno de estos pequeños sea dañado, quieren decir: los hijos son hijos del Dios Padre-Madre y sólo confiados a sus padres terrenales para esta existencia terrenal. Cuando es engendrado el cuerpo terrenal y en el momento del nacimiento del hijo, el Eterno transfiere a los padres la tarea de atender de forma correcta el cuerpo del niño y de aceptar y acoger al niño, de protegerlo y cuidarlo y de acompañarlo durante el transcurso de su vida -mediante una vida ejemplar y mediante buenas obras en la familia y para con el prójimo.
6. Vinieron algunos, llenos de dudas, a Jesús y dijeron: "Tú nos dices que nuestra vida y nuestro ser son de Dios, pero nunca hemos visto a Dios, ni conocemos a Dios alguno. ¿Nos Lo puedes mostrar, al que Tú llamas el Padre y el único Dios? No sabemos si hay un Dios.
7. Jesús les respondió diciendo: "escuchad esta parábola de los peces. Los peces de un río hablaron unos con otros, diciendo: nos dicen que nuestra vida y nuestro ser provienen del agua, pero nunca hemos visto agua, no sabemos qué es. Entonces algunos de ellos, más sabios que los otros, dijeron: hemos oído que en el mar habita un pez sabio y docto que conoce todas las cosas. Vayamos a verle y pidámosle que nos muestre el agua.
8. "Varios de ellos emprendieron viaje para buscar a este sabio pez, hasta que llegaron finalmente al mar donde habitaba el pez sabio, y se lo preguntaron.
9. "Tras haberlos escuchado, les dijo: '¡oh, peces
tontos, que no pensáis! Sabios sois vosotros, los pocos que buscáis. En el agua vivís y
os movéis y tenéis vuestra existencia; venís del agua y volveréis al agua. Vivís en
el agua, pero no lo sabéis'. Del mismo modo, vosotros vivís en Dios, y, sin embargo, Me
pedís que os muestre a Dios. Dios está en todo, y todo está en Dios. (Cap. 57,
6-9)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
El que duda ve las cosas y sucesos dentro de los límites de la materia. Los ojos terrenales sólo perciben lo terrenal, la sustancia condensada, la materia. Sólo las cosas y los sucesos de este mundo son por tanto percibidos por los ojos terrenales y registrados por las células del cerebro.
El ojo espiritual, el ojo del alma, ve detrás de la materia; su mirada atraviesa la sustancia material, él contempla las cosas y los sucesos de este mundo a la luz de la ley eterna. Y los finos sentidos del alma reconocen lo verdadero y lo falso.
Dios es ley -y quien vive en la ley de Dios, toma y da del manantial de vida eterna, de la verdad-. El hombre que está en el océano Dios ve la sustancia material como reflexión, como reflejo de la verdad formado por el obrar de la oscuridad contrario a la ley divina. El que duda, en cambio, considera a la sustancia material gruesa como la verdadera vida y sólo ve los reflejos del yo humano.
Quien considera a la materia como lo verdadero, toma por realidad reflejos ilegítimos, porque vive en esta falsa luz, en este mundo de pensamientos.
El alma y el hombre que viven en Dios no preguntan: ¿quién o qué es Dios? -o ¿hay un Dios?-. Viven en Dios, y Dios obra a través de ellos.
Dios es el océano cósmico. Dios es irradiación, Dios es luz, Dios es energía, Dios es amor y sabiduría. Dios es la naturaleza, el mundo animal y el firmamento estrellado. Dios es el alfa. El es el omega para la sustancia material gruesa; pues la verdad es eternidad -y la eternidad es de sustancia sutil.
El SER -la Fuerza primaria-, en el que viven todas las criaturas y seres puros, es eterno, de eternidad a eternidad, porque Dios es eternidad.
El hombre vive y se mueve únicamente gracias a la Vida, Dios, que está en él y en todas partes -omnipresente-. Y todo lo que vive, vive de Dios.
Dios es irradiación universal, Dios es todo en todo, el océano, la vida y el amor. Todo lo puro consiste en innumerables aspectos de la vida y del amor. También los seres puros, los seres espirituales, son -como imagen y semejanza del Padre- la irradiación universal, la ley. Dios es la ley fluente universal. Los seres divinos, los seres espirituales, son la ley eterna comprimida; se mueven en la corriente universal, Dios.
Quien sólo nada en el cauce de lo temporal, no vive conscientemente en el océano Dios; por eso pregunta por Aquel que le mantiene, alimenta y pulsa en él. No hay vida sin Dios, el océano universal.
10. Jesús habló otra vez a los discípulos: "si tu hermano o tu hermana pecan contra ti, llama la atención a solas a tu hermano o a tu hermana. Si te escuchan, les habrás recobrado; pero si no te escuchan, toma contigo a uno o más para que por boca de dos o tres testigos sea confirmada cada palabra.
11. "Y si no quieren escucharlos, dilo a la Comunidad, y si tampoco quieren escuchar a la Comunidad, considéralos como a quienes están fuera de la Comunidad. En verdad os digo, todo cuanto atéis con rectitud en la Tierra, será atado en el Cielo, y todo cuanto con rectitud desatéis en la Tierra, será desatado en el Cielo.
12. "Y de nuevo os digo: si siete de vosotros, o con
que sólo tres de vosotros se aúnen sobre la Tierra en lo que piden, ya está hecho por
Mi Padre, que está en el Cielo; pues aunque sólo estén tres unidos en Mi nombre, allí
estoy Yo en medio de ellos, y aunque sólo hubiera uno, Yo estoy en el corazón de ese
uno. (Cap. 57, 10-12)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Mientras haya sustancia material gruesa y hombres que todavía no vivan en la ley, en Dios, el SER, el amor eterno, obrará la ley de siembra y cosecha.
A los hombres que viven en la ley de siembra y cosecha, dio Dios un mandamiento que contribuye a la paz y a mantener la paz, si el hombre lo cumple:
Si tu hermano o tu hermana pecan contra ti, ve y llama la atención sobre sus faltas a tu hermano o a tu hermana -sin que estén presentes segundos o terceros-. Si te escuchan y aceptan lo que -sin emociones- les has aconsejado, y luego actúan conforme al mandamiento de la paz, los has ganado para Dios. Pero si no te quieren escuchar y si lo que hay pendiente es importante para tu vida o para la vida de tu prójimo o para el mundo, toma a dos o más contigo, de modo que puedan escuchar y confirmar estas tus palabras.
Si tu hermano o tu hermana tampoco entonces quiere escuchar ni aceptar lo que dices, expón esto ante la Comunidad en presencia de todos los implicados. Y si aquél o aquélla tampoco quiere escuchar a la Comunidad, con ello se coloca fuera de la colectividad que se esfuerza en cumplir la voluntad de Dios. Entonces debe vivir en el antepatio, fuera de la Comunidad, es decir en el mundo.
Este mandamiento es importante. Si habéis actuado conforme a este mandamiento, pero sin que vuestra petición haya sido escuchada ni acogida, esto se hará manifiesto, a más tardar en los lugares de purificación, al alma o a las almas que se hayan negado a seguir este mandamiento. Entonces también volverán a presentarse los testigos.
Sin embargo, quien no desea cambiar y mantiene lo pecaminoso que hay en él, y a pesar del ruego y de la sugerencia de abandonar la Comunidad no la abandona, será considerado por la Comunidad como si ya no fuera miembro de la Comunidad. Pero si envenena a miembros de la Comunidad con su irradiación contraria a la ley divina y su forma de hablar y actuar contraria a la ley divina, y éstos se rebelan junto con él contra los que se esfuerzan por alcanzar a Dios, cargará con la culpa principal por la agitación que hay en la Comunidad, y la ley de siembra y cosecha le pasará cuentas; pues si no estás con tu prójimo, estás contra él. En ese caso, también debes asumir las consecuencias derivadas de ello.
Las palabras, "atéis con rectitud en la Tierra, significan: si creéis que lo que habéis adquirido legítimamente es propiedad vuestra -es decir, si lo atáis a vosotros-, esto es contrario a la ley celestial de la libertad, del no estar atado, y está registrado en la ley de causa y efecto. Ninguna atadura -ya sea a hombres o a cosas- tiene cabida en el Cielo. La palabra terrenal "atadura, quiere decir: el hombre se ata a lo que quiere y valora en el mundo, a lo que pone por encima de los dones de Dios.
Atadura es lo contrario de libertad, de estar desprendido. Quien se desprenda de lo terrenal, no considerándolo como propiedad suya y como pertenencia suya, entrará como ser espiritual en los Cielos y vivirá en la plenitud de Dios.
Las instrucciones siguientes de Dios, la Ley eterna, son a la vez mandamientos para los hombres, para desarrollar la vida interna.
Si se reúnen hombres en Mi nombre, da igual cuántos sean, y se esfuerzan conjuntamente en cumplir las leyes de Dios, ya se ha cumplido en su alma lo que han pedido a Dios -si es bueno para alma y hombre-. Se les hará manifiesto cuando el tiempo esté maduro para ello.
Yo, el Cristo, estoy en medio de los hombres y almas que honran en su forma de pensar y obrar al Altísimo. Incluso si sólo es uno el que pide los dones de salvación y se esfuerza en cumplir las leyes de Dios, también en su alma se ha cumplido ya la petición, antes de que haya pedido; pues el Padre eterno ve a sus hijos en la luz de la ley eterna y los conoce, y dará a sus corazones sinceros lo que sea bueno para ellos.
Por eso, consolaos: Dios conoce a todos Sus hijos. El ve dentro de cada corazón. Y si uno de Sus hijos -por amor a El- Le honra en todo, Yo, el Cristo, obro en su corazón.
13. Entonces se Le acercó Pedro y preguntó: "Señor, ¿cuántas veces puede pecar mi hermano contra mí y yo perdonarle? ¿Siete veces? Jesús le dijo: "te digo, no siete veces, sino setenta veces siete; pues también en los profetas había injusticia, incluso después de que fueran ungidos por el Espíritu Santo.
14. Y les contó esta parábola: "había un rey que quería pasar cuentas a sus siervos. Y al comenzar a pasar cuentas se le presentó uno que le debía diez mil talentos. Como no podía pagar, su señor mandó que fuese vendido él, y su mujer y sus hijos y todo lo que poseía, para que se pagara la deuda.
15. "Entonces el siervo, cayendo de hinojos, le pidió, diciendo: ¡señor, ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo! El señor se compadeció y le dejó libre y le condonó la deuda.
16. "Pero el mismo siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios, y sujetándole le agarró por el cuello, gritando: ¡págame la deuda!
17. "Y su compañero cayó de rodillas y le suplicaba, diciendo: ¡ten paciencia conmigo y te pagaré todo! Pero él se negó, y marchándose lo hizo encerrar en la prisión hasta que pagara la deuda.
18. "Viendo sus compañeros lo que había hecho, se entristecieron mucho y contaron a su señor todo lo que había sucedido.
19. "Entonces el señor le hizo llamar y le dijo: ¡oh siervo malo, te condoné tu deuda, porque me lo pediste! ¿No tendrías que tener también tú compasión de tu compañero, igual que yo tuve compasión de ti? Y su señor se irritó y lo entregó a los torturadores hasta que pagase todo lo que debía.
20. "Igual os juzgará el Padre celestial, si no
perdonáis de corazón a cada uno su deuda, sea hermano o hermana. No obstante, procurad
que cada uno pague lo que debe, pues Dios ama a los honestos. (Cap. 57,
13-20)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Perdonar y pedir perdón hacen libre al hombre y luminosa al alma.
Quien perdona, sea cual sea la frecuencia con que su prójimo ha pecado y peca contra él, no carga su alma y también mantiene su cuerpo libre de cargas. Quien perdone de corazón, perdonará una y otra vez -sea cual sea la frecuencia con que se peque contra él con sensaciones, pensamientos, palabras o actos-. Quien perdone a su prójimo sin pensar sobre él de forma contraria a la ley divina, no estará atado al pecador. Pero quien piensa negativamente sobre el pecador, está atado al deudor de modo correspondiente a la intensidad de sus pensamientos.
La sentencia dice: con la medida con que midas serás medido. Esto significa: la medida de tus sensaciones, pensamientos, palabras y actos contrarios a la ley divina es tu juez -y no Dios.
Por tanto, no pienses de forma contraria a la ley divina, sobre aquellos que pecan contra ti. Perdona y perdona una y otra vez -y permanecerás libre de la carga del pecado y no estarás atado al pecador.
El pecador, en cambio, estará atado a ti hasta que se haya vuelto comprensivo y ya no cometa, ni contra ti ni contra otros semejantes, lo que ya hace mucho tiempo que le fue perdonado por ti.
Perdona y pide perdón. No dejes pendientes las causas. En cuanto las reconozcas, debes purificarlas.
"Igual os juzgará el Padre celestial, si no perdonáis de corazón a cada
uno su deuda, sea hermano o hermana, significa: de igual modo, el Padre celestial no
os perdonará si no perdonáis de corazón a cada cual su culpa.
Comprended: Dios no es el derecho, sino la justicia.
El hombre tiene sus leyes terrenales, que para él son el derecho. Mientras el hombre no conoce la ley de la vida, la justicia, a menudo cree actuar rectamente. Pero con ello se enreda una y otra vez en la ley de siembra y cosecha, porque el derecho no siempre corresponde a la justicia. El derecho de los hombres ni con mucho es la justicia de Dios.
Quien insiste en su derecho, se está apoyando en el derecho de la ley humana, pero no en la justicia. Lo que exige, consigue y lleva a cabo insistiendo en su derecho, no puede perdurar frente a la ley de Dios, la justicia. No es el Padre celestial quien juzga a los hombres, sino él mismo, el hombre, se juzga conforme a su siembra.
Estas legitimidades rigen entre un hombre y otro hombre, y no entre el hombre y el Estado, el "César; pues mientras el ser espiritual encarnado es hombre, está sometido a los derechos y obligaciones del Estado terrenal, el "César, y como hombre debe cumplir para con el Estado -es decir, para con el "César- lo que no sea contrario a la ley de Dios. Por eso se dice: da al César lo que es del César, y a Dios lo que a Dios corresponde.
Si el hombre guarda las leyes del Estado, también puede hacer uso de las leyes
del Estado. Así que también el Estado, el César, está obligado a dar al que le da.
Libro, 1088 páginas.
ISBN 3-89371-260-7 P.V.P.: DM/SFr 25,- ÖS 183,- US$ 15,-
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