Editorial DAS WORT

DAS WORT - la editorial en Vida Universal


Esta es Mi Palabra
Alfa y Omega
El Evangelio de Jesús
La manifestación de Cristo
que el mundo no conoce

             La sanación
                              del ciego de nacimiento


Capitulo 53

La sanación del ciego de nacimiento. La pregunta de los saduceos acerca de la resurrección

No preguntes por los pecados de tu prójimo. Aprovecha los instantes de los días (1-2). El médico externo y el sanador interno (3-6). Casarse o efectuar un enlace matrimonial ante Dios (7-11)

 

1. Otro día encontró Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Y Sus discípulos Le preguntaron diciendo: "Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?”

2. Jesús contestó: "¿qué importa que haya pecado éste o sus padres, si las obras de Dios se hacen manifiestas en él? Es preciso que Yo haga las obras de Mi Padre, que Me envió, mientras sea de día; venida la noche ya nadie puede obrar. Mientras estoy en el mundo, Soy la luz del mundo”. (Cap. 53, 1-2)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Las palabras, "¿qué importa que haya pecado éste o sus padres, si las obras de Dios se hacen manifiestas en él?”, significan: no debéis fijaros en el pecado, ni preguntar quién ha pecado. Nadie puede expiar por otro -a no ser que haya venido a este mundo como alma sufridora por otro hombre.

Sin embargo, cuando hay hombres que están atados unos a otros por el pecado, todos son partícipes del pecado, por ejemplo los padres y el hijo. Entonces expían conjuntamente lo que también han causado conjuntamente.

Comprended: a cada hombre le es dado cada uno de sus días para reconocer partes de sus pecados y errores y arrepentirse. Por tanto, nadie debería preguntar quién ha cometido el pecado, ni cuándo o dónde. El alma está en ese momento en la existencia terrenal para purificar lo que ese día se le diga al hombre por medio de los signos del día o mediante enfermedades, sufrimientos, necesidades, ceguera, o en base a pensamientos, palabras y actos sombríos.

Yo Soy la luz del mundo. Quien reconozca, se arrepienta, Me entregue lo humano que hay en él y lo deje en Mí y con ello aproveche los días, vivirá en Mí y resucitará a través de Mí, pues Yo Soy el día eterno.

Si el hombre no ha aprovechado los días, le sobrevendrá la noche del alma; entonces sufrirán alma y hombre. Por tanto, aprovechad los instantes de los días, pues en todo instante Soy Yo, la eternidad. Quien aproveche los instantes, estará viviendo en Mí, y tendrá paz y alcanzará la salvación.

 

3. Cuando hubo dicho esto, escupió en el suelo y mezcló barro con la saliva y untó con esto los ojos del ciego. Y le dijo: "ve y lávate en el estanque de Siloé” (que quiere decir enviado). Fue pues, se lavó y volvió con vista.

4. Los vecinos y los que antes habían visto que era ciego, decían: "¿no es éste el que estaba sentado pidiendo limosna?” Unos decían: "es él”; pero otros: "se le parece”. Pero él mismo dijo: "soy yo”.

5. Por eso le preguntaron: "¿cómo se te han abierto los ojos?” El contestó: "un hombre, llamado Jesús, hizo una pasta y untó mis ojos y dijo: ve y lávate en el estanque de Siloé. Fui y me lavé y obtuve la vista”.

6. Entonces le preguntaron: "¿dónde está El?” El dijo: "no sé dónde está el que me ha curado”. (Cap. 53, 3-6)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

La exposición acerca del barro y la saliva simboliza la sanación externa.

Comprended: mucho de lo que se narró y puso por escrito sobre Mí como Jesús de Nazaret, no sucedió como literalmente está escrito. Así que aquí también el barro y la saliva son símbolos para expresar que la tierra y todo lo que crece en ella -hierbas y frutos-, y también el agua, sanan y purifican, cuando las causas de las enfermedades ya no efluyen del alma, sino ya sólo marcan el cuerpo.

Cuando el alma ha transferido al cuerpo la causa en forma de efecto y ya no efluye ninguna causa más, puede producirse la sanación desde fuera, mediante la tierra y todo lo que ésta hace surgir, y así también por el agua purificadora, que contiene muchas sustancias sanadoras.

La pregunta, "¿dónde está El?”, señala que muchos hombres sólo se fijan en la ayuda externa y no captan las fuerzas de sanación interna. Por tanto, no busquéis entre los hombres al verdadero Sanador para alma y cuerpo; no Lo busquéis en este o aquel lugar. Si Lo queréis encontrar, id a vuestro interior. Allí estoy Yo, el Cristo de Dios, el Redentor, el Médico y Sanador interno.

Orad, arrepentíos y haced penitencia, perdonad y pedid perdón y reparad el daño, si habéis dañado a vuestro prójimo -entonces experimentaréis y recibiréis algo igual o parecido a lo que experimentaron y recibieron los hombres en aquel tiempo en que estuve entre ellos en Jesús.

El Hijo de Dios, el Cristo de Dios, ha resucitado, y la fuerza del Cristo de Dios se ha introducido en cada alma para que pueda experimentar y obtener algo igual o parecido a lo que experimentaron y obtuvieron los hombres y las almas en el tiempo de Mi obrar en Jesús de Nazaret.

Comprended: Yo Soy Cristo, vuestro Redentor y el que os prepara el camino al eterno SER, al volverse-uno con el Padre eterno. Yo Soy también vuestro Médico y Sanador interno -la fuerza que os puede liberar de enfermedad, necesidades, sufrimiento, pena y aflicción.

 

7. Luego se acercaron a Jesús algunos saduceos, que negaban que haya una resurrección, y Le dijeron: "Maestro, Moisés ha escrito que si el hermano de uno muere teniendo mujer y sin dejar hijos, su hermano tomará a esta su mujer y despertará la simiente de su hermano.

8. "Había seis hermanos, y el primero tomó una mujer y murió sin tener hijos. Y el segundo tomó a ésta por mujer y también murió sin tener hijos. Y del tercero al resto todos la tomaron, sin dejar hijos. Por último, murió también la mujer.

9. "¿A quién pertenecerá ella entonces en la resurrección? Pues seis la tuvieron por mujer”.

10. Jesús contestó diciéndoles: "los hijos de este siglo, tomaron mujeres y maridos. Que una mujer tenga seis maridos o un hombre seis mujeres, lo mismo da; pues los hijos de este mundo se casan y son dados en casamiento.

11. "Pero los que serán dignos de vivir la resurrección de los muertos, no se casarán ni dejarán que se les case, ni pueden morir jamás, sino que son como los ángeles y son los hijos de Dios, hijos de la resurrección. (Cap. 53, 7-11)

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Comprended: los hijos de este mundo inducen y se dejan inducir a relaciones amorosas y se casan. Inducir y dejarse inducir a relaciones amorosas y casarse significa: ser tomado y dejarse tomar y vivir como vive el mundo: en el pecado.

Pero aquellos que no sólo tienen en cuenta las leyes terrenales de matrimonio, sino que efectúan un enlace matrimonial ante Dios, edifican sobre el espíritu y no sobre la carne. Han hecho la alianza con Dios para su matrimonio terrenal.

Enlace matrimonial significa amarse en y con Dios. Es por tanto una alianza con Dios.

En el eterno SER cada uno es hermano o hermana. El enlace matrimonial ante Dios significa hermandad y fidelidad interna. También si engendran hijos en la Tierra, en el espíritu del Señor siguen siendo hermanos. Si el alma está purificada y está de nuevo libre de su carga, tras la muerte del cuerpo terrenal volverá a entrar en los Cielos como ser espiritual y regresará de nuevo a su dual, y personificará con él la unidad en el espíritu de Dios -tal como está escrito en ellos de eternidad a eternidad.

12. "Sin embargo, que los muertos resucitarán, el mismo Moisés lo testimonió junto a la zarza, cuando llamó a Dios y Dios le dijo: Yo Soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Dios no es Dios de muertos, sino de vivos; pues por El todos viven”. (Cap. 53, 12)

 

El próximo capitulo


Libro, 1088 páginas.
ISBN 3-89371-260-7 P.V.P.: DM/SFr 25,- ÖS 183,- US$ 15,- 
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