Esta es Mi Palabra
Alfa y Omega
El Evangelio de Jesús
La manifestación de Cristo
que el mundo no conoce
La verdad hace libre. Acerca del correcto
entendimiento de los mandamientos
"Permanecer en Mi palabra (1). El siervo
del pecado está lejos de Dios y del Hogar eterno
(2). Ante Dios sólo tiene validez la realización del amor desinteresado (3-6). Satanás,
padre de la mentira; el satanás de los sentidos (7-8). Ningún alma se perderá (9).
Sólo quien aspira a la verdad, entiende la palabra de Dios (10). Moisés no aprobó el
sacrificio de animales. Desprecio por la vida y respeto por la vida. Vieja y nueva
humanidad (11-13). Autoridades eclesiásticas, y creyentes en la letra, que no realizan lo
que enseñan. Concesiones de los profetas al pueblo (14-18)
1. Jesús dijo a los judíos que creyeron en El: "si
permanecéis en Mi palabra, seréis verdaderos discípulos Míos, y conoceréis la verdad,
y la verdad os hará libres. (Cap. 51, 1)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
"...permanecer en Mi palabra, significa: llenar la palabra de Dios con vida, realizarla. Unicamente mediante la realización de la palabra de Dios encuentra el hombre la verdad eterna que le hace libre, independiente de hombres y cosas.
2. Ellos Le respondieron: "somos semilla de Abraham
y de nadie hemos sido jamás siervos. ¿Por qué dices: seréis libres? Jesús les
contestó: "en verdad, en verdad os digo que quien peca es siervo del pecado. El
siervo no permanece eternamente en la casa: pero el hijo y la hija permanecen eternamente.
(Cap. 51, 2)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
"Quien peca, es siervo del pecado, significa: quien peca, está atado a la carne y sirve a la carne -no a Dios-. Quien sirva a la carne, vivirá en la servidumbre, porque se hará dependiente de la carne, de hombres que igualmente edifican sobre la carne, porque también viven en el pecado.
Comprended: "siervo del pecado es el yo humano, que aspira a obtener reconocimiento y aprobación y que por eso se somete a otros pecadores. Quien vive en el pecado, vive en y con este mundo, y también cree en este mundo. Su hogar, por tanto, es este mundo. Por eso no puede entrar en la casa del Padre eterno, en el Hogar eterno. El siervo del pecado no puede estar en la casa del Padre. Sólo el hijo y la hija que cumplen la voluntad de Dios, permanecen en Dios, en el Padre, que es el Hogar eterno.
3. "Si el Hijo os hace libres, seréis verdaderamente libres. Sé que sois semilla de Abraham según la carne, pero buscáis matarme, porque Mi palabra no halla lugar en vosotros.
4. "Yo hablo lo que he visto de Mi Padre; y vosotros hacéis lo que habéis visto de vuestro padre. Respondieron diciéndole: "Abraham es nuestro padre. Jesús les dijo: "si fuerais hijos de Abraham, haríais las obras de Abraham.
5. "Pero ahora buscáis matarme, a un hombre que os ha dicho la verdad, que Yo he oído de Dios. Eso Abraham no lo hizo. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Entonces Le dijeron: "nosotros no somos hijos de ramera; tenemos un Padre, es decir, Dios.
6. Jesús les dijo: "si Dios fuera vuestro padre, Me
amaríais: pues Yo he salido y vengo de Dios. No he venido de Mí mismo, sino que el
Santísimo Me envió. ¿Por qué no podéis, pues, entender Mi lenguaje? Porque no podéis
soportar Mi palabra. (Cap. 51, 3-6)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
El Hijo, que Yo Soy, vino del Padre, para liberar a todas las almas y hombres. Por eso sólo son dados a uno poder y fuerza para conducir a almas y hombres a la luz interna, a Dios, nuestro Padre eterno -al que salió para este fin-. Este es el Cristo de Dios, que Yo Soy.
He recibido de Dios, Mi Padre, la misión de conducir a todas las almas y hombres de regreso a casa, a su interior, en donde habita el espíritu del Padre. Yo Soy la Redención de cada alma y el camino al Padre eterno. Nadie regresa al Padre, el gran Uno universal y Unico, sino a través de Mí, Cristo, que Soy el Redentor de todas las almas y hombres y el camino a la eterna casa del Padre.
Los judíos decían que eran semilla de Abraham -y,
sin embargo, no hicieron las buenas obras de Abraham-.
Sólo eran y son de Abraham según la carne, pero no según la ley por cuyo cumplimiento
también se esforzó Abraham.
Los nuevos hombres en las generaciones del Reino de Paz de Jesucristo descienden en gran parte de la semilla de David. No son ni judíos, ni musulmanes, ni hindúes, ni budistas, ni católicos, ni evangélicos, ni ortodoxos. No pertenecen a ninguna de las muchas religiones externas. Son verdaderos cristianos, pues cumplen la ley de Dios que les traje como Jesús de Nazaret y que viví dando ejemplo -y que como Cristo de Dios vuelvo a manifestar en todos los detalles y en todas las facetas de la vida interna a través del rayo de luz de la Sabiduría divina-. Me siguen a Mí, el único Pastor, Cristo.
Aquel cuyas palabras no están llenas de la ley de la vida, habla sólo desde su yo humano -aunque utilice palabras de la verdad-. Lo que no está lleno de vida, de Dios, no está traspasado por Dios, la Vida. Esto también es válido para las palabras de la verdad que no son vividas por aquel de cuya boca efluyen. Estas no tienen fuerza. Quien no vive en la ley eterna, habla desde su ser humano y sólo da testimonio como ser humano -eventualmente de sus padres terrenales, que igualmente han vivido y pensado conforme a la palabra de los hombres.
Las palabras, "si Dios fuera vuestro padre, Me amaríais, significan:
quien ama a Dios, su Padre eterno, también ama a su prójimo y a toda vida; pues toda
vida -ya sea de hombres, animales, plantas, piedras o
minerales- proviene de Dios. Quien no ama
desinteresadamente a su prójimo, tampoco ama a Dios.
Comprended: el lenguaje de la ley sólo lo puede entender el que vive la ley de la vida y del amor.
Para aquellos que hablan el lenguaje del mundo y se aman más a sí mismos que a Dios, la ley del amor apenas les es soportable. Entienden el amor de forma acorde a su yo, y aman conforme a su yo, que sólo da para recibir. Quien no está con Dios, está contra Dios -con lo cual no puede entender el lenguaje de la ley, el amor absoluto.
7. "Vosotros tenéis por padre al diablo, y queréis hacer lo que desea vuestro padre. El es homicida desde el principio y no estaba en la verdad; pues la verdad no está en él.
8. "Cuando él habla la mentira, habla de lo que es
de él: pues es un mentiroso, y padre de la mentira. Y porque os digo la verdad, no Me
creéis. (Cap. 51, 7-8)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Las palabras, "vosotros tenéis por padre al diablo, y queréis hacer lo que desea vuestro padre, tienen el siguiente significado:
Con la palabra "padre, aquí se hace referencia al progenitor del mal, a Satanás, que estaba y está deseoso de seducir a todos los hombres. Es lo satánico, la siembra y cría de Satanás, lo que alma y hombre se hicieron suyo -incluso después de Mi "está consumado-. En el más amplio sentido, de eso surgió en su día la ley de siembra y cosecha, la ley satánica. Cada hombre que ha hecho suyo lo satánico, lo malo, está sujeto ahora a su propia ley: lo que siembre, es lo que cosechará.
El iniciador del mal tomó la apariencia -y los demonios toman la apariencia- masculina, aunque el iniciador fue un principio femenino y en lo espiritual lo es eternamente: un ser surgido de la corriente divina. Gracias al amor eterno y al "está consumado, también este ser espiritual regresará algún día, como ser surgido de Dios, a la corriente primaria.
Las palabras, "él es homicida desde el principio y no estaba en la verdad; pues la verdad no está en él, significan lo siguiente: desde los comienzos de la Caída Satanás quiso que lo divino se sometiera a él. Dado que lo malo, el infringir la ley divina, no está en la ley de la vida, a la larga no tiene fuerza. Como en la verdad lo malo no tiene cabida, vine Yo, el Redentor, y traje la Redención a todas las almas y hombres, para que vuelvan a encontrar el camino a la verdad y regresen a ella; pues de la verdad partieron todos, y todo lo que pertenece a los acontecimientos de la Caída se transformará mediante la ley de Dios y regresará a la verdad.
La mentira no procede de la verdad. Quien miente, miente a partir de sí mismo, a partir de su pecado -porque lleva en sí mismo la mentira, el pecado-. El progenitor del pecado es la mentira.
Quien miente, no sólo miente a su prójimo, sino también a sí mismo. La mentira parte del mentiroso y, regresando, entra a su vez en el mentiroso. No sólo alcanza al que ha sido engañado, sino también al mentiroso.
Satanás es el progenitor de la mentira, y con ello también de los sentidos seducidos. Los hombres que se entregan al mentir, al pecado, son los "seducidos por los sentidos, pues se han dejado seducir por Satanás. Lo malo en el hombre, por consiguiente, es llamado el "satanás de los sentidos.
Por tanto, que todos, que cada uno se guarde de mentir; pues los descendientes diabólicos de la mentira son muchísimos. Se extienden como las raíces de un árbol. Un alma tal regresará a la carne, mientras aún sea posible, hasta que haya cogido, captado cada raíz, incluida la raíz principal: hasta que se arrepienta, pida perdón, perdone, y repare el daño causado. Entonces, paso a paso, lo humano se transforma en divino, y el alma regresa a Dios.
9. "Como Moisés elevó a la serpiente en el
desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todos los que, creyendo,
fijen su mirada en El, no se pierdan, sino tengan la vida eterna. (Cap. 51, 9)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
El Hijo del hombre ha sido elevado. Mi crucifixión como Jesús y Mi regreso como Cristo significan: por Mí todos serán elevados, pues no se perderá ninguna oveja. Por la Redención, todas las almas volverán a ser elevadas, es decir se volverán divinas: después de la clarificación y purificación de sus pecados, regresarán como seres de luz inmaculados a la tierra de la luz, del amor eterno.
10. "¿Quién de vosotros Me puede condenar a causa
de un pecado? Si os digo la verdad, ¿por qué no Me creéis? El que es de Dios oye las
palabras de Dios; vosotros no las oís, porque no sois de Dios. (Cap. 51, 10)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Sólo no cree en la verdad el hombre que no vive ni piensa verazmente.
Quien vive en el pecado, no conoce la verdad y condena a aquellos que hablan desde la verdad. Quien no conoce la verdad, tampoco entiende las palabras de la verdad. Las desechará por verlas como no verídicas, porque él no es veraz y por tanto califica de falso todo lo que no se ajusta a su concepto de la verdad.
Sin embargo, quien se esfuerza por alcanzar la verdad eterna, entiende la palabra de Dios, porque conoce la voz de Dios, la verdad. Quien no la conoce, no la escucha. Sus palabras tampoco son de Dios, sino proceden de su yo humano, que sólo habla de sí mismo.
En el Reino de Paz de Jesucristo, en el Reino de Dios en la Tierra, los habitantes del Reino de Dios no sólo oirán la voz de su Padre y de su Hermano celestial, sino ellos mismos serán la palabra de Dios, la ley del amor.
11. Respondieron los judíos y Le dijeron: "¿no decimos con razón que Tú eres samaritano y tienes el diablo? Jesús respondió: "Yo no tengo diablo alguno, sino que honro al Santísimo, y vosotros Me deshonráis a Mí. Yo no busco Mi gloria, sino la gloria de Dios, pero aquí hay Uno que juzga.
12. Y algunos de los ancianos y escribas del templo se Le acercaron, diciéndole: "¿por qué Tus discípulos enseñan a los hombres que es contrario a la ley comer la carne de animales, siendo así que son ofrecidos como sacrificio tal como mandó Moisés?
13. "Pues está escrito que Dios dijo a Noé: temor
y espanto ante vosotros sobrevendrán a cada animal del campo y a cada pájaro del aire y
a cada pez del agua, cuando caigan en vuestras manos. (Cap. 51, 11-13)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Moisés ni ordenó el sacrificio de animales ni lo aprobó. Sin embargo, no interfirió en la voluntad satánica de los que querían comer carne. Les instruyó y enseñó que tanto el consumo como el sacrificio de animales es pecado. Sin embargo, como los obstinados israelitas insistieron en ello, Moisés tuvo que callar, pues también los israelitas eran hijos de Dios y tenían el libre albedrío. Veían todo sólo desde su pecado, y por eso consideraron el callar de Moisés como asentimiento.
Yo rectifico:
Palabras son símbolos y cambian su significado de una generación a otra. Lo que los hombres de cada generación ponen, respectivamente, en la palabra, es para ellos el significado.
Así que muchas palabras de aquel libro que Yo explico, rectifico y profundizo tienen hoy para vosotros, que vivís en el tiempo del cambio del viejo tiempo al Nuevo Tiempo [1989], un significado diferente al de épocas pasadas. Por ejemplo, el sentido de la frase, "Dios dijo a Noé: temor y espanto ante vosotros sobrevendrán a cada animal del campo y a cada pájaro del aire y a cada pez del agua, cuando caigan en vuestras manos, es el siguiente: temor y espanto se apodera de cada animal del campo, de cada pájaro del aire y de cada pez del agua que cae en vuestras manos. Con ello se hace referencia a las manos de aquellos hombres que desprecian la vida y matan.
Comprended: cada animal siente y percibe las intenciones del hombre para con él.
En el cambio de era en que explico, rectifico y profundizo [1989] el contenido de aquel libro, la brutalidad para con el mundo animal y vegetal ha alcanzado una magnitud inimaginable. Los animales y las plantas sufren bajo la arbitrariedad de los hombres. Muchos hombres no sólo ya no tienen respeto por su propia vida, sino tampoco por la Creación en su totalidad. Como consecuencia del comportamiento humano, por ejemplo, las corrientes magnéticas están alteradas. A causa de ello a muchos animales les falta la orientación, en especial a los pájaros migratorios que vuelan a países más cálidos. Por la contaminación de los ríos, lagos y mares, como también de la atmósfera terrestre, muchas especies animales y vegetales se extinguen -en el agua, en el aire y en la tierra.
Como gran parte de la humanidad continúa viviendo en el pecado, el viejo mundo está muriendo -y con él mueren, entre grandes sufrimientos, muchos hombres que consideraron que lo temporal era la única realidad y trataron irresponsablemente a toda vida.
Pero Yo, Cristo, lo hago todo nuevo. El nuevo mundo es Mi mundo, el del Cristo, que Yo Soy. En el nuevo mundo vivirán hombres que estarán renovados desde el interior, es decir purificados, y que poblarán y cultivarán la Tierra legítimamente.
Quien en el Nuevo Tiempo lea Mis palabras, tendrá noticia con ello de las sombras y de los aspectos más luminosos del viejo mundo, y del paso al Nuevo Tiempo. Al hombre del Nuevo Tiempo el viejo mundo pecaminoso debe servirle de advertencia.
Quien lea entonces con atención este libro, con sus explicaciones, rectificaciones y profundizaciones, se hará una idea de la ley de siembra y cosecha, que, en su día, fue vigente en la Tierra. El hombre nuevo se debe hacer una y otra vez consciente de ello, ya que en los mundos de sustancia sutil en los que las almas cargadas aún viven, la cosecha -los efectos de las causas creadas- continúa estando en marcha; pues lo que el hombre haya sembrado y no purificado a tiempo, o aún no expiado, lo cosechará como alma. Por eso es bueno e importante que los hombres del Nuevo Tiempo conozcan lo que sucede en los lugares de purificación; pues cuando las almas de los nuevos hombres, después de su muerte física, atraviesen los velos de la consciencia, llegarán a ver allí a aquellas almas que todavía tienen que saldar su siembra.
14. Y Jesús les dijo: "hipócritas, bien habló Isaías de vosotros y de vuestros antepasados: este pueblo está cerca de Mí con su boca y Me honra con sus labios, pero su corazón está lejos de Mí, pues en vano Me adoran, enseñando en Mi nombre, como enseñanzas divinas, lo que son mandamientos de los hombres, para satisfacer sus propios apetitos.
15. "E igualmente Jeremías da testimonio cuando acerca de los sacrificios de sangre dice: Yo, vuestro Dios, no os ordené nada de ello en los días en que vinisteis de Egipto, sino que sólo os mandé ser honestos, ateneros a las antiguas tradiciones, cuidar la justicia y andar humildemente ante vuestro Dios.
16. "Pero vosotros no Me escuchasteis a Mí, que desde el principio os di toda suerte de semillas, y frutos de los árboles y granos, para el alimento y sanación del hombre y del animal. Y ellos replicaron: "Tú hablas contra la Ley.
17. Y El habló una vez más sobre Moisés: "en verdad, no hablo contra la Ley, sino contra los que han corrompido su Ley, que él os permitió a causa de la dureza de vuestros corazones.
18. "Pero ved: ¡uno más grande que Moisés hay
aquí! Y se enfurecieron y tomaron piedras para arrojárselas; pero Jesús,
atravesando por en medio de ellos, quedó oculto a su violencia. (Cap. 51, 14-18)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Ya hace casi 2000 años que, siendo Jesús de Nazaret, hablé a los fariseos y escribas, que estaban sólo apegados a la letra y tenían su corazón en el mundo, y los llamé hipócritas. También el profeta Isaías, que había anunciado Mi venida, dijo palabras parecidas a las que dije en Jesús de Nazaret.
Ahora, en el tiempo de transición, Yo, Cristo, hablo a través de Mi instrumento a los Míos y tengo que volver a usar palabras similares con los actuales fariseos y escribas [1989]. Todavía hoy, muchos fariseos y escribas, teólogos, hombres versados en la Biblia y predicadores seglares enseñan según la letra de la Biblia -y de nuevo sólo habla su boca, y de nuevo sólo Me honran con los labios y con oraciones beatas o intelectuales-. Su corazón está tan lejos de Dios como durante Mi tiempo en la Tierra y antes, cuando los grandes profetas trajeron la palabra de Dios a los hombres.
Muchos dignatarios todavía hoy enseñan en nombre del Altísimo y en Mi nombre; pero sus palabras no están animadas por la fuerza eterna, ya que ellos mismos no están traspasados por el espíritu de la verdad.
Los dirigentes de las Iglesias oficiales, que enseñan en Mi nombre, han construido un edificio de dogmas, en el que se esconden para no tener que mirar a la cara la verdad. A este edificio de dogmas invitan a sus fieles, les imponen estos preceptos dogmáticos en Mi nombre y les obligan a cumplirlos -bajo amenaza de la llamada condenación eterna.
Este edificio de dogmas está ahora corrompido y a punto de derrumbarse; se asemeja a un castillo de naipes que sólo es mantenido en pie por el poder externo y la riqueza externa -pero no por Mí, Cristo, que Soy el reino del interior.
Durante milenios se ha abusado del nombre del Eterno, en muchas estructuras de poder, usándolo para maquinaciones humanas. Desde Mi está consumado, también se abusa de Mi nombre -Cristo-, encerrando Mis enseñanzas, con las que llamo a seguirme, en el edificio de dogmas.
Así que puede decirse: el satanás de los sentidos abusa del nombre del Uno, Santo y Eterno, y del nombre de Su Hijo, para seducir a los hombres. Pero toda la floreciente prosperidad aparente de las maquinaciones humanas marchitará, porque Yo traigo a los hombres la vida interna, los pasos del Camino Interno, en el que no tienen validez ni dogmas ni leyes humanas, sino sólo la ley que ya enseñé y viví, siendo Jesús de Nazaret: la ley universal eterna, Dios.
Dado que cada hombre tiene el libre albedrío, también antes de Mi existencia terrenal los grandes profetas tuvieron que retenerse, cuando el pueblo quería algo distinto de lo que era la voluntad de Dios, que ellos anunciaban. Antes de Mi existencia terrenal el politeísmo estaba aún muy vivo entre los hombres, y con ello también los sacrificios de sangre. Por eso, más de un profeta tuvo que hacer concesiones -por una parte, para no quebrantar el libre albedrío de los hombres y, por otra, para conducirles a la verdad a través del autorreconocimiento-. Esto con frecuencia significó dolor y sufrimiento, hasta que los hombres se pusieron en camino hacia Aquel que es de eternidad a eternidad.
Cada concesión contiene, sin embargo, un tiempo de gracia. En éste el hombre recibe la fuerza de Dios para poder superar en breve lo que todavía es humano. Pero si no lo aprovecha y continúa pecando, al terminar el tiempo de gracia tendrá que soportar y padecer todo lo que de contrario a la ley divina haya sembrado y aún no expiado.
Aquel cuyo comportamiento está en contra de Dios, en contra de la ley de la vida, tendrá que soportar lo que haya sembrado.
Lo que el agricultor siembre en su campo, es lo que cosechará; y lo que el hombre siembre en el campo de su alma, lo cosechará a su vez.
Con la afirmación, "ateneros a las antiguas tradiciones, se quiere decir lo siguiente:
El hombre debe observar las horas de sus oraciones y esforzarse diariamente para que sus oraciones sean fructíferas, realizando aquello por lo que ha orado. Entonces entenderá y cumplirá cada vez mejor los Diez Mandamientos, los extractos de la ley eterna, madurando e introduciéndose con ello cada vez más en la ley omniabarcante, universal, Dios.
Libro, 1088 páginas.
ISBN 3-89371-260-7 P.V.P.: DM/SFr 25,- ÖS 183,- US$ 15,-
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