Editorial DAS WORT

DAS WORT - la editorial en Vida Universal


Esta es Mi Palabra
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El Evangelio de Jesús
La manifestación de Cristo
que el mundo no conoce

     Cristo, la luz del mundo


Capitulo 50

Cristo, la luz del mundo

El humano juzgar y condenar; la justicia de Dios (1-4). El verdadero Yo divino en cada hombre: Dios. Quien no ama a su prójimo, tampoco ama a Dios (5-8). Quien crea sin realizar, no verá al Padre eterno (9-15)

 

1. Otra vez les habló Jesús, diciendo: "Yo Soy la Luz del mundo; el que Me siga no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”.

2. Pero los fariseos Le dijeron: "Tú das testimonio de Ti mismo; Tu testimonio no es válido”.

3. Jesús respondió diciéndoles: "aunque Yo dé testimonio de Mí mismo, Mi testimonio es válido; pues sé de dónde he venido y a dónde voy, pero vosotros no sabéis de dónde vengo ni a dónde voy.

4. "Vosotros juzgáis según la carne; Yo no juzgo a nadie. Y si juzgo, Mi juicio es válido, pues no estoy solo, sino vengo de Mi Padre, que Me ha enviado. (Cap. 50, 1-4)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Con las palabras, "...de dónde vengo ni a dónde voy”, se hace referencia al ser que proviene de Dios; pues quien es de corazón puro, es consciente de que viene de Dios y de que regresa a Dios.

El hombre cuya alma está envuelta por el pecado no sabe de dónde ha venido su verdadero ser, ni a dónde éste va. El se fija sólo en su cuerpo corruptible, del que puede decir que vino del regazo de su madre y que volverá al regazo de la Tierra. Sin embargo, su conocimiento no alcanza más lejos. Pero los que viven en Mí, el Cristo, saben de dónde vienen y a dónde van.

Quien "juzga según la carne”, es un juez. Quien ejerce la justicia, es un justo y proviene de Dios.

Sólo juzgan aquellos que aún llevan en sí su propio tribunal, sus causas, conforme a las que viven y conforme a las que juzgan a su prójimo. Con las palabras, "y si juzgo, Mi juicio es válido”, se hace referencia a la justicia de Dios. Dios es perfecto. Dios es justo.

Cada alma y cada hombre reciben aquello hacia lo que se orientan. Si el alma y el hombre se orientan a Dios, recibirán del amor y de la sabiduría de Dios.

Si el hombre se orienta a lo externo, al mundo, también recibirá del mundo -y con ello también todo lo que hay en el mundo: sufrimiento, enfermedad y miseria-. De acuerdo con la ley de siembra y cosecha, cada hombre toma las riendas de su vida y le da forma conforme a su sentir, pensar, hablar y actuar. Y del mismo modo en que según su voluntad le dé forma, regresará su vida a él.

 

5. "También está escrito en vuestra ley que el testimonio de dos hombres es válido. Yo Soy el que doy testimonio de Mí mismo. Juan dio testimonio de Mí, y es un profeta. Y el Espíritu de la verdad, que Me ha enviado, da testimonio de Mí”.

6. Entonces Le dijeron: "¿dónde está Tu Padre?” Jesús respondió: "ni a Mí Me conocéis ni a Mi Padre; si Me conocierais a Mí, conoceríais también a Mi Padre”.

7. Y uno dijo: "muéstranos a Tu Padre, y Te creeremos”. Y El respondió diciendo: "si has reconocido a tu hermano y sentido su amor, has visto al Padre, e igualmente si has reconocido a tu hermana y has sentido su amor.

8. "El Santísimo conoce a los Suyos, cercanos y lejanos; sí, en cada uno de vosotros puede reconocerse la Paternidad, pues el Padre es el único Dios”. (Cap. 50, 5-8)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Quien vive en el Padre, da testimonio del Padre. De palabra y de obra da testimonio de Dios.

El alma de quien vive en Dios ha entrado en el santuario de Dios, en lo más interno del templo, y da testimonio de sí misma a través de su ser humano, su envoltura, pues esa alma es el Yo divino, la imagen y semejanza de Dios. Entonces no habla el hombre, su yo inferior, sino que Dios, el Yo Soy, la ley eterna, habla a través del hombre. Entonces el hombre puede decir, tal como hablé Yo, Cristo, conforme al sentido de lo que sigue:

"Yo Soy el que doy testimonio de Mí mismo”. El "Mí mismo” es el Yo divino, Dios, porque el alma ha llegado de nuevo a ser divina. Al Padre eterno sólo Lo verán aquellos que sean de corazón puro y por tanto también acepten y acojan a su prójimo; pues el espíritu del Padre eterno habita en cada alma y, con ello, en cada hombre. Quien no acepta ni acoge a su prójimo, porque tiene prejuicios contra él, porque lo rechaza, menosprecia o incluso odia, no ve ni al Padre eterno ni Me conoce a Mí, al Hijo del Padre, Cristo -y tampoco a su prójimo y ni siquiera a sí mismo-; pues también en su prójimo vive el espíritu del Padre eterno, al que, sin embargo, no acepta ni acoge en su prójimo.

Comprended: quien no ama desinteresadamente a su prójimo -sea éste como sea, no importa lo que diga o haga-, tampoco ama a Dios.

Quien desprecia a su prójimo, también está despreciando a Dios.

Quien rechaza a su prójimo, es decir no lo acepta ni lo acoge en su corazón, tampoco acepta ni acoge a Dios, su Padre; pues lo que hagáis al más humilde de Mis hermanos, Me lo habréis hecho a Mí -y con ello a Dios, Mi Padre, en el que Yo, Cristo, vivo.

 

9. Estas palabras las dijo Jesús en la cámara del tesoro, cuando enseñaba en el templo; y nadie Le echó mano, pues aún no había llegado Su hora. Una vez más les habló Jesús, diciendo: "sigo Mi camino, y Me buscaréis y moriréis en vuestros pecados. A donde Yo voy no podéis ir vosotros”.

10. Los judíos decían: "¿acaso va a darse muerte, que dice: a donde Yo voy no podéis ir vosotros?” Y El les dijo: "vosotros sois de abajo, Yo Soy de arriba; vosotros sois de este mundo, Yo no Soy de este mundo.

11. "Por eso os he dicho que moriríais en vuestros pecados, pues si no creéis que Yo Soy de Dios, moriréis en vuestros pecados”.

12. Entonces Le dijeron: "pues ¿quién eres Tú”? Y Jesús les dijo: "el mismo que os dije desde el principio.

13. "Mucho tengo que deciros, que os juzgará: el Uno santo, que Me ha enviado, es veraz, y Yo hablo al mundo lo que he oído de arriba”.

14. Entonces Jesús les dijo: "cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, conoceréis que Soy enviado por Dios y que no hago nada por Mí mismo, sino que según Me enseñó el Santísimo, así hablo. Y el que Me envió está conmigo: el Santísimo no Me ha dejado solo; pues hago siempre lo que agrada al Eterno”.

15. Hablando El tales cosas, muchos creyeron en El, y decían: "es un profeta que Dios ha enviado. Escuchémosle”. (Cap. 50, 9-15)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Las palabras "sigo Mi camino, y Me buscaréis y moriréis en vuestros pecados”, tienen el siguiente significado:

Quien recorra el camino del Cristo de Dios, el camino al Padre, que Yo, Cristo, viví en Jesús dando ejemplo a la humanidad, no morirá en el pecado, pues habrá purificado su alma y recibirá la luz de Dios, que viene de "arriba”.

Sin embargo, quien no recorra el camino al corazón de Dios, permanecerá en sus pecados y morirá en los pecados; los llevará consigo, como alma, a los sitios y lugares que se haya preparado a sí mismo mediante sus pecados.

Con las palabras, "a donde Yo voy no podéis ir vosotros”, aludí a lo que luego sucedió: después de la ejecución de Mi cuerpo fui al Padre eterno, porque Mi alma, Mi cuerpo espiritual, vive en el Padre. Aquel cuya alma no vive en el Padre, sino en el pecado, no puede llegar al Padre eterno, porque el pecado le mantiene alejado de Dios.

"Vosotros sois de abajo, Yo Soy de arriba; vosotros sois de este mundo, Yo no Soy de este mundo”, significa: quien edifica sobre el mundo, está viviendo con el mundo y volverá una y otra vez a este mundo y una y otra vez tomará su camino de encarnación desde abajo, desde el mundo.

Quien vive en este mundo, pero no está con este mundo, está viviendo en Dios -y cuando vuelva de nuevo a este mundo, vendrá de Dios, de arriba, tal como Yo, Cristo, vine de arriba y encarné en Jesús, el cuerpo de hombre.

"Mucho tengo que deciros, que os juzgará”, significa: Yo quiero instruiros sobre la ley de siembra y cosecha, para que comprendáis que sois vuestros propios jueces: vuestros jueces son las sensaciones, pensamientos, palabras y obras que en vosotros son contrarios a la ley eterna del amor. Con la medida con que midáis, seréis medidos.

Comprended: la sola fe no conduce a la bienaventuranza.

Muchos hombres creyeron en Mí, Jesús de Nazaret. Pero cuando llegó la hora de Mi ejecución, muchos abandonaron esta fe, comenzaron a dudar de Mí, y así se convirtieron en traidores.

Quien sólo cree, pero no realiza lo reconocido, no puede llegar a ser lo que Dios le ha prometido: uno que ve en profundidad, que contempla al Padre eterno cara a cara.

La sola fe ni hace bienaventurado ni capaz de ver en profundidad. La fe es sólo el primer paso hacia la vida interna. Quien edifica sólo sobre la fe y se queda en ella, pero no da los pasos de la realización, que llevan hacia Dios, dudará una y otra vez de la verdad, porque no habrá experimentado todavía las leyes del amor; pues deben ser vividas para poder ver a Dios, nuestro Padre eterno.

Quien no lleva a la práctica la fe en Dios mediante el amor desinteresado, es influenciable. Sólo quien realiza lo reconocido, la fe en Dios, se hace fuerte en el espíritu del Señor y resiste los ataques de las tinieblas.

El Santísimo, Dios, no abandona a ningún hijo, da igual como éste piense y viva, pues el espíritu de Dios habita en cada alma y en cada hombre. El es lo bueno, que se inflama cuando el hombre se esfuerza en cumplir la voluntad de Dios. Quien siempre cumpla la voluntad de Dios -como hice en Jesús, y como Yo vivo, estando como Cristo en la voluntad del Padre-, dará testimonio de sí mismo, el eterno Yo divino, dado que estará viviendo, como Yo divino, en Dios, la Verdad.

El Yo divino es Dios, y quien vive en Dios, es divino, es la ley divina, el Yo divino.

 

El próximo capitulo


Libro, 1088 páginas.
ISBN 3-89371-260-7 P.V.P.: DM/SFr 25,- ÖS 183,- US$ 15,- 
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