Esta es Mi Palabra
Alfa y Omega
El Evangelio de Jesús
La manifestación de Cristo
que el mundo no conoce
El verdadero templo de Dios
Acerca de la destrucción del templo (1-3). Cada
hombre es un templo de Dios, un templo del Espíritu Santo (4). El significado de las
formas externas (5-7). Derramar sangre y sacrificios sangrientos (8-10). Sólo quien se
esfuerza a diario por llevar una vida en Dios, reconoce a Cristo y entiende el lenguaje de
la ley (11-12)
1. La fiesta de la Pascua estaba cerca. Y sucedió que algunos de los discípulos, que eran albañiles, repararon las salas del templo. Jesús pasó por allí, y Le dijeron: "Maestro, ¿ves estas grandes construcciones, y qué clases de piedras hay aquí, y qué maravillosa es la obra de nuestros antepasados?
2. Y Jesús dijo: "sí, es hermoso, y bien colocadas están las piedras, pero vendrá el tiempo en que no quedará piedra sobre piedra; pues el enemigo avasallará la ciudad y el templo.
3. "Pero el verdadero templo es el cuerpo del
hombre, en el que habita Dios por el Espíritu; y cuando este templo sea destruido, Dios
construirá en tres días un templo aún más hermoso, que el ojo del hombre natural no
podrá percibir. (Cap. 49, 1-3)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Yo Soy el Cristo de Dios, el Hijo del Padre eterno, que fue anunciado por el Dios
eternamente justo a través de Isaías y de otros hombres y mujeres justos. Yo vine a este
mundo en Jesús de Nazaret, no para romper, sino para erigir, no para borrar lo que no
está expiado, sino para conducir a todos fuera del pecado y conducirles a Aquel que Me ha
enviado: el Padre eterno; pues todos los seres espirituales, almas y hombres son Sus
hijos. Mi nombre está grabado en todas las almas, y todas Me aceptarán y acogerán a
Mí, el Cristo, porque Yo Soy su Redentor y su salvación. También los paganos Me
aceptarán y acogerán; pues nadie llega al Padre sino a través de Mí, Cristo, Su Hijo.
Todo lo terrenal perecerá, también lo que es obra de los antepasados; pues todo lo que es materia -es decir sustancia gruesa- no subsistirá a la larga, sino sólo hasta que la sustancia primaria de la Tierra haya vuelto al eterno SER, que es puro y de sustancia sutil.
El enemigo de lo bueno, de generación en generación, pone su mano en las construcciones de los hombres y destruye lo que ellos estiman como bueno y valioso. Esto sucederá hasta que el enemigo se convierta en amigo de lo bueno. Entonces podrá efectuarse, conforme a las leyes de Dios, la transformación a una vida más fina y elevada.
El verdadero templo es el templo de carne y hueso, el cuerpo del hombre, en cuya alma y en cuyas células vive el espíritu de Dios.
"Y cuando este templo sea destruido, Dios construirá en tres días un templo aún más hermoso, que el ojo del hombre natural no podrá percibir, significa: cuando el alma sea separada del cuerpo, es decir, cuando le invada la muerte al cuerpo terrenal, el alma luminosa habrá superado en tres días los lazos que todavía le atan a la Tierra -la atracción terrenal- y atravesará los velos que separan los planos de consciencia entre sí, puesto que ya se habrá desprendido de estas envolturas, estando en vestido terrenal. De acuerdo con su estado de consciencia tomará vivienda allí hacia donde es conducida y desde donde es atraída. En estos tres días en que el alma luminosa desata los lazos que la atan todavía a la Tierra, su vestido espiritual cambia, de modo acorde a ello, en color y forma.
4. "¿Acaso no sabéis que sois templos del
Espítitu Santo? Y quien destruya uno de esos templos, será él mismo destruido.
(Cap. 49, 4)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Cada hombre es un templo de Dios, pues el espíritu de Dios vive en cada alma y en cada célula del cuerpo terrenal.
En consecuencia, quien desprecia a su prójimo, el templo de Dios, está despreciando también a su propio templo -y con ello a Dios-, pues tal como un hombre se comporta con su prójimo, así se comporta también con Dios. Cada acto de desprecio para con el prójimo, es decir, para con un templo de Dios, es pecado contra el Espíritu Santo.
Quien mata a su prójimo, destruye con ello un templo de Dios. El alma del que fue matado ya no tiene la posibilidad, en su cuerpo terrenal, de expiar -o bien de llevar a cabo- lo que le estaba encomendado en esta existencia terrenal.
Quien mata o hace matar a su prójimo, el templo de Dios, experimentará algo igual o parecido. Los miedos, el sufrimiento, los terrores y la muerte también vendrán sobre él. En la hora de su muerte no tendrá reposo alguno, pues el alma cuyo cuerpo terrenal él ha matado, que no le ha perdonado todavía, estará frente a él. Entonces experimentará en su cuerpo de alma lo que su prójimo, al que mató o hizo matar, tuvo que padecer con ello.
Repito: cada hombre es un templo del Espíritu Santo. Así, a cada hombre le está encomendado mantener limpio su propio templo y respetar el templo de su prójimo. Quien guarde este mandamiento, no sufrirá, ni será destruido su templo por enfermedad, miseria o violencia.
5. Y algunos de los escribas, oyéndole, buscaban tenderle una trampa sirviéndose de lo que decía, y dijeron: "si repruebas los sacrificios de ovejas y bueyes, y de pájaros, ¿con qué finalidad fue pues construido por Salomón, para Dios, este templo que se está reformando desde hace cuarenta y seis años?
6. Y Jesús respondió diciendo: "está escrito en los Profetas: Mi casa debe ser casa de oración para todos los pueblos, para el sacrificio de alabanza y acción de gracias; pero vosotros la habéis convertido en casa de matanza, llenándola de atrocidad.
7. "Y también está escrito: desde la salida del sol hasta su ocaso, Mi nombre será grande entre los paganos y se Me ofrecerá incienso junto con una ofrenda pura. Pero vosotros lo habéis convertido en un lugar de desolación con vuestros sacrificios de sangre y utilizando el dulce incienso sólo para tapar el mal olor de la sangre. He venido a cumplir la Ley, y no para abolirla. (Cap. 49, 5-7)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Mientras el hombre mismo no haya llegado a ser el templo de la vida interna, en el que entra para consagrar al gran Uno universal sus pensamientos y actos y darle las gracias por su vida terrenal, necesitará formas externas. En construcciones enormes que llama templos o iglesias, hace sacrificios según costumbres externas. En tiempos pretéritos, éstos eran los sacrificios de sangre; en el tiempo actual [1989] son los rituales y ceremonias, son los cánticos y procesiones faltos de sentido. Tampoco en la generación actual [1989] han sido eliminadas tales costumbres externas, y en parte todavía paganas, y siguen siendo ejecutadas aún "en el nombre del Señor. Todo esto es una atrocidad, para el Padre eterno y para Mí, el Cristo.
El Dios eterno, el Dios de Isaac y Jacob, no desea iglesias ostentosas ni templos. El desea que Sus hijos sean templos del Espíritu Santo, que se purifiquen y mantengan puros, y que a El sacrifiquen sus pensamientos y actos pecaminosos. Han de reunirse en una casa de oraciones que para todos los hombres esté abierta para orar -y no sólo para unos pocos, que se declaran solidarios con los guardianes de una enseñanza que ya no es Mi enseñanza.
Quien enseña la verdad y vive conforme a ella, no tiene nada que ocultar. Sólo cierra los portales de sus iglesias y templos el que divulga su propia enseñanza, y no la verdad eterna, que está abierta a todos, ya que en cada alma está la ley, la verdad misma, y el alma debe volver a encontrar la verdad para ser de nuevo, como ser espiritual, la ley eterna.
Quien tenga oídos para oír, que oiga.
Quien tenga ojos para ver, que vea.
Quien practique la justicia, reconocerá al que viene de las tinieblas, que se adorna con Mi nombre -Cristo- para engañar y seducir a los hombres. Quien ha aprendido a ver, reconoce dónde fluye la verdad. Se adherirá a la verdad y estará con aquellos que se esfuerzan en vivir según la verdad.
Mi nombre será siempre grande entre los pueblos, pues de generación en generación habrá cada vez más hombres y mujeres justos que aplastarán la cabeza a la serpiente engañosa que se llama a sí misma cristiana. Lo que ha sido dado desde el espíritu, es la verdad y perdurará; todo lo pagano perecerá.
Cuando luego brille otro sol, Yo, el Cristo de Dios, estaré conscientemente
elevado -es decir, Yo, el Yo Soy, habré llegado a ser la
consciencia de los hombres- y seré el Soberano del Reino
de Dios en la Tierra. Entonces ya no habrá ni paganos ni rituales. Todos los hombres
estarán unidos en el amor desinteresado, y su vida estará consagrada, porque cumplirán
las leyes del Eterno.
Con la palabra "incienso, se hace referencia a la vida consagrada de los hombres que se orientan a Dios, el Eterno. El hombre debe consagrar su vida terrenal a Dios; sus sensaciones, pensamientos, palabras y actos humanos. Entonces, con corazón puro, vivirá en Dios.
8. "¿No sabéis lo que está escrito? Mejor es la obediencia que los sacrificios, y, escuchar, mejor que la grasa de los carneros. Yo, el Señor, estoy cansado de vuestros holocaustos y vanas ofrendas, pues vuestras manos están llenas de sangre.
9. "¿Y no está escrito: cuál es el verdadero sacrificio? Lavaos y limpiaos y alejad el mal de delante de Mis ojos; cesad de hacer el mal y aprended a hacer el bien. Practicad la justicia con los huérfanos y las viudas y con todos los que son oprimidos. De este modo cumpliréis la ley.
10. "Llegará el día en que todo lo que se
encuentra en el patio exterior y pertenece a los sacrificios de sangre será abolido, y
los adoradores puros adorarán al Eterno, en pureza y verdad. (Cap. 49, 8-10)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Mientras las almas de los hombres sean impuras, sus manos estarán manchadas de sangre. Lo que de malo, es decir de pecaminoso, ha sembrado el hombre en su alma, son sus causas; conforme a éstas son sus obras, que le marcan. Tal como él haya sembrado, se comportará en su vida terrenal -e igualmente después de su muerte física, como alma en los lugares de purificación: el que es sanguinario sigue siendo sanguinario y medita una venganza y quiere seguir derramando la sangre de su prójimo-. Todos aquellos que quieren vengarse, son los pendencieros, los que no se paran ante nada, tampoco ante la vida de su prójimo. En su obcecación ven el derramar la sangre de otros incluso como honroso, y tampoco les da reparo ofrecer animales al Eterno, como holocausto. Cada sacrificio de sangre es satánico y una profanación de la vida que proviene de Dios. Mediante tales seres vengativos y que vienen de las tinieblas, las tinieblas quieren escarnecer a Dios.
Dios, el Eterno, desea que el hombre sacrifique su yo inferior e instintivo y en su corazón Le adore a El, el Eterno, mediante pensamientos, palabras y obras de amor desinteresado.
Con las palabras, "en el patio exterior, se hace referencia, entre otras cosas, a la externalización de los hombres y a todo lo que han creado por su vida externalizada -incluyendo lo que forma parte de los sacrificios de sangre-; pues todos los patios exteriores, que simbolizan el mundo, se disolverán, porque sólo habrá un pueblo: el pueblo del Cristo de Dios.
Está próximo el día en que todo lo instintivo y pasional será barrido; pues lo que está predicho poco a poco está adoptando forma y aspecto: la Tierra se purificará, y la vida en la Tierra se renovará, y el Reino de Dios vendrá a la Tierra, a los hijos de Dios que sean de corazón puro.
11. Y ellos replicaron: "¿quién eres Tú, que quieres abolir los sacrificios y desprecias la simiente de Abraham? ¿Has aprendido esta blasfemia de los griegos y de los egipcios?
12. Y Jesús dijo: "antes de que Abraham fuera, Soy
Yo. Y rehusaban escucharle, y algunos decían: "está lleno del demonio;
y otros decían: "está loco. Y siguieron su camino y contaron todo a los
sacerdotes y ancianos, que se enfurecieron y dijeron: "ha blasfemado contra
Dios. (Cap. 49, 11-12)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Quien sólo se fija en lo externo, y habla el lenguaje de este mundo y vive en el mundo, no conoce la ley eterna y tampoco el lenguaje de la ley. Quien no Me reconoce, tampoco reconoce al Padre, que Me ha enviado a los hombres. Quien no Me reconoce, tampoco entiende Mi lenguaje, la ley, que Yo Soy. Así fue en todos los tiempos; así sigue siendo en el tiempo actual [1989]: el lenguaje de la ley eterna sólo lo entiende el que se esfuerza diariamente en regresar a la vida justa, a Dios.
Sólo llama demoníaco a su prójimo quien aún lleva en sí lo demoníaco. Así, no Me pudo entender a Mí, el Cristo en Jesús, ninguno de aquellos que llevaban una vida externalizada y que por eso eran de la opinión de que Mi hablar era demoníaco. Pero Yo Soy el que Soy, en Dios, Mi Padre, el primero visualizado por El, y primogénito. Fui visualizado en El antes que Abraham. Yo Soy omnipresente en Dios y en las cuatro fuerzas de los atributos de Dios. Con ello Soy una parte de la herencia de todos los hijos de Dios, que son de eternidad a eternidad.
Libro, 1088 páginas.
ISBN 3-89371-260-7 P.V.P.: DM/SFr 25,- ÖS 183,- US$ 15,-
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