Editorial DAS WORT

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La manifestación de Cristo
que el mundo no conoce

       Jesús alimenta a mil
                            personas y sana en sábado


Capitulo 48

Jesús alimenta a mil personas y sana en sábado

Padecer-con (1-9). Sanación de enfermos. Palabras calumniadoras contra Jesús y contra los seguidores de Cristo (10-13)

 

1. Y mientras Jesús enseñaba a las muchedumbres, que tenían hambre y sufrían el calor del día, sucedió que pasó por allí una mujer con un camello cargado de melones y otras frutas.

2. Y Jesús alzó Su voz exclamando: "oh vosotros, que tenéis sed, buscad el agua viva que viene del Cielo; pues ésta es el agua de la vida, y quien la beba nunca más tendrá sed”.

3. Y tomó cinco melones y los repartió entre el pueblo, y comieron y su sed se apagó. Y les dijo: "si Dios hace brillar el sol y que el agua llene estos frutos de la tierra, ¿no será El mismo el sol de vuestras almas y os llenará con el agua de la vida?

4. "Buscad la verdad y contentad a vuestras almas. La verdad de Dios es el agua que viene del Cielo, sin dinero y sin precio, y los que la beban serán saciados”. Y los que sació eran mil personas -hombres, mujeres y niños-, y nadie se marchó a casa hambriento o sediento. Y muchos que tenían fiebre fueron sanados.

5. Por aquel tiempo iba Jesús un sábado por los campos de trigo -y Sus discípulos estaban hambrientos y comenzaron a arrancar espigas y comerlas.

6. Pero al ver esto los fariseos Le dijeron: "mira que Tus discípulos hacen algo que según la Ley no es lícito hacer en sábado”.

7. Y Jesús respondió diciéndoles: "¿no habéis leído lo que hizo David cuando tuvieron hambre él y los que le acompañaban? ¿Que él entró en la casa de Dios y comió los panes de la proposición, que sólo debían comer los sacerdotes, pero no David y los que estaban con él?

8. "¿Ni habéis leído en la Ley, que en los días de sábado los sacerdotes trabajan impunemente en el templo? Pero Yo os digo que aquí hay uno que es más grande que el templo.

9. "Mas si comprendierais lo que esto significa: quiero compasión y no sacrificio, no habríais condenado a los inocentes. El Hijo del hombre es también Señor del sábado”. (Cap. 48, 1-9)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

El relato de los "melones”, significa: quien viva en Dios y dé de la verdad eterna, también recibirá de la verdad eterna. Ni el alma, que sólo vive de la fuerza de Dios, ni el hombre, que recibe su alimento terrenal de la fuerza de Dios, tendrán hambre o sed.

"Compasión”, es conmiseración. Quien de su prójimo sólo tiene conmiseración, está reforzando la autocompasión de éste. Por eso la palabra "compasión” debería ser entendida como "padecer-con”.

Quien pueda aceptar a su prójimo tal como es, y haya acogido su ser espiritual, que proviene de Dios, dentro de sí, no le mirará con conmiseración y lástima. Sentirá-con, es decir, padecerá-con, y al mismo tiempo, comprenderá lo que su prójimo realmente necesita. Entonces ayudará y dará desinteresadamente -así como le es dado, es decir, como le es posible-. Este es el sacrificio justo y más bello, el que es del agrado de Dios.

Sin embargo, quien se erige en juez de su prójimo, condena a sus semejantes. Quien practica la justicia, antepone la justicia al derecho; pues la justicia es Dios. El derecho ha sido hecho por hombres.

 

10. Continuando Su camino, entró en su sinagoga; y allí había un hombre que tenía una mano seca. Y los escribas y fariseos Le preguntaron para poder acusarle. "¿es lícito sanar en sábado?”

11. Y El les dijo: "¿hay uno entre vosotros que, teniendo una sola oveja, si cae en un pozo en día de sábado, la deje ahí tirada y no la saque? Y si ayudáis a una oveja, ¿por qué no ayudaréis a un hombre que está necesitado?

12. "Por eso está en la ley hacer el bien en sábado”. Entonces dijo a aquel hombre: "extiende tu mano”; y él la extendió, y volvió a estar como la otra.

13. Y los fariseos, saliendo, se reunieron en consejo contra El para ver cómo aniquilarle. Sin embargo, dándose cuenta Jesús, siguió Su camino, con Sus discípulos; y una gran muchedumbre Le seguía, y sanó a sus enfermos y tullidos, encargándoles que no dieran a conocer esto. (Cap. 48, 10-13)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Siendo Jesús, sané a muchos hombres -pero a muchos no pude ayudarles-. Más de uno fue ayudado en la hora del autorreconocimiento, pero cuando volvió a la vida cotidiana y volvió a vivir los viejos vicios, la enfermedad volvió a surgir, pues en quien vuelve a cometer los mismos pecados que le llevaron a la enfermedad, vuelve a desencadenarse lo que ya estaba transformándose en el alma: el viejo sufrimiento o la enfermedad.

Esto lo oyeron y vieron los escribas y fariseos, y lo tomaron como argumento para incitar al pueblo contra Mí: dijeron que era un charlatán que engañaba al pueblo y que tenía un pacto con Satanás. Además, hablaron en el sentido siguiente: si este Jesús fuera divino, los aparentemente sanados permanecerían sanos. Por tanto, son sólo engaños creados por El para atar las masas a El. Y siguieron hablando, conforme al sentido de: es Satanás; provoca histeria de sanación entre el pueblo y pone sobre las heridas fuerzas invisibles. Cuando disminuye la llamada histeria de sanación -que explicaron como hipnosis-, los aparentemente sanados tienen que darse cuenta de que aún cargan con los viejos sufrimientos.

Tales y otras palabras calumniadoras de los fariseos y escribas de entonces se repitieron en todas las generaciones, hasta el tiempo actual [1989]. También actualmente, en el gran cambio de era, suceden cosas similares a las que sucedieron durante Mi existencia terrenal. Los fariseos y escribas -hoy son autoridades eclesiásticas intelectuales y los que les siguen ciegamente- vuelven a calumniar a aquellos que Me siguen a Mí, el Cristo, y que se esfuerzan en llevar una auténtica vida cristiana, en ayudar desinteresadamente a sus semejantes y en divulgar la buena nueva de que el Reino de Dios está próximo.

 

14. Y se cumplió lo que había dicho Isaías: "he aquí a Mi siervo, a quien elegí; Mi amado, en quien Mi alma* se complace. Derramaré Mi espíritu sobre El, y llevará la justicia a los infieles.

15. "No llamará ni gritará, ni habrá nadie que oiga Su voz en las calles. No quebrará una caña doblada y no apagará el lino ardiente, hasta haber difundido la justicia y la victoria. Y los paganos confiarán en Su nombre”. (Cap. 48, 14-15)

 

El próximo capitulo


Libro, 1088 páginas.
ISBN 3-89371-260-7 P.V.P.: DM/SFr 25,- ÖS 183,- US$ 15,- 
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