Editorial DAS WORT

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  El correcto entendimiento
                                de los mandamientos


Capitulo 47

El correcto entendimiento de los mandamientos. Parábola del hombre rico y del mendigo Lázaro

Acerca del entendimiento correcto de las leyes escritas; ejemplo: matar (1-3). La envidia es robo. Engendrar a hijos enfermos. Adulterio (4-5). El respeto por todas las formas de vida (6). Decir la verdad; sin embargo, no comprometer. Respetar el libre albedrío del prójimo (7). Vivir en Dios (8-9). Diferencias entre ricos y pobres: causas y efectos (10-17)

 

1. Y habiendo descendido del monte, uno de Sus discípulos Le preguntó: "Maestro, ¿entrará un hombre en la vida si no guarda todos los mandamientos?” Y El dijo: "la ley es buena según la letra, pero es mejor aún según el espíritu; pues la letra sin el espíritu está muerta, pero el espíritu vivifica la letra.

2. "Procurad obedecer de corazón y en el espíritu del amor todos los mandamientos que os he dado.

3. "Está escrito: no matarás. Pero Yo os digo que los que odian y desean matar, son culpables ante la ley. Sí, si ocasionan dolor o torturas a criaturas inocentes, son culpables. Sin embargo, si matan tan sólo para dar fin a sufrimientos que no se pueden remediar, no son culpables, si hacen esto de manera rápida y con amor. (Cap. 47, 1-3)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

"La ley es buena según la letra, pero es mejor aún según el espíritu”, significa: la ley de Dios es la verdad. La verdad es eterna por ser Dios la Ley, la Verdad.

Quien reconoce la ley de Dios según la letra, cree en la ley de Dios. Sin embargo, no ha llegado a ser todavía la ley de Dios. Quien traspasa la ley de Dios con su alma despierta, es decir con el espíritu de la verdad, ya no se apega a la letra. En este hombre, la letra llega a hacerse viva, porque él está cumpliendo lo que expresa la letra: la ley de Dios. Tal como habéis leído: "pues la letra sin el espíritu está muerta, pero el espíritu vivifica la letra”.

La letra sólo llega a hacerse viva cuando el hombre comienza a cumplir los mandamientos. De ese modo madura y entra, muy paulatinamente, en la ley omniabarcante del amor y de la vida. Sólo quien cumpla los mandamientos con el corazón y en el espíritu del amor, reconocerá la ley omniabarcante y encontrará la verdad, que está dentro del alma del hombre.

Comprended: la verdad, la ley divina, hace libre al hombre -no la sola letra, en que está contenida la ley.

"No matarás” -ni a hombres ni intencionadamente a animales-. A este respecto Yo os digo: quien odia y desea matar a su prójimo y a su prójimo animal -ya sea a hombres o a animales-, ya con esto se hace igualmente culpable ante la ley de Dios.

"Sin embargo, si matan tan sólo para dar fin a sufrimientos que no se pueden remediar, no son culpables, si hacen esto de manera rápida y con amor”, sólo es válido para el mundo animal.

Comprended: los animales no tienen culpas de alma, es decir no han creado causas. Cuando sufren, sufren sólo porque los hombres no respetan su modo de vida. Por eso, guardaos de matar a animales con el argumento de que sufren. En el tiempo actual [1989] muchos animales sufren por las consecuencias de la técnica y a causa de los crueles experimentos con animales. Por tanto, examinad: ¿por qué motivo matáis a animales? También aquí es válida la ley: lo que el hombre siembre -tanto en su comportamiento para con los hombres como con los animales y con la naturaleza-, es lo que cosechará.

 

4. "Se dice: no robarás. Pero Yo os digo que todos los que no están satisfechos con lo que tienen y desean y codician lo que otros tienen, o los que privan al trabajador de lo que le corresponde, han robado ya en su corazón y su culpa es mayor que la de un hombre que roba un pan por necesidad para calmar su hambre.

5. "Y Yo os he dicho: no cometeréis adulterio. Pero os digo que si un hombre y una mujer se unen en matrimonio teniendo el cuerpo enfermo y engendran descendencia enferma, son culpables aunque no hayan tomado la mujer o el marido de su prójimo. Y también aquellos que no han tomado una mujer que pertenece a otro, pero que quieren eso en su corazón y la desean, ya cometieron adulterio en espíritu. (Cap. 47, 4-5)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Comprended: la ley de Dios obra en cada detalle de vuestra vida terrenal, cada instante de vida terrenal. En todo lo que sentís, pensáis, habláis y hacéis está presente la ley regente de Dios. Se activa de modo acorde a vuestro comportamiento.

Si os volvéis contra la ley de Dios, estáis reforzando vuestro yo humano; esto entra entonces como culpa en vuestra alma. Si dejáis que en vuestro sentir, pensar, hablar y actuar rija la ley de Dios, ésta ayudará y os preparará de múltiples maneras los caminos al amor desinteresado, a la felicidad interna, a la satisfacción y a la moderación. Entonces vuestra alma se volverá más luminosa, vuestro cuerpo más irradiante, y en esta vida terrenal tendréis lo que necesitéis -y más aún.

Tened presentes las palabras: "...los que no están satisfechos con lo que tienen y desean y codician lo que otros tienen”; o quien priva a su prójimo de lo que le corresponde -ésos han robado ya en su corazón.

De modo que la envidia ya es robo, y entra como tal en el alma. Tened presente que esta culpa es más grande que cuando un hombre roba pan por necesidad para calmar su hambre.

Explico la siguiente afirmación: "pero os digo que si un hombre y una mujer se unen en matrimonio teniendo el cuerpo enfermo y engendran descendencia enferma, son culpables aunque no hayan tomado la mujer o el marido de su prójimo”. Quien conoce su enfermedad y sabe que es contagiosa y, a pesar de ello, se casa y engendra hijos que sufrirán de la misma enfermedad, se hace culpable ante la ley de la vida y de la libertad.

También esto es ley: quien no ha tomado a una mujer, porque pertenece a otro, pero la quiere y desea en su corazón, ya ha cometido adulterio en el espíritu.

Repito: la ley de la vida traspasa cada fibra del ser material. El alma es el libro de la vida; la ley de Dios escribe ahí todo pro y contra. Así nada se pierde -ni lo bueno ni lo menos bueno, y tampoco lo malo-. Todo está en el libro de la vida, en el alma.

 

6. "Y os digo de nuevo: todo aquel que trata de poseer el cuerpo de cualquier criatura para alimento, diversión o beneficio, se mancha con ello. (Cap. 47, 6)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Con la expresión "se mancha”, se hace referencia a que el alma se carga; pues quien hace violencia a hombres o animales y desprecia la vida, está pecando contra la vida del hombre o del animal. Lo mismo es válido para plantas, piedras y minerales. Todas las formas de vida llevan en sí mismas la vida que proviene de Dios. Presienten las intenciones que su prójimo tiene para con ellas y sienten eso en forma de alegría o dolor. Lo que el hombre hace a su prójimo o a una forma de vida, recae sobre él.

 

7. "Y cuando un hombre dice la verdad a su prójimo con intención de dañarle, es culpable aunque eso sea literalmente verdad. (Cap. 47, 7)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Si un hombre revela a su prójimo la verdad con intención de avergonzarlo, comprometerlo o herirlo -es decir, para dañarlo-, está pecando contra la ley del libre albedrío y dañándose con ello a sí mismo, pues todo lo que ocurre por motivos egocéntricos con premeditación, es pecado -también cuando se dice literalmente la verdad-. Esto es válido -de forma atenuada- también cuando por motivos egocéntricos sucede sin quererlo -pues muchos conocen los Diez Mandamientos de Dios.

Comprended: la verdad sólo debería ser dicha al prójimo cuando esto se hace desinteresadamente, es decir sin intención de hacer un juicio de valor -y sólo cuando el transmisor de la verdad está a solas con su prójimo-; pues cada hombre tiene el libre albedrío, y lo que hace incumbe sólo a Dios y a Su hijo.

Puedes llamar la atención de forma desinteresada a tu prójimo sobre su comportamiento pecaminoso -y esto tan sólo si lo puedes demostrar-. Sin embargo, no influyas sobre él para que haga o deje de hacer esto o aquello.

Quien en público pone al descubierto lo que su prójimo quiso callar, también se hace igualmente culpable ante la ley del libre albedrío. Cada uno, voluntariamente, debe admitir abiertamente sus fallos, y dar la vuelta cuando sea necesario.

Si por ejemplo llamas ladrón a tu prójimo en público, porque tú sabes del delito, infringes la ley del libre albedrío. Ve al ladrón y cuéntale que sabes de su robo, y pídele que lo confiese abiertamente y que devuelva lo que ha sustraído. Si no lo hace, puedes hablar en términos generales ante los guardianes de las leyes terrenales, pero nunca señalarle con el dedo y llamarle ladrón. Esta es la explicacion desde la ley eterna -pero cómo actúe el hombre, depende a su vez de su libre albedrío.

 

8. "Andad en el espíritu y así cumpliréis la ley y maduraréis para el Reino de Dios. Dejad mejor que la ley esté en vuestros corazones, en vez de ponerla en placas conmemorativas, cosa que, no obstante, tenéis que hacer, y no dejar pendiente; pues la ley que os he dado es santa, justa y buena, y benditos sean todos los que la obedezcan y caminen en la ley.

9. "Dios es espíritu, y los que adoran a Dios deben adorarlo en espíritu y en verdad, en todo tiempo y en todo lugar”. (Cap. 47, 8-9)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

"Andad en el espíritu”, significa: esforzaos diariamente en cumplir los mandamientos de Dios, y creceréis cada vez más en la ley eterna y viviréis en ella. Poned por tanto vuestro empeño en vivir en el presente y en cumplir desinteresadamente lo que cada día os encargue.

Entonces os liberaréis de deseos acuciantes, y no viviréis ni en el pasado ni en el futuro. Tampoco os preocuparéis por el mañana, y tampoco querréis asegurar vuestro futuro, puesto que estaréis viviendo en el presente, en Dios. Quien va a lo largo del día con Dios, recibe cada vez más fuerza de Dios, porque está siendo obediente a Dios. Caminará entonces en El, el gran Espíritu, Dios.

Quien camine en Dios, adorará a Dios en espíritu y en verdad, porque él sabe: Dios es espíritu. Su luz está en todos los lugares y en cada momento del día -así también en cada situación, en todo lo que a él le sucede.

 

10. Y a los ricos les dijo esta parábola: "había un hombre rico que se vestía con púrpura y lino fino y se regalaba todos los días espléndidamente.

11. "Había también un pobre, de nombre Lázaro, que estaba echado en su portal, cubierto de úlceras, y deseaba hartarse de las migas que caían de la mesa del rico. Pero los perros venían a lamerle las úlceras.

12. "Sucedió, pues, que murió el pobre, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico, y fue sepultado con gran pompa. En el infierno, en medio de sus tormentos, al levantar sus ojos vio a Abraham desde lejos y a Lázaro en su seno.

13. "Y gritando, dijo: padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que, con la punta del dedo mojada en agua, refresque mi lengua; pues sufro penas en este lugar.

14. "Pero Abraham dijo: hijo, acuérdate de que recibiste ya tus bienes en tu vida y, Lázaro, por el contrario, recibió males. Ahora, en cambio, él es consolado, y tú eres atormentado. Y así, los cambios en la vida son para purificar el alma. Además, entre nosotros y vosotros hay un gran abismo, de manera que los que quieren bajar de aquí a vosotros no pueden, e igualmente pocos de vosotros pasan de vosotros a nosotros, hasta que su tiempo sea cumplido.

15. "Y dijo: te ruego, padre, que siquiera le envíes a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, a fin de que no vengan también ellos a este lugar de tormento.

16. "Abraham le dijo: tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen. Pero él dijo: no, padre Abraham; pero si uno de los muertos fuese a ellos, harían penitencia.

17. "Abraham le dijo: si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco creerán si alguien resucita de entre los muertos”. (Cap. 47, 10-17)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Cada hombre es un hijo de Dios y no debería ir por la Tierra en vestido de mendigo. Sin embargo, el hombre tampoco debería regalarse en lujo y riqueza y hacer que para ello sólo trabajen sus semejantes, para que sólo él tenga bienestar; pues cada hombre debería cumplir el mandamiento "ora y trabaja”.

Cada trabajador es merecedor de su salario. Quien trabaje honestamente, también será justo con su prójimo. No atesorará para sí mismo dinero y bienes ni se procurará riquezas terrenales y grandes bienes. Su empeño será que todos los hombres puedan vivir como hijos de Dios: interna y externamente, en armonía y orden.

Quien sólo piense en sí mismo, haga que sólo trabajen para él y pague al trabajador honesto un salario injusto, vivirá los "placeres de la vida” hasta que le alcance lo que ha causado, ya sea en esta o en posteriores encarnaciones, o como alma en los lugares de purificación. Esto expresa la parábola del hombre rico y del pobre Lázaro: quien en esta encarnación viva regaladamente a expensas de su prójimo, se encontrará como mendigo ante la puerta de los que, como él antaño, se entregan a la riqueza, ya sea como alma en los lugares de purificación, o en una de las siguientes encarnaciones.

Habrá pobres y ricos hasta que las almas y los hombres se orienten a la luz de Dios y reciban de la luz de la verdad, de la ley de la vida. Entonces vivirán todos en unidad entre sí y poseerán lo que necesiten -y más aún.

Si el alma es rica en Luz interna, entonces el hombre no es pobre. Si el alma es pobre en luz y fuerza de Dios, es bien posible que en esta vida el hombre sea rico externamente -por ejemplo porque explota a otros hombres y mete las ganancias en sus bolsillos-. Sea en el reino de las almas, o en otra encarnación terrenal, el alma -o el hombre- reconocerá la pobreza interna y tendrá que soportar las penas y los tormentos que en su día causó como hombre a su prójimo. Entonces el alma, estando en vestido terrenal, o vivirá en pobreza o enfermedad, o tendrá que cargar con ambas cosas, y más de uno tendrá que conformarse con las migajas que caigan de la mesa de los ricos -hasta que coma en la mesa del Señor con los hombres que se dirigen a la luz.

Las diferencias entre riqueza y pobreza existirán hasta que todos vivan en Mí, el Cristo, en la ley del amor, que une a todos en el Padre eterno.

El abismo entre los diferentes grados de consciencia existe únicamente desde la conciencia de grado inferior: ésta no puede subir a ámbitos más elevados de consciencia.

Las almas que están en planos superiores de consciencia, en cambio, pueden ir al encuentro de las almas que están en planos inferiores de consciencia. Esto, sin embargo, sólo sucede cuando ven que pueden ayudar a su prójimo de consciencia todavía inferior, porque éste está abierto a ello.

 

El próximo capitulo


Libro, 1088 páginas.
ISBN 3-89371-260-7 P.V.P.: DM/SFr 25,- ÖS 183,- US$ 15,- 
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