Editorial DAS WORT

DAS WORT - la editorial en Vida Universal


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El Evangelio de Jesús
La manifestación de Cristo
que el mundo no conoce

         La transfiguración
                                          de Jesús


Capitulo 46

La transfiguración de Jesús. Los doce Mandamientos

En la transfiguración de Jesús Le fueron revelados Su camino de sufrimiento, Su posterior misión como Cristo y el futuro de la humanidad y de la Tierra (1-6). El Nuevo Israel (7-21). La nueva ley del amor. Ningún alma se perderá (22-24). La purificación del alma (25). A todos los verdaderos profetas se les ignora (26-28)

 

1. Seis días después, estando cerca la fiesta de los Tabernáculos, Jesús tomó a los Doce y los llevó consigo a un monte alto. Y mientras oraba cambió la apariencia de Su figura y se transfiguró ante ellos, y brilló Su rostro como el sol, y Sus vestidos eran blancos como la luz.

2. Y he aquí que se Le aparecieron Moisés y Elías, y hablaban con El sobre la Ley y sobre Su muerte, que había de acontecer en Jerusalén.

3. Y Moisés dijo: "Este es de quien os predije: un profeta de en medio de tus hermanos, parecido a mí, os enviará el Eterno, y lo que el Eterno Le diga os lo dirá El a vosotros, y a El escucharéis, y quienes no quieran obedecerle se prepararán su propia ruina”.

4. Pedro dijo a Jesús: "¡Señor, es bueno estar aquí! Si quieres construiremos aquí tres tiendas; una para Ti, otra para Moisés y otra para Elías”.

5. Y mientras aún estaba él hablando, he aquí que les cubrió una nube resplandeciente, y doce rayos de luz semejantes al sol despuntaron tras las nubes, y salió de la nube una voz que decía: "Este es Mi Hijo amado, en quien tengo Mi complacencia; escuchadle”.

6. Al oír esto los discípulos, cayeron sobre su rostro, sobrecogidos de gran temor. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: "levantaos, no temáis”. Alzando ellos los ojos, no vieron a nadie, sino sólo a Jesús. Y los seis rayos de luz se veían sobre El. (Cap. 46, 1-6)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Por los querubines de los atributos de Dios Me fue anunciada a Mí, Jesús de Nazaret, Mi muerte en Jerusalén, y manifestada Mi evolución posterior como Cristo de Dios. Al propio tiempo vi Mi camino de sufrimiento en imágenes y lo que significa para todos los hombres. También vi Mi obrar como Cristo de Dios en el Cielo y en la Tierra. Vi también los sufrimientos que aún atravesaría la humanidad a pesar del acto redentor. Vi la luz de la Tierra, y cómo paulatinamente adquiría forma y aspecto, y vi a los muchos hombres que cumplen cada vez más la voluntad de Dios. Vi la misión en su totalidad, y también vi la estirpe de David -de la que Yo, Jesús, provenía según la carne- y su obrar conmigo, el Cristo de Dios, en esta Tierra y en los lugares de purificación.

También vi el fin de la Tierra y de todas las formas materiales. Todo Me fue revelado.

Los doce rayos de luz significan entre otras cosas los doce portales del eterno SER, los cuales descienden cada vez más a la Tierra y de los que surge la irradiación para el Reino de Paz de Jesucristo.

Los seis rayos de luz significan las seis fuerzas básicas de los Cielos; el séptimo rayo básico, la Misericordia, habitó entre los hombres. Los rayos de luz hay que entenderlos como símbolos. Son activos en Mí, el Cristo de Dios, y en el mundo se hacen visibles: la ley de la vida y el obrar de la luz entre los hombres en el Reino de Paz de Jesucristo.

 

7. Y Jesús les dijo: "he aquí que os doy una nueva ley, que sin embargo no es nueva, sino antigua. Igual que Moisés dio los Diez Mandamientos al pueblo de Israel, según la carne, así también os daré Yo los doce Mandamientos para el reino de Israel, según el Espíritu Santo.

8. "¿Quién es este Israel de Dios? Todos los que en cada pueblo y en cada tribu practican la justicia, el amor y la misericordia y guardan Mis mandamientos, son el verdadero Israel de Dios”. Y levantándose, Jesús dijo:

9. "Escucha, oh Israel; Jehová, tu Dios, es el Uno. Tengo muchos videntes y profetas. En Mí viven y se mueven todos y tienen su existencia.

10. "No quitaréis la vida a ninguna criatura por diversión o para vuestro beneficio, ni la atormentaréis.

11. "No robaréis los bienes de otros, ni acumularéis para vosotros mismos tierras y riquezas, más que las que necesitéis.

12. "No comeréis la carne ni beberéis la sangre de ninguna criatura matada, ni otras cosas que dañen vuestra salud o vuestra consciencia.

13. "No contraeréis matrimonios impuros, en que no haya amor y pureza, ni os corromperéis a vosotros mismos o a cualquier criatura que ha sido creada pura por el Santo.

14. "No daréis falso testimonio contra vuestro prójimo ni engañaréis intencionadamente a alguien con mentira, para perjudicarle.

15. "No haréis a nadie lo que no queráis que se os haga a vosotros.

16. "Adoraréis al Uno, el Padre en el Cielo, del que vienen todas las cosas, y honraréis Su santo nombre.

17. "Honraréis a vuestro padre y a vuestra madre, que se ocupan de vosotros, y a todos los maestros justos.

18. "Amaréis y protegeréis a los débiles y a los oprimidos y a todas las criaturas que sufran injusticia.

19. "Ganaréis con vuestras manos todo lo bueno y necesario. Así, comeréis los frutos de la tierra, para que tengáis larga vida en la tierra que habitáis.

20. "Os limpiaréis todos los días y al séptimo día descansaréis de vuestro trabajo y santificaréis el sábado y las fiestas de vuestro Dios.

21. "Haréis a los otros lo que queréis que los otros os hagan a vosotros”. (Cap. 46, 7-21)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Quien guarde estos mandamientos llegará a ser un habitante del Reino de Paz de Jesucristo. Este tiene sus leyes, que el Eterno ha manifestado. Mi Reino de paz es el Nuevo Israel -ya no el viejo Israel-. El Nuevo Israel se está formando en otro país de la Tierra y con los hombres que han hecho con Dios la Alianza para el Reino de Paz de Jesucristo y que la mantienen. El viejo Israel permaneció en el pecado.

David se convirtió por tanto en el padre fundador, según la carne, para el Reino de Paz de Jesucristo; la Sabiduría divina se convirtió en la madre fundadora, según el espíritu, para el Reino de Paz de Jesucristo. La estirpe de David es al propio tiempo la estirpe y la tribu para Mi Reino en la Tierra: el Reino de Paz.

De las ruinas del viejo mundo pecaminoso surge el Nuevo Tiempo: el Nuevo Israel con la Nueva Jerusalén -en primer lugar como Comunidad de la Alianza, en Dios, Mi Padre, y en Mí, el Cristo de Dios; luego como ciudad Jerusalén, y, en el tiempo de luz (cuando lo materialista se acerque a su fin), como Estado de Cristo para el Reino mundial de Jesucristo.

Los significados de las palabras cambian. Así que es válida la siguiente rectificación:

La palabra "honrar”, en el mandamiento "honraréis a vuestro padre y a vuestra madre, que se ocupan de vosotros, y a todos los maestros justos”, es sustituida por la palabra "respetar”. Sólo a Dios corresponde la honra. Los hombres deben respetar mutuamente su vida, que proviene de Dios.

 

22. Y al oír los discípulos estas palabras se golpeaban el pecho, diciendo: "perdónanos, oh Dios, si hemos pecado; y que Tu sabiduría, Tu amor y verdad, que están en nosotros, hagan inclinarse nuestros corazones a amar y cumplir Tus mandamientos sagrados”.

23. Y Jesús les dijo: "Mi yugo es equilibrado y Mi carga es pequeña, y si queréis llevarla os será ligera. No pongáis a los que entran en el Reino de Dios más cargas que las que son necesarias.

24. "Esta es la nueva ley para el Israel de Dios, y la ley está en El; pues es la ley del amor y no es nueva, sino antigua. Guardaos bien de añadir algo nuevo a esta ley y de quitarle algo. En verdad os digo que los que crean y cumplan esta ley se salvarán, y los que la conozcan y no la cumplan estarán perdidos. (Cap. 46, 22-24)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

De los mandamientos de Dios para el reino de Israel, surgió la ley que está en El, para el Nuevo Israel de Dios. Es la ley del amor. Bien que sea nueva para muchos hombres que dan los primeros pasos hacia la ley para el Nuevo Israel. Pero ha sido dada de la eterna ley de la vida, para los hombres del Nuevo Tiempo. La ley eterna ha sido calificada en la palabra [en el texto del "Evangelio de Jesús”] de "antigua”: esto significa, en este contexto, "eterna”.

Yo rectifico: sustituid las palabras, "estarán perdidos”, por las palabras, "se perderán”, pues esto quiere decirse. En verdad os digo: todos los que crean, y cumplan esta ley, serán los salvados. Y los que la conozcan y no la cumplan, se perderán en el mundo y tendrán que soportar lo que hayan sembrado -hasta que se vuelvan a encontrar en Mí, el Cristo de Dios, como hijos de Dios.

Ningún alma se perderá. En cada alma está el destello redentor, que es su lámpara mientras va al Hogar interno, a la paz interna, de donde vino como ser de la luz y a donde va como ser de luz nuevamente puro, como hijo de Dios.

 

25. "Pues, así como todos mueren en Adán, así todos serán vivificados en Cristo. Y los desobedientes serán purificados mediante muchos fuegos; y los que permanezcan obstinados, descenderán y estarán perdidos durante un eón”. (Cap. 46, 25)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

"Pues, así como todos mueren en Adán, así todos serán vivificados en Cristo”, significa: la envoltura del alma, el cuerpo material, que se formó paulatinamente por la Caída y que es de esta Tierra, morirá. Sin embargo, el alma, que no es de esta Tierra, sino que vino de los Cielos, como ser puro, como ser espiritual de Dios, volverá a reconocer a través de Mí, Cristo, la luz de su Hogar, y regresará allí como ser puro.

"Y los desobedientes serán purificados mediante muchos fuegos; y los que permanezcan obstinados, descenderán y estarán perdidos durante un eón”, significa: el fuego es el proceso de purificación. Son los tormentos de las almas que como hombres han pecado contra sus semejantes, o contra animales, plantas o piedras. Todo lo que no ha sido expiado, necesita ser purificado. Los tormentos del alma son las imágenes de todo lo que no ha sido expiado. Lo que hombres y animales, en definitiva toda la naturaleza, tuvieron que soportar del hombre, surge entonces en el alma del causante, en imágenes. El alma experimenta en su propio cuerpo espiritual la pena, el dolor y el sufrimiento -todo lo que ha ocasionado como hombre a los hombres, animales, plantas, piedras y minerales-. Este es pues el fuego, la purificación del alma.

Los obstinados, los que no reconocen sus errores, "descenderán”, significa: pasarán encarnaciones pobres en luz, y en el alternar de nacer y morir expiarán lo que hayan causado. Esto puede durar, no sólo un eón, sino varios eones. Los eones también pueden denominarse ciclos de luz cósmicos.

 

26. Y al bajar del monte, Jesús les mandó, diciendo: "no habléis a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos”.

27. Y Sus discípulos Le preguntaron: ¿"por qué, pues, dicen los escribas que Elías tiene que venir primero?” Y Jesús respondió diciéndoles: "Elías, en verdad, ha de venir primero y restablecer todo.

28. "Sin embargo, Yo os digo: Elías ha venido ya, y no le reconocieron, sino que hicieron con él lo que quisieron. De la misma manera, el Hijo del hombre tiene que sufrir de parte de ellos”. Entonces los discípulos entendieron que les había hablado de Juan el Bautista. (Cap. 46, 26- 28)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

En todos los tiempos, los verdaderos profetas anunciaron a los grandes seres espirituales, mensajeros de luz de Dios, que estarían en vestido terrenal, y los hombres los esperaban. Sin embargo, mientras los verdaderos anunciadores, los profetas, estuvieron entre los hombres, no fueron reconocidos, sino puestos en duda, discriminados, perseguidos o incluso matados. Los hombres no creyeron en sus mensajes, pues los profetas eran hombres entre hombres, aunque con una elevada consciencia, divina, que quien estaba centrado en el mundo no podía ver ni captar. Tan sólo cuando estos grandes anunciadores de Dios ya no estaban en lo temporal, sus palabras volvieron a hacerse vivas en más de un oído. Sólo entonces, tras haber sido discriminados y perseguidos, y tras su muerte, muchos fueron reconocidos como verdaderos profetas y anunciadores de Dios y pasaron a formar parte de la historia de la humanidad.

Cuando luego los grandes seres espirituales anunciados, que habían sido esperados por el pueblo, aparecieron en vestido terrenal ante los hombres, tampoco fueron reconocidos, sino igualmente escarnecidos, fueron objeto de burlas o incluso matados. Cuando después dejaron de estar en lo temporal, fueron recordados y se habló de ellos como de los verdaderos profetas y grandes seres provenientes de Dios, en vestido terrenal. Como el hombre ve sólo el hombre, lo externo, y oye sólo la palabra del hombre y no se esfuerza en captar el sentido de las palabras, la masa de los hombres tuvo a todos los grandes seres espirituales en vestido terrenal por alborotadores, estafadores, falsos profetas, o maestros que sólo querían destacar y, por así decirlo, gritó: ¡crucificadles!

Así, los hombres no reconocieron a Juan -en el que no estaba Elías, sino que estaba bajo la irradiación del espíritu de Elías- ni a su Redentor, como tampoco a los profetas justos y a los hombres y mujeres iluminados. Tan sólo cuando los grandes seres espirituales dejaron de estar como hombres entre ellos, muchos fueron reconocidos y alabados con palabras. Los hombres también incluyeron las palabras de algunos en el libro de las instituciones, que han llamado Biblia; pero la realización de lo que enseñaron los grandes seres espirituales siguió y sigue aún pendiente, pues hasta el día de hoy [1989] muchos han olvidado vivir lo que los mensajeros de luz de los Cielos trajeron a la humanidad: las leyes del amor desinteresado.

¿Qué importa al fin y al cabo la gloria, si los hombres no cumplen lo que aquellos por ellos glorificados anunciaron? Las almas divinas en vestido terrenal, los verdaderos profetas, los grandes seres espirituales, volvieron al Reino de Dios, y recibieron de Dios la recompensa. ¿De qué aprovecha a la humanidad, aun cuando pasen a formar parte gloriosa de un libro en que se escribe acerca de su grandeza y en que son puestos por escrito sus mensajes -si en cambio éstos apenas hallan eco entre los hombres, es decir, apenas son tomados en serio y realizados?

El próximo capitulo


Libro, 1088 páginas.
ISBN 3-89371-260-7 P.V.P.: DM/SFr 25,- ÖS 183,- US$ 15,- 
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