Esta es Mi Palabra
Alfa y Omega
El Evangelio de Jesús
La manifestación de Cristo
que el mundo no conoce
La búsqueda de signos. El espíritu impuro.
Los padres y hermanos de Jesús. Riqueza terrenal
El "ciego espera milagros. El peligrode ser
influenciado por fuerzas contrarias a la ley divina (1-6). El pecado contra el Espíritu
Santo es actuar contra lo que uno mismo sabe (7). Ser miembro de la familia de Dios, o un
solitario y un defensor del yo humano (8-10). La riqueza material; repercusiones de la avaricia (11-16)
1. Varios escribas y fariseos Le dijeron: "Maestro, quisiéramos ver un signo Tuyo. Pero El respondió diciéndoles: "una generación mala y corrompida busca un signo, y no le será dado signo alguno, a excepción del signo del profeta Jonás.
2. "Igual que Jonás estuvo en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre tres días y tres noches en el corazón de la Tierra, y después resucitará.
3. "Los hombres de Nínive resucitarán y juzgarán a esta generación y la condenarán; pues se arrepintieron ante la predicación de Jonás, y mirad que aquí hay uno más grande que Jonás.
4. "La reina del sur resucitará y juzgará y condenará a esta generación, pues vino de las zonas más lejanas de la Tierra para oír la sabiduría de Salomón, y mirad que aquí hay uno más grande que Salomón.
5. Y El dijo además: "cuando el espíritu impuro ha salido de un hombre, discurre por lugares áridos, para encontrar reposo; y al no hallarlo, se dice: 'volveré a mi casa, de la que salí'. Y al llegar allí la encuentra vacía, barrida y adornada, pues no pidieron al espíritu bueno que habitara en ella y que fuera su huésped eterno.
6. "Entonces va, toma consigo a otros siete
espíritus peores que él y, entrando, habitan allí, y este último estado de todos los
que son así es peor que el primero. Así le ocurrirá a aquella generación mala que
rehúse la entrada al Espíritu de Dios. (Cap. 45, 1-6)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Quien espera signos y milagros de Dios, no se reconoce a sí mismo como obra de Dios que El ha creado. Quien quiera ver signos y milagros, que observe su casa de carne y sangre y reconozca ahí las innumerables funciones, que sólo son posibles en ella gracias al Espíritu de Dios.
Quien -como Yo, Cristo en Jesús- vive en el eterno SER, ya no necesita signos y milagros visibles. Ya en vestido terrenal contempla la realidad de Dios, que le irradia en innumerables acontecimientos y formas. Sólo el ciego quiere ver sin quitar de sus ojos la venda del pecado.
Por tanto, prestad atención a vuestros pensamientos, palabras y sentidos, que os cierran los ojos para la verdad y abren los portales para el pecado; pues el hombre se deja seducir demasiado pronto, y con ello da paso al satanás de los sentidos.
Alma y hombre son la casa de Dios. Cuando ésta ha sido ensuciada con pensamientos de envidia, de odio y enemistad; cuando el hombre ciertamente los reconoce pero no los cambia; cuando a los buenos principios y propósitos no les siguen los actos correspondientes -entonces se introduce en el hombre lo malo, lo que se convierte en yugo y en carga.
Quien no reconoce a tiempo su forma de pensar, hablar y obrar, y no da la vuelta, mantiene aquélla abierta para otros, de los que vienen de las tinieblas, que entran en la casa para ellos adornada y obligan al hombre a hacer lo que ellos quieren. El hombre pierde con esto el dominio sobre sus pensamientos y palabras. Entonces se piensa, habla y actúa a través de él. Ya no es él mismo, sino que, aquellos que piensan y hablan a través de él, son aquellos a los que dio entrada por su comportamiento lejano a Dios.
Por tanto, por medio del pensar, hablar y actuar contrarios a la ley divina, el hombre atrae a las fuerzas análogas a ello, que luego le influencian; pues los iguales se atraen.
También toda arrogancia es peligrosa, pues es el adorno del tenebroso.
Así y de forma parecida ha sucedido y sucede a los hombres en muchas generaciones, y seguirá sucediendo aún, a muchos que niegan la entrada al Espíritu de Dios.
7. "Pues os digo que el que blasfeme contra el Hijo
del hombre será perdonado. Pero quien blasfeme contra el Espíritu Santo, no será
perdonado ni en esta ni en la próxima vida; pues ellos resisten a la Luz de Dios, a causa
de las cosas falsas que los hombres han transmitido. (Cap. 45, 7)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Yo explico la siguiente afirmación: "pero quien blasfeme contra el Espíritu Santo, no será perdonado ni en esta ni en la próxima vida.
El pecado contra el Espíritu Santo es el pecado más grave. Cuando al hombre le es manifiesta la verdad, la ley de Dios -ya sea por los Diez Mandamientos, por el Sermón de la Montaña o a través de Mis manifestaciones en el tiempo actual [los años en torno al año 1989]- y, a pesar de ello, piensa, habla y actúa conscientemente contra la ley de Dios, está pecando contra el Espíritu Santo. Un pecado contra el Espíritu Santo, según sea su grado de intensidad, no puede ser expiado en una sola existencia terrenal. Según las circunstancias, podrían ser necesarias varias encarnaciones para liquidar y expiar lo que el hombre ha causado.
También si un hombre ha enseñado falsedades transmitidas por la tradición, está atado a estas falsedades -y con ello a los hombres y almas que ha instruido en lo erróneo-. A pesar de ello, le es dada diariamente la posibilidad de cambiar de manera de pensar y encontrar en sí mismo lo que verdad y vida significan.
8. Mientras El aún hablaba al pueblo, he aquí que Sus padres y Sus hermanos y hermanas estaban fuera y querían hablar con El. Alguien Le dijo: "mira, Tu padre y Tu madre y Tus hermanos y hermanas están fuera y quieren hablar contigo.
9. Pero El respondió diciéndole: "¿quién es Mi padre y quién es Mi madre? ¿Y quiénes son Mis hermanos y hermanas?
10. Y señalando con Su mano a Sus discípulos, dijo:
"he aquí a Mi padre y a Mi madre, a Mis hermanos y hermanas y a Mis hijos. Quien
hace la voluntad de Mi Padre que está en los Cielos, ése es Mi padre y Mi madre, Mi
hermano y Mi hermana, Mi hijo y Mi hija. (Cap. 45, 8-10)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Cada hijo de Dios, ya viva en el Cielo, o en la Tierra como ser humano, o como alma en los lugares de purificación, es un miembro de la gran familia de Dios. Quien cumple la voluntad de Dios, es atraído desde su interior hacia donde hay hombres que viven en y con Dios, pues éstos son los que pertenecen a la familia de Dios.
Quien hace la voluntad de los hombres, da la espalda a aquellos que se esfuerzan en cumplir la voluntad de Dios. Se convierte en un solitario y en un defensor de su yo humano.
La medida para cada hombre es su vida y su manera de pensar. En ello se autorreconoce:
Quien verdaderamente se esfuerza en cumplir la voluntad de Dios en su manera de sentir, pensar y actuar, es atraído adonde viven aquellos hombres que cumplen la voluntad de Dios. Allí crece también, entonces, la obra de Dios, el amor.
11. Y había algunos fariseos orgullosos de sus riquezas, y El les dijo: "tened cuidado y guardaos de la codicia; pues la vida del hombre no consiste en la abundancia de las cosas que posee.
12. Y les habló en una parábola: "las tierras de un hombre rico produjeron en abundancia, y él pensó para sí, diciendo: ¿qué haré?, pues no tengo sitio donde guardar mi cosecha.
13. "Y dijo: esto haré, derribaré mis graneros y construiré otros más grandes. Y en ellos guardaré todos mis frutos y mercancías.
14. "Y diré a mi alma: has reunido muchos bienes, para muchos años; vive bien, come, bebe y sé alegre.
15. "Pero Dios le dijo: necio, esta noche se te exigirá la vida. ¿De quién serán estas cosas que has atesorado?
16. "Así les ocurre a los que acumulan tesoros para
ellos mismos, pero no son ricos en buenas obras en favor de los que sufren necesidades y
escasez. (Cap. 45, 11-16)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Lo que aquí se relata ha sucedido y sucede en todas las generaciones: los ricos
incrementan su riqueza. Muchos de ellos han sido arrebatados en medio de su riqueza
material y se han encontrado como almas pobres ante su envoltura material, que ya no
podían aprovechar, y han tenido que darse cuenta de su propia pobreza en luz y en fuerza.
Al propio tiempo han vivido y experimentado en sí mismos a cuántas almas y hombres
habrían podido ayudar con su riqueza terrenal. Las necesidades de aquellos a los que, por
su atesorar, no ayudaron, se han convertido entonces en necesidades de su propia alma
pobre.
Para los hombres del Nuevo Tiempo, Yo, Cristo, explico:
En el tiempo pecaminoso muchos hombres eran muy ricos externamente, pero sus corazones eran fríos y calculadores. Los ricos aspiraban cada vez a más riqueza, y los pobres les envidiaban sus bienes y fortuna. Muchos de estos últimos tenían que ejecutar, para aquéllos, labores muy pesadas, para con el sueldo poder ganarse el sustento en su vida terrenal.
En los países de lo que se denominaba bienestar también existió una clase media, entre la pobreza y la riqueza. También muchos hombres de la clase media aspiraban a riquezas y prestigio y trabajaban únicamente para hacerse ricos.
Por los ricos vino mucha envidia y mucho sufrimiento a este mundo; incluso hubo guerras que fueron desencadenadas por ricos hambrientos de poder que querían demostrar su poder e incrementar su prestigio. Bajo tales avidez de poder y afán de dominio, a menudo tuvieron que sufrir pueblos enteros; pues a través de las guerras vinieron hambres, sufrimientos, enfermedades y epidemias a los pueblos que sufrían bajo sus potentados y dirigentes. También en épocas de necesidad había ricos que aún se enriquecían más, y los pobres, al contrario, se volvían más pobres. Unos pocos incluso se enriquecieron mediante el armamento y la guerra, mientras que una gran parte de los pueblos seguía viviendo bajo la coacción del yugo y de la represión. A pesar de la lucha externa, la clase media se conservó.
En comparación con la cantidad de hombres en esta Tierra, sólo pocos se esforzaban por cumplir la voluntad de Dios. Sin embargo, muchos hablaban de las leyes de Dios y de Mí, el Cristo de Dios -pero sus palabras eran vacuas-. La humanidad no estaba llena del espíritu del amor, que sólo entra en las palabras y obras de los hombres mediante la realización.
En el transcurso de generaciones, cada vez más hombres y almas buscaron la luz de la verdad y vivieron conforme a ella. Así llegó paulatinamente el cambio del tiempo pecaminoso al tiempo de luz. Fue un largo declinar de la agitación de la oscuridad, que se prolongó durante muchos siglos.
Libro, 1088 páginas.
ISBN 3-89371-260-7 P.V.P.: DM/SFr 25,- ÖS 183,- US$ 15,-
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