Esta es Mi Palabra
Alfa y Omega
El Evangelio de Jesús
La manifestación de Cristo
que el mundo no conoce
Jesús revela las parábolas del Reino de los Cielos
Parábola del Reino de los Cielos; la buena simiente;
reconocer y sacar las malas hierbas a tiempo. Mediante la
realización, a la plenitud del Reino de Dios (1-2). La gran cosecha: separar el grano de
la paja; tormentos infernales (3-7). La semilla a
la orilla del camino: la verdad sólo escuchada
(9)
1. Y acercándose los discípulos Le dijeron: "¿por qué hablas a la muchedumbre en parábolas?" El les respondió diciendo: "porque a vosotros os ha sido dado saber los misterios del Reino de los Cielos; pero a ésos no.
2. "Porque al que tiene, se le dará más, para que
tenga mayor plenitud; pero al que nada tiene, también le será quitado lo que
aparentemente tiene. (Cap. 40, 1-2)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Yo, Cristo, siendo Jesús di la buena semilla, proveniente del Reino de los Cielos, a este mundo y a las almas de todos los hijos de Dios. La buena semilla sólo germina en aquellos hijos del Reino de los Cielos que se esfuerzan día tras día. La mala hierba es la siembra del mal. Germina en aquellos hijos de este mundo que no viven en armonía con los hijos que aspiran al Reino de los Cielos. En los tiempos finales, cuando se acabe el mundo materialista, tendrá lugar la cosecha que lo abarcará todo. Los recolectores son los ángeles y todos aquellos hombres que se dirigen al interior y se esfuerzan en cumplir la voluntad de Dios.
También la siguiente parábola debéis contemplarla en vuestro interior: el Reino de los Cielos es la buena semilla que les es dada a los hombres. Cae en el campo de la vida, en el alma, para volver a preparar a ésta para el Reino de los Cielos. ¡Estad alerta, y proteged la buena simiente!; pues el que viene de las tinieblas, el enemigo de lo bueno, está en todo tiempo empeñado en sembrar malas hierbas en el campo de la vida, en el alma, para que lo bueno sea ahogado por las malas hierbas. Sin embargo, no vayáis y arranquéis las malas hierbas -a no ser que en ese día os sea dado reconocer lo que debéis sacar de malas hierbas-. En ese caso sacaréis sólo las malas hierbas, ya que para ello habréis alcanzado la visión clara. La buena siembra permanecerá entonces intacta.
Comprended: cada día tiene sus horas, minutos y segundos. Si aprovecháis los días y estáis alerta, sabréis cada día en qué campo de la vida debéis sacar una mala hierba. Entonces no desarraigaréis la buena siembra.
Cada día le es dado al hombre para que reconozca una o más malas hierbas, es decir lo pecaminoso, y lo purifique. Quien aprovecha los días para ello, no desarraigará la buena siembra, porque en el mismo día en curso podrá reconocer con claridad y coger inequívocamente la mala hierba que ese mismo día haya llegado a la madurez para ser desarraigada.
Y si vosotros mismos sembráis, cuidad de sembrar en buen suelo la buena simiente, la ley de la vida. Entonces ella también traerá frutos diversos y buenos. La buena simiente, la ley de la vida, sólo cae en el alma de vuestro prójimo, es decir en buen suelo, cuando habéis realizado lo que sembráis -es decir lo que transmitís- y lo habéis impregnado con vuestra vida interna.
Yo explico las siguientes palabras: "porque al que tiene, se le dará más, para que tenga mayor plenitud; pero al que nada tiene, también le será quitado lo que aparentemente tiene. A quien ha realizado ya mucho de la ley de la vida, a quien sigue aspirando a ella y dando desinteresadamente, le es dado aún más, para que viva en la plenitud espiritual.
Quien sólo posee bienes materiales, los acapara y sólo ambiciona más, no tiene nada ante la ley de la vida. Es pobre en fuerza espiritual. También le será quitado lo que cree poseer, para que aprenda a aspirar al Reino de Dios.
3. "Por eso a ellos les hablo en parábolas, pues no ven, ni oyen ni entienden.
4. "Pues en ellos se cumple la profecía de Isaías, que dice: 'oiréis pero no entenderéis, veréis pero no percibiréis; pues se ha endurecido el corazón de este pueblo, y se han hecho duros de oído, y han cerrado sus ojos, hasta el tiempo en que verán con sus ojos y oirán con sus oídos y entenderán en su corazón y se convertirán y Yo los sanaré'.
5. "Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen, y vuestros corazones, porque entienden; pues en verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros véis, y no lo vieron, y desearon oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron.
6. Entonces Jesús despidió a la muchedumbre, y Sus discípulos se acercaron, diciendo: "explícanos qué significa la parábola del campo. Y les respondió diciendo: "el que siembra buena simiente, es el Hijo del hombre; el campo es el mundo, la buena simiente son los hijos del Reino de los Cielos y las malas hierbas son los hijos del mal. El enemigo que sembró las malas hierbas, es el diablo; la cosecha es el fin del mundo, y los recolectores son los ángeles.
7. "Al igual que las malas hierbas son juntadas y
quemadas en el fuego, así sucederá en el fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a
Sus ángeles, que juntarán y echarán fuera de Su Reino todas las ofensas y a todos los
que hacen el mal, arrojándolos a un horno ardiente donde los que no sean purificados
serán totalmente consumidos. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de
los Cielos. (Cap. 40, 3-7)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
La palabra de Dios para todos los hombres, debería ser captada de acuerdo con su sentido.
El que está lejos de Dios, que ve la verdad en la letra, está cegado por la verdad, pues mira la verdad y, sin embargo, no puede captarla porque únicamente reconoce la letra. Para tales hombres hablé como Jesús y hablo como Cristo una y otra vez en parábolas. Esto también sucede actualmente [1989] por medio de manifestaciones. También en el tiempo actual muchos hombres oyen Mi palabra y no la entienden porque únicamente miran la letra.
Muchos comprenden la verdad y, no obstante, no viven según la verdad. Muchos ven que la ley de Dios trae plenitud y, a pesar de ello, no viven según la ley de la verdad. Muchos creen en la verdad y siguen viviendo en el engaño del yo humano. Pero está próximo el tiempo en el que muchos aceptarán y realizarán de buen grado lo escuchado, y, lo que vean, lo removerán en el corazón.
Está próximo el tiempo en el que en toda la Tierra se cosechará lo anteriormente sembrado y se separará el grano de la paja. Entonces, muchas almas y hombres tendrán que sufrir el horno ardiente que está dentro de ellos. El horno ardiente simboliza el estado del alma cargada, apegada al mundo. Son tormentos infernales los que tiene que soportar el alma si no se ha arrepentido a tiempo de sus pecados y reparado lo que ha causado en vestido terrenal. Y aquellos que a pesar de lo que saben persisten una y otra vez en comportarse contra la ley del amor y de la vida, algún día tendrán que regenerar su cuerpo espiritual en los planos espirituales de desarrollo, por no haber podido ya desarrollar del todo la estructura de partículas de su cuerpo espiritual. Esta es la explicación de las palabras "serán totalmente consumidos.
Los justos brillarán como los soles en el Reino de los Cielos. Sin embargo, los injustos no tendrán que vivir eternamente en sus propios tormentos infernales causados por ellos mismos. Algún día, también ellos reconocerán que son hijos de Dios -y tomarán la mano misericordiosa del Padre y recorrerán el camino a El, que también a ellos visualizó y creó.
8. "Escuchad también la parábola del sembrador: la
semilla que cayó a lo largo del camino se asemeja a los que oyen la palabra del Reino de
los Cielos, pero no la entienden; entonces viene el enemigo y roba lo que se sembró en su
corazón. Estos son los que recibieron la semilla a la orilla del camino. (Cap. 40, 8)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Quien la palabra de Dios sólo la oiga y no viva de acuerdo con ella, tampoco la entenderá. Entonces también enseñará sus ideas, o los conceptos de otros.
En todos los tiempos muchos hombres recibieron las palabras de la verdad, y así también en el tiempo presente [1989].
Muchos oyeron y oyen las palabras de la verdad. Se enriquecieron y se enriquecen con ella. Enseñaron y enseñan. Predicaron y predican -pero no vivieron ni viven según ella-, y además se hacen pagar por ello. Quien vive según la verdad y enseña desde su realización, desde su corazón pleno, recibe la recompensa que proviene del reino de la verdad. Sólo aquel que enseña la verdad y no vive según ella, trata de que sean llenados sus bolsillos. Estos son aquellos que están a la orilla del camino, que acogen las semillas de la vida, las transmiten y no ponen por obra.
Cuando la semilla cae en el corazón, empieza a germinar y crecer y también hace surgir frutos desinteresados.
9. "Y los que han recibido las semillas en suelo
pedregoso, son aquellos que oyen la palabra y en seguida la acogen con alegría; pero no
echa raíces en su interior, durando poco tiempo, pues, tan pronto como por causa de la
palabra se levanten el sufrimiento y la persecución, caerán poco a poco. (Cap. 40, 9)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Muchos oyeron y oyen la palabra de la verdad, la aceptaron y la aceptan con alegría. Sin embargo, quien la verdad sólo la oye y no vive conforme a ella, es permanentemente una caña balanceándose al viento. Cuando tiene que responder por lo que ha oído y aceptado, reniega de la verdad y la abandona. Y si es perseguido por causa del evangelio, va a la aparentemente segura orilla. Quiere salvarse, renunciando a la verdad, volviendo al mundo y sumergiéndose en su oleaje, para no seguir siendo visto y atacado. En consecuencia, quien la verdad sólo la oye, la está aceptando, pero no acogiendo.
Acoger quiere decir vivir conforme a ella. Quien viva la verdad, cuando vengan las tempestades -sufrimiento y persecución- será una roca en el oleaje.
10. "Y, asimismo, los que reciben la simiente entre cardos son aquellos que oyen la palabra, pero las preocupaciones de este mundo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y no llegan a dar fruto.
11. "Los que reciben la simiente en buen suelo son los que oyen la palabra y la entienden, los que hacen surgir y dan fruto, unos treinta, unos sesenta, y otros el céntuplo.
12. "Os he explicado estas cosas a vosotros los del círculo íntimo; a los demás, a los de fuera, sólo en parábolas. Los que tengan oídos, que oigan. (Cap. 40, 10-12)
Libro, 1088 páginas.
ISBN 3-89371-260-7 P.V.P.: DM/SFr 25,- ÖS 183,- US$ 15,-
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