Editorial DAS WORT

DAS WORT - la editorial en Vida Universal


Esta es Mi Palabra
Alfa y Omega
El Evangelio de Jesús
La manifestación de Cristo
que el mundo no conoce

      Siete parábolas
                        del Reino de los Cielos


Capitulo 39

Siete parábolas del Reino de los Cielos

El camino al Reino de Dios. Quien titubea en su decisión, no encontrará el tesoro en el Cielo (1-6)

 

1. Se hallaba Jesús de nuevo sentado bajo la higuera y Sus discípulos reunidos a Su alrededor, y también una gran muchedumbre que quería escucharle. El les dijo: "¿con qué compararé el Reino de los Cielos?”

2. Y les contó esta parábola: "el Reino de los Cielos es semejante a una semilla, a una pequeña semilla, que un hombre toma y siembra en su campo. Cuando ha crecido, sin embargo, se vuelve un árbol grande, que extiende sus ramas. Y sus esquejes se inclinan hacia la tierra, echan raíces y crecen hasta que el campo está cubierto por el árbol. Y los pájaros del cielo vienen y anidan en sus ramas y las criaturas de la tierra se cobijan bajo su sombra”.

3. Les dio otra parábola, diciendo: "el Reino de los Cielos es igual a un gran tesoro enterrado en un campo. Un hombre lo encuentra y lo esconde, y lleno de alegría va, vende cuanto tiene y compra aquel campo, pues sabe lo grande que de ello será su fortuna.

4. "El Reino de los Cielos es igual a una perla de gran valor, que un mercader encuentra cuando buscaba buenas perlas. Y el mercader, al encontrarla, vendió todo lo que poseía y la compró: pues comprendió que vale mucho más que lo que dio por ella”.

5. Y habló una vez más: "el Reino de los Cielos es igual a la levadura que una mujer tomó y puso en tres medidas de harina. Cuando todo hubo fermentado y cocido al fuego, se convirtió en pan. O también es igual a un hombre que toma una medida de zumo de uva puro y lo vierte en dos o cuatro medidas de agua hasta que toda la mezcla se convierte en el fruto de la vid.

6. "El Reino de los Cielos es igual a una ciudad edificada cuidadosamente en la cima de un alto monte y construida sobre la roca, rodeada de un fuerte muro y con torres y portales situados al norte y al sur, al este y al oeste. Una ciudad tal no caerá, ni tampoco puede permanecer oculta, y sus portales están abiertos a todos, y todos los que tengan las llaves entrarán”. (Cap. 39, 1-6)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Quien ama a Dios, no acumula para sí. Comparte en hermandad con aquel prójimo que tiene la misma meta que él: obrar para la vida que proviene de Dios.

Quien lo entrega todo para alcanzar el Reino de los Cielos, ha encontrado el tesoro: el Reino de Dios en sí mismo. Este irradia desde su interior como amor desinteresado, como virtud y bondad, y se regala al que tiene hambre y sed de ello. Quien posee el Reino de los Cielos, recibe todo lo que necesita. Quien no se preocupa por el mañana sino que planifica con Dios, está en Dios -y Dios obra a través de él para el bien de todos los que aspiran al Reino de Dios con un corazón sincero.

Comprended: mientras todavía estéis adheridos a este mundo con una fibra de vuestro corazón, no encontraréis el tesoro interno, porque vuestros pensamientos atraerán hacia esta chispa que está en el mundo. Esta se asemeja a una brizna de paja a la que os agarráis. Sólo quien se vuelva hacia el interior con todas sus sensaciones, pensamientos, palabras y actos, encontrará el tesoro que hace bienaventurado al hombre.

Sólo de esta manera llegaréis hasta la llave que abre los portales de la vida.

Quien haya alcanzado la fortaleza interior, abrirá el portal del Cielo y se encontrará, bañado por luz, en el Hogar eterno, que ya le es manifiesto siendo hombre.

En muchas parabolas ha sido y es explicado una y otra vez a los hombres que sólo puede alcanzar el Reino de los Cielos el que se decide únicamente a favor de Dios. Todo lo demás, como por ejemplo el pro y el contra -una vez a favor de Dios, pero luego de nuevo a favor del mundo- está en discrepancia y no es el camino al Reino de Dios, que está dentro de cada alma. Es la tarea de todas las almas y hombres que se han alejado de Dios a través del pro y el contra -una vez espíritu, otra vez mundo- el volver a despertar y desarrollar en sí mismas el Reino de Dios. A través de Mí, Cristo, volverá a entrar el alma en el Cielo, porque Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida.

La cantidad de rodeos que el hombre dé y la cantidad de dolores que sufra por su vida contraria a la ley divina y en discrepancia, dependen del arbitrio de cada hombre, pues cada uno tiene el libre albedrío, pudiendo decidir libremente cuándo desea recorrer el camino directo que conduce a la liberación y a la libertad.

 

7. Y les expuso otra parábola, diciendo: "el Reino de los Cielos es igual a la buena semilla que un hombre sembró en su campo. De noche, sin embargo, mientras la gente dormía, vino su enemigo y sembró malas hierbas entre el trigo y se fue. Cuando los tallos crecieron y las espigas formaron el fruto, también se hicieron visibles las malas hierbas.

8. "Acercándose los criados al amo, dijeron: señor, ¿no has sembrado semilla buena en tu campo? ¿De dónde viene, pues, que tenga malas hierbas? Y él les dijo: eso lo ha hecho un enemigo.

9. "Dijeron los criados: ¿no quieres que vayamos y las arranquemos? El contestó:no, no sea que al arrancar las malas hierbas arranquéis al mismo tiempo el buen trigo.

10 "Dejad que crezcan juntas hasta la siega. Y en el tiempo de la siega diré a los segadores: recoged primero las malas hierbas y atadlas en haces para quemarlas y que hagan fértil la tierra; pero el trigo recogedlo en mi granero”.

11. Y habló una vez más: "el Reino de los Cielos es igual a la siembra. He aquí que salió un sembrador a sembrar. Y, mientras sembraba, parte de la simiente cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron.

12. "Y otra parte cayó en suelo pedregoso, donde no había mucha tierra, y pronto brotó, porque la tierra era poco profunda; pero al brillar el sol, la agostó y, como no tenía raíz, se secó.

13. "Otra parte cayó entre cardos, y los cardos crecieron y la ahogaron. Y otra cayó sobre buen suelo, que estaba bien preparado, y dio fruto, una el céntuplo, otra sesenta, otra treinta. El que tenga oídos para oír, que oiga”. (Cap. 39, 7-13)

El próximo capitulo


Libro, 1088 páginas.
ISBN 3-89371-260-7 P.V.P.: DM/SFr 25,- ÖS 183,- US$ 15,- 
Este libro también está disposición en otros idiomas

Transferir todo el libro a su ordenador


©Verlag Das Wort, 97828 Marktheidenfeld/Altfeld, Alemania Reservados todos los derechos. En todas las cuestiones relativas al sentido, la edición alemana tiene validez última.

Homepage   Cupón de pedido


Verlag DAS WORT GmbH , 97828 Marktheidenfeld/Altfeld, Alemania
E-Mail: info@das-wort.com Tel: (+49) 9391-504-135 Fax: -133
1885