Esta es Mi Palabra
Alfa y Omega
El Evangelio de Jesús
La manifestación de Cristo
que el mundo no conoce
La mujer adúltera. El fariseo y el publicano
La ley de la analogía. Quien se conoce a sí mismo,
reconoce también al adversario. Seducción por el satanás de los sentidos, antes y
también después de las grandes transformaciones (1-6). De la humildad surge grandeza espiritual (7-10)
1. Un día por la mañana fue Jesús otra vez al templo, y todo el pueblo venía a El; y El se sentó y les enseñaba.
2. Y los escribas y fariseos Le trajeron a una mujer cogida en adulterio y, poniéndola en medio, Le dijeron: "Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante delito de adulterio. Moisés en la Ley nos ordena apedrear a tales. Pero Tú, ¿qué dices?
3. Esto Le decían para tentarle, para encontrar una acusación contra El. Pero Jesús, inclinándose, con el dedo escribía en la tierra, como si no les escuchara.
4. Como continuaban preguntándole, se incorporó y les dijo: "quien de vosotros esté sin pecado, que le arroje la primera piedra.
5. E inclinándose de nuevo, siguió escribiendo en la tierra. Y en los que esto oyeron, la propia conciencia les hizo evidente su culpa, y fueron saliendo, uno tras otro, comenzando por los más ancianos, hasta el último; y dejaron a Jesús solo, quedando allí solamente la mujer.
6. Y al incorporarse Jesús y no ver a nadie más que a
la mujer, le dijo: "mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Nadie te ha
condenado? Dijo ella: "nadie, oh Señor. Y Jesús le dijo: "tampoco
Yo te condeno. En adelante no peques más, vete en paz. (Cap. 36, 1-6)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Todavía [1989] existe el viejo mundo pecaminoso con sus formas de presentarse y costumbres. Muchos hombres siguen aún atrapados en él. El satanás de los sentidos sigue cosechando entre ellos, pues está deseoso de que los hombres infrinjan la ley de Dios. Una y otra vez el que viene de las tinieblas intenta seducirlos, y a los que se dejan seducir los sujeta con garras de hierro.
Igual que en Mi tiempo, siendo Jesús de Nazaret, esto continúa sucediendo en el cambio de era [1989].
A pesar de la transformación del viejo tiempo pecaminoso en el Nuevo Tiempo, el tiempo del espíritu, sigue aún dominando el mismo pecado: el que viene de las tinieblas se camufla detrás de acusaciones y calumnias contra su prójimo. Sin embargo, cada vez más personas reconocen la ley de la analogía: quien reprocha un pecado a su prójimo, y a causa del mismo lo inculpa y acusa, está en un pecado igual o similar. Quien acusa a su prójimo, se está acusando a sí mismo.
Quien no tiene piedad ni comprensión para con su prójimo, está viviendo en el pecado. El pecador sólo tiene piedad y comprensión para consigo mismo, y tiene muchas excusas cuando se trata de su yo humano.
Comprended: cada hombre, mediante sus gestos, mímica, y mediante su forma de hablar y comportarse, atestigua quién y qué es él. En esto reconocí y descubrí las intenciones de los hipócritas.
Cuando los fariseos Me trajeron a Mí, a Jesús, una mujer que supuestamente había sido sorprendida en flagrante adulterio, leí en la irradiación de sus almas, de sus auras, y por sus palabras, que ellos habían cometido pecados iguales o parecidos.
Por eso les dije: "quien de vosotros esté sin pecado, que le arroje la primera piedra.
Comprended: ningún verdadero hombre espiritual, es decir, sabio, acusará ni rechazará a su prójimo. Tampoco querrá poner en tentación a sus semejantes. Quien ha vencido al adversario, le conoce y conoce sus artimañas de seducción y maquinaciones. Pero el hombre que nutre sus pecados, no se conoce a sí mismo ni conoce al adversario que le seduce -y es, por así decirlo, su guante.
Por esto una vez más enseño, como Cristo de Dios, en unión con la Sabiduría
divina: ¡autorreconócete! Entonces sabrás por qué puertas y canales de tu yo humano se
cuela el adversario, para seducirte y ganarte para su causa.
Comprended los que vivís en Mí, en el Reino de Paz de Jesucristo, y leéis la verdad y los muchos sucesos que he manifestado en el cambio de era [1989] a través del principio femenino encarnado de la Sabiduría divina: lo que leéis en el libro "Esta en Mi Palabra, todo ello y muchas más cosas, ocurrió hasta que llegaron las grandes catástrofes naturales y sucesos que transformaron el mundo -e incluso después-. En algunas partes de la Tierra, el satanás de los sentidos se levantó una y otra vez y sedujo a los hombres que se dejaron seducir. Una y otra vez pecaron de forma diversa. Se pidieron en matrimonio, se casaron y cometieron adulterio y pecaron -hasta que otras epidemias y catástrofes naturales mundiales se llevaron cada vez más lo pecaminoso.
Lo que permaneció fueron, en cada ocasión, los cimientos y los comienzos para el Reino de Paz de Jesucristo, que los pioneros del Nuevo Tiempo habían creado en el viejo mundo sacrificándose y luchando contra las tinieblas. Una y otra vez pioneros para el tiempo luminoso volvieron a un vestido terrenal. A través de muchas generaciones trabajaron edificando el Reino de Paz de Jesucristo. De esta forma, Mi luz se incrementó en la Tierra.
7. Esta parábola la dijo a algunos que se tenían por honestos y despreciaban a otros: "dos hombres subieron al templo a orar; uno, un rico fariseo docto en la Ley, y, el otro, un publicano pecador.
8. "El fariseo, en pie, oraba para sí de esta manera: 'Dios, Te doy gracias porque no soy como otras personas son: usureros, injustos, adúlteros, ni como este publicano. Ayuno dos veces a la semana, y doy el diezmo de cuanto poseo'.
9. "Y el publicano se quedó allá lejos y no quería levantar los ojos al cielo, sino se golpeaba el pecho, diciendo: 'que Dios se apiade de mí, pecador'.
10. "Yo os digo: éste bajó a su casa más
justificado que aquél; pues el que se ensalce será rebajado, y el que se rebaje será
ensalzado. (Cap. 36, 7-10)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
El hombre satisfecho de sí mismo no se conoce, porque sólo se fija en cómo aparece a los ojos de los demás y no mira por qué quiere aparentar de esta forma. Pero quien reconozca sus pecados y pida ayuda al Padre eterno a fin de recibir la fuerza para abandonarlos, habrá recibido ya gracia y ayuda del Eterno.
Sólo de la humildad surge grandeza espiritual. El orgullo es el pecado mismo, pues el pequeño yo se pone por encima de Dios. Así que el orgullo es la base para seguir siendo seducido. Quien tenga grandeza interna, luchará con su yo humano hasta que su vida se haya convertido en Mi vida, en consciencia cósmica.
Quien ha alcanzado grandeza interna, no se conforma con sumergirse de vez en cuando en el manantial del reconocimiento. Trabajará en sí mismo hasta que alcance el origen del manantial y viva eternamente en Dios.
Libro, 1088 páginas.
ISBN 3-89371-260-7 P.V.P.: DM/SFr 25,- ÖS 183,- US$ 15,-
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