Esta es Mi Palabra
Alfa y Omega
El Evangelio de Jesús
La manifestación de Cristo
que el mundo no conoce
Da de comer a cinco mil. - Jesús camina sobre
el agua
En Jesús de Nazaret, el Cristo, la Fuerza parcialde
la Fuerza primaria.
Explicación de la multiplicación de los peces. Alimento vivo y alimento muerto.
Mortificación y fanatismo. Transformación de costumbres negativas al caminar hacia una
vida más elevada (4-7). El miedo es dudar de la fuerza y del amor de Dios (12-13). No hay
casualidades. La transformación del hombre hacia la divinidad, sólo mediante el trabajo
en uno mismo (14). No todos recibieron ayuda y
sanación (17-18)
1. Estaba cerca la Pascua y los apóstoles y sus acompañantes se reunieron alrededor de Jesús y Le contaron cuanto habían hecho y enseñado. Y El les dijo: "venid, retirémonos a un lugar apartado y descansad un poco; pues muchos hombres iban y venían, y ellos ni siquiera podían comer en paz.
2. Y se fueron sigilosamente en una barca a un sitio solitario. Pero la gente les vio marcharse. Muchos lo conocían e iban allí a pie, de todas las ciudades. Se les adelantaron, reuniéndose donde El iba.
3. Y Jesús, al desembarcar, vio una gran muchedumbre; y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor.
4. Habiendo el día casi concluido, se Le acercaron Sus discípulos y dijeron: "este es un lugar apartado y avanza la hora. Despídelos, para que vayan a las aldeas del contorno y se compren pan, pues no tienen qué comer.
5. Pero Jesús respondió diciéndoles: "dadles vosotros de comer. Y Le dijeron: "¿vamos nosotros a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?
6. El, sin embargo, les dijo: "¿cuántos panes tenéis? Id a ver. Y habiéndose informado, dijeron: "seis panes y siete racimos de uva. Y les mandó que hicieran recostarse a todos, por grupos de cincuenta, sobre la hierba. Y se sentaron en filas de cien y de cincuenta.
7. Y El, tomando los seis panes y los siete racimos de
uva, alzando los ojos al cielo, bendijo y partió los panes e igualmente los racimos y se
los entregó a los discípulos, para que los sirvieran a la gente, y ellos los repartieron
entre la muchedumbre. (Cap. 29, 1-7)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Yo, Cristo, obré en Jesús por el poder del Padre, pues Yo era en Jesús el
Cristo, que Yo Soy de eternidad a eternidad, el Corregente de los Cielos.
En Jesús traje, como Fuerza parcial de la Fuerza primaria, el giro decisivo en los acontecimientos de la Caída: la Fuerza parcial de la Fuerza primaria se convirtió en fuerza redentora, y es el apoyo para todas las almas y hombres y obra como energía evolutiva para todas las almas y hombres.
Mi herencia, la Fuerza parcial de la Fuerza primaria, fluyó en Mí, en Jesús, y obró a través de Mí. Me uní por tanto con Mi poderosa herencia y pude así hacer, con esta fuerza, los llamados grandes milagros y las sanaciones.
Mi misión también abarcaba el ayudar, el sanar, y el resucitar a muertos. Esto lo hice por el poder de Mi Padre, estando unido con Mi herencia, la Fuerza parcial de la Fuerza primaria, y mostré con ello a los hombres el poder del Cristo de Dios en la Tierra. Con la multiplicación de los panes, la fruta y los peces les mostré que ningún hombre tiene que pasar hambre y sufrir necesidades, cuando cumple las leyes de Dios.
En el llamado milagro de la multiplicación fue manifiesto que el hombre podría vivir en la plenitud, si cumpliese la voluntad de Dios; pues la ley universal es inagotable para los seres espirituales y para las almas y los hombres que hacen la voluntad de Mi Padre, que también es su Padre.
Mis discípulos Me trajeron panes y uvas para su multiplicación. Ese día también Me fueron entregados peces muertos para su multiplicación. Cuando tomé en Mis manos esta sustancia muerta, expliqué a los hombres que de ella el potencial de fuerza de Mi Padre, la elevada fuerza vital, se había retirado en gran medida, y que Yo no creo peces vivos para que a su vez sean matados.
Expliqué a los hombres que la vida está en todas las formas de vida y que el hombre no debe matarla intencionadamente. Los hombres, especialmente los niños, Me miraron con tristeza. No Me podían entender, pues vivían mayormente de peces, pan y pocas cosas más. Entonces les hablé en el sentido siguiente: las energías de la Tierra hacen que los peces muertos todavía mantengan su cohesión. Así que no os regalaré peces vivos provenientes del Espíritu del Padre, sino que os crearé peces que están muertos, o sea pobres en vibración, provenientes de la energía de la Tierra. Nunca llevarán vida, y no podrán ser matados. Quiero mostraros cómo sabe lo que está vivo -pan y frutos-, en comparación con el alimento muerto.
Y creé para ellos peces -a partir de las
energías de la Tierra- que llevaban poca sustancia
espiritual. Les di los peces muertos y les mandé comer al mismo tiempo el pan y los
frutos, para que notaran la diferencia entre alimento vivo y muerto, entre alimentos de
vibración alta y de vibración baja.
De este y de parecido modo instruí a los hombres. Además, les mostré -y os muestro aquí también a vosotros, que estáis leyendo Mis palabras- que cualquier ruptura con las viejas costumbres es fanatismo. En quien deja las viejas costumbres de un momento al otro, se efectúa una ruptura y no una transformación. En la ruptura está la semilla para el rebrotar de las viejas costumbres reprimidas, que bajo determinadas circunstancias pueden aparecer con más tenacidad y son más difíciles de dejar de lado que antes del tiempo de la mortificación.
Con las viejas costumbres no debería por tanto romperse, sino que un paulatino dejarlas, mediante la orientación del hombre a metas y valores más altos, debería llevar a la transformación. Esto es un nuevo partir espiritual hacia nuevas orillas.
En cada mortificación hay fanatismo. Un fanático condena en sensaciones y pensamientos al prójimo que todavía tiene algo igual o parecido a lo que él ha reprimido. Con ello alimenta lo reprimido.
Comprended: con frecuencia sucede que al hombre de costumbres hay que concederle aún cosas humanas, hasta que él mismo reconoce sus errores y, por el autorreconocimiento y la propia experiencia -o a través del sufrimiento-, abandona lo viejo, para madurar espiritualmente. Esto es comprender correctamente y conducir legítimamente.
Así mostré, con la multiplicación de los peces, que el hombre debería transformarse, y no mortificarse. Cada transformación se efectúa legítimamente, y es el paso desde una vida inferior a una vida más elevada. Tal como una piedra no puede transformarse de un día a otro en una flor -sino sólo en el acontecer evolutivo-, el hombre, cuyas costumbres están en la sangre y en el alma, tampoco puede transformarse en un hombre abolutamente espiritual de una hora a otra. Tal como la piedra se transforma en el transcurso del evolucionar, se transforma el hombre de lo inferior a lo superior.
La transformación es, pues, el cambiar lo humano en espiritual. En ello está el abandono paulatino de lo humano y, al mismo tiempo, el surgimiento de lo espiritual-divino.
8. Y comieron todos y se saciaron. Y recogieron doce canastos llenos de pedazos que sobraron. Y los que comieron de los panes y de los frutos eran cinco mil hombres, mujeres y niños. Y les enseñó muchas cosas.
9. Cuando la gente hubo visto y oído, se llenó de alegría y decía: "en verdad este es el profeta que ha de venir al mundo. Y dándose El cuenta de que querían hacerle rey a la fuerza, apremió a Sus discípulos a que subieran a la barca y Le precedieran a la otra orilla, a Betsaida, hasta que El hubiera despedido a la gente.
10. Y después de haberlos despedido se fue a un monte, para orar. Llegado el anochecer, estaba allí totalmente solo. La barca estaba ya en medio del lago, llevada de un lado a otro por las olas, pues el viento era contrario.
11. En la tercera vigilia de la noche, Jesús fue a ellos andando sobre el lago. Viéndole los discípulos andar sobre el mar, se asustaron y decían: es un fantasma. Y gritaban de miedo. Pero al instante les habló, diciendo: "tened confianza. Soy Yo, no temáis.
12. Y Pedro Le respondió diciendo: "Señor, si eres Tú, haz que vaya a Ti sobre las aguas. El dijo: "¡ven! Y bajando Pedro de la barca, anduvo sobre las aguas yendo hacia Jesús. Sin embargo, viendo el fuerte viento, se asustó y, comenzando a hundirse, gritó: "¡Señor, sálvame!
13. Y al instante Jesús le tendió la mano y le cogió,
diciéndole: "hombre de poca fe, ¿por qué has dudado? ¿No te he llamado?
(Cap. 29, 8-13)
Yo, Cristo, explico, profundizo
y rectifico la palabra:
Comprended: todo miedo es dudar de la fuerza de Dios y de Su amor.
Dios es la vida sustentadora y mantenedora. Quien duda de ello, se hunde. Por lo
tanto, cada dudar de Dios es un alejarse de Dios, un hundirse en las aguas de lo humano.
Muchos hombres hacen caso omiso de las leyes de Dios; desconfían de Dios por su miedo, y se abren con ello a las insinuaciones de lo satánico. Cada sensación, cada pensamiento, cada palabra y también cada acto que se dirigen contra la ley divina de la armonía universal sustentadora y mantenedora, es un soltarse de la mano de Dios y un hundirse en las aguas del mundo.
Por tanto, estad alerta y ejercitaos en reconocer y cumplir la voluntad de Dios. Si todavía no conocéis la ley de Dios en todos sus detalles, tomad los Diez Mandamientos. Son extractos de la poderosa y omniabarcante ley de Dios. Esforzaos en captar su sentido y en vivir correspondientemente, y poco a poco conoceréis toda la ley de Dios. Pues actualmente [1989] es dada por Mí a través de la profetisa de Dios, que para el Nuevo Tiempo es a la vez mensajera y profetisa instructora.
Quien guarda la ley de Dios, está bajo Su conducción directa.
14. Y fue a los que estaban en la barca y se calmó el
viento. Y se maravillaron y asombraron sobremanera; pues su entendimiento no se había
ampliado gracias al milagro de los panes y de la fruta: es decir, su corazón estaba
endurecido. (Cap. 29, 14)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Tal como era entonces, cuando estuve entre los Míos en Jesús de Nazaret, es aún actualmente. A diario suceden los llamados milagros. El hombre los toma como algo natural, como los llamados golpes de suerte o casualidades, que -así lo cree él- aparecen de vez en cuando, pero para los cuales no hay explicación.
Comprended: no hay casualidades. Todo está basado en la ley de siembra y cosecha -o es conducción y providencia a través de la ley del amor-. La fuerza del Cristo, que Yo Soy, que en su día estuvo encarnado en Jesús de Nazaret, sigue obrando en el espacio y en el tiempo. Muchos hombres sanan por Mi espíritu, y muchos son preservados de graves accidentes. Y más de un hombre es conducido de manera que pueda esquivar graves problemas, y sufrimientos corporales. Quien cree en Mí y guarda el mandamiento del perdón y del pedir perdón y no vuelve a cometer los mismos o parecidos pecados, se está orientando a Mi fuerza ayudadora y sanadora -y recibe.
Todo esto son los llamados milagros.
Mis apóstoles y discípulos estaban diariamente conmigo y eran testigos de la sanación de enfermos y de que aquellos a los que se creía muertos eran resucitados a la vida. A pesar de estas vivencias, el corazón de muchos permaneció frío. Ellos bien que se maravillaban por estos acontecimientos -pero esto era todo-. No podían captar el gran obrar de las fuerzas cósmicas, porque el mundo aún mantenía cautivos sus pensamientos y sentidos.
Aunque les enseñé las leyes de Dios y su aplicación, muchos de ellos permanecieron cautivos en la ley de siembra y cosecha y se maravillaban a diario por tal fuerza.
No todos comprendieron que también en ellos vivía la ley de Dios y que a través de ellos quería obrar de modo similar a como lo hacía a través de su Instructor y Maestro, a través del Hijo de Dios en Jesús de Nazaret. Una y otra vez les preocupaban las mismas preguntas: ¿por qué y con qué motivo se ayudó a éstos y no a aquéllos?
Dado que Yo vivía y obraba en la ley de Mi Padre, pude traerles a muchos hombres ayuda y sanación. A muchos otros, sin embargo, no pude ayudarles, porque en su alma no habían traído los requisitos para ello. No todos los apóstoles y discípulos pudieron entenderlo. Algunos comenzaron una y otra vez a dudar de Mí, sopesando el pro y el contra.
En oración hablé una y otra vez a Dios, Mi Padre: ¿por cuánto tiempo debo permanecer todavía entre estos hombres inflexibles y obstinados?
Comprended: quien en su vida la ley del amor sólo la escucha, y no realiza, puede estar día tras día, hora tras hora, al lado de un iluminado: él sigue siendo el pecador que ha sido y que aún es. La transformación del hombre desde lo pecaminoso a lo divino se efectúa a través de la realización, mediante el trabajo en uno mismo.
La transformación para alcanzar lo divino presupone así el trabajo en uno mismo. Actúa, transformando conmigo, el Cristo, tus sensaciones, pensamientos, palabras y obras en fuerzas positivas -¡entonces alcanzarás iluminación!-. Por la fuerza del Espítitu Santo mucho te será entonces posible; pues quien realmente Me siga, hará cosas parecidas a las que Yo hice.
15. Y cuando hubieron subido a la barca reinó un gran silencio. Se acercaron y se postraron ante El, diciendo: "verdaderamente, Tú eres el Hijo de Dios.
16. Terminada la travesía, llegando a la región de Genesaret, tocaron tierra en la orilla. Al desembarcar ellos, fue al instante reconocido. Y recorrieron toda la comarca, y allí donde oyeron que era El, empezaron a traerle los enfermos en camillas.
17. Y adondequiera que llegaba, en las aldeas o en las ciudades o en las alquerías, colocaban a los enfermos en las calles y Le rogaban que les permitiera tocar siquiera la orla de Su vestido; y cuantos Le tocaban, quedaban sanos.
18. Después de eso, Jesús fue con Sus discípulos a
Judea, donde se quedó y bautizó a muchos que se Le acercaban y aceptaban Su enseñanza.
(Cap. 29, 15-18)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Muchos hombres vinieron a Mí en Jesús de Nazaret; pero no todos recibieron lo que habían pedido. Muchos vinieron y tan sólo querían ayuda para su cuerpo, para volver a vivir en la carne como lo habían hecho anteriormente: en pecado. Muchos tocaron la orla de Mis vestiduras, pero no todos recibieron ayuda y sanación. A los que tocaron la orla de Mis vestiduras y creyeron en el amor de Dios y mantuvieron en sus corazones lo bueno, les fue dada ayuda y sanación. A quien tocó la orla de Mis vestiduras y sólo pensaba en su cuerpo y conservó el pecado en su corazón, siguiendo pecando en los posteriores años terrenales, no le fueron dadas ni ayuda ni sanación.
Está escrito: "...donde se quedó y bautizó a muchos. La palabra
"bautismo, significa bendición del corazón, del SER interno, por el Espíritu
Santo. Yo veía en el corazón de los Míos, y Me daba cuenta de que los que vivían en la
realización de las leyes de Dios incrementaban diariamente en sí mismos la luz y la
fuerza de Dios. Mi bendición hizo que en ellos germinaran más semillas de la vida
interna y que ellos aspiraran al perfeccionamiento, para transmitir a los hombres en
aquella existencia terrenal y en posteriores encarnaciones lo que ya habían realizado en
sí mismos y en su vida.
Libro, 1088 páginas.
ISBN 3-89371-260-7 P.V.P.: DM/SFr 25,- ÖS 183,- US$ 15,-
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