Editorial DAS WORT

DAS WORT - la editorial en Vida Universal


Esta es Mi Palabra
Alfa y Omega
El Evangelio de Jesús
La manifestación de Cristo
que el mundo no conoce

    Sermón de la Montaña
                                      (3ª parte)


Capitulo 27

Sermón de la Montaña (3ª parte)

Vuestros pensamientos, palabras y actos negativos son vuestros jueces (1).
Paja y viga. La necesidad del autorreconocimiento (2). Misionar es querer convencer. Vivid la verdad y sed ejemplo (3). Rogar, buscar y llamar; la puerta del interior no se abre al intelecto (4). Lo que tú exiges de tu prójimo, tú mismo no lo posees en el corazón. Las expectativas conducen a ataduras (6). La lucha en el angosto camino a la vida (7). Distinguir entre frutos buenos y malos (8-9). Acoged la palabra de la vida con el corazón.
"Esta es Mi Palabra”: una obra de la vida y del amor (13)

 

1. "No juzguéis, para que no seáis juzgados; pues con el juicio con que juzguéis, seréis juzgados, y con la medida con que midáis, se os medirá. Como hagáis a los otros, así se hará con vosotros. (Cap. 27, 1)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Habéis leído: pensamientos, palabras y obras son imanes. Quien juzgue y condene a su prójimo en pensamientos y con palabras, experimentará algo igual o parecido en sí mismo.

Comprended: vuestros pensamientos, palabras y obras negativos son vuestros propios jueces. "Con la medida con que midáis” -ya sea en pensamientos, o en palabras y actos-, así seréis medidos vosotros mismos. Tal como desvaloricéis a vuestro prójimo, para sobrevaloraros a vosotros mismos, seréis valorados; sabréis de vuestro valor y lo sufriréis. Y si decís: "al uno debe bastarle lo que tiene -el otro tiene que recibir más-”, algún día sólo poseeréis tanto como aquel al que hayáis concedido menos, o aún menos que él: tal como vayáis al encuentro de vuestro prójimo, en pensamientos, palabras y actos, así lo viviréis algún día vosotros mismos.

 

2. "¿Cómo ves la paja en el ojo de tu hermano y no te percatas de la viga en el tuyo? O ¿cómo osas decir a tu hermano: quiero quitar la paja de tu ojo?; y he aquí que hay una viga en tu ojo. Hipócrita, quita primero la viga de tu propio ojo, y sólo entonces verás con claridad, para poder quitar la paja del ojo de tu hermano. (Cap. 27, 2)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Sólo habla constantemente sobre la paja en el ojo de su prójimo el hombre que no se percata de la viga en el propio ojo. Sólo se empeña en querer sacar la paja del ojo de su hermano el que no conoce su propia forma de pensar y vivir. Quien no se conoce ni conoce su viga -los pecados en el alma, que se reflejan en sus propios ojos-, no tiene ojos para la verdad. Su vista está nublada por el pecado. Ve entonces en el prójimo sólo lo que también él mismo es aún: un pecador. Sólo quien transforma la viga que hay en su propio ojo, ve cada vez más claro. Entonces podrá ver cada vez más claramente la paja en el ojo de su hermano y -obrando conforme a la ley del amor al prójimo- serle de ayuda para eliminarla.

Por tanto, quien habla negativamente de sus semejantes, los desvaloriza y habla mal de ellos, no conoce sus propias faltas.

¡Por sus frutos los reconoceréis! Cada cual muestra quién es -es decir, sus frutos-. Quien se irrita a causa de sus semejantes y se burla de ellos, está mostrando quién es realmente.

Quien primero se desprenda de su propia falta, también será capaz de ayudar a su prójimo. Por eso, es un hipócrita todo el que habla despreciativamente de las faltas de su hermano -sin notar la viga en su propio ojo.

 

3. "No deis lo sagrado a los perros, ni arrojéis vuestras perlas a las cerdas, no sea que las aplasten con los pies y, dándose vuelta, os destrocen. (Cap. 27, 3)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

No concuerda con la ley eterna del libre albedrío el que vayáis con las palabras de la verdad de un lugar a otro, de casa en casa, haciendo uso de vuestras artes de convicción y persuasión, misionando a cuantos están a vuestro alcance; pues esto significaría que no santificáis la verdad y que hacéis lo que está escrito muy gráficamente: "no deis lo sagrado a los perros, ni arrojéis vuestras perlas a las cerdas”. No debéis, pues, imponer la palabra de Dios a vuestro prójimo. Quien cree que su prójimo debería creer y aceptar aquello de lo que él cree estar convencido, aún tiene dudas, y pone en entredicho su propia fe.

Misionar significa querer convencer. Quien quiere convencer, todavía no está convencido en su interior de lo que preconiza.

Sed, por el contrario, buenos ejemplos de vuestra fe, y no misionantes. Podéis ofrecer el patrimonio de vuestra fe y dejar a cada cual la libertad de querer creer en ello o no, y de querer participar o no con vosotros.

La libertad en Dios es un aspecto de la ley eterna. Si vuestro prójimo viene a vosotros por libre voluntad, y pregunta acerca de vuestra fe, él está dando el primer paso hacia vosotros; y, quien tenga fe, se acercará a su prójimo y le contestará.

Quien esté unido por lazos de unión divinos a su prójimo, no lo atará a su fe -sino solamente le participará tanto cuanto él mismo haya reconocido y realizado-. Sólo quiere atar al prójimo a su fe, aquel que ha desarrollado poco amor desinteresado.

Por tanto, precaveos de los fanáticos, que quieren persuadiros para que aceptéis su fe. Ofreced la verdad eterna de palabra y por escrito -y vivid vosotros mismos conforme a ella-; entonces se os acercarán los que hayan reconocido la vida en sí mismos.

 

4. "Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad a la puerta, y se os abrirá. Porque todo el que pida, recibirá, y quien busque, hallará, y a los que llamen, se les abrirá. (Cap. 27, 4)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Sólo pide, busca y llama a la puerta de la vida interna el hombre que aún no ha entrado en su interior, en el reino del amor. El Reino de Dios está dentro del alma de cada hombre.

El primer paso en el sendero a la vida interna, en el camino a la puerta de la salvación, es pedir a Dios ayuda y apoyo. El siguiente paso es la búsqueda del amor y de la justicia de Dios. El caminante encuentra la vida, el amor y la justicia de Dios en los mandamientos de la vida, que son indicadores de camino en el camino al interior.

Otro paso es el llamar a la propia cámara del corazón, a la puerta interna. Esta puerta al corazón de Dios sólo se abre al que ha orado, buscado y llamado sinceramente. Al hombre intelectual, que sólo aspira a obtener valores e ideales externos, no se abre la puerta interna. Tampoco los escépticos recibirán.

Así pues, quien pida, busque y llame a la puerta deberá hacerlo por amor a Dios, y no para poner a prueba el amor de Dios.

Comprended: quien sólo quiera poner a prueba el hecho de la existencia real del amor de Dios, topará él mismo muy pronto con la piedra de toque. Al que vive en Dios, le está abierta la puerta del corazón. Ya no necesita pedir -ya ha recibido-; pues Dios conoce a Sus hijos. Quien ha entrado en el corazón de Dios, ya ha recibido en su alma. Esto significa que la riqueza proveniente de Dios brilla incrementadamente en su alma e irradia a través de él, el hombre. Quien ha entrado en su interior, ya no necesita buscar -pues en el reino del interior estará en su hogar-. Y quien conscientemente habita en él, ya no necesita llamar a la puerta; ya ha entrado, y vive en Dios y Dios a través de él.

Sólo pedirán, buscarán y llamarán a la puerta aquellos que todavía estén fuera y no sepan que en lo profundo de su alma llevan lo que verdaderamente les hace ricos: el amor y la sabiduría de Dios.

 

5. "Pues ¿quién de vosotros es el que, si su hijo le pide pan, le da una piedra, o si le pide un pez, le da una serpiente? Si vosotros, a pesar de ser malos, sabéis dar dones buenos a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre, que está en los Cielos, dará cosas buenas a aquellos que se las pidan!

6. "Cuanto queráis que los hombres os hagan a vosotros, hacedlo vosotros a ellos; y lo que no queráis que ellos os hagan, tampoco lo hagáis vosotros a ellos; porque esta es la Ley y los Profetas.(Cap. 27, 5-6)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Comprended: no debéis exigir de vuestros semejantes lo que vosotros mismos no estáis dispuestos a dar.

Cuando esperéis algo de vuestro prójimo, que él debe hacer para beneficio vuestro, haceos la pregunta: ¿por qué no lo hacemos nosotros mismos? Quien por ejemplo espera de su prójimo dinero y bienes, para que él mismo, que está en la comodidad, no tenga que trabajar, o quien espera fidelidad de su prójimo, sin ser él mismo fiel, o quien, aunque desea ser aceptado y acogido por su prójimo, no acepta ni acoge él mismo a sus semejantes -ése es egocéntrico y pobre en el espíritu.

Cualquier cosa que exijas de tu prójimo, tú mismo no la posees en el corazón.

Es ilegítimo que, por una actitud de espera, se coaccione a los semejantes a actos, declaraciones o comportamientos que por sí mismos no estarían dispuestos a hacer.

Cuando reconozcas tu actitud de espera en tus deseos para con tu prójimo, da rápidamente la vuelta y haz primero tú mismo lo que exiges de él.

Cada coacción es una presión que a la vez produce coacción y contrapresión. Con tal comportamiento chantajista para con tu prójimo, te atas a él y te haces -tanto a ti mismo como a la persona que se dejó chantajear- esclavo de la baja naturaleza. Tales métodos de coacción como, por ejemplo, "yo espero de ti, y tú esperas de mí; cada uno da al otro lo que éste le exige”, llevan a ataduras.

Lo que está atado, no tiene un lugar en el Cielo. Los dos que se hayan atado recíprocamente, volverán a encontrarse algún día, ya sea en la vida en la materia sutil o en otras encarnaciones.

Esta forma de atadura no rige en el puesto de trabajo. Si tú te has incorporado voluntariamente, en la vida profesional, a un ámbito laboral, y el responsable te da tareas que tú debes ejecutar dentro del margen de tu actividad, ya al entrar en la empresa has dado tu sí. Tú te has incorporado voluntariamente al ámbito de trabajo y en el equipo de trabajo, para hacer lo que te sea encargado. Si tú, pues, eliges un lugar de trabajo, también debes ejecutar lo que de acuerdo con el ámbito de trabajo elegido por ti mismo se te encargue. La afirmación, "cuanto queráis que los hombres os hagan a vosotros, hacedlo vosotros a ellos...”, no es válida para la profesión elegida por uno mismo o el ámbito laboral.

"Lo que no queráis que ellos [los hombres] os hagan, tampoco lo hagáis vosotros a ellos”, significa: si no queréis que se rían ni hagan burla de vosotros, o no queréis que os roben ni os mientan, o no queréis ser despojados de vuestros bienes y fortuna, o no queréis que se os tutele, o no queréis que se os robe vuestro libre albedrío, o no queréis que se os pegue ni insulte, tampoco hagáis esto a vuestros semejantes; pues lo que hagáis al más humilde de vuestros hermanos, Me lo estáis haciendo a Mí -y a vosotros mismos-. Lo que no queráis que se os haga, no lo hagáis a vuestro prójimo -pues todo lo que sale de vosotros, vuelve a vosotros-. ¡Por lo tanto, examinad vuestros pensamientos y vigilad vuestra lengua!

 

7. "Entrad por la puerta estrecha; pues angosta es la senda y estrecha es la puerta que llevan a la vida, y son pocos los que las encuentran. Pero ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por él. (Cap. 27, 7)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

"...angosta es la senda y estrecha es la puerta que llevan a la vida”, significa: a cada uno de los que se esfuerzan en caminar por el estrecho camino a la vida, se le presenta el que viene de las tinieblas y le muestra -como a Mí en Jesús de Nazaret- los tesoros y las comodidades de este mundo. Hay que oponerse cada día de nuevo a lo satánico y resistir. Quien no esté alerta, llegará a seguirlo ciegamente.

Comprended: todo el que efectúa los primeros pasos hacia la vida, en un principio se siente restringido y limitado, hasta que se ha decidido definitivamente; pues todo lo que de humano ha pensado y hecho hasta el momento, debe abandonarlo ahora.

Los primeros pasos van hacia la incertidumbre -se llaman fe y confianza-. Hasta que los primeros pasos han sido dados, el sendero a la vida es estrecho y angosto. Los primeros obstáculos que deberían superarse en el camino al corazón de Dios son: ¡cambia tu manera de pensar y abandona tus viejas costumbres humanas! ¡Arrepiéntete, perdona, pide perdón, y no peques más! Esto significa, para cada cual, el esfuerzo personal y un cambio en todo lo que hasta ahora estaba acostumbrado a hacer.

Sin embargo, quien con Mi fuerza persevere, abandonará el sendero estrecho y llegará a la gran avenida de luz -que lleva al reino del interior-, por la que avanzará con los que caminan hacia la luz, para alcanzar el portal que da a lo absoluto, a la vida en Dios.

El hombre es puesto a prueba a diario: a favor o en contra de Dios.

Quien se decida contra Mí, manteniendo todas sus comodidades humanas y todo lo que le hace humano, no será tentado en el camino ancho y oscuro, porque se habrá vendido al tentador. Por este camino que va a la perdición caminan muchos. No son puestos a prueba como aquellos que caminan por la senda estrecha que va a la vida.

Quien se ha vendido al tentador también está diciendo que sí sin reservas a lo que, de acuerdo con su siembra, tendrá que cosechar.

 

8. "Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestiduras de ovejas, mas por dentro son lobos feroces. Por sus frutos los reconoceréis. ¿Pueden cogerse racimos de los espinos o higos de los abrojos?

9. "De igual modo, todo árbol bueno da frutos buenos, pero un árbol malo, da frutos malos. El árbol que no da buenos frutos, sólo sirve para ser talado y arrojado al fuego. Por los frutos, pues, distinguiréis lo bueno de lo malo. (Cap. 27, 8-9)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Al final de los días materialistas, del tiempo de acaparar y codiciar, aparecerán muchos falsos profetas. Hablarán mucho sobre el amor de Dios -y, sin embargo, sus obras serán obras humanas-. No es un profeta auténtico y un sabio espiritual el que habla del amor de Dios, sino únicamente aquel cuyas obras son buenas.

El don para examinar esto sólo lo tiene aquel que primero examina su propia convicción: si él mismo cree de verdad en el evangelio del amor desinteresado y cumple también el sentido del evangelio -y lo que él mismo ya ha realizado, por amor desinteresado a su prójimo.

Sólo podréis reconocer a vuestros semejantes y sentir la diferencia entre bueno y malo cuando hayáis alcanzado algunos grados de madurez espiritual.

Quien aún condena a su prójimo y piensa y habla negativamente de él, no puede todavía examinar a sus semejantes. Le falta discernimiento. Sólo juzga -no examina.

Si vosotros mismos aún sois un mal fruto, ¿cómo podréis reconocer a los buenos frutos? A quien no realiza las leyes de Dios, le falta discernimiento sobre lo que es bueno, menos bueno y malo.

Quien desee examinar a su prójimo, primero deberá pues autoexaminarse, ver si posee el don de discernir entre lo justo y lo injusto.

Con mucha facilidad se puede desechar un buen fruto y dar asentimiento al mal fruto: cuando el fruto podrido se ha destacado con mucha oratoria y obra con muchas palabras y gestos aparentemente convincentes.

Comprended: los iguales se atraen. A quien todavía es un fruto podrido, le son más cercanos los frutos podridos que los buenos. Pero quien es desinteresado, es un fruto bueno y también lo bueno, lo desinteresado, está cerca de él.

Quien es desinteresado, también tiene el discernimiento para distinguir entre los frutos buenos, menos buenos y malos. Así pues, quien desee distinguir entre frutos buenos y malos, primero deberá ser él mismo un fruto bueno. Sólo el fruto bueno puede reconocer a los malos. El mal fruto busca una y otra vez a los malos frutos que le son afines, para obrar contra los frutos buenos. Los malos frutos condenan, desechan, juzgan y atan.

Los frutos buenos y maduros tienen comprensión, son benévolos y tolerantes, y bondadosos para con su prójimo. Ciertamente llaman la atención sobre las irregularidades, pero conservan a su prójimo en su corazón. Esto significa: ya no valoran, ni condenan ni juzgan.

Repito: por sus frutos los reconoceréis.

El buen fruto conoce al mal fruto, pero el mal fruto no reconoce al buen fruto. El buen fruto sólo se fija en lo bueno, el mal fruto sólo en lo malo. Análogamente piensa, habla y actúa el hombre.

 

10. "No todos los que Me digan: ¡Señor, Señor!, entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que hagan la voluntad de Mi Padre que está en el Cielo. Muchos Me dirán en aquel día: ¡Señor, Señor!, ¿no profetizamos en Tu nombre? ¿No expulsamos a diablos en Tu nombre? ¿No hicimos muchos milagros en Tu nombre? Yo entonces les diré: nunca os conocí; apartaos de Mí, los que ocasionáis cosas malas. (Cap. 27, 10)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Quien sólo invoca Mi nombre y no cumple la voluntad de Mi Padre, a pesar de su oratoria de apariencia espiritualmente efectiva y de sus palabras aparentemente complacientes es pobre en su espíritu y no entrará en el Reino de los Cielos.

Pero quien lleva a cabo obras desinteresadas sin esperar ni recompensa ni reconocimiento, es el que hace la voluntad de Mi Padre; pues, tal como actúa, del mismo modo piensa y habla.

Las obras desinteresadas surgen sólo a partir de sensaciones y pensamientos llenos de la plenitud de Dios. Si los pensamientos del hombre son impuros, también sus palabras serán triviales y sus actos egocéntricos.

Comprended: quien en apariencia habla desde el Yo Soy, es decir que aparentemente pronuncia Mi palabra, y en apariencia lleva a cabo obras en Mi nombre, viviendo muy bien gracias a ello, ya ha recibido su recompensa. No recibirá ninguna otra recompensa en el Cielo. Quien desinteresadamente haga obras del amor, y trabaje para ganarse el pan terrenal, recibirá en el Cielo la justa recompensa.

Comprended: el pan espiritual es el alimento espiritual del alma. El pan para el cuerpo hay que ganarlo según la ley del "ora y trabaja”.

El pan espiritual viene de los Cielos y es dado a los que guardan la ley del amor y de la vida y también cumplen el mandamiento "ora y trabaja”.

El alimento terrenal lo regaló Dios al hombre a través de la tierra. Los frutos de la tierra necesitan ser preparados mediante el trabajo de las manos; de manera que el trabajador se merece la recompensa por su trabajo.

¡Comprended la diferencia entre el pan para el alma y el pan para el cuerpo terrenal! Es verdad que ambos proceden del mismo manantial, pero uno es espiritual y le es dado al alma, y, el otro, es sustancia densa material, y le es dado al cuerpo físico. Lo que el gran Espíritu, Dios, regala al hombre para el cuerpo físico, necesita trabajo humano; por ejemplo, hay que sembrar, cultivar, cosechar y preparar. Y, para ello, el hombre debe ser recompensado por parte del hombre.

En el Reino de Dios sólo será admitido el que lo haga todo por amor a Dios y a los hombres.

 

11. "Así pues, a quien escuche Mis palabras y las ponga por obra, lo compararé con el varón prudente, que edificó su casa firmemente sobre roca. Y cayó la lluvia, vinieron las aguas y soplaron los vientos sobre la casa; pero no se derrumbó, porque estaba fundada sobre roca.

12. "Pero a quien escuche estas palabras y no las ponga por obra, se le comparará con un necio, que edificó su casa sobre arena. Y cayó la lluvia, y vinieron los torrentes, y soplaron los vientos y dieron sobre la casa, y se derrumbó, y grande fue su desplome. Pero una ciudad que ha sido edificada firmemente, rodeada por firme muralla circular o en la cima de un monte, y fundada sobre una roca, no puede caer jamás, ni estar oculta”.

13. Y sucedió que, habiendo Jesús acabado estos discursos, se maravillaban de Su enseñanza las muchedumbres; pues les enseñaba hablando a la cabeza y al corazón, y no hablaba como los escribas, que sólo enseñaban en razón de su oficio. (Cap. 27, 11-13)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Quien escucha Mis palabras y las cumple, está desarrollando su vida espiritual. Está basando su vida en Mí, la roca. Entonces también vencerá todas las tempestades y aguas. Después de esta vida terrenal, su alma entrará conscientemente en la vida espiritual y no será allí forastera, porque ya en la Tierra el hombre habrá vivido en el reino del interior.

El espíritu profético es el fuego en el profeta y en todos los iluminados. Dios no ha hablado ni habla a través de ellos como los que sólo "enseñaban en razón de su oficio”. Los profetas e iluminados han hablado y siguen hablando por poder del Eterno, del Dios hablante, tanto si los hombres quieren reconocer esto como si no.

Está escrito: "hablando a la cabeza y al corazón”. Lo que acoge el intelecto, la cabeza, es hablado y discutido por los intelectuales. A pesar de todo, más de una semillita cae en su corazón. Quien acoge la palabra de la vida con el corazón, también la hace vibrar en su corazón y hace que en seguida germine la buena siembra, la vida.

Pero quien sólo quiera captar la palabra de Dios con el intelecto, tendrá que reconocer más tarde -quizás tan sólo después de algunos golpes del destino- lo que ha rechazado con sus dudas y con su arrogancia intelectual. Tendrá que reconocer que la semilla, la palabra de Dios, dada del cuerno de la abundancia de la vida a través de profetas e iluminados, le habría podido ahorrar muchas cosas.

El libro "Esta es Mi Palabra” seguirá obrando en el Nuevo Tiempo, en el tiempo del Cristo. Mi vida de antaño, en Jesús de Nazaret, y Mi palabra de hoy día [1989], como Cristo, son la base.

Para la vida y el modo de pensar de los hombres del Nuevo Tiempo en el Reino de Paz de Jesucristo, será la medida Mi manera de pensar, enseñar y vivir en Jesús de Nazaret. De este modo estaré muy cerca de ellos. En el espíritu Me saludarán como Hermano suyo y Me aceptarán y acogerán como Soberano del Reino de Dios en la Tierra.

Este libro es una obra del amor y de la vida. Por él los hombres en el Reino de Paz también se enterarán de cómo introduje y edifiqué el tiempo de luz en la Tierra. Se enterarán de que Yo obré a través de muchos que Me fueron fieles, que lucharon y sufrieron conmigo por el Nuevo Tiempo. Este libro, "Esta es Mi Palabra”, es pues un documento histórico. Será leído tanto ahora -en el viejo mundo, que está declinando- como luego -en el Nuevo Tiempo, que está abriéndose cada vez más.

Los hombres reconocerán en ello también el cumplimiento de la obra redentora divina, que empezó con Mis obras como Jesús de Nazaret, después como Redentor, como Cristo de Dios -y ahora como Constructor del Nuevo Tiempo, en el que preparo Mi venida como Soberano del Reino de Paz, en el que seré Hermano de los que, conmigo y con los muchos de corazón puro, vivirán en la hermandad de Cristo.

El próximo capitulo


Libro, 1088 páginas.
ISBN 3-89371-260-7 P.V.P.: DM/SFr 25,- ÖS 183,- US$ 15,- 
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