Esta es Mi Palabra
Alfa y Omega
El Evangelio de Jesús
La manifestación de Cristo
que el mundo no conoce
Jesús condena la crueldad. Sana a enfermos y expulsa a
demonios
Toda infracción contra la ley de la vida
recaerá sobre el hombre; la naturaleza y las criaturas en la
Tierra son regalos de Dios para el bienestar de los hombres (1). Explicación del
"brazo seco (3). Salvación y sanación para el cuerpo, cuando sea bueno para
el alma (7). Fariseos, ayer y hoy. La lucha contra la creciente luz, en la Tierra y en los
lugares de purificación, aún existirá en el tiempo del Reino de Paz. En el cambio de
era, se pondrán los cimientos del Reino de Paz, y tomará forma. Exhortación a los
hombres en el Reino de Paz: no olvidéis a los pioneros ni al serafín encarnado de la
Sabiduría divina, Mi profetisa y mensajera. Continúa la lucha detrás del muro de niebla
(8). Explicación del "milagro de los
alimentos (12-13)
1. Al pasar Jesús por un pueblo, vio a un grupo de
haraganes, que atormentaban a un gato que habían encontrado y lo maltrataban de forma
ignominiosa. Y Jesús les mandó que cesaran y empezó a reprenderles, pero ellos no
hacían caso de Sus palabras y Lo insultaron. (Cap. 24, 1)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Quien torture y maltrate a hombres y animales, vivirá algún día torturas y malos tratos en su propia carne. Lo mismo es válido para faltas cometidas contra los reinos vegetal y mineral; pues lo que está manifiesto en la materia como forma de vida, está también, como sustancia espiritual, en el alma. De modo que quien atenta contra la vida, se está autocondenando, ya que se está cargando en una parte de su propia herencia espiritual; pues todo lo que procede de Dios está también, como esencia, en el alma del hombre.
Comprended: la Tierra produce el alimento para los hombres. Los hombres también necesitan cobijo y ropas. No pueden crear sus alimentos, su cobijo y su ropa, como los ángeles en el Cielo. La Tierra es la portadora de vida para todo. No debe ser ni ultrajada ni explotada. La Tierra y todo lo que vive en ella -animales, plantas y piedras- quieren servir al hombre. Requisito para ello es que el hombre acepte y acoja a su Tierra, es decir la cuide, pues la Tierra es un gran organismo vivo.
Dios, el Eterno, dio a los hombres animales y plantas y les regaló fruta, verdura y cereales de la tierra. Se lo dio a los hombres y les dijo: "someted a la Tierra; lo que en su significado correcto quiere decir: respetad y cuidad la vida de todas las formas de vida, y éstas os servirán.
Comprended: las formas de vida puras de los animales han sido creadas por Dios, y
cada planta pertenece al gran potencial creador, Dios, que continúa desarrollándose en
el ciclo evolutivo. Con ello, cada forma de vida es una parte de la gran totalidad.
Al hombre le ha sido mandado por Dios apreciar y amar la vida y guardar el mandamiento "ora y trabaja. Por eso la vida de los llamados haraganes es un desperdiciar las fuerzas del día. Son hombres que roban energía de Dios. Quien no aprovecha el día, sino sólo lo utiliza para aprovecharse de sus semejantes, o para ultrajar a animales y plantas, está actuando contra la ley de la vida.
Los hombres que sólo piensen en su bien, torturarán a los animales y explotarán a la Tierra y envenenarán la vida en ella porque sus pensamientos están envenenados por la codicia y la envidia; pues los hombres que no se conocen a sí mismos, torturan a hombres y a animales y están contra la naturaleza. Sólo hacen aquello a lo que sus pensamientos egocéntricos les empujan. Ellos mismos son los acuciados, y por eso quieren apartar todo lo que está a su alrededor, porque todo lo que no encaja en su mundo de ideas les molesta. Su yo humano hace a tales hombres, por decirlo así, irresponsables de sus actos.
No conocen el mandamiento del pedir perdón, del perdonar y del reparar el daño. Ellos arreglan cuentas con su prójimo: ojo por ojo, diente por diente. ¡Pero así cargan a su propia alma con lo que ocasionan a su prójimo!; pues lo que el hombre causa a su prójimo -también a los animales y plantas, en definitiva al organismo entero de la Tierra-, se lo está causando a sí mismo. Así sucedió, y sigue sucediendo en el pecaminoso tiempo actual [1989]. No obstante, crece una nueva estirpe, y se encamina a la nueva era, a una vida del estar unos con otros, y con Dios.
2. Entonces hizo un látigo de cuerdas anudadas y los
echó, diciendo: "de esta Tierra que Mi Padre creó para la alegría y la felicidad,
habéis hecho el más bajo infierno con vuestros actos de violencia y crueldad. Y
huyeron de Su presencia. (Cap. 24, 2)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
El látigo simboliza la ley de causa y efecto. Quien maltrate y atormente a su prójimo, y también a su prójimo animal, los animales; quien cometa violencia y crueldades contra hombres y animales, contra plantas y minerales, y contra otras formas de vida que están dentro de la Tierra y sobre ella, experimentará los efectos de sus causas -a no ser que haga penitencia a tiempo.
La ley de causa y efecto golpeará como con un látigo a todos los que hayan maltratado y maltraten la vida -sea en la forma y estado de consciencia que fuere-. La Tierra ha sido dada a los hombres para que vuelvan a hacerse conscientes de que son hijos de Dios, de que su vida -como toda vida- procede de Dios, para que aprendan a apreciar y a amar la vida. No importa en qué forma y estado de consciencia la vida se presente y manifieste al hombre: en todo está Dios -la Vida.
Todo lo puro desea servir desinteresadamente; así también la Tierra con sus reinos de la naturaleza. Quien reconozca que su vida procede de Dios, y viva correspondientemente, mantendrá la paz con todas las criaturas, con todo lo que del seno de Dios ha sido dado para alegría y bienestar del hombre. Dios desea hijos alegres y pacíficos. Pero quien no desee reconocer a Dios y aceptar que El impere, estará contra El y contra todo lo que ha sido dado de Sus manos a los hombres. Con ello se volverá malhumorado, infeliz, preocupado y enfermo.
3. Pero uno, aún peor que los otros, retornó y Lo
amenazó. Y Jesús extendió Su mano, y el brazo del joven se secó. Un gran temor
sobrevino a todos, y uno dijo: "es un brujo. (Cap. 24, 3)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
"Y Jesús extendió Su mano, y el brazo del joven se secó. Este hecho ha sido mal comprendido, y por eso transmitido de esta forma. Un hombre que viva conforme a las leyes de Dios nunca interferirá en la ley de causa y efecto, para acelerar y provocar lo que el propio malhechor se cause y determine a sí mismo.
Quien ejerza violencia, cosechará algo igual o parecido. Si Yo hubiese hecho que el brazo se secara, como está escrito, habría intervenido en la ley de siembra y cosecha. El fenómeno se desarrolló según la ley de siembra y cosecha: al maltratar a un animal, el malhechor se había golpeado el brazo en un objeto áspero y duro. La sangre dejó de fluir, el brazo se puso morado y colgó inerte. Yo extendí Mi mano e indiqué el efecto, para explicarle la causa. Dado que los hombres de aquel tiempo sólo conocían la ley de siembra y cosecha en la forma de "ojo por ojo, diente por diente y, además, la interpretaban erróneamente, ellos creyeron que Yo lo había causado mediante conjuros, y que era un brujo.
De este modo mostré repetidas veces a los hombres, que cosecharían lo que sembraran: quien lleve mala siembra al campo de la vida, también tendrá una mala cosecha, puesto que el fruto ya está en la semilla.
Pero quien reconozca sus faltas a tiempo, se arrepienta y no las vuelva a cometer, estará aceptando la ley de Dios y aprenderá poco a poco a amar a todas las formas de vida. Entonces recibirá de las manos clementes del Eterno, y su alma y su cuerpo alcanzarán luz, salvación y sanación.
Comprended: no siempre trae la siembra inmediatamente la cosecha. Lo que el hombre siembre en esta vida terrenal, o sea cause -también a los reinos animales y vegetales-, cosechará, si no en esta existencia terrenal, en una vida terrenal futura o como alma en los lugares de purificación.
Por tanto, ¡vivid cada día conscientemente! Pues cada día muestra a cada hombre lo que es bueno o menos bueno en él, y lo que puede reparar en el presente, en ese día.
4. Al día siguiente la madre del joven vino a Jesús rogándole que restableciera la salud a su brazo. Y Jesús les habló sobre la ley del amor y la unidad de toda vida en la familia de Dios. Entonces dijo: "tal como hagáis en esta vida con vuestros semejantes, así os irá a vosotros en la vida venidera.
5. Y el joven creyó y confesó sus pecados. Y Jesús extendió Su mano, y el brazo seco quedó tan sano como el otro. Y la gente glorificó a Dios por haber dado tal poder a un hombre.
6. Cuando Jesús partió de allí, he aquí que Le seguían dos ciegos, que gritaban diciendo: "¡Señor, Hijo de David, ten piedad de nosotros! Y cuando hubo entrado en la casa, se Le acercaron los ciegos, y Jesús les dijo: "¿creéis que puedo hacer esto?
7. Y Le dijeron: "sí, Señor. Y Jesús tocó
sus ojos, diciendo: "hágase en vosotros según vuestra fe. Y en seguida se
abrieron sus ojos. Jesús les mandó severamente: "mirad de no contar esto a
nadie; pero ellos, después de marcharse, difundieron Su fama por toda aquella
tierra. (Cap. 24, 4-7)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
¡A quien crea, se le dará!
Las sanaciones desde el espíritu de la vida no son milagros, sino legitimidades.
El amor y la misericordia de Dios ayudan a Sus hijos humanos. La verdadera fe viene del corazón. Los hombres con una fe profunda permanecerán firmes, no importa lo que les suceda, y recibirán la salvación para su alma -pues la gracia y ayuda de Dios primero se vierten en el alma-. De ahí vienen la salvación y la salud para el cuerpo, si es bueno para el alma, es decir, si el hombre en el futuro no comete los mismos pecados que han conducido al sufrimiento o a la enfermedad del cuerpo.
"En seguida, significa: la curación no sucedió en el acto, sino según el mandamiento de la fe; pues primero pienso en el alma. En ella está la ley de la vida, la Ley, Dios. Si el hombre la guarda en la medida en que es consciente de ella, alcanza la salvación y la salud también en el cuerpo.
No siempre repercuten en el cuerpo, en esta existencia terrenal, los dones de la gracia para el alma. También pueden llegar a desplegarse en el reino de las almas -cuando el alma haya desencarnado-, o tan sólo en una encarnación posterior. Con esto lo que hay en el alma contrario a la ley divina se transforma paulatinamente en fuerza positiva, que luego fluye al cuerpo físico. Esto significa que el alma se ha liberado de ello y que tampoco el cuerpo tiene que cargar con lo que el hombre en su día causó.
8. Cuando éstos se hubieron marchado, he aquí que Le
llevaron a un hombre que era mudo y estaba poseído por un demonio. Y cuando el demonio
hubo sido expulsado, habló el mudo. Y la gente se asombró y dijo: "jamás fue vista
tal cosa en Israel. Pero los fariseos decían: "El expulsa a los diablos por
medio del superior de los diablos. (Cap. 24, 8)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Siendo Jesús de Nazaret obré allí donde Mi Padre Me puso. A muchos hombres les pude traer alivio y sanación mediante el poder del Padre, y autorreconocimiento a través de la palabra viva.
No pude ayudar y servir a todos y cada uno de los hombres que vinieron a Mí. A muchos les impuse las manos y no sanaron. Tampoco se retiró toda fuerza oscura a la que Me dirigí en el hombre; pues la ley de la vida dice: ¡te es dado según tu fe! Y: en adelante, ¡no peques más! Además, también la ley de la vida dice: cree también, aun si en tu cuerpo no sientes todavía lo que ya se ha efectuado en el alma. En el cuerpo sólo será eficaz lo que el hombre reconozca de faltas y pecados, arrepintiéndose de ello, pidiendo perdón y perdonando -y no volviéndolo a cometer.
Comprended: cada hombre que habla de forma distinta a como piensa, es un fariseo.
Aún actualmente [1989] los fariseos emplean los mismos discursos calumniadores de antaño, cuando caminé por la Tierra en Jesús de Nazaret, y vierten el mismo escarnio y burla para agitar los ánimos del pueblo. Pero quien puede ver dentro del corazón de los hombres comprende que en el fondo todo fariseo es un hombre angustiado, que cuida continuamente de que su edificio de mentiras no se tambalee. Precisamente los fariseos, y también los escribas, han traído al mundo y difundido entre los hombres muchas cosas contrarias a la verdad.
Los fariseos obcecados, los dirigentes de los pueblos y muchos hombres de iglesia, pronuncian inconscientemente, y en parte también conscientemente, muchas cosas contrarias a la verdad. Conscientemente dicen falsedades, por miedo a perder prestigio. Inconscientemente dicen falsedades, porque no controlan sus sensaciones y pensamientos y, sin autorreconocimiento, desperdician los días terrenales. No enmiendan su comportamiento erróneo y dan rienda suelta a sus agresiones, avivadas por sus miedos.
Los fariseos, y muchos escribas y hombres de iglesia, acusan a sus semejantes de falsedades y condenan a aquellos que hablan desde la verdad eterna. Quien da falso testimonio contra su prójimo, teme la verdad eterna, que es Dios.
Muchos fariseos, que llevan ropas clericales, están convencidos de ser
competentes en cuestiones de fe. Acusan a su prójimo de ser satánico o diabólico porque
ellos mismos, con su vida y su forma de pensar, sirven en mayor o menor medida al diablo.
Por eso, tened cuidado de los que condenan a su prójimo difamándole, pues ellos mismos
están aliados con el mal.
Para los hombres que vivirán en el Reino de Paz de Jesucristo, es importante saber que la lucha de las tinieblas contra la luz, tal como tuvo lugar en el tiempo de Mi vida terrenal en Jesús de Nazaret, se prolongó a lo largo de las épocas siguientes, intensificándose una vez más en la actualidad [1989].
Todo lo que Yo había vivido siendo Jesús de Nazaret, lo vivieron en los siglos
siguientes muchos hombres y mujeres fieles. También se hizo burla de ellos, y fueron
escarnecidos y calumniados por su amor a la verdad. Y a pesar de ello, después de su
muerte física sus almas volvieron una y otra vez al vestido terrenal, para preparar el
Reino de Dios en la Tierra -y, actualmente [1989], para
fundarlo y edificarlo.
Los primeros pasos hacia el tiempo de luz -en un principio invisibles para los hombres del mundo-, fueron llevados a cabo mediante obras del amor al prójimo. Con el transcurrir del tiempo, las obras de Dios en la Tierra se hicieron más y más visibles. Hombres con consciencias más elevadas condujeron a sus semejantes, a sus hermanos, por el camino al interior que lleva a Mí, el Cristo de Dios. Adquirieron tierras y fundaron centros y establecimientos cristianos, en los que hubo hombres que comenzaron a realizar el Sermón de la Montaña, la ley de Dios para esta Tierra. Estos centros y establecimientos fueron una y otra vez aniquilados por las fuerzas antagonistas.
Lo que ocurrió en estos tiempos de luchas, en los que en la Tierra se encontraron la luz y las tinieblas, sigue sucediendo ahora -mientras vosotros vivís en el tiempo de luz en la Tierra- en los niveles, para vosotros invisibles, de los lugares de purificación. Ahí siguen obrando aún muchos escribas, fariseos y hombres de iglesia de antaño, que entonces [1989] se hallaban en vestido terrenal. Ellos siguen influenciando a las almas de los hombres que en su día les siguieron ciegamente, para crear también discordias en los lugares de purificación.
Vosotros que vivís en el tiempo de luz, en el Reino de Dios en la Tierra, debéis saber lo que en su día ocurrió en la Tierra y aún sigue ocurriendo en los reinos inferiores de las almas, en los ámbitos del Orden. Cuando, tras la muerte física, abandonéis este mundo y atraveséis el muro de niebla, que el ojo físico no puede traspasar, debéis estar informados de esto. Pues quien -como alma- atraviese el muro de niebla conociendo las causas que todavía son activas, no se asustará ni desalentará, sino que en seguida comenzará a enseñar e instruir a las almas que le sean conducidas, para que sepan de la luz de la verdad que ya vive en la Tierra: el Cristo de Dios, que Yo Soy.
Todos los que, en los casi dos mil años transcurridos tras Mi vida como Jesús de Nazaret, trabajaron y lucharon en favor del Reino de Dios y fueron perseguidos, son para vosotros, que vivís en el Reino de Paz de Jesucristo, los pioneros del Nuevo Tiempo. Ellos realizaron grandes cosas. En las distintas épocas posteriores a Mi vida terrenal entraron una y otra vez en el vestido terrenal, creando y ampliando cada vez más el potencial espiritual para el Reino de Dios en la Tierra. En un principio era un potencial espiritual invisible, que se manifestó muy paulatinamente en la Tierra, y sobre todo en la atmósfera. De vez en cuando algo de éste se llevó a la práctica, es decir se hizo visible: allí donde seres humanos comenzaron a vivir y trabajar según el Sermón de la Montaña.
Entonces alboreó el cambio de era, aquella época [1989] que desveló el Reino de Paz de Jesucristo en todos sus detalles. De nuevo vinieron pioneros a esta Tierra. Ellos son los seres espirituales en vestido terrenal que forman parte de la misión de la Redención, de la estirpe de David y de otras estirpes. Actualmente [1989] han hecho visible lo que prepararon en las pasadas generaciones.
Aquí y allá se hizo visible la gran familia de Dios en la Tierra. Muchos vivían en Comunidades Originarias cristianas. La luz originaria central entre ellos era la Comunidad de la Alianza, "Nueva Jerusalén, que ya entonces tuvo la responsabilidad de todas las Comunidades Originarias que estaban surgiendo y del Reino de Dios en formación en la Tierra. En el Reino de Paz de sustancia material luminosa ella es ahora, como ciudad Jerusalén, el centro desde el que son conducidas todas las Comunidades Originarias.
Las Comunidades Originarias en Vida Universal, que se formaron en medio del todavía pecaminoso mundo, se componían sobre todo de hombres del espíritu, que vivían cada vez más en Mí, el Cristo, y, con ello, en la ley de Dios. Ellos crearon los centros y establecimientos comunitarios que necesitaban para la vida como seres humanos. Adquirieron y construyeron casas, en las que vivían en comunidades. Fundaron empresas artesanales, en las que realizaban la ley "ora y trabaja; conjuntamente fundaron y construyeron clínicas, hogares para la tercera edad, parvularios, escuelas, casas padre-madre, comedores, y todo lo demás necesario para la vida de los hombres en esta Tierra.
Entre ellos no había ni superiores ni subordinados. Todos ellos se sentían conscientemente hijos de Dios; reafirmaban la filiación en nuestro Padre eterno. Según sus capacidades, obraban para la gran totalidad, para el bien común.
Entre estos pioneros para el Nuevo Tiempo en Mí, el Cristo, vivía, como ya ha sido manifestado, una mujer, el serafín encarnado de la Sabiduría divina. Ella obraba para Mí como profetisa y mensajera y precedió a todos, siendo un luminoso ejemplo en el cumplimiento de las leyes eternas. A través de ella, el rayo de luz parcial encarnado de la Sabiduría divina, y de su dual espiritual, el positivo de la Sabiduría divina, he anunciado e introducido el Nuevo Tiempo; pues el Amor y la Sabiduría obran en la obra redentora, y con ellos todos los seres, todos los hijos e hijas de Dios, que han asumido la tarea de aportar lo que Dios les ha dado: la fuerza, el Amor y la Sabiduría; el Orden, la Voluntad, la Seriedad, la Paciencia y la Misericordia -para el Nuevo Tiempo.
Todas las figuras de luz encarnadas obraban según su procedencia espiritual, su
mentalidad espiritual, que determinaba sus capacidades terrenales para el Reino de Dios en
la Tierra. Estos pioneros para el tiempo de luz sufrieron igualmente oprobio, escarnio y
burlas. También fueron difamados. Pero se esforzaron en vivir en Mí, y Yo estuve con
ellos.
Repito y os digo a vosotros que ahora vivís en el Nuevo Tiempo, para que lo
conservéis en vuestro corazón: una y otra vez lucharon los fariseos, y muchos escribas y
hombres de iglesia de aquel tiempo [1989], contra los pioneros. Mediante la difamación,
instigaron al pueblo contra ellos. Sin embargo, tal como ya ocurrió durante Mi tiempo
terrenal, así ocurrió también en esa época [1989]: la verdad venció.
Inquebrantablemente, sin importar lo que los calumniadores les imputaran, siguieron
obrando para prepararme a Mí, el Cristo, los caminos al tiempo de luz. Hicieron que se
volviera más y más visible lo que sirve al Nuevo Tiempo.
Alegraos los que ahora vivís en la paz -¡y cumplid agradecidos las leyes del amor!-. Acordaos de vuestros hermanos y hermanas, que como pioneros Me prepararon los caminos al Nuevo Tiempo, adquiriendo, fundando y edificando para vosotros aquello cuya irradiación se ha ido transformando una y otra vez para el tiempo de luz -lo que ahora poseéis en Mi nombre.
Pero no olvidéis: ¡tras el muro de niebla aún no existe la vida en Mí! Allí
todavía se mantiene la lucha entre luz y tinieblas. Sin embargo, la atmósfera de la
Tierra os protege de estas fuerzas, para que en la Tierra podáis vivir en paz.
A través de estas Mis palabras debéis saber y comprender que la Redención aún no está concluida en todos los ámbitos. Muchos de vosotros encontraréis detrás del muro de niebla, en los reinos inferiores de las almas, cosas similares a las que en su día acontecieron en la Tierra -tal como lo he manifestado aquí para vosotros y tal cual está escrito, como historia, en el presente libro, "Esta es Mi Palabra-. Para muchos de vosotros, esto volverá a ser presente cuando os hayáis desprendido del vestido terrenal y con vuestro cuerpo espiritual atraveséis el muro de niebla; pues tras vuestra muerte física debéis ir protegidos a estos reinos y ayudar para que todo lo que todavía no corresponda al orden divino se ordene, y todo lo que aún esté atado se suelte.
9. Y Jesús recorría todas las ciudades y pueblos,
enseñando en sus sinagogas, predicando el evangelio del Reino de Dios y sanando toda
epidemia y toda enfermedad en el pueblo. (Cap. 24, 9)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Yo sané a muchos de epidemias y enfermedades -pero no pude eliminar "toda epidemia y toda enfermedad-; pues muchos hombres sólo pensaban en su cuerpo. No estaban dispuestos a acordarse primero de su alma. Muchos que sufrían pensaban sólo en salvar su cuerpo terrenal. Quien así pensaba, no podía recibir. No conseguía ni ayuda ni sanación -ni para su alma ni para su cuerpo-. Por eso, muchos se marchaban decepcionados, porque en ellos nada sucedía. Entonces hablaban contra Mí, y al mismo tiempo al gusto de los fariseos y escribas. También por tales conversaciones de los decepcionados, los fariseos y muchos escribas fueron animados a proceder contra Mí, el Cristo en Jesús.
10. Y viendo a la muchedumbre, Le inundó la compasión;
pues estaban apáticos y dispersos, como ovejas que no tienen pastor. (Cap. 24, 10)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
"Compasión, significa sufrir con: Yo vi sus penas y su desamparo, y sufrí con ellos. Ver el sufrimiento desde la misericordia, significa tener piedad y ayudar donde la ayuda sea indicada.
11. Entonces dijo a Sus discípulos: "la mies es en verdad enorme, pero hay pocos obreros. Rogad, pues, al Señor de la mies que envíe obreros a Su mies.
12. Y Sus discípulos Le trajeron dos pequeñas cestas llenas de pan y fruta y una jarra llena de agua. Y Jesús colocó el pan y la fruta delante de ellos, y también el agua. Y comieron y bebieron todos hasta que se saciaron.
13. Y se maravillaron; pues cada uno tuvo suficiente y
aun se quedó con sobras, y eran en número de unos cuatro mil. Y se marcharon bendiciendo
a Dios por todo lo que habían oído y visto. (Cap. 24, 11-13)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Eran muchos hombres, casi cuatro mil. Todos ellos escucharon las palabras del Todopoderoso a través de Mí, Jesús. La palabra de Dios es sustancia y fuerza. Muchos de ellos tomaron la palabra de Dios como manjar de los Cielos. Se propusieron comer de este pan y de estos frutos cada día más -es decir, consagrar su vida a Dios, a la ley de la vida-. Con ello fueron liberadas energías positivas.
Una parte de estas energías positivas -que surgió mediante el deseo y la voluntad de muchos de los presentes de realizar en sí mismos cada día más el pan espiritual y los frutos espirituales-, la cogí, y condensé las energías espirituales que luego fueron, para la multitud hambrienta, pan, frutas, agua y también peces, alimentos principales de aquellos hombres. La condensación de la energía espiritual fue una manifestación de luz procedente del Espíritu de Dios. Sólo contenía la vida espiritual, tanto en el pan como en la fruta, en el agua y en los peces. Lo que es manifestado, procediendo del Espíritu, no es pura sustancia material. No lleva en sí la vida terrenal y por lo tanto tampoco el crecimiento terrenal. La sustancia espiritual manifiestada no puede ser matada.
Las personas presentes estaban en elevada vibración. Veían los cestos llenos, las jarras de agua llenas; veían el pan, los frutos, el agua ante ellos y cogían los dones de la vida de las cestas y jarras -y no obstante todo ocurría dentro y procedente de ellos-. Sacaban estos dones de sí mismos, porque para esto habían desarrollado las energías superiores -mediante su buena voluntad de consagrar su vida a Dios, la Ley, e incrementar las fuerzas de Dios en sí mismos-. Quedaron saciados, y su sed apagada.
Dado pues, que la multitud se encontraba en un elevado estado de consciencia, Yo, Cristo en Jesús, pude efectuar la manifestación de luz.
Libro, 1088 páginas.
ISBN 3-89371-260-7 P.V.P.: DM/SFr 25,- ÖS 183,- US$ 15,-
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