Editorial DAS WORT

DAS WORT - la editorial en Vida Universal


Esta es Mi Palabra
Alfa y Omega
El Evangelio de Jesús
La manifestación de Cristo
que el mundo no conoce

        Jesús reprende   
               la crueldad para con un caballo


Capitulo 21

Jesús reprende la crueldad para con un caballo

El hombre egoísta, egocéntrico, domina y tortura a los animales. Quien vive en Dios, es uno con todas las criaturas (2-4). El hombre ultraja y destruye a la vida en la Tierra. Extinción de muchas especies animales. Importancia de muchos animales para el equilibrio ecológico. La ley de siembra y cosecha también es válida en la manera de tratar a la Creación (5). Amor desinteresado, la llave para la comprensión y ayuda al prójimo y para comprender y superar la ley causal. Hambre y sed del alma, del manantial interno (7). Para Dios, matar animales, aun siendo como sacrificio, es una atrocidad. Cada ser humano debería sacrificar voluntariamente su yo. La imagen de Dios errónea. El correcto entendimiento de "ojo por ojo, diente por diente” (8) y de "así os arrojaré de Mi lado”. Transmisión e interpretación de palabras bíblicas (10). Riquezas terrenales y riqueza interna (11). La riqueza externa es sólo prestada, para que se emplee en favor de muchos (12-13). La ley de Dios es absoluta y se cumplirá. El bautismo con agua, un símbolo. El "está consumado”. Cristo enseña ahora toda la verdad (14). La planificación y preparación de la misión redentora y de la Obra de la Redención. Muchos seres espirituales formarán parte de la misión, hasta que todos los seres de la Caída hayan regresado (16)

 

1. Aconteció que el Señor salió de la ciudad, e iba por la montaña con Sus discípulos. Y llegaron a un monte de caminos muy escarpados. Allí encontraron a un hombre con un animal de carga.

2. El caballo se había desplomado a causa de la sobrecarga, y el hombre lo golpeaba hasta hacerle sangrar. Y Jesús se le acercó y dijo: "tú, hijo de la crueldad, ¿por qué golpeas a tu animal? ¿No ves acaso que es demasiado débil para su carga, y no sabes que sufre?”

3. Pero el hombre respondió: "¿qué tienes que ver Tú con esto? Puedo golpear a mi animal cuanto me plazca; pues me pertenece y lo compré por una buena suma de dinero. Pregunta a los que están contigo, pues son de mi vecindario y lo saben”.

4. Y algunos de los discípulos respondieron diciendo: "sí, Señor, es tal como dice; estábamos presentes mientras compraba el caballo”. Y el Señor respondió: "¿no veis acaso cómo sangra y no oís cómo gime y se lamenta?” Pero ellos respondieron diciendo: "¡no, Señor, no oímos que gima y se lamente!” (Cap. 21, 1-4)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Aun cuando el hombre haya adquirido un animal, no es propiedad suya. Tal como el cuerpo espiritual, el alma en el hombre, pertenece al eterno SER, porque el Eterno ha creado el cuerpo espiritual y los seres espirituales viven en el eterno SER a través del Eterno, así los animales también fueron creados por el Espíritu creador eterno y pertenecen a la vida que es y que perdura eternamente -a Dios.

Todo el infinito es amor sirviente, vida sirviente; y también el hombre ha sido llamado por Mí, Cristo, para servir a su prójimo de modo desinteresado. Forma parte de ello, además, el prójimo animal, es decir, los animales, pues también los animales están provistos con los dones del servicio desinteresado y sirven con agrado y complacientes al hombre que los ama.

Si el hombre no ama desinteresadamente a su prójimo, o sea a sus semejantes, tampoco les servirá desinteresadamente. Transferirá igualmente su egoísmo a los mundos animal, vegetal y mineral.

El animal no puede hablar. Calladamente sufre y soporta, y apenas puede comunicar su dolor y su sufrimiento. Sólo percibe el dolor y la pena que el animal padece, el que ama desinteresadamente a hombres, animales, plantas y piedras.

El hombre egocéntrico, el hombre dominador, espera que sus semejantes le sirvan. También exige del animal que le sirva por encima de sus posibilidades y fuerzas. El mismo manda -en vez de servir-. Por eso ocasiona torturas indecibles a hombres y animales. Si el hombre hace a sus semejantes dependientes de él -en cierto modo esclavos-, también subyugará a los animales. Quien ya no escuche a su conciencia, se volverá duro de corazón para con hombres y animales. Verá sólo sus propios asuntos, su propio provecho. Se dará mucha importancia y así olvidará que su prójimo y su prójimo animal -es decir, los animales- han de sufrir bajo su dominio egocéntrico. Tampoco sentirá ya lo que su prójimo y el animal necesitan. Cuando los sentidos del hombre se han embrutecido, todo el hombre tiene poca sensibilidad; pero de modo tanto más susceptible reacciona, cuando se llama la atención a su propio yo y se pone en duda su proceder.

Comprended: quien sólo está con este mundo, se fija sólo en su pequeño, limitado mundo del yo. Con ello se vuelve insensible para con la ley de la vida, llegando a estar espiritualmente muerto. Los espiritualmente muertos son mudos y sordos para con la verdadera vida. Mientras según las leyes de la encarnación aún sea posible, volverán a nacer en la materia para, en el discurrir de su destino, experimentar y vivir que su prójimo, que junto a él está, e igualmente el animal, sienten y sufren -puesto que todos tienen la vida que viene de Dios.

Bienaventurados aquellos que comprendan que su existencia futura puede implicar tormento o libertad, porque el hombre cosecha lo que siembra.

Está próximo el tiempo en que las almas muy cargadas ya no podrán ir a lo temporal, porque la luz habitará en la Tierra. Las sombras del yo humano ya no podrán dominar el mundo, porque la voluntad de Dios se vivirá y se hará visible.

Quien haya consagrado su vida a Dios, se habrá vuelto desinteresado. Su vida, a partir de entonces, estará al servicio desinteresado del prójimo. El hombre que esté en el espíritu del Señor ya no hablará del "tuyo” y "mío”. Vivirá en la plenitud de Dios de eternidad a eternidad -en lo que Dios le ha dado en herencia: todo lo que es, la eternidad.

Por tanto, quien vive verdaderamente, ve lo que los espiritualmente muertos no ven -oye lo que los espiritualmente muertos no pueden oír: la vida que fluye de hombres, animales, plantas y piedras, de todo el infinito-; pues quien vive en Mí, es uno con todos los hombres, seres, animales, plantas, piedras y con todo el infinito; él entiende el lenguaje del amor.

 

5. Y el Señor se entristeció y dijo: "¡ay de vosotros, que por la insensibilidad de vuestro corazón no oís cómo se lamenta y clama piedad al Creador celestial, y tres veces ay de aquel contra el que clama y se lamenta en su tortura!” (Cap. 21, 5)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

¡Ay de aquellos que pequen contra hombres, animales, plantas, piedras y contra todo lo que Dios les ha dado para vivir en El! El ánimo de muchos hombres se ha insensibilizado. Su yo humano sólo piensa en ventajas personales. Con eso el hombre egoísta perjudica a sus semejantes y también explota a los reinos de la naturaleza. El hombre de este tiempo [1989] se ha apoderado y se apodera del gran hombre-Tierra, de la Tierra. Contamina a la Tierra, ultraja la vida que hay sobre ella e interviene en la atmósfera mediante su manipulación de la energía atómica, y asimismo con productos químicos y de otro tipo. Es decir, ultraja a la Tierra y a todo lo que vive en ella, y destruye el manto atmosférico que la protege a ella y a toda vida terrestre.

Precisamente en este cambio de era, el cambio del viejo tiempo pecaminoso al tiempo de luz, las especies animales y vegetales claman con sus fuerzas sensitivas, con el lenguaje de su consciencia, a su Creador, pidiendo ayuda y salvación. Los animales y plantas sufren inimaginablemente bajo las aberraciones del yo humano, del egoísmo humano. La vida subyugada clama pidiendo piedad y salvación.

Dios, Mi Padre, el Creador de todas las formas de vida, ha escuchado a las criaturas subyugadas. Muchas especies animales se extinguen a causa del modo de actuar de los hombres contrario a la ley divina. Sus fuerzas espirituales, o regresan al alma de la Tierra o a los ámbitos puros del eterno SER. Para muchas, esto es salvación. Sin embargo, otras muchas volverán cuando la luz habite en la Tierra por haber hombres que vivan en la unidad con Dios.

Sabed: cada transgresión no expiada y cada mal trato -ya sea de hombres, animales, plantas o incluso de piedras, en toda la Tierra y en la atmósfera- recaerá sobre el autor. Comprended: muchos animales han sido dados al hombre para servirle. Muchos han sido dados para preservar el equilibrio ecológico. Pero un servicio correcto, es decir mutuo, sólo será posible cuando el hombre haya desarrollado el amor filial que viene del Dios Padre-Madre, y el amor creador, que es activo en el animal, en las plantas y en las piedras. Entonces también podrá comunicarse con todo lo que es.

Donde hay comunicación pura, fluye también energía eterna cósmica. Pero donde las fuerzas del amor están atadas, hay dureza de corazón, egoísmo y esclavitud. Ahí no hay comprensión ni tolerancia; ahí sólo hay el tomar, y ningún fluir del dar y recibir.

Es ley: lo que el hombre hace al menor de Mis hermanos, a su semejante, Me lo ha hecho a Mí, el Cristo -y en última instancia a sí mismo-; pues lo que el hombre siembre, es lo que cosechará. La cosecha se corresponde con la respectiva siembra. Cuando el hombre infringe la eterna ley del amor desinteresado, se aparta de las energías eternas que necesita para una vida sana, para el bienestar de su alma y también de su cuerpo. Es decir que quien se dirige al mundo y a sus sombras, se aparta de Mí, la Luz. Y quien se aparta de Mí, entra en las sombras del yo humano. Quien está en sombras, sufre, se atrofia y llega a ser esclavo de su yo, y hace a su vez esclavo a su prójimo.

Comprended: sólo se deja hacer esclavo del hombre dominador el que está en sombras y por ello ya está esclavizado. El se venderá al hombre dominador por unas pocas monedas de plata, y con ello traicionará a su verdadero Señor. Esto sucede respecto a hombres, animales, plantas, la Tierra y la atmósfera.

 

6. Se acercó y tocó al caballo, y el animal se levantó, y sus heridas estaban curadas. Dijo al hombre: "prosigue ahora tu camino y en adelante no lo golpees más, si es que también esperas hallar piedad”.

7. Y viendo a la muchedumbre que venía hacia El, dijo Jesús a Sus discípulos: "por los enfermos estoy enfermo, por los hambrientos sufro hambre, por los sedientos sufro sed”. (Cap. 21, 6-7)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

"Por los enfermos estoy enfermo”, significa: quien ame desinteresadamente, estará abierto a su prójimo y también podrá sentir en su corazón el sufrimiento, el padecimiento y la enfermedad de sus semejantes, comprendiendo sus sentimientos. Los hombres dispuestos a ayudar desinteresadamente a su prójimo, reciben de Mí la fuerza para dar consuelo y ayuda a los enfermos. Los hombres que están en Mi espíritu sirven desinteresadamente a su prójimo, si éste lo desea.

Comprended: cada hombre tiene el libre albedrío, y nadie debe imponerse a su prójimo. Por eso el hombre sólo ha de prestar ayuda cuando ésta sea deseada.

A través de hombres que sirven desinteresadamente, el Espíritu del amor fluye a muchos de Sus hijos humanos, y hace que les llegue ayuda. Dios ayuda a Sus hijos humanos en cada situación -también mediante hombres cuyos corazones laten desinteresadamente por Dios y por su prójimo-. Quien ama desinteresadamente, también sirve desinteresadamente. Con ello viene lo bueno a este mundo: Dios.

Quien reconozca sus propias causas, también conocerá las cadenas de causas que discurren por este mundo, cuyos efectos han llevado y llevan a múltiples enfermedades, sufrimientos y penas. Quien tenga experiencia con la ley de causa y efecto, también conocerá el camino de salida de las turbulencias y enredos del yo humano. Y quien recorra el camino de salida del sufrimiento, la pena, la enfermedad y los padecimientos, creará cada vez menos causas. Con ello se reducirá la mala siembra en el campo de la vida. Entonces crecerá en él la buena siembra, la vida en Mí, el Cristo.

"...por los hambrientos sufro hambre y por los sedientos sufro sed”, significa: siendo Jesús de Nazaret sentí, y como Cristo sé, por qué falta el alimento a muchos de Mis hijos humanos y por qué tienen sed. Siendo Jesús veía lo que faltaba y, como Cristo, lo sé. Lo que falta es la luz que falta al alma. El alma que ha despertado tiene hambre y sed de Mí, el Cristo. Un alma que haya despertado en Mí no descansará hasta que el hombre reconozca por qué pasa hambre y sed. Cuando el hombre haya reconocido el desamparo del alma y haya purificado con Mi fuerza lo reconocido, que ha llevado a la pobreza de luz del alma, el alma tomará aliento y el hombre sanará.

Comprended: el alma vive únicamente de la luz de Dios. Si no tiene suficiente, el cuerpo enferma -o el hombre tiene que pasar hambre y sed, según la siembra que haya puesto en el campo, en su alma.

Todos los sedientos anhelan el manantial, el agua. Si en el hombre el manantial de vida interna fluye escasamente, porque se ha apartado del manantial, alma y hombre estarán sufriendo. Quien viva en Dios, sentirá el sufrimiento de su prójimo y no descansará hasta que todas las almas y hombres hayan alcanzado el manantial de la vida y las almas se unan con el origen del manantial, para volver a ser el manantial.

Hasta que todos los hombres y almas vivan en esta consciencia espiritual, estaré como Redentor con los hombres y almas, sintiendo con ellos sus enfermedades, su hambre y su sed, saciando su hambre y apagando su sed -hasta que todo lo humano se haya disuelto y el alma vuelva a ser el manantial que proviene de Dios, el ser espiritual de los Cielos, la imagen y semejanza de Dios.

 

8. Y dijo también: "he venido para terminar con los sacrificios y las fiestas de sangre. Si no cesáis de sacrificar y comer carne y sangre de animales, la ira de Dios no cesará de venir sobre vosotros, tal como en el desierto vino sobre vuestros padres, los cuales, ávidos del disfrute de la carne, se llenaron de podredumbre y fueron destrozados por plagas. (Cap. 21, 8)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

"He venido para terminar con los sacrificios y las fiestas de sangre”, significa: he venido a enseñaros el evangelio, la ley del amor, y a vivirlo con Mi ejemplo, para que comprendáis que interiormente sólo es rico en fuerza espiritual aquel hombre que guarda las leyes de Dios. A los hombres que posean valores internos nada les faltará, ya que quien sea rico en su corazón, estará de parte de su prójimo y no contra él -y con ello a favor de Dios, la Vida, que es la plenitud-. Los hombres con valores internos están también de parte de los reinos animal y vegetal, y no contra lo que Dios ha creado. Quien esté contra su prójimo, luchará contra él y lo matará. Y quien esté contra su prójimo, no estará a favor de otras vidas -ni de la de los animales, ni de la de las plantas y piedras.

Quien está contra la vida en Mí, el Cristo, tiene hambre y sed de éxito, riquezas, poder y prestigio. Para sus fiestas y sus gustos del paladar mata animales y come su carne. Con ello está mostrando que está lejos de Dios.

Para Dios, el Eterno, también el sacrificar animales es una atrocidad. El no quiere que se Le sacrifiquen o consagren animales. Dios ha dado la vida a todas las formas del SER, también por tanto a los animales. ¿Por qué hay que sacrificárselos, si El mismo, la Vida, habita en ellos?

Pero si el hombre sacrificara su yo humano, sus pasiones y su avidez, a Mí, el Cristo, y aspirara a una vida como Dios quiere, es decir, consagrada a Dios, y la siguiera, eso contribuiría a la unidad de todas las formas de vida. ¡Dios es el espíritu del amor y de la libertad! Por eso cada hombre debería sacrificar voluntariamente su yo. Sólo entonces llegará a ser manso y de corazón humilde y hallará la gran unidad: Dios. Este desarrollo del hombre hacia El, lo ama Dios en Sus hijos.

Y quien se entregue al eterno Dios Padre-Madre, transformando lo humano que haya en él en divino, no matará animal alguno para comer su carne, y tampoco matará animal alguno deliberadamente. Tales hombres también tratarán con amor desinteresado al reino vegetal, ya que es igualmente un regalo que Dios ha creado para Sus hijos humanos. Las plantas y los frutos del campo y del bosque se regalan gustosos al hombre y quieren servirle como alimento y como medios curativos para su cuerpo enfermo.

La "ira de Dios”, viene del mundo de ideas de los paganos, que en la Antigua Alianza todavía era muy vivo: se creía que los "dioses” se vengaban de los hombres. Sería bueno que el hombre pecaminoso comprendiera que él mismo ha creado la llamada "ira de Dios”. El "Dios airado” es el yo humano que ejerce venganza por lo que él mismo ha causado; pues lo que el hombre siembre, es lo que cosechará.

También las palabras, "ojo por ojo, diente por diente”, han sido y son erróneamente interpretadas. El hombre no debe vengarse de su prójimo, desquitándose a base de hacerle lo mismo. Se le ha mandado perdonar a su prójimo, pedirle perdón y no hacer más algo igual o parecido. Quien no cumpla este mandamiento, se estará poniendo él mismo bajo la ley de la expiación, que dice: "ojo por ojo, diente por diente”. En ese caso cosechará -"ojo por ojo, diente por diente”- lo que haya sembrado.

Comprended: tarde o temprano se desplomará el yo iracundo, dominador, el dios "yo” del hombre -a más tardar cuando efluyan del alma las causas, lo que el hombre haya sembrado.

Comprended también: el sufrimiento de los animales y la carne consumida de los animales deliberadamente matados, roen a su vez en la carne del hombre. Las consecuencias son enfermedades y epidemias. Son los efectos de estas y causas parecidas.

 

9. "Y os digo que aunque estéis reunidos en Mi seno, si no cumplís Mis mandamientos, os repudiaré; pues si no queréis cumplir el conocimiento oculto en las cosas pequeñas, ¿cómo podré daros el conocimiento mayor?

10. "Quien sea fiel en lo más pequeño, también será fiel en lo grande. Y quien sea injusto en lo más pequeño, también será injusto en lo grande. (Cap. 21, 9-10)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

"Y os digo que aunque estéis reunidos en Mi seno, si no cumplís Mis mandamientos, os repudiaré”, significa: Aunque el hombre exclame "¡Señor, Señor!” y hable mucho de Mí y del evangelio del amor, si no obstante en su vida no realiza y no cumple aquello de lo que habla, él mismo se repudiará -a través de su yo humano-. Con ello se saldrá de la ley del amor y estará creando causas, cuyos efectos caerán sobre él, si no las reconoce a tiempo, no se arrepiente y no deja de hacer tales cosas. No es el Yo Soy, Dios, quien repudia al alma y al hombre. El hombre mismo se aparta de la ley del amor y de la vida, creando con ello su propia ley, bajo la que luego sufrirá; pues el hombre recibirá lo que haya sembrado. Por tanto, esforzaos en permanecer en Mi seno mediante una vida en Mí, el Cristo, mediante amor desinteresado y obras desinteresadas.

La expresión "os repudiaré”, nunca viene del espíritu de Dios, que Yo Soy. El sentido de esta expresión es: mediante vuestro propio pequeño yo empujáis a vuestra alma al valle de las causas, bajo las que luego sufriréis; pues sólo el yo del hombre edifica en el alma y en el cuerpo físico la ley de siembra y cosecha.

En muchas escrituras antiguas, que en el pasado fueron dadas y una y otra vez redactadas y traducidas, se introdujeron giros de los tiempos anteriores y posteriores a la Antigua Alianza. Cuando aquellos que redactaban y traducían las escrituras estaban aún apegados a este mundo de ideas, volvían a utilizar estos conceptos, adoptándolos en las nuevas redacciones -en la creencia de haber entendido bien la escritura que tenían delante y de haber por tanto redactado y traducido también correctamente.

También en vuestras llamadas Biblias fueron una y otra vez adoptados tales conceptos antiguos. Esto sigue ocurriendo asimismo en la actualidad [1989]. Igualmente por eso, muchos versados en la Biblia y teólogos no pueden entender Mi palabra manifestada para el tiempo actual y para el Nuevo Tiempo, el tiempo de luz. Por la rígida aplicación de tales conceptos, en la Biblia se introdujo mucho de obra humana. No siempre se introducían interpretaciones de modo consciente en las escrituras -con frecuencia se introducían colándose inconscientemente, desde el convencimiento humano-. Las viejas formas de expresión y los viejos conceptos con los que la verdad divina fue transmitida en palabras humanas, tienen en cambio, en el tiempo actual [1989], a menudo otros significados y connotaciones.

Si la humanidad hubiese escuchado a los profetas enviados por Dios -también dentro de las Iglesias institucionales-, y si hubiese cumplido lo que Dios enseñó por medio de Sus instrumentos; si la humanidad hubiese hecho caso de lo que Yo enseñé y viví dando ejemplo siendo Jesús de Nazaret, la presente época estaría llena de la luz, o sea de la verdad -y ya no habría habido más necesidad de profetas.

Comprended: quien no cumpla el mandamiento más pequeño de practicar la comprensión y la tolerancia para con sus semejantes y respetar su libre albedrío, tampoco podrá cumplir el mandamiento más grande, el mandamiento del amor. Quien no reconozca la ley de siembra y cosecha, y por eso condene a su prójimo como culpable, ¿cómo podrá recibir algo mayor, la ley del amor, la vida verdadera?

Saber no es sabiduría. La sabiduría divina permanece velada para quien el saber sólo lo acumula.

Quien en las cosas más pequeñas sea fiel, honesto y sincero consigo mismo, también lo será con su prójimo. Tales hombres también realizarán cosas grandes, perdurables, porque viven en Mi voluntad. Pero quien en las cosas más pequeñas sea codicioso, envidioso, celoso y ávido, también cuando se trate de cosas y asuntos más grandes pensará, hablará y actuará análogamente.

Sabed: a partir de envidia, celos, codicia y desavenencias han surgido guerras, asesinatos, destrucción y desunión de los pueblos.

Dicho para los hombres en el luminoso Reino de Paz: también era aún así en la época en que manifesté la presente Obra a través del rayo de luz parcial encarnado de la Sabiduría divina, al comienzo del poderoso cambio de era.

 

11. "Y si no habéis sido fieles en los pecaminosos bienes terrenales, ¿quién os confiará las verdaderas riquezas? Y si no habéis sido fieles en lo que es del otro, ¿quién os dará lo vuestro? (Cap. 21, 11)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Si veis vuestros bienes terrenales como propiedad vuestra y sólo procuráis incrementarlos para vuestros fines, habréis empobrecido en lo más interno, porque no administráis legítimamente lo que poseéis -para el bien de muchos-. Dios no os confiará entonces las verdaderas riquezas: el llevar la ley de la vida a este mundo; pues quien no cumpla la ley del amor y de la vida, habrá empobrecido espiritualmente. Y si os habéis aprovechado de vuestro prójimo, es decir no habéis permanecido fieles a la ley de la vida y del amor -¿cómo podréis alcanzar el Reino celestial, la vida desinteresada?

Quien quiera entrar en el Cielo, tendrá que ser rico en su interior -rico en valores internos y divinidad-. Quien en la Tierra haya adquirido riquezas y las considere como propiedad suya, es pobre en el espíritu de la vida; pues lo que de riqueza externa le ha sido dado, se le confió tan sólo para fomentar el bien común en la Tierra, lo que significa: Uno para todos -y todos para Uno.

Quien considere los bienes terrenales como propiedad suya y como mérito suyo, no es mejor que aquellos que envidian a su prójimo por sus bienes materiales y ambicionan quitárselos o quieren enriquecerse con ellos.

En cambio, quien ambicione en primer lugar el Reino de los Cielos, habrá reconocido en sí la vida eterna y la habrá aceptado y acogido conscientemente.

A quien desarrolle la riqueza interna, no le faltará de nada siendo hombre; pues Dios, el Dios Padre-Madre, se ocupa de Sus hijos humanos, para que no tengan que sufrir necesidades. Pero si hay hombres que sufren necesidades y pasan hambre, en vidas anteriores habrán negado el pan y rehusado ayudar a sus hermanos humanos, o, teniendo conocimientos, a menudo no les habrán conducido de forma legítima, conforme al mandamiento "ora y trabaja”.

Dios ha confiado a muchos hombres una fortuna externa, para que la utilicen para el bien común y la incrementen de forma correcta para el bien de todos. Quien esté pasando necesidades y sufriendo, debe ser consolado y recibir ayuda de aquellos a los que Dios ha dado los dones para ello, para que los distribuyan de forma correcta a aquellos de Sus hijos que sufran miseria y hambre. No obstante, debe distribuirse de forma legítima, conforme al mandamiento "ora y trabaja”.

 

12. "Nadie puede servir a dos señores; pues, o bien odiará al uno y amará al otro, o bien, adhiriéndose al uno, menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a Mammon [la riqueza], al mismo tiempo”. Y los fariseos, que eran codiciosos, oyeron todas estas palabras y se burlaron de El.

13. Y El les dijo: "vosotros sois los que se justifican ante los hombres; pero Dios conoce vuestros corazones; pues lo que es muy apreciado entre los hombres, es una atrocidad ante la faz de Dios. (Cap. 21, 12-13)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Nadie puede servir a dos señores; pero quien se confíe al único Señor, el Dios Padre-Madre, cumpliendo la voluntad de Dios, también servirá a Dios en su prójimo y no se valorará a sí mismo más de lo que valore a su prójimo. En cambio, quien llame propiedad suya a la riqueza externa, mirará por encima del hombro a su prójimo y lo valorará menos. Tales hombres son con frecuencia egoístas, miedosos y mezquinos, y desconfiados y recelosos para con su prójimo; pues son de la opinión de que su prójimo podría aprovecharse de ellos y quitarles su riqueza, que según la ley de la vida ni siquiera poseen -que sólo les ha sido prestada, para que la utilicen de forma correcta para muchos-. Tales hombres sólo se aman a sí mismos y a su aparente riqueza y están en contra de todos aquellos de los que creen que quieren robarles.

En todos los tiempos ha habido y hay fariseos, que pronuncian bonitos discursos y tienen muchos argumentos y excusas para conservar aquello de lo que se han apoderado como si -supuestamente- fuera propiedad suya.

Comprended: todo el que se defiende y justifica, está acusándose y dando testimonio de quién es. ¡Dios conoce a todos Sus hijos! El no mira en las palabras de cada uno, sino en su corazón. Al Eterno nada Le es oculto. Cuando haya llegado la hora, dejará que todo sea manifiesto, para que cada pecador se autorreconozca, para que se arrepienta, pida perdón, perdone, repare el daño y no vuelva a hacer tales cosas, de modo que vuelva a hallarse en Dios.

Por ello, Yo, Cristo, enseño en esta época [1989] de nuevo el Camino Interno, para que todos los hombres de buena voluntad se reconozcan, vuelvan a encontrar a Dios y lleguen a la unidad con El y con su prójimo, a través del Hijo, que Yo Soy.

 

14. "La Ley y los Profetas estuvieron vigentes hasta Juan; y desde entonces el Reino de Dios es predicado, y todos se apresuran a entrar en él. Es más fácil que el Cielo y la Tierra pasen que que no se cumpla una tilde de la Ley”. (Cap. 21, 14)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

"La Ley y los Profetas estuvieron vigentes hasta Juan”, significa: la ley que los profetas enseñaron fue manifiesta hasta la aparición de Juan. Lo que los profetas enseñaron además, en base a la ley de Dios, lo profundicé siendo Jesús y lo viví dando ejemplo a los hombres. En ello Me basé, siendo Jesús, y empecé a predicar el Reino de Dios y sus leyes, que ya habían anunciado los profetas anteriores a Juan. Cada alma que realice y guarde las leyes de la vida, entrará en el Reino de Dios.

La ley de Dios es absoluta. No puede quitársele ni una jota.

La ley del Eterno se cumplirá en y dentro de la Tierra, y en los lugares de purificación, en todas las facetas de la vida. Vine en Jesús de Nazaret para cumplir la ley de Dios; y quien siga Mis huellas, la guardará, tal como Yo la he enseñado, vivido dando ejemplo y, con ello, mandado.

En la presente época [1989] Yo, Cristo, vuelvo a enseñar a través de Mi profetisa y mensajera la ley eterna, y conduzco a los Míos al reino del interior. También vuelvo a enseñarles las leyes eternas para el Reino de Dios en esta Tierra. Quien camina siguiendo Mis huellas, las huellas del Nazareno, es cofundador y coconstructor del Reino de Paz de Jesucristo en la Tierra.

Yo, Cristo, vine pues a este mundo en Jesús, para anunciar el Reino de Dios en la Tierra y enseñar las leyes del Reino de Dios.

Con las palabras, "...enseñad y después bautizad”, Me refería al bautismo por el Espíritu Santo; pues quien haya recibido y cumplido las enseñanzas que vienen del espíritu, será el que estará bautizado espiritualmente, y ya no necesitará del bautismo con agua. El bautismo del agua sólo puede seguir teniendo validez como símbolo; pues cada hombre que realice las leyes de Dios habrá sido bautizado por el espíritu de la vida y podrá entrar en el Cielo, porque estará cumpliendo la ley de la vida, Dios, en Mí, el Cristo.

Yo, Jesús, recibí de Juan el bautismo del agua como símbolo, y a partir de entonces empecé a predicar y a enseñar, y a acercar el Reino de Dios a los hombres. A la vez se activaba más y más la Fuerza parcial de la Fuerza primaria, el potencial de luz para todas las almas caídas y cargadas, en el Sol Central Primario. Y así como en Jesús de Nazaret prediqué el Reino de Dios y enseñé y viví, dando ejemplo, el camino a él, la ley del amor, así lo hicieron todos los demás profetas que envié después de Mi "está consumado” -y así lo seguiré haciendo, hasta que muchos hombres vivan cumpliendo las leyes eternas.

Comprended: mediante el "está consumado”, a cada alma se le ha marcado el camino evolutivo a los Cielos eternos. Ningún alma se quedará atrás, pues en todas, incluso en los demonios, está la luz redentora -la luz del alma-, que las preserva de la disolución.

Sólo quien de nuevo haya llegado a ser la ley del amor absoluto, el ser espiritual, regresará a las viviendas que el Padre eterno tiene preparadas para él; pues cada alma que de nuevo haya llegado a ser pura tiene que realizar del todo la ley de Dios; no puede dejar de cumplirse ni una tilde de la ley de Dios.

Yo, Cristo, vuelvo a manifestarme en este cambio de era [1989], que conduce a la nueva era, al Reino de Paz de Jesucristo. A través de la Sabiduría divina vuelve la ley de Dios omniabarcante a esta Tierra en todos sus detalles. Todos los que sean de buena voluntad, no sólo encontrarán el camino de salida de la ley de siembra y cosecha; también recibirán las enseñanzas e indicaciones sobre cómo pueden utilizar de forma omniabarcante la eterna ley de la vida en esta Tierra.

Yo, Cristo, enseño por tanto en la presente época toda la verdad. Quien proceda de la verdad, entenderá el sentido de lo manifestado por Mí de palabra y por escrito; pues los hombres que se acercan al Eterno ya no están apegados a la palabra, y tampoco a la letra. Palabras y letras sólo son signos.

Los hombres que conscientemente recorran paso a paso el camino interno del amor, ya no preguntarán qué hay detrás de los llamados misterios de Dios. Para ellos todo será manifiesto, porque el hombre que se acerca a la vida interna abre su consciencia espiritual, es decir se sumerge en la ley eterna, Dios, que sólo está cerrada para aquellos que no la realizan ni la guardan.

Ya en la actualidad, los hombres que van por el camino del amor y mantienen la unión con su prójimo son ricos en el espíritu de la vida. Pueden tener la certeza de que ya ahora están a Mi derecha.

Repito: el texto que aquí nos ocupa, del libro "El Evangelio de Jesús”, lo explico y rectifico Yo, Cristo, en la medida en que los conceptos y palabras de aquel entonces ya no corresponden a los del tiempo actual, por atribuírseles otro contenido significativo. También rectifico interpretaciones no legítimas de importancia, que han sido introducidas, entre otras cosas, a través de traducciones. Asimismo profundizo las exposiciones y añado otras legitimidades. Con ello todos los que vivirán en el Reino de Paz de Jesucristo, no solamente recibirán una visión de lo que tuvo lugar en Mi tiempo, siendo Jesús de Nazaret, sino también de lo que se produjo hasta el despertar del Reino de Paz de Jesucristo.

 

15. Y se Le acercaron varias mujeres, llevándole a sus hijitos, a los que todavía amamantaban, para que los bendijese. Pero algunos dijeron: "¿por qué molestáis al Maestro?”

16. Sin embargo, Jesús les amonestó diciendo: "de ellos saldrán aquellos que Me anunciarán ante los hombres”. Y los tomó en Sus brazos y los bendijo. (Cap. 21, 15-16)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Con las palabras, "de ellos saldrán aquellos que Me anunciarán ante los hombres”, indiqué la llegada de aquellos que conmigo toman parte en la misión del Dios Padre-Madre, de conducir de regreso al corazón del amor a todas las almas y hombres caídos y cargados.

En el eterno SER, en la ciudad eterna Jerusalén, fue planificada y preparada con todo detalle la misión redentora, en presencia del Padre eterno. Cada ser que decidió tomar parte en esta misión, aportó una o más piedras de construcción del gran mosaico del plan de salvación al Sol Central Primario y a los soles prismáticos, es decir, a los soles de los atributos y cualidades, como potencial suyo de amor y ayuda para las almas caídas y cargadas. Partiendo del Sol Central Primario y de los soles de los atributos y cualidades, que son las fuerzas básicas del infinito, la misión para la Redención irradió a todos los mundos de la Caída y a la atmósfera de esta Tierra.

Durante este poderoso acontecimiento, los hijos e hijas de Dios grabaron su parte en la Obra de la Redención también en su cuerpo espiritual.

Muchos hijos e hijas de Dios se decidieron a llevar a cabo la obra redentora conmigo, Cristo, hasta que la última alma esté de nuevo en el eterno SER. Pero no todo ser espiritual que tome parte en la misión redentora obrará hasta el final conmigo, Cristo, es decir, hasta que todos los seres hayan alcanzado de nuevo la pureza. Esta poderosa acción de ayuda -hasta que la última alma haya regresado al Hogar- incumbe a aquellos seres que se han comprometido a ello y que proceden principalmente del centro de todo lo que es, del Santuario, donde comenzó la Caída. Son aquellos que a través de la tribu de David han venido a este mundo y que seguirán viniendo una y otra vez a la Tierra hasta que el Reino de Paz de Jesucristo haya alcanzado su punto culminante. Ellos estarán conmigo hasta el final en la misión redentora y son conmigo, Cristo, los principales responsables en Mi Obra de la Redención.

Cada ser espiritual que asumió responsabilidad en la obra redentora aportó, de la predisposición de su mentalidad espiritual, el potencial espiritual correspondiente. Este potencial espiritual aportado por los hijos e hijas de Dios, Me preparó a Mí, Cristo, y a ellos mismos, los caminos a través de los reinos de la Caída, reinos que, tras el "está consumado”, se convirtieron en planos de purificación. El potencial espiritual que ellos aportaron son sus diferentes mentalidades espirituales, con las que ellos desarrollan en vestido humano las correspondientes capacidades para el Reino de Paz de Jesucristo.

Así pues, muchos hijos e hijas de Dios que forman parte de la misión de la Redención, han aportado a la misión una parte de su potencial espiritual, para conducir a casa a todos los hijos de Dios, y están obrando ahora en la Obra de la Redención. Las almas despiertas que en vestido terrenal se han decidido a Mi favor, se alinean de acuerdo con su misión en la gran totalidad y sirven en la Obra de la Redención, que también es su Obra. Llevan dentro de sí la misión irradiante de conducir de regreso a casa, a la gran luz primaria eterna, Dios, a todos los seres y almas.

La estirpe de David e hijos e hijas de Dios de las otras estirpes forman un pueblo grande y fuerte, el pueblo de Dios en esta Tierra. Algunos de ellos han cargado su alma en encarnaciones, y Yo, el Cristo de Dios, aún no puedo dirigirles la palabra, porque su corazón aún está lejos de Mí. Otros hijos e hijas de Dios que forman parte de la misión, todavía se encuentran en el camino para cumplir la parte de la misión que les incumbe. Algunos de ellos regresaron al "mundo”, porque aún estaban demasiado apegados al mundo. Sin embargo, sus almas han percibido Mi llamada y volverán algún día a su misión, a la Obra de la Redención. Su vuelta no tiene por qué ser en esta encarnación, en esta existencia terrenal [1989]; puede acontecer también en encarnaciones posteriores, pues Mi Reino de Paz en la Tierra sólo está empezando a edificarse.

Otros hijos e hijas de Dios, en cambio, evolucionan poco a poco en su tarea y aceptan conscientemente su misión.

Otros están ya plenamente en la misión y cumplen lo que para ello han introducido, de potencial espiritual, en el Sol Central Primario, en las siete fuerzas básicas de la Creación, en los mundos de la Caída y en la atmósfera.

Muchos hijos e hijas de Dios que toman parte en la misión, y otros hijos del amor que han despertado en el espíritu de la vida, anunciarán al hijo de Dios como Redentor de todas las almas y hombres, hasta que todas las almas acepten conscientemente la Redención y se pongan en camino al perfeccionamiento.

Los hijos e hijas de Dios que a través de la estirpe de David han venido y vienen al mundo, permanecerán en la misión de la Redención hasta que todo haya concluido. Esto ya lo di a entender, siendo Jesús de Nazaret, cuando algunas mujeres Me trajeron a sus hijos para que los bendijera. En la irradiación de los hijos vi qué almas pertenecían a la misión de la Redención. Cada ser que forma parte de la misión redentora, tiene en su cuerpo espiritual un sello irradiante. Este irradia también a través del cuerpo terrenal, a través del centro de Cristo, que es activo cerca del corazón

 

El próximo capitulo


Libro, 1088 páginas.
ISBN 3-89371-260-7 P.V.P.: DM/SFr 25,- ÖS 183,- US$ 15,- 
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