Editorial DAS WORT

DAS WORT - la editorial en Vida Universal


Esta es Mi Palabra
Alfa y Omega
El Evangelio de Jesús
La manifestación de Cristo
que el mundo no conoce

            Regreso
                          de los Setenta y dos


Capitulo 20

Regreso de los Setenta y dos

Exito o fracaso de los enviados por Cristo.
Refinar la materia. Manchas en la Tierra, restos de energías negativas: la base para el último levantamiento de los demonios al final del Reino de Paz. El alma de la Tierra es desatada. Acerca de los"espíritus” (3). Los "sabios” del mundo no toman en cuenta las fuerzas del Universo; son manejados y luchan contra la luz (4). Cristo manifiesta Su propia posición y Su vínculo con Dios; el acontecimiento de la Caída y Su acto redentor (5). Cristo, estando en vestido terrenal, y Sus mensajeros, sólo han podido y pueden ser reconocidos por aquellos que han desarrollado el ver y el oír internos. A quien oye y realiza los mandamientos de Cristo, le es puesta al descubierto la ley divina, y vive en El (6). La poderosa irradiación de la verdad eterna, a través de la Sabiduría, en el cambio de era (7)

 

1. Después de algún tiempo volvieron los Setenta y dos, con alegría, diciendo: "Señor, hasta los diablos nos están sometidos en Tu nombre”.

2. Y El les dijo: "Vi Yo al Satanás caer del cielo como rayo.

3. "He aquí que os he dado poder para andar sobre serpientes y escorpiones y sobre toda violencia del enemigo; y nada os dañará. Mas no os alegréis por que los espíritus os estén sometidos; alegraos más bien de que vuestros nombres estén escritos en el Cielo”. (Cap. 20, 1-3)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

No todos los hombres y mujeres que según el sentido he calificado de discípulos, permanecieron fieles a la ley de Dios. Algunos sucumbieron a las tentaciones de este mundo, y regresaron con las manos vacías. Tampoco debéis ataros al número setenta y dos. Considerad este número como un concepto que indica: eran muchos. Todos los que envié y que regresaron, estuvieron en su día entre Mis seguidores. Todos los que permanecieron en el espíritu de la verdad, obraron desde el espíritu del Padre y vencieron en muchos hombres al satanás de los sentidos, conduciéndolos así a una vida más elevada. Con las palabras, "...hasta los diablos nos están sometidos en Tu nombre”, se referían al satanás de los sentidos, porque muchos a los que trajeron la enseñanza de la vida, la aceptaron y la siguieron.

Así fue, cuando estando en vestido terrenal caminaba Yo por esta Tierra: los que había enviado y que vivían en Mí, la Vida, pusieron un freno a lo contrario a la ley divina. Sus llamados enemigos no tenían poder sobre ellos, por estar ellos protegidos por la ley de la vida, ya que la cumplían. Así es también en el tiempo actual [1989]: todos aquellos que se opongan a lo satánico serán conscientemente los hijos de Dios, que poseerán la Tierra. Sus nombres ya están escritos en los Cielos. Con Mi fuerza conseguirán lo que para muchos hombres aún es inimaginable: la transformación de su yo humano y la transformación de este mundo desde lo satánico a lo divino. Todo estará a su servicio -la Tierra y todo lo que está sobre la Tierra-; pues ellos son los que en Mi nombre poseerán la Tierra.

Después del transcurso de algunas épocas del Reino de Paz, los hombres en el Reino de Dios serán un solo espíritu, porque habrán superado lo satánico en sus almas y vivirán conscientemente en Mí, el Cristo. A través de ellos, llevaré a cabo en la Tierra las obras del amor que seguirán.

Aunque el manto terrestre y la atmósfera de la Tierra habrán sido en gran medida limpiados por los astros y los mares, seguirán existiendo aún regiones de la Tierra, llamadas manchas terráqueas, que son de materia más gruesa. Son centros de aglomeración de energías negativas. Estas energías negativas, que aún existan, serán restos de tiempos pasados en los que las tinieblas obraron en la Tierra; restos de manipulaciones atómicas, restos de sustancias químicas, y todo lo demás que de contrario a la ley divina el hombre haya ocasionado a la Tierra. Estas energías permanecerán inactivas durante largo tiempo, porque serán cubiertas por lava.

También en la nueva atmósfera seguirán existiendo ámbitos en los que aún estarán grabados aspectos del sufrimiento de hombres y animales. Estos ámbitos permanecerán igualmente inactivos tanto tiempo como las manchas terráqueas en la Tierra.

Al fin del Reino de Paz con su materia más sutil -antes de que esta transformación de la Tierra tenga lugar-, con ayuda de estos remanentes de energías negativas podrá Satanás -es decir, las fuerzas demoníacas- medirse otra vez con hombres y Tierra. Una vez más el Eterno en Mí, Cristo, le dará la posibilidad al adversario de autorreconocerse -antes de que él mismo se encadene en los campos evolutivos espirituales-. Los seres demoníacos lucharán hasta el final para salvar su territorio. Dios Padre en Mí, el Cristo, dará con ello también a estos Sus hijos otra oportunidad para el autorreconocerse y dar la vuelta* . Aquellas almas que no aprovechen esta última oportunidad, tendrán que reconstituirse en los campos evolutivos espirituales, porque la estructura de partículas de su cuerpo espiritual se habrá dañado. Tal cuerpo de alma, deformado, precisará pues de la regeneración mediante las fuerzas espirituales de consciencia de los animales, plantas, o incluso de los minerales.

También el alma de la Tierra -si bien sólo después de muchos años luz energéticos- se soltará de la Tierra. Esto se efectuará de forma similar a como el alma del hombre se desprende de su cuerpo material, pasando a reinos de sustancia sutil. El hombre llama a este proceso muerte del cuerpo.

Cuando el alma de la Tierra se libere del manto terrestre, éste estallará: será la desintegración de la Tierra. Hasta este poderoso y cósmico proceso de transformación, sin embargo, la Tierra tendrá que soportar todavía mucho. Tanto el hombre como la Tierra pasarán aún por muchos sucesos.

En la expresión, "...mas no os alegréis de que los espíritus os estén sometidos", quiero rectificar la palabra "espíritus”:

Hace dos mil años, y también en siglos posteriores, almas cargadas eran llamadas "espíritus”. También seres de la naturaleza y fenómenos inexplicables eran designados como "espíritus”. Son, sin embargo, energías espirituales que han llegado a tener forma y que para el hombre son invisibles.

La realidad es el Espíritu eterno, la vida omnitraspasante, de la que surgen las sustancias, los seres que han tomado forma, como seres espirituales, seres de la naturaleza, animales, plantas y minerales. El Espíritu es la eterna, pura y omnitraspasante vida que mantiene a los seres espirituales, hombres, animales, plantas y minerales, a todo en definitiva.

 

4. En aquella hora se alegró Jesús en el espíritu y dijo: "Te doy gracias, Padre santo del Cielo y de la Tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes y las has revelado a los sencillos. Sí, Santísimo, porque así es bueno a Tus ojos. (Cap. 20, 4)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Con la palabra "sabios”, se hace referencia a aquellos hombres que únicamente por razón de su intelecto, es decir, de sus conocimientos intelectuales, se consideran inteligentes. Verdaderamente sabio, en cambio, es sólo el hombre que cumple las leyes de Dios.

Muchos que debido a su intelecto se consideran "sabios” e inteligentes, han convertido a la Tierra en un erial. Todavía no reconocen las fuerzas del Padre y de Su Hijo, Cristo, que Yo Soy -aquellas fuerzas que, a través de los hijos e hijas de Dios en vestido terrenal, se hacen cada vez más activas, transformando el mundo-. Estas fuerzas del Universo aún están ocultas para aquellos que mantienen su corazón cerrado al sentido de la vida. Ellos siguen creyendo que deben llevar a cabo lo que se adecúa a su intelecto, que por eso mismo consideran correcto y esencial. Creen así que su deber es dar expresión a su sabiduría e inteligencia.

Comprended vosotros, hombres del Reino de Paz de Jesucristo que se forma y crece; vosotros, que en las próximas generaciones poseeréis más y más la Tierra: hasta el completo desarrollo del Reino de Paz, los hombres orientados al mundo se seguirán uniendo una y otra vez con ahínco para luchar contra las obras del Señor. Muchos de ellos no se dan cuenta de que ya están irradiados, cegados por la luz de la verdad. Inconscientemente y dominados por servil ahínco, reaccionan tal como son influenciados por los demonios -luchando contra la luz.

A los Míos del tiempo actual [1989], que se esfuerzan en el camino a la verdadera sabiduría de Dios, les digo: ¡permaneced en la verdad!; pues se ha iniciado el tiempo en que Yo, Cristo, cada vez traspaso más a los hombres de buena voluntad con el amor y la sabiduría divinos, haciendo de ellos genuinas herramientas de Dios.

El camino al corazón de Dios, que expuse en el Sermón de la Montaña y que en muchas manifestaciones he explicado, complementado y profundizado, es el camino al amor y la sabiduría de Dios, a la genuina humanidad. ¡Captad esto en el tiempo actual! [1989].

Esto también deben saberlo los hombres de todas las fases de evolución en el Reino de Paz, el Reino de Dios en la Tierra, para que comprendan que ya estuve con los Míos incrementadamente en el tiempo actual [1989], que los instruí y guié.

 

5. "Todo Me ha sido entregado por Mi Padre. Y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo quiera revelárselo”. (Cap. 20, 5)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

"Todo Me ha sido entregado por Mi Padre”. Yo Soy el primer Hijo visualizado y primogénito del Padre, el Corregente de los Cielos; Yo Soy omnipresente en las cuatro fuerzas creadoras, en los cuatro atributos divinos del ser: Orden, Voluntad, Sabiduría y Seriedad. En estos cuatro flujos de atributos del ser fluye Mi herencia espiritual. Esta es, en las cuatro fuerzas creadoras, la irradiación omnipresente en el principio primario Dios.

Por tanto, en los cuatro atributos del ser -Orden, Voluntad, Sabiduría y Seriedad- Yo Soy Dios en el espíritu creador del Padre. Las tres cualidades de Dios -Paciencia, Amor y Misericordia- son las cualidades de filiación. En éstas Yo Soy el Hijo entre todos los hijos e hijas de Dios. Dios significa: energía suprema omnipresente, que ha hecho surgir y hace surgir todo, y que es de eternidad a eternidad.

De esta energía omnipresente, el potencial primario eternamente fluente, el Espíritu, desprendí gran parte de Mi herencia espiritual y la replanté como destellos en las almas que se habían cargado por desdeñar las leyes en las tres cualidades y los cuatro atributos de Dios -que, vistos globalmente, son las siete fuerzas básicas de la Creación-, es decir cuya energía vital se ha degradado hasta los cuatro ámbitos inferiores de la Caída. Estos cuatro ámbitos inferiores de la Caída se convirtieron, tras Mi "está consumado”, en planos de purificación. Desde el "está consumado”, el destello redentor es soporte y apoyo de las almas caídas, para que su sustancia espiritual no se disuelva en el Espíritu eternamente fluente.

Pues el primer pensamiento de la Caída contenía el deseo de que todas las formas espirituales se disolvieran. Con ello, los seres antagonistas querían provocar que la Creación comenzara de nuevo. El Padre eterno, cuyo hijo Yo Soy, Me entregó la fuerza para llevar a cabo lo que está en Su voluntad, la ley eterna: mantener, como totalidad, todo lo que es. Mediante el acto redentor, todas y cada una de las almas muy cargadas recibieron el destello redentor. Con ello, el alma lleva un soporte, y así queda excluida la posibilidad de que se disuelva en el Espíritu omnipresente, el flujo de Dios, pasando a éste como energía fluente. Por la Redención, el alma se convertirá de nuevo en ser espiritual y, en la forma espiritual, seguirá siendo hijo de Dios. Si Yo no hubiese desprendido Mi herencia, dándola como soporte y fuerza de desarrollo a los hijos de la Caída, muchos cuerpos espirituales se habrían disuelto a consecuencia de las cada vez más numerosas cargas que se estaban produciendo en las almas. Así se habría tambaleado el equilibrio en la Creación, y la disolución de todas las formas espirituales habría sido irremediablemente la consecuencia.

Me ha sido dado, pues, por el Padre, el obrar como Redentor para todas las almas y hombres que han caído muy abajo, y el conducir a estos Sus hijos de nuevo a Su corazón. Por eso Yo Soy para cada alma el Redentor, hasta que ella haya superado los cuatro planos de purificación. En cuanto el alma haya activado estos cuatro rayos de consciencia divinos, será atraída por los tres planos de cualidades, los planos preparatorios -también llamados planos de desarrollo a lo absoluto-, que son las fuerzas filiales del principio Padre-Madre. En estos tres niveles de cualidades, el ser espiritual en formación vuelve a activar la totalidad de la ley de irradiación, la ley primaria eterna. Cuando la totalidad de la ley primaria vuelva a ser activa en el cuerpo espiritual, el ser puro entrará de nuevo en lo absoluto, en el eterno SER.

Cuando el alma que camina hacia el perfeccionamiento haya desarrollado el cuarto nivel de purificación, la consciencia de la Seriedad divina, se habrá concluido en ella la Redención. La parte de Mi herencia que como destello redentor ha apoyado, mantenido y guiado al alma, regresará entonces a la Fuerza primaria, a la fuerza universal. En el camino a lo absoluto a través de los tres planos preparatorios, el ser espiritual en formación entrará de nuevo conscientemente en la filiación divina.

Siendo Jesús de Nazaret, no pude enseñar en todos sus detalles acerca del acto redentor, el derramarse de Mi herencia, porque todavía no había consumado la obra de la Redención. Mi herencia aún estaba en la ley primaria. En el momento en que era bautizado por Juan en el Jordán, cuando el Espíritu vino sobre Mí en el símbolo de la paloma, se activó incrementadamente Mi herencia en la ley primaria. En el Gólgota, se derramó en el momento de Mis palabras "está consumado”, repartiéndose en destellos espirituales. Todas y cada una de las almas que habían caído muy abajo, recibieron de esto el apoyo, el destello redentor.

El significado de la afirmación, "...nadie conoce al Hijo, sino el Padre”, es el siguiente: el hombre que sólo piensa humanamente y que a la materia la considera y acepta como lo único verdadero, no siente al Espíritu del Padre eterno en sí mismo. Sólo el que se sabe a sí mismo hijo de Dios, porque cumple las leyes del amor, siente también al Padre, la Vida, en sí mismo. El Padre, por tanto, sólo puede ser sentido por aquellos que realizan la ley del amor, que siendo Jesús de Nazaret enseñé, y que como Cristo de Dios manifiesto y enseño a aquellos que aman más a Dios que a este mundo.

 

6. Y volviéndose hacia Sus discípulos, les dijo confidencialmente: "bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis, pues Yo os digo que muchos profetas y reyes querían ver lo que vosotros veis, y no lo vieron, y querían oír lo que oís, y no lo oyeron. (Cap. 20, 6)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Yo Soy en Dios, vuestro y Mi Padre, el Hijo de Dios, y Dios en las cuatro fuerzas creadoras eternas.

Las palabras, "bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis”, significan: Yo, el Hijo de Dios, el Corregente de los Cielos, estaba en vestido terrenal en medio de los hombres. Bienaventurada era el alma en vestido terrenal que Me había reconocido a Mí, al Hijo de Dios en vestido terrenal. El hombre Me veía sólo tal como era, como hombre entre hombres. Las almas de los bienaventurados reconocían en Mí la imagen y semejanza del Padre eterno. Muchos, que vinieron a esta Tierra después de Mi muerte física, Me oyeron a través de boca profética; pero ya no les hablé directamente, dado que quien ya no lleva un cuerpo terrenal, tampoco tiene ya la voz de los hombres. Se necesita entonces la transmisión de las palabras de Dios por medio de profetas.

También la visión interna es sólo indirecta, y no directa; es como los hombres la ven en el mundo tridimensional. Yo he dado y sigo dando la Palabra de la Vida a través de boca profética, tanto después de Mi muerte física como en el tiempo actual [1989], para que los Míos Me encuentren y consigan la bienaventuranza y, tras el fallecimiento de su cuerpo terrenal, vean al Padre eterno cara a cara.

Por tanto, quien cumpla las palabras de la vida verá después de la muerte física al Padre y Lo conocerá. Estará conscientemente en El -tal como Yo Lo conozco y estoy en El-. Sin embargo, quien Mis palabras sólo las oiga o lea y no las incorpore a su vida, no sentirá al Padre en sí mismo, ni Lo verá después de la muerte física, y tampoco Lo conocerá; pues el Eterno es la ley de la vida. Quien no la cumple, está espiritualmente muerto. Sólo aquel alma y aquel hombre que acepten Mis palabras y vivan de acuerdo con ellas, estarán conscientemente en el Padre. Se convertirán de nuevo en Su imagen y semejanza.

De forma parecida a como era en el tiempo de Mi vida terrenal, es en la actualidad [1989]. Yo, Cristo en Jesús, durante Mi paso por la Tierra estaba físicamente ante Mis apóstoles y discípulos como imagen y semejanza del Padre, pero la mayoría de los que Me siguieron y vieron no Me reconocieron. Sólo algunos de los apóstoles y discípulos Me vieron a Mí, el Cristo en Jesús. Tal como fue entonces, es en esta época: el Cristo sólo puede ser visto por aquellos que han abierto sus ojos espirituales a través de una vida acorde a la ley eterna del amor.

A muchos hombres les llevé el mensaje de los Cielos y les hablé de Mi venida como Cristo; pocos, sin embargo, comprendieron el mensaje de salvación. Entre otras cosas, no querían un Mesías con atuendo de hombre modesto, al Jesús de Nazaret que era hijo del carpintero José; querían un rey terrenal, que les quitara sus cargas sin que ellos hicieran nada para ello. Muchos hombres Me oyeron hablar a Mí, el Nazareno -y a Mí, sin embargo, no Me oyeron-, porque sólo veían al Nazareno y sólo oían las palabras del Nazareno. No captaron la palabra de Dios que hablaba a través de Mí, el Nazareno, porque sólo oyeron a Jesús, el Nazareno -y no a Dios a través de Su Hijo en vestido terrenal.

También en esta época fluye Mi palabra en plenitud a través del rayo de luz parcial encarnado de la Sabiduría divina -una hija humana entre los hombres, que lleva en sí la cercanía a Dios-. La unidad con el Padre eterno en ella, es tan poco reconocida como en su día fui poco reconocido Yo, el Hijo del hombre entre los hombres.

Es una vieja idea del hombre, que cada uno de sus semejantes tendría que ser como él mismo es. Así que muchos hombres sólo diferencian entre riqueza y pobreza en lo externo, pero no entre riqueza interna y pobreza del alma. No pueden reconocer los procesos internos ni diferenciarlos, y por eso ven a cada hombre desde la perspectiva de su yo humano. Sus semejantes sólo tienen para ellos la importancia que su yo les otorga. Por eso no son reconocidos los mensajeros de Dios en vestido terrenal y las palabras de la vida, que fluyen a través de ellos, sólo son aceptadas por pocos como palabra de Dios, como la ley de la vida.

Así, la palabra del Eterno dada a través de los mensajeros de Dios en vestido terrenal, es para muchos hombres sólo una palabra de hombres -y, sin embargo, sigue siendo la palabra de Dios dada a través de Sus mensajeros enviados a los hombres.

 

7. "Benditos vosotros los del círculo interior, vosotros los que oís Mi palabra, a los que son revelados los misterios, vosotros los que no encerráis o matáis a criatura inocente alguna, sino buscáis lo bueno en todo, porque a tales pertenece eterna vida. (Cap. 20, 7)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Explicaré la declaración: "benditos vosotros los del círculo interior, vosotros los que oís Mi palabra, a los que son revelados los misterios”. Quien, oyéndola, comprendió la palabra del Padre dada a través de Mí, Su Hijo en vestido terrenal, Jesús, vivió además de acuerdo con ella. El era en verdad bendito y entró en el círculo interior de Mi grupo y estaba conscientemente en Mí, y Yo en él como luz del mundo. En verdad la bendición fluyó abundantemente a través de Mí, Jesús, a muchos hombres y a Mis apóstoles y discípulos.

De manera similar fluye la bendición, la palabra del Yo Soy, en este tiempo [1989], a través del rayo de luz parcial de la Sabiduría divina encarnada. Es dada a todos los hombres y también vuelve a fluir hoy al círculo interior, a aquellos que se agrupan alrededor de Mi palabra sagrada. La doy a través del ser humano en el que está encarnado el ser de luz que he enviado a los hombres en el tiempo actual, al iniciarse el gran cambio de era, para que oigan Mi palabra a través de él y vivan según ella. Y si realizan Mi palabra sagrada, que vuelvo a enseñarles, y guardan Mi mandamiento de amarse desinteresadamente los unos a los otros -tal como Yo les amo como Cristo- serán a su vez Mis verdaderos discípulos, los hijos e hijas de Dios que preparan conscientemente Mi venida.

Siendo Jesús de Nazaret enseñé a Mis apóstoles y discípulos las leyes eternas. A quien entre ellos realizaba Mis enseñanzas, le eran revelados los llamados "misterios”, dado que caían de él los velos del yo humano, con lo que vivía en la verdad. De manera parecida vuelvo a enseñar ahora como Cristo, a través del rayo de luz parcial encarnado de la Sabiduría divina, la ley del amor. Quien la realiza, pone al descubierto la ley eterna. Sus velos del egocentrismo se disuelven, pasando a estar el alma y el hombre en la luz de la verdad.

A los hombres que están en el espíritu todo les es manifiesto, porque cumplen la ley de la vida. Actualmente [1989] enseño en todo detalle el camino al amor desinteresado y conduzco a todos los de buena voluntad que están dispuestos a dejar su yo humano, para volverse divinos, al Reino de Dios, que está dentro de cada hombre.

Sólo el alma y el hombre que están llenos de Mi espíritu guardan lo que les he mandado. Los hombres del espíritu no capturarán, mantendrán cautiva o matarán a criatura inocente alguna. Quien vive en la Verdad, sabe que en cada criatura opera y actúa el amor infinito. Los hombres que están en el espíritu de la verdad viven en unión con la naturaleza y con todas sus criaturas.

En el camino al corazón de Mi Padre enseño [1989] a los hombres a autorreconocerse, a aceptarse como seres que han surgido de Dios y a encontrar lo bueno en todos los hombres y en todo lo que se les presenta. Quien reconozca su verdadero ser, guardará el mandamiento de los mandamientos: "amaos desinteresadamente los unos a los otros, tal como Yo os amé siendo Jesús y os amo como Cristo”. Mi enseñanza es la ley de la vida. Quien la realice, estará lleno del espíritu del Padre y vivirá en Mí, el Cristo. Todos los que guarden el mandamiento de los mandamientos vivirán en Mí, y Yo obraré a través de ellos; pues a través de ellos estoy cumpliendo lo que ha sido manifestado: el Reino de Dios en esta Tierra.

La humanidad está en un gran cambio de era. Yo, Cristo, preparo Mi venida y transmito Mi mensaje por medio de hijos e hijas de Dios que forman parte de la misión de Mi Redención, para que muchos Me encuentren y lleguen a ser uno bajo el amplio manto de Vida Universal -pues Dios es vida universal, SER universal.

 

8. "Benditos serán los que se abstengan de todo lo obtenido con derramamiento de sangre y muerte y practiquen el derecho y la justicia. Benditos vosotros, porque obtendréis bienaventuranza”. (Cap. 20, 8)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Durante el cambio del viejo tiempo, el tiempo bajo la ley causal, al Nuevo Tiempo, el tiempo de luz, Me manifiesto desde todos y cada uno de los siete rayos de luz básicos de Dios a través del rayo de luz parcial de la Sabiduría divina. Una poderosa cinta luminosa de la verdad eterna fluye a través de la Sabiduría divina a los hombres. Una vez más les son explicados Mi pensamiento y Mi vida como Jesús de Nazaret. También vuelvo a enseñar a todos los que edifican sobre Mí, el Cristo, las leyes de la vida y su aplicación legítima. Quien las realiza empieza a entrar en la vida plena y es un colaborador en la edificación del Reino de Paz de Jesucristo, que profetas e iluminados anunciaron en épocas pasadas.

En verdad, en verdad, bienaventurados aquellos que estén de parte de Mí, el Cristo, por cumplir el mandamiento de los mandamientos. No atarán ni matarán. Ejercerán el derecho y la justicia, para que haya paz entre los hombres; pues ha llegado el tiempo [1989] en que reúno, de los cuatro vientos, a aquellos que se esfuerzan en guardar lo que les he mandado.

Sabed: pese a Mis indicaciones y enseñanzas, aún muchos hombres se autodestruirán por sus causas, que a pesar de lo que saben crean una y otra vez. Sin embargo, sus almas subsistirán gracias a Mí, el Redentor. Todos aquellos que a pesar de lo que saben desestimen los mandamientos de la vida, estarán a Mi izquierda hasta que Me hayan aceptado y acogido a Mí, el Redentor, y encuentren y guarden la paz y el amor en sí mismos -llegando así a ser la ley del amor-. Entonces cambiarán de la izquierda a la derecha -y estarán conmigo-, hasta que estén a Mi derecha todas las almas, que entonces volveré a conducir como imagen y semejanza de Dios al Padre.

 

El próximo capitulo


Libro, 1088 páginas.
ISBN 3-89371-260-7 P.V.P.: DM/SFr 25,- ÖS 183,- US$ 15,- 
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