Editorial DAS WORT

DAS WORT - la editorial en Vida Universal


Esta es Mi Palabra
Alfa y Omega
El Evangelio de Jesús
La manifestación de Cristo
que el mundo no conoce

    Jesús envía a los Doce
                                  


Capitulo 17

Jesús envía a los Doce

El avance de la obra redentora depende de la fidelidad y del desarrollo de los que tienen la misión (3). Bautismo con el espíritu de la verdad (6). Sanar a los enfermos y resucitar a los muertos. Culpa colectiva. Expulsar a diablos. No obligar a aceptar los dones del amor (7). El infierno no es un lugar, sino un estado del alma (10). A Dios nada Le es oculto. Sólo quien viva en la luz de la verdad, conocerá la palabra de la verdad (13). Quien está contra Cristo, está contra su prójimo (14)

 

1. Y Jesús fue a una montaña para orar. Y tras haber llamado a sí a Sus doce discípulos, les dio el poder de expulsar a espíritus impuros y de sanar toda clase de enfermedades y plagas. Y los nombres de los doce apóstoles que representan a las doce tribus de Israel son:

2. Pedro, llamado Cefas, por la tribu de Rubén; Santiago, por la tribu de Neftalí; Tomás, llamado Dídimo, por la tribu de Zabulón; Mateo, llamado Leví, por la tribu de Gad; Juan, por la tribu de Efraín; Simón, por la tribu de Isacar.

3. Andrés, por la tribu de José; Natanael, por la tribu de Simeón; Tadeo, por la tribu de Zabulón*; Santiago, por la tribu de Benjamín; Judas, por la tribu de Dan; Felipe, por la tribu de Aser. Y Judas Iscariote, un levita, que Lo traicionó, también estaba entre ellos (pero no era uno de ellos), y Mateo y Barsabás también estaban presentes. (Cap. 17, 1-3)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Con las palabras "espíritus impuros”, se hace referencia a las almas impuras que a menudo, como racimos, cuelgan de los hombres.

Siendo Jesús de Nazaret ya señalé lo venidero, encomendando a los doce discípulos la formación de doce Comunidades. Dado que ellos -como asimismo los hombres de las generaciones posteriores- apenas pudieron captar la profundidad de la vida interna, que dice "cumple las leyes y después actúa”, no pudieron cumplir mucho de lo que les encomendé. Se lo encomendaba porque habían recibido mucha sabiduría divina y habría sido el tiempo de verterla en forma material. A pesar de todo, de época en época siguieron siempre otros pasos evolutivos del Reino de Paz de Jesucristo.

También en el tiempo actual [1989], en el que se están haciendo visibles en la Tierra los primeros cimientos del Reino de Paz de Jesucristo, muchos de los que Me son fieles, de la tribu de David y de otras estirpes, están obrando en Mi Obra de la Redención. Los que son fieles están conmigo, y Yo obro a través de ellos. Igual que antaño, también actualmente hay algunos entre ellos que no reúnen, sino desparraman. Estos son una y otra vez puertas de entrada para las tinieblas. Por eso los que son fieles lo tienen muy difícil.

Y, sin embargo, Yo Soy con ellos el vencedor en la Tierra y en los lugares de purificación. Tal como envié en su día a los apóstoles al mundo, enviaré poco a poco a los Míos, que cumplen la ley de la vida, como instructores espirituales al mundo. A través de los Míos fundaré nuevas Comunidades Originarias, en Mí, Cristo, el Espíritu universal, para que muchos hombres encuentren, haciendo etapa en estas Comunidades, la luz central, la Nueva Jerusalén en esta Tierra, con sus doce portales.

 

4. Y llamó a otros doce, del mismo modo, para ser profetas, para ser hombres de la luz junto a los apóstoles, y les mostró los misterios de Dios. Y sus nombres eran: Hermes, Aristóbulo, Selenio, Nerco, Apolo y Barsabás; Andrónico, Lucio, Apeles, Zaqueo, Urbano y Clementos. Y luego escogió a otros doce como evangelistas y a doce más como pastores. Llamó a cuatro veces doce, enviando cuatro a cada una de las doce tribus de Israel.

5. Y, en pie alrededor del Maestro, vestían blancas túnicas de lino, llamados para formar un sagrado sacerdocio de Dios al servicio de las doce tribus, a las que serían enviados. (Cap. 17, 4-5)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

De forma parecida a como he instruido e instruyo [1989] a los profetas e instructores espirituales y a todos los hijos e hijas de Dios de la tribu de David y de otras tribus mediante la palabra profética dada a través del rayo de luz parcial de la Sabiduría divina encarnado y, de acuerdo con su realización, los envío al mundo, así lo hice estando en vestido terrenal, siendo Jesús de Nazaret.

Enseñé a los que eran fieles y les instruí en la realización de las leyes de Dios. Algunos de ellos empezaron a hablar profetizando. Otros, llamados evangelistas y pastores en este libro, eran los instructores espirituales y Ancianos que debían tomar parte en la fundación y el cuidado de las Comunidades.

La palabra "sacerdocio”, tiene el siguiente significado: hombres que se esfuerzan en cumplir únicamente la voluntad de Dios, sin ceremonias ni ritos.

 

6. A estos cuatro veces doce, Jesús los envió y les confió la misión, diciéndoles: "quiero que seáis Mis doce apóstoles, junto con vuestros compañeros, para dar testimonio a Israel. Id a las ciudades de Israel y a las ovejas perdidas de Israel. Y cuando allí vayáis, predicad diciendo: el Reino de los Cielos está cerca. Así como os he bautizado con agua, bautizad a todos los que crean. (Cap. 17, 6)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

En el libro está escrito: "así como os he bautizado con agua...” Esto, conforme a su sentido, significa: así como vosotros habéis sido bautizados con agua, así bautizaré con el Espíritu de la Verdad, como Cristo de Dios, a todos los que hayáis instruido en las leyes de la vida y las hayan realizado, y en adelante hablarán desde el espíritu de la verdad.

 

7. "Ungid y sanad a los enfermos, limpiad a los leprosos, resucitad a los muertos, expulsad a los diablos. Lo habéis recibido gratuitamente; dadlo, pues, gratuitamente. No llevéis oro, ni plata, ni cobre en vuestra bolsa; tampoco toméis alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; pues el obrero es merecedor de su sustento. Comed lo que os pongan delante, pero no toquéis lo que haya costado vidas, porque esto no es legítimo para vosotros. (Cap. 17, 7)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

"Ungid y sanad a los enfermos”, significa: limpiad y sanad a enfermos y leprosos y ungidles con el espíritu, instruyéndoles en las leyes de la vida, ayudándoles a comprenderlas y a realizarlas -es decir, a purificar y a no seguir pecando.

"...resucitad a los muertos, expulsad a los diablos”, lo dije desde la "ley superior”, la Ley Absoluta, que está por encima de todo lo humano. Resucitar a muertos sólo es posible si el alma no está cargada con causas graves ni culpas colectivas. Si bien conferí esta misión a Mis apóstoles y discípulos, a la vez también dije que esto sólo le es posible al que vive en la Ley Absoluta y obra desde la Ley Absoluta.

Resucitar a los muertos era posible en Mi tiempo de Jesús de Nazaret, porque en aquel entonces los pobres rara vez tenían que expiar una culpa colectiva. En el tiempo actual [1989], los hombres cargan, en su mayoría, con parte de una culpa colectiva, de manera que resucitar a los muertos apenas es posible en este mundo pecaminoso.

Una culpa colectiva se crea cuando hay hombres que matan conjuntamente a hombres o a animales, o cuando ultrajan a los reinos vegetal y mineral.

El alma de uno de los llamados muertos sólo puede ser llamada de vuelta al cuerpo cuando ha despertado espiritualmente y se decide libremente a regresar. En caso contrario, resucitar a un muerto estaría en contra de la ley del libre albedrío del alma, pues si sus ojos espirituales están turbados por el pecado, no puede decidirse libremente. Y el alma sólo puede regresar mientras esté unida al cuerpo por el cordón informativo.

"Expulsar a diablos”, significa expulsar a almas oscurecidas y atadas a la Tierra, del templo, del hombre. Esto sólo le es posible al que cumple las leyes de Dios, al que habla con poder -y además sólo cuando la persona que haya atraído al alma atada a la Tierra no siga sujetándola con los pensamientos, palabras y actos que la atrajeron.

El decir, "no llevéis oro, ni plata, ni cobre en vuestra bolsa; tampoco toméis alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón”, significa: no debéis rodearos con el lastre de este mundo, ni cargar penosamente con lo que os sobra, pues los caminos son pedregosos y los seguís a pie. Todo lo superfluo es lastre y sólo os retarda en vuestro caminar.

 

8."Y en cualquier ciudad en que entréis, informaos de quién hay en ella que lo merezca, y quedaos ahí hasta que partáis. Y donde entréis en una casa, saludadla. Y si la casa fuera digna, que venga sobre ella vuestra paz; mas si no fuese digna, que vuestra paz vuelva a vosotros. (Cap. 17, 8)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

"...si no fuese digna, que vuestra paz vuelva a vosotros”, quiere decir: llevad el amor y la paz a toda casa. A quien no desee los dones de los Cielos, no les obliguéis a aceptarlos. Y si no sois acogidos, no os enojéis. Entonces la paz que habréis otorgado a la casa y a sus habitantes estará de nuevo con vosotros.

9. "Sed astutos como serpientes y sin doblez como palomas. Sed inocentes y puros. El Hijo del hombre no ha venido para destruir sino para salvar, no para quitar la vida sino para darla, tanto al cuerpo como al alma.

10. "Y no temáis a aquellos que matan el cuerpo pero que no pueden matar al alma; temed más bien al que puede echar a perder cuerpo y alma en el infierno. (Cap. 17, 9-10)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Sólo el hombre mismo echa a perder su alma y su cuerpo por su forma humana de pensar, hablar y actuar, con que conecta con el que viene de las tinieblas. Lo que está contra la ley divina, trae perdición al hombre. Por tanto, temed sólo vuestras propias transgresiones, pues lo que el hombre siembre, es lo que cosechará. Y comprended: el infierno no es ningún lugar, sino el estado de un alma que se ha entregado a lo contrario a la ley divina, al "príncipe de las tinieblas”.

 

11. "¿No se compran dos gorriones por un céntimo? Sin embargo, ni uno de ellos cae en la tierra sin la voluntad del Altísimo. Incluso todos los cabellos de vuestra cabeza están contados. Por eso no temáis, pues si Dios cuida de los gorriones, ¿no cuidará también de vosotros?

12. "Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al cabeza de familia le llamaron Belcebú, ¡cuánto más llamarán así a los miembros de la casa! No los temáis, pues; nada hay oculto que no llegue a ser manifiesto, y nada secreto que no llegue a saberse.

13. "Lo que os digo en secreto, habladlo a la luz cuando llegue el tiempo para ello; y, lo que oís al oído, predicadlo sobre los terrados. Por eso, a quien atestigüe la verdad ante los hombres, también lo atestiguaré ante Mi Padre, que está en los Cielos. A quien, en cambio, niegue la verdad ante los hombres, también lo negaré ante Mi Padre, que está en los Cielos. (Cap. 17, 11-13)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Dios es omnipresente, y conoce todo cuanto es; pues El es la vida y la fuerza en todo. En cada animal está Su fuerza y, así, el animal es vida que viene de El. En cada cabello está la fuerza de Dios, Su vida. El es; y puesto que El es y está en todo, también lo conoce todo y lo sabe todo. ¡Y cuánto más conocerá el Padre eterno a Sus hijos, que ha creado según Su imagen y semejanza! A El, el Eterno, nada Le es oculto. Aunque el hombre tenga secretos para con otros, a El no Le son ocultas estas cosas aparentemente secretas. Cuando llegue el tiempo, todo se hará manifiesto, tanto lo bueno como lo menos bueno.

Por eso el hombre sólo debería temer lo humano que hay en él, porque esto es su siembra. Cuando ésta empiece a germinar y a crecer, se hará manifiesta y visible para el hombre mismo que la haya sembrado, y también para el que en ello haya tomado parte o, siendo inocente, por ello haya caído en descrédito.

Por tanto estad alerta, para que sólo sembréis buenas semillas, a fin de que vuestra cosecha sea la madurez interna. La verdad debe ser pronunciada; es la luz del alma, y quien viva en la luz de la verdad, conocerá la palabra de la verdad. No juzgará ni condenará, sino aceptará y acogerá en el corazón a su prójimo, y así estará conmigo, el Cristo.

Haceos una y otra vez nuevamente conscientes de que las palabras humanas pueden tener diversa significación. Quien viva en el espíritu de la verdad, no negará a su prójimo. Quien lo niegue, lo habrá desterrado de su corazón. Por ello las palabras, "...también lo negaré ante Mi Padre, que está en los Cielos”, significan: a quien no viva la ley, la verdad, no podré conducirlo a Mi Padre, y El no podrá elevarlo al Cielo -pues el Cielo es la verdad, y la verdad es la ley.

Comprended: quien rechace la verdad, por no querer aceptarla y realizarla a partir de los mandamientos, no se conocerá como ser de la luz. Quien no se conozca a sí mismo, tampoco podrá entrar en el Cielo, que es su verdadero Hogar. Sólo después de haber purificado su alma, se conocerá a sí mismo y entrará en el Cielo.

El que es puro procede de la verdad y habla desde la verdad. Quien no viva la verdad, negará la verdad, que es Dios, al que todo Le es manifiesto. Por ser Dios la verdad manifiesta, nada permanecerá oculto ni será secreto.

 

14. "En verdad he venido a transmitir la paz a la Tierra, pero he aquí que a Mi hablar sigue una espada. He venido a unir, pero he aquí que el hijo estará contra su padre y la hija contra su madre y la nuera contra su suegra. Y los enemigos del hombre serán los miembros de su casa, pues los injustos no pueden estar con los justos. (Cap. 17, 14)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
profundizo la palabra:

"...pero he aquí que a Mi hablar sigue una espada”, significa: quien oye la palabra de la verdad y no la cumple, y de ella sólo habla, está actuando contra la verdad y con ello contra el Espíritu Santo. El mismo se está fabricando la espada, que también es llamada causa. Y así Mis palabras, que son la verdad, serán la espada para aquellos que no las realicen.

"He venido a unir”, significa: a reunir a todos los hombres y pueblos en un pueblo de Dios.

Quien actúa contra la ley de la vida, de la unidad, también está contra Dios, que es la unidad, y contra Su Hijo, Cristo, que Yo Soy. Quien piensa, habla y actúa contra Dios y contra Mi obrar en esta Tierra, está desparramando, no unificando. No esta cumpliendo las leyes de la vida.

Quien no está a Mi favor, está contra Mí. Quien está contra Mí, la Vida, está también contra su prójimo. Así acontece lo que está escrito: "...el hijo estará contra su padre y la hija contra su madre y la nuera contra su suegra. Y los enemigos del hombre serán los miembros de su casa, pues los injustos no pueden estar con los justos”. La ley de Dios dice que los iguales se atraen: los injustos atraen a los injustos; y los justos, a los justos.

 

15. "Y los que no cargan con su cruz y Me siguen, no son dignos de Mí. El que halle su vida, la perderá, y el que la pierda por amor a Mí, la hallará”. (Cap. 17, 15)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

"El que halle su vida, la perderá, y el que la pierda por amor a Mí, la hallará”. El sentido de estas palabras es: quien vea su vida terrenal como su vida verdadera, la perderá, no se conocerá como alma y no hallará su Hogar. Quien respete su vida terrenal pero ponga su vida espiritual por encima de todo, también la hallará en sí mismo. Y también conocerá su Hogar, porque estará siendo un hijo o hija de Dios en el reino de la vida.

 

El próximo capitulo


Libro, 1088 páginas.
ISBN 3-89371-260-7 P.V.P.: DM/SFr 25,- ÖS 183,- US$ 15,- 
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