Editorial DAS WORT

DAS WORT - la editorial en Vida Universal


Esta es Mi Palabra
Alfa y Omega
El Evangelio de Jesús
La manifestación de Cristo
que el mundo no conoce

    La bodas de Caná -
                     La sanación en Cafarnaúm


Capitulo 12

Las bodas de Caná - La sanación en Cafarnaúm

Los seres espirituales encarnados y su misión en la obra redentora (9).
Dios es amor, El no condena. Los hombres alejados de Dios crean dioses vengadores. La veneración de poderes y poderosos terrenales también es idolatría. La "condenación eterna” es una ofensa a Dios (11). Cielo e infierno están en el propio hombre. La crónicaatmosférica (12). Vivir en la verdad. Los tres pasos a la verdad (16)

 

1. Y al día siguiente hubo una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba presente. Y Jesús y María Magdalena estaban allí, y Sus discípulos.

2. Y al faltar vino, dijo Su madre a Jesús: "no tienen vino”. Jesús le dijo: "mujer, ¿qué nos incumbe esto a ti y a Mí? Aún no ha llegado Mi hora”. Y Su madre dijo a los servidores: "haced todo aquello que El os diga”.

3. Había allí seis tinajas de piedra, según la costumbre de la purificación judía, en cada una de las cuales cabían de dos a tres medidas. Y Jesús les dijo: "llenad de agua las tinajas”. Y las llenaron hasta el borde, y El les dijo: "sacad ahora y llevadlo al jefe de cocina”. Y se lo llevaron.

4. Cuando el jefe de cocina probó esa agua, se había convertido en vino. El no sabía de dónde venía, y llamó al novio y le dijo: "todos dan al comienzo buen vino, y cuando los invitados han bebido abundantemente, el de menor calidad; pero tú has guardado el buen vino hasta el final”.

5. Este inicio de los milagros lo realizó Jesús en Caná de Galilea, manifestando Su gloria; y muchos de Sus discípulos creyeron en El.

6. Después de esto bajó a Cafarnaúm: El, Su madre y María Magdalena, Sus hermanos y Sus discípulos, y permanecieron allí muchos días.

7. Y se suscitó una discusión entre algunos discípulos de Juan y los judíos, acerca de la purificación. Y fueron a Juan y le dijeron: "maestro, he aquí que el que estaba contigo al otro lado del Jordán, del que diste testimonio, está bautizando, y todos van a El”.

8. Juan respondió: "un hombre no podría recibir nada, si no le fuera dado del Cielo. Vosotros mismos sois testigos de que dije que no soy el Cristo, sino que he sido enviado antes que El.

9. "Quien tiene la novia, es el novio; pero el amigo del novio está con él, le escucha y se alegra mucho de la voz del novio. O sea que este, mi gozo, se ha cumplido. El ha de crecer, mas yo he de menguar. El que es de la Tierra es terrenal y habla de cosas terrenales, pero el que viene del Cielo está por encima de todo”. (Cap. 12, 1-9)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Vinieron muchos seres espirituales de los Cielos, que han nacido y nacen en la estirpe de David y en otras estirpes. Pero los seres que según la carne son de la estirpe de David, son responsables de la formación del Reino de Paz de Jesucristo, dado que forman parte de la misión, de la Obra de la Redención. Estos y otros mensajeros de Dios vinieron de los Cielos a la Tierra para este fin.

Los que por Mí han venido a la carne, no son de esta Tierra. Traen las fuerzas de los Cielos. Del Cielo traen consigo en sus almas lo que a la Tierra es dado por Dios, el Eterno. Les está mandado traer a los hombres el camino al corazón de Dios, fundar y edificar el Reino de Paz de Jesucristo y elevar a la Tierra cada vez más a la luz de Dios. Hasta que las sustancias terrenales se hayan vuelto sutiles, pudiendo pasar a formar parte de la vida que perdura eternamente -de eternidad a eternidad-, los mensajeros de Dios seguirán obrando. Mi Reino en la Tierra será también su Reino; pues quien viene del Cielo está por encima de todo lo humano y tiene las fuerzas del Uno universal, que emplea para hacer el Cielo en la Tierra. Ellos serán los altruistas, alrededor del año dos mil, e igualmente todos los hombres en el Reino de Paz.

Mi Obra de la Redención vino a la Tierra para salvar a almas y hombres. Y todos los que sean redimidos elevarán conmigo a la Tierra, llevándola a una irradiación más elevada, para que el viejo mundo acabe y se forme un nuevo mundo -el del Cristo-. Y quienes cumplan la ley del amor, que les he manifestado y les manifiesto a través de la Sabiduría divina, serán los hijos y las hijas de Dios que irán delante de Mí para prepararme los caminos.

 

10. Y se acercaron algunos de los fariseos y preguntaron a Jesús, diciendo: "¿cómo dijiste Tú que Dios condenaría al mundo?” Y Jesús respondió diciendo: "de tal modo ha amado Dios al mundo, que le ha dado a Su Hijo unigénito, enviándolo al mundo para que todos los que crean en El no perezcan, sino tengan la vida eterna; pues Dios no ha enviado a Su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvado por El.

11."Aquellos que crean en El no se condenarán, pero aquellos que no crean ya están condenados, porque no han creído en el nombre del Hijo de Dios unigénito. Y esta es la condenación: que la luz haya venido al mundo, y los hombres hayan amado más a las tinieblas que a la luz, porque sus obras eran malas. (Cap. 12, 10-11)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

¡Dios es amor!

¡Dios no condena! Pero el hombre que piensa, habla y actúa en contra de la ley divina, se entrega a su propio juicio y a esto le llama condenación.

Las palabras "condenar” y "condenación”, surgieron del temor a Dios y de la creencia en dioses vengadores. Dioses vengadores no son otra cosa que conceptos e ideas humanos, es decir, ídolos que el propio hombre creó por haberse vuelto pobre en energía a causa de sus pensamientos y actos lejanos a Dios y haberse con ello alejado del Verdadero, del Uno, del Eterno. Los pensamientos negativos le trajeron remordimientos de conciencia, pues en lo profundo de su interior reconocía que lo contrario a la ley divina, lo lejano a Dios, no era su verdadera vida. Al no poder su herencia espiritual, la ley divina, seguir obrando a través de él, a causa de sus pecados, se atemorizó, porque ya no dominaba los elementos, sino que los elementos lo dominaban. De ello dedujo que los que dirigen los elementos son dioses, a los que él tendría que ofrecer sacrificios para que le fueran favorables.

En los tiempos posteriores hubo hombres que se erigieron a sí mismos en dioses, consiguieron riquezas y prestigio y acumularon poder, para así dominar a pueblos enteros. Finalmente fueron la riqueza, el prestigio y el poder mismos los que se convirtieron en ídolos de muchos hombres. Idolos de este mundo, que el pueblo aún venera en el tiempo actual [1989], son también los poderes del mundo y las autoridades eclesiásticas. Sus titulares de cargos disponen de grandes fortunas, prestigio e influencia, que usan para dominar al pueblo. Quien los venera, se hace dependiente de ellos y los eleva a ídolos; pues el estar atado a hombres, a inclinaciones e ideas humanas, es idolatría.

Cuando luego le llegan al hombre los efectos, cuyas causas él mismo ha creado con su pensar y actuar lejanos a Dios, se atemoriza, acusa a Dios y lo caracteriza como Dios vengador que condena y castiga.

Pero no has de temer a tu Padre celestial, pues ¡El te ama! Teme tus pensamientos humanos, tus palabras y tu actuar contrario a la ley divina, pues ¡ellos te pueden llevar a una larga "condenación”! ¡Dios es amor! No temas, pues, a Dios, sino sé profundamente respetuoso para con Dios, y a El hónrale en todo, en tu pensar, hablar y actuar -pero no a un hombre-. A los hombres -a tu prójimo- los respetarás, mas no honrarás, pues sólo a Dios, al Eterno, Uno universal, corresponde la honra.

Dios es la luz del amor, y en Su luz está todo: también aquellos que por sus pecados contra la ley de la vida se "condenan” a sí mismos. Todas las idolatrías -también las veneraciones del yo humano- perecerán, pues nada que no proceda de Dios perdurará. También desaparecerán las muchas religiones y confesiones que todavía se agarran a la idea de un Dios vengador, deduciendo de ella la condenación eterna.

Sólo el hombre que guarde las leyes de Dios, experimentará en sí al único y eterno Dios. Experimentará al Dios que nunca sanciona ni castiga, al Dios que por amor deja a cada hombre la libertad de decidirse -a favor o en contra de El-. Experimentará al Dios del amor, que no condena a ninguna de Sus criaturas. Para él, la "condenación eterna” es una ofensa a Dios. Experimentará al Dios que habla a los hombres acerca de la ley de siembra y cosecha, según la cual el hombre cosecha lo que él mismo ha sembrado; pues el hombre mismo es el sembrador de sus buenas, menos buenas y malas obras: él cosecha lo que siembra. Cada siembra lleva ya el fruto en sí, y cosechará el fruto aquel que haya hecho la siembra en el campo de la vida.

Está cerca el tiempo en que la vida pecaminosa perecerá y los hombres harán una buena siembra en el campo de la vida. El fruto será entonces la ley de la vida, que ellos cumplirán -y que les colmará-. Entonces quedará sólo el amor de Dios entre los hombres, porque ellos vivirán el amor desinteresado para con El y para con su prójimo, formándose a partir de esto el Reino de Paz de Jesucristo, cuyo soberano Soy Yo.

 

12. "Todos los que hagan el mal odiarán a la luz, y no irán a la luz, para que sus actos no sean condenados; pero los que actúen correctamente irán a la luz, para que sus obras sean manifiestas, pues están hechas en Dios”. (Cap. 12, 12)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

Todos los que conscientemente actúan contra la ley, están contra la luz del Padre y no quieren ir a la luz, por creer que así no serán condenados. En realidad llevan en sí su propio juicio, pues Cielo e infierno están en el hombre mismo. En cambio, todos los hombres que cumplan la ley estarán en la luz, y sus obras serán manifiestas, pues están hechas en Dios.

Redimido* está el hombre que se arrepiente, que ha pedido perdón, perdonado y reparado el daño y no vuelve a hacer lo causado; entonces todo queda desatado. Pues Yo, Cristo, he venido a desatar -y no a atar.

En el poderoso cambio de era que se está haciendo manifiesto en el tiempo actual [1989], se purificará también, poco a poco, la crónica atmosférica. Todo lo pecaminoso que todavía está registrado allí, vendrá paulatinamente sobre el causante, tanto sobre las almas en los lugares de purificación como sobre los hombres. Todo lo ilegítimo -incluso las intenciones ilegítimas del individuo, lo que ciertos hombres traman para la Tierra y ya han introducido en la crónica atmosférica mediante sus pensamientos-, o bien será borrado, o bien regresará a su autor, según cómo se decida el alma del hombre en el transcurso posterior de las cosas: a favor o en contra de Dios. También todo saber -de libros, y el saber bíblico- desaparecerá de la crónica atmosférica; sólo la verdad vivida permanecerá manifiesta para almas y hombres.

 

13. Y había allí un noble, cuyo hijo yacía enfermo en Cafarnaúm. Cuando oyó que Jesús había llegado a Galilea, fue a El y Le rogó que bajase y curara a su hijo, pues yacía a punto de morir.

14. Y Jesús le dijo: "si no vierais señales y milagros, no creeríais”. El noble Le dijo: "Señor, baja antes de que mi hijo muera”.

15. Jesús le dijo: "ve, tu hijo vive”. Y el hombre creyó en la palabra que Jesús le dijo y se puso en camino. Y, mientras bajaba, le salieron al encuentro sus siervos, diciéndole: "tu hijo vive”.

16. Les preguntó por la hora en que se había puesto mejor, y le dijeron: "ayer, hacia la hora séptima, le dejó la fiebre”. Entonces supo el padre que eso había sido a la misma hora en que Jesús le había dicho: "tu hijo vive”. Y entonces creyó, y con él toda su casa. (Cap. 12, 13-16)

 

Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:

La fe mueve montañas y sana a los hombres, cuando es bueno para su alma.

Cuando hay hombres que viven la verdad eterna, la ley de la vida, traen el Cielo a la Tierra. Quien viva en la verdad, será la voz de la verdad, la ley divina, y estará libre de todo mal; pues los que viven en la verdad están en la luz de la verdad y sus obras son obras de Dios.

El Reino de Dios que viene a la Tierra -el Reino de Paz-, que se refinará de época a época, es decir, que se volverá más luminoso, estará en la luz del Cristo y será la luz del Cristo. Los que vivan en la verdad se llamarán conscientemente hijos e hijas de Dios. Quien viva en la verdad, no sentirá ni gustará la muerte. Ayudará a vivir a todos aquellos que crean en la vida y hagan las obras del amor desinteresado.

Desde los comienzos, muchos hombres se agarran únicamente a la palabra "fe”. Consideran que esto basta. Pero quien se agarre exclusivamente a la palabra "fe” permanecerá ciego en su corazón, ya que no dará ningún paso más allá de la fe.

El primer paso hacia la verdad es la fe, que mantiene todavía ciego al hombre. El segundo paso es la confianza en Dios, que hace que el hombre esté alerta frente a su manera de pensar, hablar y actuar, legítima o ilegítima. Si fe y confianza se unen, sigue el tercer paso: la realización de las leyes divinas. A través de esto el hombre se convierte en alguien que ve las cosas en toda su profundidad. Quien puede ver en profundidad la verdad en su cuerpo espiritual, es puro: todo le es manifiesto.

 

El próximo capitulo


Libro, 1088 páginas.
ISBN 3-89371-260-7 P.V.P.: DM/SFr 25,- ÖS 183,- US$ 15,- 
Este libro también está disposición en otros idiomas

Transferir todo el libro a su ordenador


©Verlag Das Wort, 97828 Marktheidenfeld/Altfeld, Alemania Reservados todos los derechos. En todas las cuestiones relativas al sentido, la edición alemana tiene validez última.

Homepage   Cupón de pedido


Verlag DAS WORT GmbH , 97828 Marktheidenfeld/Altfeld, Alemania
E-Mail: info@das-wort.com Tel: (+49) 9391-504-135 Fax: -133
2310