Esta es Mi Palabra
Alfa y Omega
El Evangelio de Jesús.
La manifestación de Cristo
que el mundo no conoce.
El nacimiento de Jesucristo
El pueblo de Israel ha fracasado. El reinado de
Cristoen el Reino de Paz, es preparado por los hijos e hijas de Dios encarnados, de la
estirpe de David (5). Las "apariciones de ángeles a los pastores fueron
fenómenos internos (6-9). El acatamiento de las leyes terrenales mientras no se opongan a
las leyes divinas (12)
1. El nacimiento de Jesús, del Cristo, aconteció de esta forma: sucedió, en aquel tiempo, que salió una orden del César Augusto para que se empadronara todo el mundo. E iban todos los de Siria a empadronarse, cada uno a su ciudad, y era en pleno invierno.
2. Y también José -con María- partió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a la tierra de Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y de la estirpe de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta del Niño.
3. Mientras estaban allí, llegó el tiempo en que ella debía dar a luz, y dio a luz a su primer hijo en una cueva, y Lo envolvió en pañales y Lo acostó en un pesebre que había en la cueva, por no haber sitio para ellos en el albergue. Y he aquí que la cueva se llenó de luz, e irradiaba como el sol en su esplendor.
4. Y había en la cueva un buey, un caballo, un asno y una oveja, y junto al pesebre yacía una gata con sus crías; y también había palomas sobre ellos, y cada animal tenía su compañero, un macho o una hembra.
5. Aconteció, pues, que El nació en medio de los
animales, porque vino para liberarlos también a ellos de sus sufrimientos. El vino a
liberar a los hombres de su ignorancia y egoísmo, y a manifestarles que son hijos e hijas
de Dios. (Cap. 4, 1-5)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
Siendo Jesús, manifesté el Reino de Dios y enseñé y viví Sus leyes. Con los hijos e hijas de Israel de la estirpe de David y con todos los hijos e hijas de Dios que cumplen la voluntad del Eterno, quise fundar y edificar en Israel el Reino de Dios -y, tras Mi regreso a la gloria de Mi Padre, volver en espíritu, seguir construyéndolo con el pueblo de Israel, y regir el Reino de Paz, que alcanzará su punto culminante en la materia sutil-. Pero los hijos e hijas de Dios y de Israel estaban cegados por el pecado.
Después de Mi acto redentor, Dios, el Eterno, en todos los siglos posteriores, ha llamado una y otra vez a los hijos e hijas que de la estirpe de David y de otras estirpes cumplen Su voluntad, para que se dieran cuenta de cuál es su misión.
Actualmente [1989] ha comenzado un nuevo tiempo: el cambio de era del antiguo al nuevo mundo, el mundo del Cristo. Yo preparo Mi venida espiritual -de nuevo a través de los hijos e hijas de la estirpe de David, y de los otros hijos e hijas del Eterno, de otras estirpes, que cumplen la voluntad de Dios-. A través de la Sabiduría divina encarnada les instruyo a ellos y a todos los que Me siguen, para que lleguen a ser conscientemente hijos e hijas de Dios, que cumplan la voluntad de Dios.
Entonces se efectuará lo que ha sido manifestado: Yo vendré en espíritu. Entonces todos los hombres vivirán en paz, y también los animales serán liberados por Mí, el Cristo de Dios, de su servidumbre y sufrimiento; pues quien ponga su vida en la filiación de Dios, no matará -ni a hombres ni a animales.
6. Y había pastores en la misma región, en el campo, que guardaban por la noche su rebaño. Y he aquí que el ángel de Dios se apareció sobre ellos, y el resplandor del Altísimo los envolvió con Su luz, y se atemorizaron grandemente.
7. Y el ángel les dijo: "no temáis; he aquí que os anuncio una gran alegría, que es para todo pueblo, pues hoy, en la ciudad de David, os ha nacido el Redentor, que es Cristo, el Uno santo de Dios. Y esto tendréis por señal: encontraréis al Niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.
8. Y de pronto se juntó con el ángel una multitud de legiones celestiales, que alababa a Dios diciendo: "gloria a Dios en las alturas y paz en la Tierra a todos los hombres de buena voluntad.
9. Y cuando los ángeles los dejaron y se fueron al
Cielo, se dijeron los pastores unos a otros: "vayamos a Belén a ver qué ha ocurrido
allí, lo que nuestro Dios nos ha anunciado. (Cap. 4, 6-9)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
El ángel habló a los pastores, pero ellos no lo vieron con los ojos humanos ni lo escucharon con los oídos humanos. Tampoco vieron y oyeron, con ojos y oídos humanos, a las legiones que alabaron y glorificaron a Dios. Algunos de los pastores contemplaron en su interior la luz, y a su vez otros escucharon en sus corazones la glorificación de Dios; pues quien no lleva el vestido de la carne, no tiene la palabra de la carne ni el sonido de la palabra. La palabra de Dios y la de los seres de Dios es percibida en el interior del hombre.
El ángel del Señor no se presentó ante ellos como un hombre. Ellos estaban de pie, calentándose junto al fuego. Vieron cómo la columna de fuego elevaba sus llamas; y, en el fuego, creyeron ver la figura de un ángel, al que algunos de ellos percibieron en su corazón. Los pastores no estaban de acuerdo entre sí sobre lo que vieron y oyeron. Aquellos, sin embargo, que captaron el sentido del mensaje en su corazón, se pusieron en camino a Belén.
De modo parecido a entonces, también hoy día los ángeles de Dios anuncian: ¡Preparad al Señor los caminos! Viene Cristo, el Redentor, en espíritu -y será el Pastor de un rebaño, que es el pueblo de Dios en la Tierra-. El lo regirá en Su Reino en la Tierra, y los de Su rebaño estarán con El en espíritu, porque guardarán las leyes de Dios.
10. Y fueron presurosos, hallando a María y José en la cueva y al Niño acostado en el pesebre. Y, cuando hubieron visto esto, difundieron las palabras que les habían dicho acerca del Niño.
11. Y, cuantos les escuchaban, se maravillaban de lo que les decían los pastores. María guardaba todo esto y lo conservaba en su corazón. Y los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios, por todo lo que habían oído y visto.
12. Y cuando pasaron ocho días y el Niño fue
circuncidado, Le dieron Su nombre, Jesús María, que había sido dicho por el ángel
antes de que el Niño fuera concebido en el vientre materno. Y cuando, conforme a la Ley
de Moisés, se cumplieron los días de Su purificación, Lo llevaron a Jerusalén para
ofrecerlo a Dios. (Como está escrito en la Ley de Moisés: todo varón que abra el seno
de la madre, será consagrado al Señor). (Cap. 4, 10-12)
Yo, Cristo, explico, rectifico
y profundizo la palabra:
La circuncisión es la ley de los judíos. Puesto que esta ley terrenal no contradice la ley eterna, es -exclusivamente para el hombre- tolerada por Dios. Si, por haber encarnado, un ser de Dios se hace hombre, este hombre estará sometido a las leyes de la naturaleza y tendrá que guardar las leyes del mundo, a no ser que se opongan a las leyes de Dios.
13. Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, justo y piadoso, que esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo vino sobre él. Y le había sido prometido que no vería la muerte antes de que hubiera visto al Cristo de Dios.
14. Y movido del Espíritu fue al templo. Y, al llevar los padres al Niño Jesús adentro, para cumplir lo que prescribía la Ley, percibió al Niño como si fuera un pilar de luz. Al tomarlo en sus brazos glorificó a Dios, diciendo:
15. "Ahora dejas partir a Tu siervo en paz, como dijiste; pues mis ojos han visto a Tu Salvador, que has preparado para ser una luz ante la faz de todos los pueblos, para iluminar a los paganos y para gloria de Tu pueblo Israel. Y Sus padres estaban maravillados de todo que se dijo de El.
16. Y Simeón los bendijo y dijo a María, Su madre: "he aquí que este Niño está puesto para caída y levantamiento de muchos en Israel, y como signo de contradicción (y, en verdad, una espada atravesará también tu alma), a fin de que se descubran los pensamientos de muchos corazones.
17. Y estaba allí una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la estirpe de Aser, muy avanzada en años, que nunca abandonaba el templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día.
18. Ella se acercó también en aquella hora, y glorificó al Señor y hablaba de El a cuantos esperaban la liberación en Jerusalén. Y cumplidas todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. (Cap. 4, 13-18)
Libro, 1088 páginas.
ISBN 3-89371-260-7 P.V.P.: DM/SFr 25,- ÖS 183,- US$ 15,-
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